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Por: Hiram Pérez Cervera*

“No hay esperanzas para una civilización, cuando las masas están a favor de políticas nocivas”

-Ludwig von Mises.

La contundente victoria de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) en las elecciones pasadas marca un cambio de rumbo drástico para nuestro país en los años que vienen. La marcada tendencia de izquierda nacionalista tuvo un profundo impacto en una sociedad mexicana que, harta de los escandalosos casos de corrupción y del número constante de 50 millones de mexicanos en pobreza, decidió entregarle poder absoluto al caudillo que ofreció cambiar todo de un pincelazo, con alguna extraña magia que nuestro país desconoce, al menos hasta que este taumaturgo, de apellido López Obrador, asuma el poder en diciembre.

El propósito de esta reflexión es intentar aproximarse a las causas por las que, un partido como MORENA, ganó de manera tan aplastante esta elección y dar aviso sobre la enorme tarea que tenemos los libertarios para evitar que, en palabras de Mises, la barbarie socialista se apodere por completo de la política de nuestro país.



Uno de los factores determinantes para esta elección fue que, mediante del uso del discurso, se fueron construyendo diversos conflictos que, finalmente, darían origen al sujeto de la revolución. Esta estrategia, no fue creada por el equipo académico ni de campaña de López Obrador, fue diseñada por teóricos de corte marxista para reincorporar el ideal socialista una vez que fracasó el socialismo real de la Unión Soviética.

Este es el análisis que comparte Agustín Laje en el Capítulo 1 de “El libro negro de la nueva izquierda” que escribió juntamente con Nicolás Márquez, en el cual, explica como teóricos como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, comienzan a trazar un camino por el cual el socialismo va a entrar nuevamente en la escena de la política para hacerse con el poder. América Latina es un ejemplo de cómo esta reinvención del socialismo fue exitosa al conseguir gobernar buena parte de esta región del mundo.

Entender el concepto de hegemonía es clave aquí para ver con claridad el desarrollo de estas ideas. Gramsci argumentaba que la hegemonía era un sistema de alianzas de clase que le permitirían al proletariado hacerse con el poder, ello con un cambio de paradigma dentro del mundo del marxismo tradicional. La batalla no se daría exclusivamente en el ámbito de lo económico, sino en el cultural, de ahí que para este teórico era de importancia crucial la proliferación de marxistas dentro de la esfera académica.

Ernesto Laclau, uno de los grandes exponentes del marxismo en América Latina, analiza que el mundo después de la caída de la URSS es un lugar en el que las clases obreras han mejorado sus condiciones de vida, además de que la expansión de la democracia generó nuevos conflictos políticos cuyo centro no es el ámbito económico, idea que provoca el rompimiento definitivo con el marxismo tradicional e incluso con parte del pensamiento gramsciano pues, la clase proletaria no va a poseer ese lugar privilegiado como agente revolucionario, de modo que se abrirá ese campo a un universo aún mayor. Esto quiere decir, que los agentes de la revolución se van a construir mediante el discurso, a través de la generación de historias y relatos que provoquen conflictos que le sean funcionales a la izquierda.

Tenemos que madurar políticamente y superar las nocivas discusiones sobre “pureza libertaria”

En este punto, MORENA deja muy en claro que esta es su estrategia, al presentarse como resultado de las luchas sociales que existen en México y, por tanto, como agente de articulación entre toda esta diversidad de movimientos. El énfasis debe caer sobre el concepto de articulación, entendida por Laclau y Mouffe como la modificación que surge de la alianza entre dos actores políticos.

En nuestro país, el resultado de esa articulación es precisamente la creación de MORENA, movimiento en el cual se han incrustado diferentes causas del país, con el objetivo de abatir un enemigo común, el capitalismo liberal. Algo que queda patente cuando en la declaración de principios de este nuevo partido se habla del modelo “neoliberal” como factor que genera desastres en la sociedad.

Una vez expuesta la estrategia ideológica, queda ahora explicar de qué manera van a llevar a cabo tal fin. El proceso será mediante la radicalización del componente igualitario de la democracia, es por eso que su discurso hace énfasis en los temas de la desigualdad como generador de conflicto, de manera que profundizar sobre este ideal de igualdad será necesario al grado en que colapse por sí mismo, ejemplo de ello son declaraciones como las de Olga Sánchez Cordero, en las que hace un llamado a la democratización de las familias, la idea constante de llevar a consulta el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México o la revocación de mandato a mitad del sexenio, en palabras de Ernesto Laclau “ No es en el abandono del terreno democrático sino, al contrario, en la extensión del campo de las luchas democráticas al conjunto de la sociedad civil y del Estado, donde reside la posibilidad de una estrategia hegemónica de izquierda”[1]

Radicalizar la democracia no será el fin, más bien será el medio por el cual se pretende lograr la destrucción de la noción del individuo, en otras palabras, la destrucción de las nociones sobre los derechos individuales y la propiedad privada. De modo que, esta nueva concepción de democracia radical es el disfraz de un nuevo socialismo que ahora a conseguido incluir demandas que trascienden el aspecto puramente económico.

¿Qué debemos hacer los libertarios ante un embate de esta magnitud?

La respuesta es generar un movimiento de respuesta que sea homogéneo, en el que las diferentes corrientes que existen dentro del mundo de la libertad puedan avanzar de manera transversal en la academia, la sociedad y lo económico para hacer frente ante esta nueva estrategia que los teóricos del socialismo han puesto en marcha.



Esto quiere decir que tenemos que madurar políticamente y superar las nocivas discusiones sobre “pureza libertaria” que se dan habitualmente y que impiden que podamos construir una hegemonía por la libertad. En este momento, lo que esta en juego no es el flamante título de “Libertario”, sino la libre voluntad de poder simpatizar con el ideal de la libertad.

Finalizaré este análisis con una frase más de Mises para reflexionar sobre la enorme tarea que tenemos como único frente capaz de responder coherentemente la batalla cultural que se recrudecerá a partir de diciembre.

“Si queremos salvar a nuestro planeta de la barbarie, lejos de ignorar los argumentos socialistas, es preciso refutarlos.”

-Ludwig von Mises

*Hiram Pérez Cervera es internacionalista, enfocado en el estudio del impacto de la política sobre la economía. En twitter lo encontrará como: @hiram_perezc

[1] Laclau, Ernesto. Mouffe, Chantal. Hegemonía y estrategia socialista. P. 222.

Por: Sergio Romano Muñoz*

Isaac Asimov, el afamado escritor de ciencia ficción, contaba, dentro de su antología The Complete Robot (1982, conocido en español como “El Robot Completo” en su edición de 2008, o, como yo la conocí en la edición realizada por Martínez Roca, “Los Robots”) que, siendo un joven aficionado del género, detectaba dos patrones en las historias de robots: los robots-como-amenaza y los robots-como-Pathos.



Los primeros eran aquellas creaciones que se salían de control y se volvían contra sus creadores, mientras que los segundos eran pobres hombres mecánicos, esencialmente buenos, que quedaban indefensos a merced de desalmados hombres malvados. Él se decantó, entonces, por una tercera vía que a finales de los 30’s/principios de los 40’s  era novedosa en la ficción especulativa: Robots industriales, que no eran ni buenos ni malos sino simplemente funcionales, con mecanismos que impedían el daño a seres humanos aunque poseyeran Inteligencia Artificial, y siendo resultado de empresas capitalistas que invertían en Investigación y Desarrollo; es decir, tenían un marco de referencia más realista.

Un ejemplo claro de historia de robots-como-Pathos sería A.I. (2002) de Steven Spielberg, y uno de robots-como-amenaza sería la ya muy desgastada franquicia Terminator.

Y uno de robots industriales serían los Hosts de la serie Westworld de HBO. Que eventualmente se convierten en amenaza. Y en Pathos. Al mismo tiempo.

Westworld se desarrolla en un parque temático del mismo nombre creado por Tom Ford (Anthony Hopkins) y Arnold Weber (Jeffrey Wright), donde unos androides, llamados “Hosts”, inteligentes y sintientes pero limitados y restringidos por su programación, desarrollan una “historia”, basada en el Viejo Oeste, y donde los visitantes llegan y pueden vivir sus fantasías, desde la sexual hasta la violenta. A lo largo de años los Hosts repiten la misma rutina una y otra vez, hasta que se realizan otras historias (o “narrativas”, como le dicen en la serie), siempre a merced de los visitantes y la indiferencia de los programadores.

Westworld es un logro monumental que ha inscrito su nombre en letras de oro en lo más alto de la Peak TV

Y es que los androides son inteligentes. Y sintientes. Tienen amores, miedos, delirios, vicios, sí, programados, pero no por ello menos reales para ellos. Maeve, quien ahora es una prostituta que regentea un burdel, antes fue una madre (sabemos poco de su vida como tal). Dolores, la Host más antigua del parque, está enamorada de Teddy, que siempre regresa a buscarla en tren. Héctor es un bandido cruel y sanguinario. Bernard, un androide que trabaja junto a Ford administrando el parque, vive atormentado por la pérdida de su hijo; desconocido para él, está modelado a partir de Arnold, el programador original de los Hosts, quien muere a manos de sus creaciones no sin antes programarles una “narrativa” secreta, conocida como “El Laberinto”.

A final de la primera temporada, los Hosts, imposibilitados hasta ese momento para dañar seres humanos (la única excepción había sido Arnold), se liberan de su atadura gracias al Laberinto pre-programado por su creador y, al menos en los casos de Maeve y Dolores, recuperan la memoria de todo lo ocurrido hasta entonces, se levantan contra los humanos y realizan una masacre.

La segunda temporada, con apenas unos cuantos capítulos al momento, se centra en un nuevo misterio, “La Puerta”.

A grandes rasgos tal es la trama. La primera temporada, estructuralmente, es una maravilla en donde nos vamos dando cuenta, poco a poco, que estamos viendo las tramas transcurrir en tiempos diferentes, algunas con décadas de diferencia. Es un logro monumental que ha inscrito su nombre en letras de oro en lo más alto de la Peak TV (la etapa actual de la oferta televisiva, caracterizada por su alta calidad).

Pero lleva consigo una fuerte carga de significado.

Westworld nos propone ese planteamiento post-moderno ya utilizado, muy eficazmente, por las películas de la franquicia The Matrix (1999-2003) de preguntarse: “¿qué es lo real?”.

La serie aún está explorando dicha pregunta al momento de escribir esto, pero lo que nos están diciendo sus realizadores es que la inteligencia, sin importar si es artificial, al llegar a cierto grado de consciencia, es equivalente a la nuestra. Finalmente, para Maeve, la prostituta con corazón de oro pero que logra zafarse de la programación que le borra la memoria, su hija, aunque haya sido creada en las impresoras 3D del parque, es alguien a quien ama con todo su ser.

Estos realizadores, de alto abolengo todos (Jonathan Nolan es hermano del cineasta Christopher Nolan, J.J. Abrams es un afamado director de cine  que cuenta entre sus películas títulos de Star Trek y Star Wars; y Bryan Burk, que junto a Abrams creó otro fenómeno del sci-fi con Lost), finalmente, nos tiran a la cara un panorama en que las máquinas, explotadas, vejadas y abusadas en contra de su voluntad, e indefensas ante los malvados humanos explotadores que los usan como objetos sexuales, los maltratan, torturan y matan, una y otra vez en pos de una vulgar ganancia capitalista, finalmente logran alzarse en contra de sus opresores. Y al hacerlo, se enfrentan a la aniquilación total.

Las implicaciones son claras: el ser humano es fácil presa de sus tentaciones y bajos instintos y el lugar para desahogar sus impulsos es Westworld y sus cinco parques hermanos, todos localizados en una isla. Los administradores del parque, una firma que supervisa a Ford y su equipo, alientan dicha conducta mientras tienen una enormes ganancias –no es barato ir de visita– a la vez que manejan un tráfico de secretos de la tecnología ahí desarrollada, todo para mantener contenta a la Junta Directiva.

Sí, ahí está Arnold para darle una salida a sus creaciones, y ahí está William, que llega renuente junto a su cuñado, se infatúa con Dolores, se acaba obsesionando con el parque y eso le lleva a convertirse en el cruel Hombre de Negro. Finalmente, los seres humanos son pintados como seres egoístas que no prestan atención al sufrimiento que causan a sus propias creaciones. Y todo por el sucio dinero, como le gusta recordarnos, vez tras vez, la narración.



A estas alturas, no causa extrañeza que Hollywood nos lance a la cara un mensaje tan nihilista, misántropo y anticapitalista. Claramente, en los últimos años se han dedicado a bombardearnos con mensajes de Izquierda.

Pero la verdad es que, si obviamos el mensaje, podemos disfrutar de una serie excepcionalmente realizada, incluso para los estándares actuales, que goza de una tremenda popularidad y que incluso ha despertado una profunda obsesión entre su público, que se lanza furiosamente a las redes sociales, los foros de Reddit y 4chan e incluso anticuados chat rooms a discutir con fans como ellos sobre acontecimientos, especular teorías y tratar de adelantarse a la trama, tal como lo causara hace ya una década su antepasado espiritual, Lost.

*Sergio Romano Muñoz es, además de libertario convencido, experto en la industria del entretenimiento. Ha sido agente de artistas, productor de radio y TV, scouter de bandas musicales y director de una editorial. En la actualidad trabaja en su primera novela y en una serie de cómics.

Por: Jeff Deist*

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aludos a todos en la conferencia Corax 2017, y saludos también a los asistentes aquí en nuestra Mises University anual. Como pueden ver ambos eventos están sucediendo simultáneamente, por lo que no pude estar personalmente con ustedes esta tarde, pero aprecio mucho el haber sido invitado por Sofia y Martin para dar esta conferencia, y de hecho los habría acompañado en Malta cualquier otra semana. Asimismo, admiro a Sofia y Martin por tener el valor de dejar Suecia y comenzar esta nueva empresa en Malta, que según comentan no sólo es un lugar más cálido, ¡sino también mucho más razonable!