Tag

Feminismo

Browsing

Por: Angélica Benítez*

En los titulares de la prensa (al menos en México) se lee que las mujeres de América Latina van a salir a marchar el 8 de marzo. Colocan la foto de algunas portadoras del pañuelo verde con el que se pide la despenalización del aborto. Y todos ellos, sin cuestionarlo, replican que hay una crisis de violencia de género, donde el hombre es el victimario y la mujer, por supuesto, la víctima.

Las voces que no se escuchan, sin embargo, son las de miles de mujeres que no pensamos acudir. Que todos los días trabajamos, estudiamos y que no nos sentimos víctimas de nadie, pues basta con tener un poco de criterio para ir a revisar las cifras y darnos cuenta de que la crisis de violencia no es de género, sino de asesinos y asesinas contra asesinados y asesinadas (perdón por tener que escribir estos términos en ambos géneros, pero el cinismo de este tiempo obliga a hacerlo).

“¡Pero no puedo salir a la calle en minifalda en la noche, y debería poder hacerlo!”, dicen por ahí. Tienen razón, al igual que un hombre debería poder caminar por las calles de una zona peligrosa usando un rolex sin que nadie lo asalte, pero no puede.

“¡Estamos peor que nunca!”, se escucha por allá. No, las mujeres estamos mejor que nunca. Revisa la constitución. No hay un solo derecho que los hombres tengan que nosotras no tengamos. Es más, tan protegida estás, que puedes salir a la calle a graffitear y quemar, y la policía no solo te lo perdona: ¡hasta te cuida mientras lo haces!

Las voces que no se escuchan son las de las mujeres que no aprovechamos las tragedias para salir a vandalizar la calle y quedar impunes, porque sabemos que la solución no está en destruir sino en construir: en construir instituciones sólidas, acabar con la impunidad y exigir leyes que realmente persigan a los agresores (y agresoras) y les hagan pagar por sus delitos.

Y es que el feminismo actual no nos defiende a nosotras. A las que deciden seguir adelante valientemente con sus embarazos, a las que no ven al hombre como su enemigo. A las que lejos de decir “yo sí te creo” a otra mujer por el hecho de ser mujer, ven con criterio la situación y escuchan ambos testimonios, porque saben que también hay mujeres que mienten, mujeres que matan y mujeres que cometen delitos, como miles de casos lo prueban.

Nos quieren hacer creer que todas las mujeres respaldamos su movimiento lleno de ideología, odio y victimización. Y, encima, nos quieren hacer creer que sin ellas, no podríamos ni hablar. Pero ya nos tienen calladas en los medios. Y en redes sociales, la que se atreva a opinar distinto, es silenciada inmediatamente por el feminismo que tanto se pronuncia a favor de la mujer.

Hace unos meses la senadora mexicana Lilly Téllez, una mujer con cargo político, se pronunció a favor de la vida. Posteriormente, el feminismo la atacó al grado de pedir su destitución. El feminismo no quiere empoderar a la mujer: quiere posicionar una agenda política. Por eso, aunque seas mujer, si no te alineas a sus criterios, no te va a defender.

Dejen de mentir. Dejen de imponer el adoctrinamiento ideológico de una minoría ruidosa y radical. Las mujeres latinoamericanas estamos en contra de toda la violencia, no sólo la que se comete contra otras mujeres como si un sexo valiera más que el otro.

*Angélica Benítez es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad Autónoma de Baja California. Cuenta con una Maestría en Administración de Empresas por parte de CETYS Universidad, y se desempeña actualmente como docente universitaria.

Por: Angélica Benítez*

“Te importan más los vidrios rotos”: la gran mentira en la que se esconde la violencia feminista.

Hace unos días la Ciudad de México vivió un episodio de violencia que dejó como saldo a más de 34 personas heridas, de las cuales 16 fueron hospitalizadas. Monumentos históricos fueron vandalizados y propiedad privada fue destruida bajo el argumento de “protestar contra la violencia de género”.

Las responsables fueron integrantes del movimiento feminista, quienes tras los hechos emitieron un comunicado exigiendo a los medios de comunicación evitar hablar de los daños materiales y agresiones físicas que se llevaron a cabo durante la manifestación. Más aún: cuando en redes sociales se toca el tema, muchas feministas responden diciendo: “las paredes se limpian, las mujeres asesinadas no reviven”, o bien, “te importan más los vidrios rotos que la violencia hacia las mujeres”.

La realidad es que esta respuesta es un engaño en el que podemos caer con facilidad: el hecho de que nos importen y nos indignen las muertes y la violencia hacia las mujeres, no significa que no podamos también indignarnos y exigir justicia por los daños materiales ocurridos en la manifestación feminista. Ambas acciones deben ser castigadas, cada una según su gravedad, pero al fin y al cabo ambas son delitos. No permitamos que queden impunes simplemente porque “otros hacen cosas peores”.

¿Acaso los agresores de mujeres verán los monumentos vandalizados y, en consecuencia, dejarán de asesinar o violentar mujeres? Por supuesto que no. Esto no les afectará en absoluto, especialmente después de que las mismas feministas promovieron y lograron que se aplique en todo el país la NOM 043, que permite que una mujer pueda acceder a abortos simplemente diciendo que fue víctima de violación, sin necesidad de levantar una denuncia y sin que el responsable -suponiendo que la palabra de la mujer sea cierta- pague por lo que hizo.

“¿Cómo te atreves a dudar de la palabra de la mujer?”, dirán muchos por ahí. Lamentablemente vivimos en una sociedad que se ha dedicado a colocar a las mujeres en una posición de casi-santas: nosotras las mujeres no mentimos, no asesinamos, somos sólo víctimas del sistema patriarcado opresor. No caigamos en la trampa. Las mujeres también somos capaces de muchos males, y basta con leer los medios para encontrarnos casos donde asesinan a sus hijos, a sus parejas y difaman a hombres asegurando  que fueron víctimas de violación cuando sólo buscan venganza por alguna situación. Estos hechos son minimizados, porque lo que vende hoy son los llamados “feminicidios”. La mayoría de las muertes en México son de hombres, pero el movimiento feminista sólo habla de las muertes de mujeres. Y luego se atreve a decir que lo que busca es igualdad.

Hace varias décadas que el movimiento feminista dejó de ser un espacio que defiende los derechos de la mujer, para convertirse en una estrategia política que victimiza, miente y genera mucho dinero a través de organismos como el IPPF.

“Tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo”, dicen las que lucen el pañuelo verde pidiendo que sea legal matar a sus hijos en el vientre. “Lo que llevas ahí ya no es tu cuerpo”, respondemos quienes hemos leído sobre embriología.  “Te importan más los vidrios rotos”, dicen quienes quieren que sus actos queden impunes justificando su violencia. “Eso se llama dañar propiedad privada, y es un delito al igual que aquello contra lo que dices protestar”, decimos quienes no caemos en el juego del lenguaje de la “sororidad”.

¿Cómo se defiende realmente a las mujeres? Promoviendo políticas públicas que generen consecuencias reales para los agresores, y no implementando la NOM 043 que invita a los agresores a continuar abusando de las mujeres para posteriormente llevarlas a abortar, quedando libres y destruyendo la única prueba de que hubo delito. 

*Angélica Benítez es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad Autónoma de Baja California. Cuenta con una Maestría en Administración de Empresas por parte de CETYS Universidad, y se desempeña actualmente como docente universitaria.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

Bueno, pues después de todo. Sin prejuicio ni pretexto, les comparto una breve reseña de Capitana Marvel.

Dos aclaraciones:

  1. En las últimas semanas se ha desatado una gran polémica por las declaraciones de Brie Larson, pero no me referiré a ellas para juzgar la película.
  2. No leo comics, así que no tengo una idea consolidada de Carol Danvers, por lo tanto, no se qué tanto se desviaron o no del personaje original.

Dicho esto, van mis comentarios:

  • Es una muy buena película de super héroes: ágil divertida, bien actuada y con excelentes efectos especiales.
  • Se trata de una sólida historia de origen, que logra interesarnos en Carol Danvers y convencernos de que tiene el potencial para ser una de las líderes del MCU en la 4 fase, algo muy importante considerando que varios de los puntos de referencia tradicionales seguramente terminarán su participación con Avengers Endgame el próximo mes, incluyendo a Iron Man, Thor y el Capitán América.
  • Brie Larson es una gran actriz, y lo confirma aquí. Trae al personaje a la vida en forma muy orgánica, y tiene el respaldo de un reparto de primera, empezando por un extraordinario Samuel L. Jackson.
  • Capitana Marvel amplía el “universo” del MCU sin diluirlo, abriendo sendas narrativas hacia nuevas películas en años por venir, pero al mismo tiempo mantiene la calidez que ha hecho tan exitosa a la franquicia.
  • Es una película femenina, sin ser femibolche. Como era de esperarse, hay varias mujeres con personajes fuertes, pero no es una fortaleza que niegue su feminidad.
  • No es una película misándrica ni una denuncia chafa del patriarcado. Por el contrario, uno de los héroes es justamente un padre que busca reunirse con su esposa y su hijo.
  • Por supuesto, denuncia los prejuicios contra las mujeres, pero lo hace en una forma que funciona con la historia. No se siente forzada. Como lo han demostrado previamente en Black Panter y Spider Man Homecoming, los creativos de Marvel saben proyectar la diversidad racial y la igualdad de género en una forma tan realista como solidaria.
  • En conclusión: Una muy buena película, al nivel de las mejores de Marvel y ciertamente una excelente forma de introducir a la Capitana como posible líder de los Vengadores.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

¿Se acuerda usted de Mara Castilla? ¿No?

Vamos, haga un esfuerzo.

No, no se vaya a Google. Mejor vaya a Facebook y revise sus publicaciones de septiembre del 2017; seguramente habrá por lo menos una en la que denuncia o comparte alguno de los indignados reclamos respecto al asesinato de esta estudiante, que abordó un vehículo de la plataforma Cabify y murió “presuntamente” a manos del chofer. La proverbial torpeza de las autoridades y sobre todo el acuciante dolor de la familia hicieron de la búsqueda de Mara y la identificación de su asesino una noticia que escaló primero los titulares de la prensa local y eventualmente los de la nacional, despertando una oleada de necesarios reclamos provenientes de todos los ámbitos.

Fue el escándalo, y en el río revuelto la justificada denuncia se mezcló con la cínica explotación. Multitud de colectivos, grillos versátiles, intelectuales y ciudadanos “despiertos” (de esos que no ven Televisa y leen muchos libros), se montaron en el tema para impulsar sus agendas ideológicas o personales, formando un auténtico coro en el que competían por construir la frase más lastimera, la denuncia más sentida, la afirmación más clara de su propia superioridad moral.

Hubo marchas, poemas, proclamas y entrevistas, porque no había tema más importante en el país, al menos hasta que inició el siguiente ciclo de noticias y todos pudieron dejar de fingir que en serio les interesaba el caso, para enfocarse en la siguiente denuncia de la semana.

Aun en el cenit de la sensiblería, el 18 de septiembre Denise Dresser elevó el usufructo de la tragedia al nivel de las bellas artes, con su artículo titulado “Mara” en el que condensó la demagogia que había circulado durante los días previos, repartiendo culpas a diestra, siniestra y funesta. Lo verdaderamente grotesco fueron las líneas en que prácticamente le declama:

“…en esos días en los que no sabíamos dónde estabas, te volviste mía. Te adopté y todas las mañanas revisaba la prensa y las redes sociales para saber algo de tu paradero.” “…quiero gritar y gemir y ser yo la que está en ese pedazo de tela blanca ensangrentada y esconderme de la vida y de los vivos porque me da pena mi país”. Y el paroxismo: “esto sí te prometo, Mara. Mara bonita, Mara, mexicana, Mara mía y de todos. Me haré y nos haremos responsables de los hombres ignominiosos detrás de tu muerte.

Tras una promesa tan contundente, uno podría esperar que doña Denise tradujera en hechos la fuerza de sus palabras, que se trasladaría a Puebla a investigar o al menos que presionaría un día sí y otro también, usando todos sus espacios en los medios de comunicación para que el culpable y sus cómplices carguen con todo el peso de la ley, pero no fue así.

Desde entonces, y al menos hasta el 10 de octubre del 2018, la señora Dresser ha publicado un total de 52 artículos en el periódico Reforma. Nunca volvió a referirse al tema. De Mara, ni siquiera su nombre, de la “injusticia cósmica” y de sus promesas para “hacerse responsable” de los culpables del asesinato sólo quedó, aplastada en tinta y convertida en paño para limpiar vidrios, la pontificación quejumbrosa de una sola semana, porque pasado el escándalo surgieron otras coyunturas por explotar, para venderle a sus lectores esa horrenda charlatanería beata de la que Dresser es experta y que tantos voceros de la progresía hacen pasar como intelectualidad para el consumo de hípsters y fifís, para quienes la indignación de esta mañana será un no me acuerdo la semana después.

Por cierto…

A más de un año del crimen, el presunto asesino de Mara aprovechó la absurda obsesión de nuestras leyes con los formalismos y las brechas abiertas por el ya no tan nuevo sistema de justicia penal, para obtener varios amparos que han obligado a reponer el proceso por feminicidio, el cual apenas volvió a avanzar a mediados de este septiembre. ¿Y los indignados del año anterior? Bien, gracias; ni por enterados se dan.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.