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Por: Jeffrey A. Tucker*

Desde hace mucho, el término “socialista” ha significado diferentes cosas para distintas personas. En la práctica, usualmente termina significando control estatal, es decir, a punta de pistola. Por eso es una amenaza tan grande a la libertad, propiedad y todo lo que amamos.

Sin embargo, ¿qué pasaría si caritativamente asumiéramos la versión más inocua de la idea socialista? Digamos que por “socialismo” las personas quisieran hablar de un sistema en el que los bienes más valiosos de la sociedad sean compartidos por todos.

Eso suena bastante bien, ¿no? No sólo eso: Quizá incluso sea posible, al menos para cierta clase de bien. Yo iría más allá, para decir que esta clase de socialismo es esencial para el capitalismo.

Esparciendo descubrimientos

El tercer punto de la fabulosa obra de Michael Munger sobre las ideas centrales del capitalismo habla sobre un “crecimiento basado en economías de escala”. Él lo define de la siguiente forma:

Una mejora en la tecnología, o una expansión en las formas en que podemos usar capital líquido para crear capital físico, mejora inmediatamente el bienestar del mundo entero. Los economistas llaman a esto una economía de escala, lo que significa que la especialización y el creciente capital social en forma de descubrimientos rápidamente se esparcen alrededor del mundo como multiplicadores de fuerza para el trabajo y los emprendedores.

Al hablar de tecnología y formas, se refiere a la categoría general de algo a lo que llamamos planes, recetas, conocimiento, aprendizaje o, simplemente, ideas. Munger dice que una vez que son inventadas, se esparcen rápidamente y están disponibles para todos los que deseen usarlas. Este capital basado en ideas sirve como fuerza impulsora para expandir la división del trabajo, beneficiándose las economías de escala, haciéndonos a todos más sabios, creando cascadas de mejores innovaciones y por lo tanto esparciendo prosperidad en todas partes.

Este fenómeno no se ha discutido lo suficiente en la literatura económica. La economía típicamente trata con el problema de la escasez, y encuentra respuestas a este problema en forma de instituciones como la propiedad privada, los precios de libre flotación, el intercambio y los contratos. Sin embargo, a lo que Munger se refiere aquí evade las limitaciones de la escasez. Es conocimiento, y se esparce sin necesidad de limitantes para ubicar y asignar derechos de propiedad.

Las ideas son diferentes

Por ejemplo, usted está leyendo este artículo. Puede tomar las ideas. Puede llevarlas en su cabeza durante 50 años. Puede compartirlas con otros. Puede aplicarlas. No importa lo que haga con las ideas en este artículo, su decisión no me quita nada a mí. Aun poseo las ideas aquí incluidas, y lo mismo aplica para billones de otras. Todos pueden ser dueños y usar las ideas en este artículo sin que yo o alguien más pierda derechos. Eso es cierto para todas las ideas.

Munger se refiere como capital al conocimiento compartido. Lo que más me intriga acerca de este punto es que el conocimiento del tipo que él plantea realmente es un bien no-escaso en el sentido de que está disponible para todos, sin limitaciones en su consumo, modificación y reúso. Usted puede pensar en este como el lado “socialista” del capitalismo.

Nosotros, en el campo pro-capitalista, creemos en la propiedad, los precios y las estructuras de producción para los bienes escasos, porque eso es lo que la realidad dicta que mejor sirve al objetivo. No hay forma mejor, más pacífica o productiva de lidiar con el problema de que no existe suficiente de todo para todos. La mejor solución es desplegar un método pacífico de intercambio y producción, de forma que, con el tiempo, haya más riqueza para todos.

Al mismo tiempo, creemos en compartir universalmente bienes no-escasos, como el conocimiento, porque eso es lo que la realidad hace posible. Esta distinción entre escaso y no-escaso ayuda a explicar mucho del mundo a nuestro alrededor. Debemos aprender a distinguirlo, de forma que podamos aplicar apropiadamente herramientas de producción y asignación. Los bienes escasos requieren economizarse; los bienes no-escasos pueden ser libre y expansivamente compartidos sin necesidad de economizar.

La izquierda confundida

Note que la izquierda socialista hace un desastre con esta distinción, mezclando las dos cosas. Quieren socialismo para los bienes escasos y propiedad privada para los que no son escasos. ¿Cómo? Quieren universidad gratis para todos, servicios médicos o comida para todos, y promueven esto con casi nulo entendimiento de la realidad de que estos son bienes escasos, por lo que hay enormes costos asociados con estos planes, que todos deben cargar, por no mencionar el enorme uso de la fuerza para obligar a las personas a hacer lo que ellos de otro modo no querrían.

Al mismo tiempo, esas mismas personas aplican las limitaciones de la escasez donde no deberían aplicarlas. Dicen que no debe haber “apropiación cultural” incluso a pesar de que la cultura es un bien no-escaso, maleable y universalmente compartible. Demandan políticas basadas en la identidad, incluso aunque esta es algo que cualquiera puede adoptar sin quitarle nada a alguien más. La identidad es un bien no-escaso, que no necesita tratarse como si fuera un producto físico. También tienden a aceptar la “propiedad intelectual”, particularmente los artistas y músicos que buscan ganancias en base a los pagos por consumir su producto.

Observe, por ejemplo, lo orgulloso que el socialista Bernie Sanders está de las regalías de los libros que lo hicieron millonario; si yo tomará los contenidos del libro e hiciera una copia, él indudablemente reclamaría. (Es posible publicar si el uso de copyright tradicional y aun así ganar regalías; vea el modelo de publicación de AIER).

La izquierda está confundiendo cosas escasas y no-escasas. Aplicando el socialismo a la escasez -¡lo que no funciona!- e imponen el capitalismo en lo no escaso, con algunos resultados extremadamente extraños, como el que una mujer irlandesa no pueda abrir un restaurante de comida china sin ser perseguida en Twitter.

El inicio de la comprensión económica es distinguir entre cosas escasas y no-escasas. ¿Cuáles son algunos ejemplos? La Biblia y el sermón: Una es físicamente escasa y el otro es un cuerpo de ideas no-escasas. Por otra parte, si usted sube la Biblia a internet, donde todos pueden leerla sin quitársela a otros, también puede convertirse en un bien no-escaso.

Otros ejemplos: Zapatos vs canciones (no puedo usar tus zapatos sin incomodarte, pero puedo “robar” la canción que acabas de silbar y nunca lo sabrá); el Iphone vs la app móvil (el primero es una cosa, y la otra es infinitamente compartible); el lienzo vs la imagen pintada en él; la botella de píldoras vs la receta médica; el jugador de futbol vs las jugadas; la carne asada vs las instrucciones de cómo cocinarla.

No hay límite a los ejemplos de la distinción entre lo que debe y lo que no necesita economizarse. Necesitamos desarrollar la capacidad de distinguir la diferencia.

Tengo una teoría de acerca de por qué los socialistas actuales son tan obtusos acerca del entendimiento de la escasez. Mayoritariamente son intelectuales. Su producción personal más valiosa está en el ámbito de las ideas. Comparten constantemente estas ideas con cualquiera dispuesto a escuchar. Su meta es obtener influencia, lo que puede ocurrir sin necesidad de ubicar y asignar su producto. Están produciendo bienes que son no-escasos.

No pueden entender por qué los médicos, universidades, granjeros y fábricas son incapaces de hacer lo mismo. El problema de la escasez no se presenta en su profesión, así que se mantienen ajenos a la realidad de que la escasez existe para cualquier producto, excepto las ideas.

¿A qué se debe la creciente popularidad del socialismo? Munger esboza la respuesta: “Mucha de la nueva riqueza es digital, y toma la forma de música, películas y otro entretenimiento o software, código que –una vez escrito- puede reproducirse sin costo y transmitirse a todo el mundo de manera esencialmente gratuita.”

La gran migración del mundo físico al digital ha expandido enormemente el ámbito y oferta de la riqueza no-escasa. Eso es maravilloso. Sin embargo, esto podría tentar a los intelectuales a creer que lo mismo puede suceder en el mundo físico. Sin embargo, sin importar lo mucho que digitalicemos, ello no elimina la esencial distinción entre escaso y no-escaso.

Las personas tal vez se pregunten: “Si mi Twitter puede ser universalmente distribuido, ¿por qué no también las comidas veganas y las cirugías cerebrales?”Ahora usted sabe la respuesta. Esta es la diferencia entre escaso y no-escaso. El primero no puede compartirse hasta el infinito, el segundo sí. Esa es una gran diferencia.

Si no podemos tenerlo claro, nunca aprenderemos a pensar con racionalidad económica. Incluso peor, no comprenderlo, y avanzar en un sistema que confunde los dos, puede destruir toda la prosperidad y libertad.

*Jeffrey A. Tucker es Director Editorial del American Institute for Economic Research. Es autor de miles de artículos y de ocho libros publicados en 5 idiomas.

Traducido por: Gerardo Garibay Camarena

El artículo original en inglés está disponible aquí.

Por: Tim Worstall*

Otro día, otro espeluzanante reporte acerca de cómo los robots van a robar todos nuestros empleos y destruir todo lo que es sagrado acerca de la dignidad del trabajo. Esta vez proviene de PriceWaterhouseCoopers, y señalan que para los 2040s aproximadamente el 30% de los trabajos estará automatizados y quizá un 44% de aquellos que requieren un bajo nivel educativo. De hecho, el reporte no es tan “estamos condenados” como suena, aunque contiene un par de errores cruciales.

Los autores aciertan respecto a que en este lapso habrá crecimiento económico que ayudará a crear nuevos empleos que reemplacen los que se pierdan por la automatización. Es una conclusión lógica: Después de todo, hemos estado automatizando durante ya 250 años y no hay una razón particular para pensar que los procesos subyacentes hayan cambiado.

“Destruir” empleos libera trabajo

El hecho de que la inteligencia artificial y otros avances técnicos reemplazarán a la habilidad humana no debería ser motivo de desmayo –después de todo, lo mismo ha sucedido en cada etapa de cambio tecnológico, desde el telar hasta la lavadora.

“Que la automatización destruya o desplace trabajos no es un problema; de eso se trata”

Sin embargo, el reporte de PWC ha mailterpretado el mecanismo. No es que el crecimiento económico absorba labor, per se, sino que la forma en que la automatización libera horas de trabajo para labores más productivas hace crecer la economía y nos enriquece.



Imagine que se requieren 100 unidades de trabajo para hacer 100 productos, hasta que la invención de una nueva máquina permite que se necesiten solo 50 unidades para hacer los mismos 100 productos. Usando las 100 unidades originales de trabajo ahora tendremos 200 productos –somos más ricos-, o podemos producir los mismos 100 productos, y usar las unidades de trabajo sobrantes para obtener ropa, comida elegante, o boletos para el ballet. Somos ricos, la economía es más grande, sin importar el valor que le asignemos a las cosas extra que podemos comprar.

Esto es más que un mero tecnicismo. Sólo entendiéndolo podemos entender cuál es la tarea que nos corresponde aquí. El hecho de que la automatización destruya o desplace trabajos no es un error o un problema; de eso se trata. Queremos eliminar trabajos a través de la automatización, siempre y en todo lugar, y es lo que ese trabajo liberado hace en otros a continuación lo que nos enriquece.

Cierto, la transición puede ser dolorosa

Como Keynes señaló, es enteramente posible que esto esté sucediendo demasiado rápido. Escribiendo en 1930 nos decía:

“Estamos sufriendo, no por el reumatismo de la vejez, sino por los dolores del crecimiento ante cambios excesivamente rápidos, por el dolor del reajuste entre un periodo económico y otros. El incremento de la eficiencia técnica ha sucedido más rápido de lo que podemos lidiar con el problema de la absorción laboral…”

En este caso el asalto conjunto sobre los sistemas establecidos, a causa de la mecanización de la agricultura y el reemplazo del vapor con la energía eléctrica, estaba liberando fuerza de trabajo más rápido de lo que las personas podían descubrir cómo aprovecharlo en cosas nuevas.

La transición puede ciertamente ser un problema, pero el resultado final no lo será. La pregunta no es si habrá algo para que las personas trabajen, sino si es que podemos encontrar estas nuevas actividades al mismo ritmo en que mueren las viejas labores.

El ritmo es lo que importa. Al igual que muchos otros de estos reportes, el de PWC sugiere que un 30% de los trabajos (o un 44% en algunos sectores) será eliminado en las siguientes décadas. ¿Esa es una tasa elevada o no? ¿Es algo acerca de lo que necesitemos actuar?

Los números no son tan malos como parecen

Este es el elemento clave que muchas personas no logran captar –la economía del mercado del Reino Unido (los números de los Estados Unidos son un poco diferentes) elimina cada año al menos el 10% de los empleos y crea un 10% de nuevos empleos. La tasa de desempleo es únicamente la brecha entre ambos porcentajes, y quizá la diferencia de tiempo entre ellos.

Nuestra adaptación a la cambiante tecnología no es una ruptura dramática, sino un proceso constante que involucra aproximadamente al 10% de la población cada año. Con eso en mente, la adición de otro 1.5% (30% en un lapso de dos décadas) a causa de la automatización se vuelve mucho menos aterradora. Lo que en realidad estamos observando es la adición marginal a un proceso existente y bien conocido, no un paso drástico o un gran misterio con que lidiar, y eso suponiendo que efectivamente la inteligencia artificial llegue a elevar la tasa anual de 10% a la que estamos acostumbrados.



Por supuesto, sigue abierta la pregunta de qué hacer al respecto. El qué se automatiza y qué se mantiene no es la pregunta interesante aquí. En lugar de ello es ¿Qué harán y a dónde se moverán los trabajadores liberados? Es decir: ¿Cuáles son los empleos del futuro?

Aunque podemos hacer algunas suposiciones educadas, la respuesta es que no sabemos. Hay muchas cosas que como especie nos gustaría producir más, pero la única forma de saber cómo eso se traduce en actividad económica es dejar que suceda y observar. En lugar de que los gobiernos traten de adivinar el futuro, deberíamos confiar en la experimentación que sólo brinda una economía de mercado.

*Tim es académico en el Adam Smith Institute en Londres. En Twitter: @worstall

Publicado originalmente por CapX y FEE.org

Traducción por Wellington.mx

Por: Jeffrey A. Tucker*

[dropcap type=”default”]¿C[/dropcap]uál es la mayor invención en la historia humana? Yo diría que la respuesta es la propiedad privada. Si usted entiende por qué, entonces también debería tener un profundo aprecio por otra gran invención en la historia humana: La cadena de bloques. Ambas se refuerzan mutuamente. De hecho, la humanidad nunca ha tenido una mejor herramienta para registrar las afirmaciones de propiedad en estructuras económicas complejas, globalizadas y digitales.