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Fracaso

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Por: Víctor H. Becerra*

Las fechas se acumulan y las confirmaciones llegan y abundan, por desgracia: El gobierno de López Obrador está siendo un gran fracaso, y una decepción para muchos de sus seguidores. Por ese camino, no terminará bien su administración para el país. Ojalá tenga la capacidad de cambiar (poco, mas aún hay tiempo para hacerlo), pero las actitudes suyas y de sus colaboradores no dejan demasiada esperanza.

López Obrador ha incumplido prácticamente todas y cada una de las promesas que hizo para llegar al poder: No redujo el precio de la gasolina ni de la electricidad; no combatió a la corrupción y más bien se ha hecho cómplice de ella; no redujo la delincuencia ni la violencia en el país, y estás siguen frenéticas, impunes y sin control; no combatió el huachicoleo (robo de combustible) y éste sigue campeando a sus anchas en las áreas cercanas a las refinerías mexicanas; prometió “austeridad” y ésta ha solo una reasignación de recursos a programas clientelares; ofreció salvar a PEMEX, pero sus malas decisiones lo acercan al abismo, día con día, y con él, a la economía del país; no ha creado más empleo ni llegan más inversiones; la economía está paralizada en el 0% frente a su ofrecimiento de crecer al 4% anual; ofreció descentralizar las dependencias desde la Ciudad de México y la oferta ya se olvidó; prometió mantener una política exterior firme y digna frente a Donald Trump, pero convirtió al país y a su gobierno en servidores impresentables de Trump y del trabajo sucio de su administración.

Quizá su único ofrecimiento cumplido fue dar recursos económicos gratis y sin control a sus clientelas políticas, aunque nunca advirtió que sería a costa del sistema de salud, de los tratamientos a derechohabientes más pobres o a niños (claro: los niños no votan) para enfermedades como cáncer, insuficiencia renal o SIDA, del abasto de medicamentos, de desaparecer las guarderías infantiles y tantos más programas oficiales (cuidado de bosques, la promoción turística y comercial del país, etc.), de despedir a un gran número de burócratas sin ninguna contraprestación… Si lo hubiera hecho, seguramente su triunfo no habría sido tan holgado.

Lo último ha sido proteger a un viejo aliado, Manuel Bartlett, de los señalamientos más que documentados de corrupción, la que excedería incluso la de casos paradigmáticos en el gobierno Peña Nieto. Incumplir su principal promesa, combatir la corrupción, para proteger a un aliado, sin duda es un quiebre moral y político para su administración, la cual se ve ahora no muy distinta a las anteriores.

Otro incumplimiento reciente fue lanzarse con enorme voracidad fiscal, incumpliendo su promesa de que no habría nuevos impuestos o un aumento de los existentes, además de perseguir a los contribuyentes mediante las figuras de la Extinción de Dominio y de Delincuencia Organizada, en caso de no pagar impuestos o presentar documentos falsos, así sea inadvertidamente.

A ello sumemos lo ya conocido y evidente: El desperdicio impune de recursos en la cancelación del Aeropuerto de Texcoco y de las reformas educativa y energética, mientras continuan proyectos inviables como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya; la desconfianza que genera su proyecto de gobierno entre inversionistas, nacionales y extranjeros, calificadoras y organismos internacionales; la falta de opciones y de ambición para resolver la problemática del país, ejemplificadas en una Guardia Nacional que sólo es el Ejército travestido; la falta de coherencia, dirección y objetivos entre su equipo de gobierno y su partido: López Obrador nominalmente gobierna, pero en los hechos cada funcionario parece autárquico, sin importarle lesionar la imagen o el funcionamiento del conjunto, mientras López Obrador es incapaz de imponer orden y disciplina.

A unas pocas semanas de concluir su primer año de gobierno, pareciera que la única función de gobierno en la que López Obrador se siente cómodo es en sus conferencias matutinas y en los discursos de sus giras, más bien improvisados y por eso, de cierto radicalismo. O en eventos populares como el de El Grito, en conmemoración de la Independencia del país. Pero a López Obrador no se le paga por arengar ni gritar, sino por gobernar.

En todo lo demás, su gobierno avanza a tumbos y a tontas y locas, y el país con él. Quizá sea hora de aceptar que este primer año de su gobierno es ya papel mojado, con poco de útil y rescatable, y que eso no permite avizorar nada venturoso para los cinco años restantes.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Con poco menos de seis meses en el poder, y más de diez meses desde que ganó las elecciones, Andrés Manuel López Obrador ha dilapidado buena parte de su capital democrático. Su gestión de gobierno hace agua, entre la gravísima crisis de violencia y delincuencia; la militarización de la seguridad pública; la incertidumbre sobre sus políticas; la desconfianza de inversionistas, calificadoras y organismos internacionales; el decrecimiento de la economía; el subejercicio del gasto público; el retraimiento en el consumo; la angustia sobre el grado de inversión de PEMEX y su repercusión sobre la deuda soberana del país; el desorden administrativo; la toma de decisiones caprichosa y arbitraria; un Gabinete rebasado y pasmado, que recibe regaños y desautorizaciones públicas del propio presidente; los diarios exabruptos de su esposa y miembros destacados de MORENA, su partido; conferencias diarias de prensa que polarizan, son irrespetuosas de la ley y abundan en datos no veraces; una política exterior desacreditada por la defensa de las dictaduras de Venezuela y Cuba; un presidente enemigo de sí mismo…

Estos casi seis meses de gobierno, han sido un fracaso para López Obrador y su gobierno, pese a la retórica del “vamos requete bien”, sin capacidad de respuesta a la arrolladora expectativa ciudadana.

Empero, los niveles de popularidad del presidente López Obrador siguen siendo altos, muy altos, incluso mayores que en los mejores momentos que cualquiera de sus antecesores inmediatos, probablemente gracias al voraz clientelismo de su política social. Pero dichos niveles se comienzan a resentir, sobre todo a partir de acontecimientos de violencia incontrolable como Salamanca y Minatitlán.

Esto lo recogen diversas encuestas, un clima crecientemente adverso en Redes Sociales, los crecientes rumores de una renovación de su Gabinete y, sobre todo, el engrosamiento paulatino del número de asistentes a las tres marchas nacionales de protesta en su contra. La efectuada el pasado domingo 5 de mayo fue la mayor de todas, con una asistencia que, sólo en Ciudad de México, se calcula entre 50 mil y 100 mil personas. En contraste, una contra-marcha de sus simpatizantes, convocada para este domingo 12 de mayo, no logró reunir siquiera a algunos cientos de seguidores en la misma Ciudad de México.

Hay la impresión, entre múltiples analistas, de que el desmantelamiento y la cooptación institucionales por parte de López Obrador han sido mucho más veloces que los realizados, digamos, por Hugo Chávez o los Kirchner, que tardaron años en tener el control del Estado. Pero también habrá que advertir, que dicha capacidad encuentra crecientes e imprevistas adversidades, como apreciamos en los muchos problemas frente a los que hoy se debaten López Obrador y su gobierno.

Quizá esto se deba, y sólo quizá, a que López Obrador y su equipo han decidido copiar y trasladar los modelos de Chávez, los Kirchner y otros sátrapas (como deja ver, en parte, la contratación como consultor del impresentable Axel Kicillof, coautor del desastre económico argentino), sin reparar en que dichos modelos no son los mejores: son simples ejemplos de dictadores fracasados, mediocres entre lo que se propusieron y lo que efectivamente lograron. En tal sentido, López Obrador sin advertirlo, también está siguiendo el mismo derrotero de fracaso. Y México con él, por desgracia.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Gerardo Garibay Camarena

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]o de Venezuela está dejando de ser tragicómico para quedarse en trágico a secas, literalmente, porque la cerveza se ha vuelto tan escasa que la gente desesperada saquea camiones de la marca “Polar” en plena carretera, mientras la cruda social y política provocada por la borrachera populista del chavismo, sigue destrozando a la república que alguna vez fue el ejemplo democrático de América del sur.