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Por: Víctor H. Becerra*

Tras las primeros siete meses de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, México está entrando en una fase económica crítica: Proximidad de una recesión, posibilidad de perder el grado de inversión, caída vertiginosa en la creación de empleos y en la actividad económica, parálisis prolongada de las inversiones, crecientes dificultades presupuestales, posibilidad de que EEUU aplique aranceles a todas nuestras exportaciones… se acercan tiempos difíciles. De vacas flacas, como decían los abuelos.

Ante tal cuadro, pesimista por necesidad, ¿es razonable una política como la recientemente implementada por el gobierno López Obrador, de regalar dinero a los gobiernos centroamericanos para, supuestamente, crear empleos y combatir la inmigración, sin ningún tipo de condicionamiento ni supervisión?

En total, el gobierno mexicano anunció un programa para repartir un total de 100 millones de dólares entre los gobiernos centroamericanos, básicamente Guatemala, Honduras y El Salvador, como política migratoria. De ellos, 30 millones de dólares acaban de ser entregados al gobierno salvadoreño, en una poco afortunada visita del nuevo presidente de ese país, Nayib Bukele.

Durante ella, Bukele con sus desmedidos elogios a López Obrador, se puso al nivel de los “intelectuales” y tuiteros mexicanos pro oficialistas, esos que hablan de los funcionarios mexicanos como nuevos héroes de la Patria o que le exigen a López Obrador que los use, les de órdenes y les marque agenda. Pero bueno, 30 millones de dólares quizá justifiquen cualquier indignidad, aunque está después sea acompañada de criticas a México, como hizo Bukele, o actitudes jactanciosas, presumiendo haber recibido ese dinero en apenas unos minutos de trabajo.

No deja de haber una grave inconsecuencia de fondo: Mientras México pide al BID un préstamo de 20 millones de dólares para construir infraestructura migratoria, su gobierno entrega 30 millones de dólares a Bukele, para crear empleos en El Salvador sembrando árboles. Ciertamente, 100 millones de dólares no es un monto descomunal, pero lo es si tienes que pedir prestado para reponerlos. Peor si dejas a niños sin tratamientos para el cáncer o la insuficiencia renal, como efectivamente sucede en los hospitales públicos mexicanos. López Obrador regala millones mientras su pueblo sufre la escasez, y sin advertir que viene lo peor.

Pero lo más grave es que a veces se nos olvida que el Estado no puede andar regalando nada. El Estado no produce nada, no crea riqueza, no es dueño ilegítimo más que de lo mal habido. En tal sentido, su dinero es el que quita por medios coactivos a los contribuyentes mexicanos, que además no le hemos autorizado a regalarlo a otros países. Esto revela uno de los más graves déficit de López Obrador: Gobierna sin mecanismos de control democrático, creyendo que todo le está permitido. Y todo para colmar unas cada vez más visibles ansías de reconocimiento y veneración.

Adicionalmente, es necesario alertar sobre las casi siempre falsas expectativas de la ayuda externa. Es útil repetirlo en este caso: Toda ayuda externa sin condicionamiento ni supervisión terminará indefectiblemente en la bolsa de la corrupción. Incluso aunque no terminará allí, toda ayuda debe medirse para saber  si realmente logra resultados y genera desarrollo. De lo contrario, la ayuda externa es un gran cementerio de políticas ambiciosas y fracasadas, de dinero del contribuyente tirado a la basura.

Peor aún: Los problemas de los países, lejos de disminuirse necesariamente con más dinero, pueden agudizarse todavía más por efecto de la corrupción y de la falta de incentivos. Son muchos los casos donde los países en lugar de mejorar, agregaron a sus problemas una desaforada corrupción y una rebatinga (política primero y después armada) por el dinero “gratis”. Así como una falta de deseos de mejora de la población “beneficiada”. 

No olvidemos la advertencia de Ludwig von Mises en The Plight of Underdeveloped Nations (1952): “El problema de hacer que las nacionessubdesarrolladas sean más prósperas no puede resolverse con ayudamaterial. Es un problema espiritual e intelectual. La prosperidad no es simplemente una cuestión de inversión de capital. Es un tema ideológico“. Y lo mismo puede decirse de ayudar siempre a su población. Al final, quien dependa siempre de la caridad de otros no puede vivir con dignidad.

Los problemas de la gente no se resuelven regalándoles dinero, ni dándoselos por hacer trabajos inútiles e improductivos, como subyace en el fondo del acuerdo López Obrador-Bukele, sino con la promoción y la existencia de mercados abiertos, del libre comercio, de la protección de la propiedad, de un Poder Judicial independiente y efectivo, y de estructuras estatales que no interfieran con la iniciativa privada. Si se dan esas condiciones, las personas tendrán la oportunidad y el estímulo para producir algo y ofrecerlo en venta. Cuando esto ocurre, después de poco tiempo, apenas necesitarán de ayuda para el desarrollo, y sus “salvadores” y demagogos estarán de más.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

El Mises Institute es una referencia fundamental a nivel internacional, cuando hablamos de la libertad en el plano filosófico, del libertarismo en el plano político y de la escuela Austriaca en el económico. Su presidente, Jeff Deist, visitó México hace unas semanas, invitado por México Libertario, y tuve la oportunidad de platicar con él en exclusiva, acerca de la situación actual y del panorama para la libertad.

Aquí les presento la primera de tres partes de un resumen traducido al español de esta entrevista, y para quien quiera verla o leerla completa, la transcripción (en inglés) está en Wellington.mx

Gerardo Garibay: Hola Jeff. Gracias por aceptar esta entrevista con Wellington.mx y bienvenido a México. Quisiera comenzar esta entrevista preguntándote respecto al artículo que publicaste hace un mes acerca de la Reserva Federal (el banco central de los Estados Unidos). Ahí escribiste sobre “las correcciones fundamentales que deben realizarse” incluyendo “bancarrota, liquidación y reestructura de cartera vencida…y el final de los rescates directos por parte del congreso…además de un serio programa de reducción del gasto y deuda, que no perdone subsidios ni gasto militar”. ¿Podrías ampliar un poco este punto? ¿Cómo puede un país darle marcha atrás al aparentemente perpetuo motor de la deuda y el gasto gubernamental, que ha atrapado a los Estados Unidos y países como México?

Jeff Deist: …Si la deuda se convierte en el principal impulsor de la economía estamos en grandes problemas y lo que hemos visto en occidente, incluyendo México y Latinoamérica, pero también Estados Unidos, Europa y Canadá, desde la crisis del 2008, es que la deuda ha explotado. La recesión del 2008 no ocasionó lo que la mayoría de las recesiones provocan: bancarrotas, insolvencia, liquidaciones y reestructura de deuda y nuevos propietarios que compran barato. Nada de eso sucedió.

En lugar de ello, lo que ocurrió fue que tanto la Reserva Federal de los Estados Unidos, como el Banco Central Europeo entraron básicamente en una orgía de creación de dinero y de crédito, y como resultado el mundo entero tiene más deudas hoy que en 2008, lo mismo a nivel de deuda gubernamental que corporativa, de los hogares, prestamos académicos, tarjetas de crédito e hipotecas…

No podemos decir que estemos mejor y nos estamos dando cuenta de que vivimos en una era donde las personas creen que puede crearse prosperidad a través de la manipulación fiscal o monetaria y de modelos estadísticos, sin realmente hacer el trabajo duro que dicha creación requiere.

Por trabajo duro me refiero a que se necesita hacer una economía más productiva y para ello las personas deben involucrarse en cosas que hagan dinero, de modo que obtengan una ganancia, la cual se acumula con el tiempo y con suerte se convierte en capital, que a su vez es invertido en la economía, en el mejor de los casos en formas que la vuelvan más productiva. No hay truco para darle la vuelta. No hay forma de evitarlo [este proceso] si queremos crear una economía con bases reales para crecer a futuro.

Lo que hicimos en 2008 fue que, en lugar de permitir una corrección dolorosa, volvimos a inflar las burbujas en diversos sectores de la economía: vivienda, automóviles, préstamos a estudiantes, etc. Así que no lo resolvimos. Simplemente pateamos la lata hacia abajo de la calle y de hecho empeoró, porque ahora tenemos más deuda que nunca.

Esto es muy atemorizante. Tenemos un problema intelectual e ideológico. Hemos llegado a pensar en obtener algo a cambio de nada. Imaginamos que esas personas brillantes y bien intencionadas, que se graduaron de Harvard, de algún modo pueden manipular el sistema y aplicar técnicas para volvernos más prósperos.

Sin embargo, también sabemos que el simplemente crear más dinero no trae nuevos productos o servicios a la economía. Si todos los habitantes de la Tierra tuvieran un par de ceros añadidos a su cuenta bancaria, no haría ninguna diferencia. Los precios se ajustarían y todos estaríamos donde empezamos.

Lo importante es que el nuevo dinero y crédito no aplican a todos universal y simultáneamente. Entra en la economía en ciertos espacios, y algunas personas sí se enriquecen con el nuevo dinero, especialmente aquellas involucradas con las inversiones y la banca comercial…y aquellas cercanas al gobierno, que de este modo opera con enormes déficits.

Tenemos que regresar a una política monetaria sobria y sensata…sin dinero real en la economía estamos en grandes problemas, y por eso ese es uno de nuestros principales trabajos: educar a las personas acerca del dinero y el crédito y su razón de ser.

Al término de la entrevista

Gerardo Garibay: Tuve la oportunidad de asistir a la Mises University en 2017. En aquella ocasión diste el discurso de clausura -que por cierto fue muy bueno- y hablaste ampliamente acerca de cómo los libertarios nos arriesgamos a la irrelevancia cuando ignoramos conceptos, como los de Dios y nación, que provocan una profunda respuesta en las personas. Mi pregunta aquí es ¿cómo podemos caminar esa compleja área gris de la identidad de grupo en nuestro entorno social, sin caer en las trampas colectivistas de la izquierda y la derecha? ¿cómo equilibramos este entendimiento de las identidades compartidas con el mensaje de la libertad y las decisiones individuales?

Jeff Deist: Bueno, es difícil, y quienes tenemos una mentalidad libre tendemos a ser individualistas. No nos agrada la identidad grupal porque, como sabemos a partir de la historia, esa identidad -el tribalismo- puede volverse muy negativo, puede llevar a guerras y toda clase de tragedias.
Dicho esto, el enfoque de mi charla fue que, si el libertarismo ha de ganar terreno, necesita presentarse y entenderse como una filosofía que se adapta a la naturaleza humana…las personas quieren tener un propósito en la vida, un propósito más allá de lo cotidiano, y me preocupa que [conforme la sociedad ha dejado de creer en la religión, la familia, etc.] el Estado se va a convertir en la nueva religión.

…[Por lo tanto] el argumento de mi discurso era el de ofrecer una libertad que sea estricatamente una perspectiva política, y que le permita a los individuos tener toda clase de otras convicciones que le den significado a la vida. El libertarismo no tiene por qué ser nuestra única identidad y razón de vivir.

Te seré honesto, tuve una respuesta mixta a ese discurso. Sin embargo, creo que, por ejemplo, aquí en México, donde todavía son un país más culturalmente católico que los Estados Unidos, hay personas que pueden entenderlo.


Continúa la próxima
semana.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.