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Por: Víctor H. Becerra*

La gestión de la pandemia de covid-19 está siendo otro fracaso en el gobierno de López Obrador. Aunque un fracaso más doloroso y abultado que otros, porque involucra vidas humanas, 10 mil fallecido a la fecha, además de 90 mil contagios, sin contar el subregistro ya reconocido oficialmente. Pocos antecedentes pueden encontrarse de un gobierno con tantos fracasos al hilo: Pareciera que el mandato de López Obrador es de desgobierno e ineptitud, no de gobierno y eficacia.

No se trata sólo de remarcar aspectos puntuales, pero injustificables de cualquier modo, como el crónico déficit de materiales, personal, medicamentos y equipos en el sistema de salud gubernamental durante esta pandemia, como atestiguan las casi diarias protestas y quejas de médicos y enfermeras en todo el país. O la compra tardía de algunos insumos, ya cuando la crisis estaba en plena expansión y se producían los primeros muertos. O la acogida a 8 mil trabajadores de la salud cubanos, ayudando a perpetuar una dictadura esclavista.

Tampoco de remarcar la consabida insensibilidad de López Obrador para contribuir a salvar empleos y empresas, la que será en buena medida responsable de una caída en el PIB de alrededor del 12 por ciento este año. O la enorme crisis de inseguridad pública que sobrevendrá tras de que pase la pandemia (eso algún día tendrá que suceder), producto del hambre, el desempleo crónico, la desesperación, los posibles saqueos y la continuación de la violencia entre carteles criminales.

No, trato de decir que toda su estrategia de prevención de la pandemia en México, desde su propia concepción, ha sido un notorio fracaso, ya que se basó en el oportunismo y el autoritarismo políticos y no en consideraciones científicas u objetivas.

Así, las medidas oficiales de prevención y confinamiento fueron tardías y mal planeadas y ejecutadas, con un presidente de la República que no desperdiciaba ninguna oportunidad de restarle credibilidad a los esfuerzos de su gobierno, ni de disminuir seriedad a la grave crisis que se avecinaba, mandando el mensaje explícito de que no era necesario cuidarse ni hacer nada, durante las valiosas semanas previas a los primeros casos.

Enseguida, el gobierno de López Obrador decidió cerrar y dejar caer la economía, sin reparar seriamente en otras opciones, sólo para satisfacer a una opinión pública histérica cuando se empezaron a dar las primeras muertes, pero también orientado por una visión ideológica, en detrimento de la inversión privada, y que propendía a un corporativismo de amigos, estableciendo como “actividades esenciales” aquellas ramas útiles al gobierno, y exhibiendo su incapacidad para regular a los actores económicos aliados del presidente. 

Después del gran daño realizado, ya que en estos dos meses de emergencia ni se cuidó la salud ni se salvó la economía, el gobierno inicia ahora un proceso de desconfinamiento antes de llegar siquiera al pico de contagios, y tras haber fracasado todas las previsiones gubernamentales de cuándo llegaría éste y dándose las muertes por racimos, sin ninguna idea de cuándo amainarán. Y esto al compás de un semáforo sobre los contagios, que está resultando en una rebatinga política con los gobernadores de los estados de la República.

En resumen, salimos del encierro peor de lo que entramos. Así, iniciamos mal y terminamos peor: Confinamos tarde y mal. Ahora desconfinamos antes de llegar al pico máximo. De modo que: O la estrategia “científica” del gobierno tiene una lógica distinta a las de otras partes del mundo. O simplemente, como en realidad es, ha mandado el oportunismo político del presidente López Obrador.

Así, México es el único país del mundo que empezará a levantar las medidas de restricción en pleno pico de la pandemia. Junto con un presidente que iniciará una gira de una semana por varios estados, haciendo eventos públicos e iniciando obras gubernamentales en ciudades y estados con los mayores riesgos de contagio, como Cancún y Veracruz.

Esto demuestra que la prioridad del gobierno no fue, nunca, salvar la vida de las personas, ni mucho menos la economía, sino cuidar la estrategia electoral y el proyecto político de López Obrador, con vistas a las estratégicas elecciones legislativas intermedias de julio de 2021. Con ese propósito, medio gobierno se cargó la vida de muchísimos mexicanos y la economía de todo el país. El otro, lo permitió y secundó.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: José Juan Hernández Moncada*

El pasado fin de semana, probablemente será recordado como uno de los más nefastos y desastrosos en la historia reciente de México, principalmente dos noticias oscurecen el ya de por sí complicado panorama que el país enfrentará en los meses y años venideros.

Atendiendo principalmente criterios políticos y atavismos ideológicos anclados en una época pasada, el viernes 15 de mayo; la Secretaría de Energía publicó de noche en el Diario Oficial de la Federación un cambio en las reglas del juego, titulado con el eufemismo de “la nueva política de confiabilidad, seguridad, continuidad y calidad del Sistema Eléctrico Nacional” lo que a resumidas cuentas significa un golpe casi mortal a la generación de energías limpias y renovables, además de suponer otro golpe a la inversión y la confianza del país[1], de tantos que ha recibido por parte de esta autodenominada cuarta transformación. A pesar de que esta artera maniobra, realizada de noche y bajo el abrigo de la distracción generada por la crisis del Covid-19 que asola al planeta, supone el hipotecar el futuro de generaciones; al comprometer severamente el porvenir económico y el impacto ecológico que representa, no se trata de lo más grave de los acontecimientos del pasado fin de semana.

La cereza del pastel llegó el domingo 17 de mayo, bajo el mismo modus operandi nocturno, alrededor de las 22:00 vía twitter se filtró un comunicado, firmado ni más ni menos que por Alfonso Ramírez Cuellar el presidente nacional del partido gobernante, el cual obedece ciegamente los caprichos y designios del presidente López. En los contenidos de dicho comunicado se encuentra la propuesta más fascista, nefasta y aterradora de la historia del México contemporáneo, en las dos cuartillas lo que se puede leer resulta terriblemente inverosímil, la ominosa propuesta de Ramírez Cuellar, quitándole los numerosos eufemismos, prácticamente plantea que el INEGI se constituya como una policía política, con amplias facultades para allanar e investigar a cualquier ciudadano, así como confiscar el patrimonio de los mismos de manera arbitraria. [2]

Acorde a la magnitud de la gravedad de lo que se plantea en la propuesta de Ramírez Cuellar, podríamos incluso creer que se tratase más de un simple arranque de fanatismo u ocurrencia aislada, sin embargo la situación nos obliga a analizar el contexto, primeramente que la propuesta no viene de un funcionario menor o de algún otro personaje de escasa relevancia; si no del mismísimo presidente nacional de MORENA ; a esto le sumamos los dichos y declaraciones vertidas por el presidente López Obrador, quien en pasados días declaró que la brutal crisis de salud, social y económica, en la que nos encontramos inmersos le ha caído “como anillo al dedo” para consolidar su proyecto político; del mismo modo recientemente declaró en su homilía mañanera que no era necesario tener más allá de un par de zapatos o también que los indicadores económicos carecen de valor ante la espiritualidad y la felicidad entre otras joyas surgidas de pantomima de todas las mañanas.

Dice un viejo dicho que “el que avisa no es traidor”, estos hechos y declaraciones solo revelan ya de manera clara las verdaderas intenciones dictatoriales de López y su corte de serviles. No conforme con desgastar las instituciones y contrapesos del estado mexicano; ni con minar, dividir y descreditar a la sociedad civil organizada; el autonombrado presidente de los pobres pretende la pauperización total de los ciudadanos, dado que una sociedad miserable es más fácilmente controlable, la visión de la llamada 4t no es más que un país sometido a los caprichos y dádivas del caudillo.

Estamos ante un punto de no retorno, de por sí la situación es ya bastante grave con 10 millones de nuevos pobres,[3] provocados en parte por la pandemia de Covid-19 pero situación agravada por la tardía y deliberadamente mala reacción que el gobierno de López está teniendo para enfrentarla;  con datos y proyecciones que plantean el peor escenario de crisis y depresión en alrededor de un siglo;[4] con un desplome del casi 30% de la inversión en el país;[5] millones de empleos perdidos y una generación que este año ingresa al mercado laboral con escasas o nulas oportunidades de empleo, estamos en problemas; esta situación ya ahora inevitable  quizá nos lleve una década revertirla. De consolidarse las intenciones dictatoriales de López y su partido como las manifestadas este fin de semana, estaremos ante el punto de no retorno que no podrá ser revertido ni en décadas ya que supondría la ruina total del país y la irremediable muerte de todos los avances democráticos de las ultimas décadas.

Es por esto que no debemos permitir como sociedad este artero golpe a la democracia, la libertad y nuestro porvenir, el tiempo para la indecisión y beneficio de la duda ha pasado, el monstruo que enfrentamos ha revelado su verdadera forma; es ahora y cuando podemos hacer algo para impedirlo. Nunca antes en la historia reciente del país hemos estado en un riesgo similar ¿Cómo nos recordarán las generaciones venideras? Es ahora o nunca, porque si el gobierno cruza este punto de no retorno todo se habrá perdido y ya no habrá nada que hacer.

Tiempo al tiempo…

*José Juan Hernández Moncada es Historiador amante de la Libertad. Síguelo en Twitter: @JoseJuanHdzm


[1] https://expansion.mx/empresas/2020/05/15/sener-madruga-al-sector-de-las-renovables-y-da-super-poderes-a-la-cfe

[2] https://politica.expansion.mx/mexico/2020/05/18/morena-pide-modificar-la-constitucion-para-que-el-inegi-mida-la-riqueza-del-pais

[3] https://aristeguinoticias.com/1105/mexico/hasta-10-millones-mas-de-pobres-por-covid-19-en-mexico-se-revertiria-desarrollo-de-una-decada-alerta-coneval/

[4] https://www.elfinanciero.com.mx/economia/economia-mexicana-se-contraera-8-4-en-2020-preve-jpmorgan

[5] https://www.ejecentral.com.mx/se-desploma-26-inversion-extranjera-directa-a-mexico/

Por: Víctor H. Becerra*

La gestión de la crisis por la pandemia de covid-19 en México ha exhibido al gobierno de López Obrador como un gobierno incapaz, plagado de corrupción o al menos descuidado en la compra de insumos y materiales, negligente en su reacción: Baste observar que la mayor nueva obra de la principal agencia sanitaria estatal, el IMSS, para atender la pandemia en la Ciudad de México,  la más grande concentración de infectados en el país, apenas lleva una semana de construcción (a pesar de que la declaración por parte de la OMS de “emergencia de salud pública global” por el coronavirus proviene desde enero), con solo un 15% de avance y se espera concluirlo hasta fines de mayo (si bien les va), no obstante que se preve que el pico de infectados alcance su mayor altura este 6 de mayo, y de que el presidente López Obrador habla, triunfalmente, de que su gobierno ya ‘aplastó’ la curvada contagios y “domó” a la pandemia.

A ello hay que agregar la negativa de su gobierno de dar apoyo fiscal a las empresas, empujando a miles de ellas a la quiebra, el clientelismo oficial en el reparto de apoyos económicos para enfrentar la cuarentena, la caída de sectores enteros en la insolvencia, como las compañías aéreas, frente a la inacción gubernamental, por no hablar de que México es el último lugar de los países de la OCDE en pruebas de covid-19 por cada mil personas: El país libra su más dura batalla con los ojos vendados y las manos esposadas. 

Así, la pandemia ha exhibido la incapacidad del gobierno mexicano, aún cuando lo más grave todavía está por llegar.

Pero hay un fenómeno sobre el que conviene detenerse un poco: Mientras el gobierno de López Obrador da un paso atrás, los grupos del crimen organizado ocupan su lugar. Así, desde hace un mes aparecen cada vez con mayor insistencia, en redes sociales y medios de comunicación, fotografías y videos de grupos de narcotraficantes entregando dinero, comida y despensas a población vulnerable, en medio de la cuarentena obligada por el propio gobierno, que ha causado hambre y pobreza. El mensaje de esos grupos parece ser: Si el Estado te abandona, nosotros sí te respaldamos.

Se ha documentado la entrega en varios estados del país, principalmente en Tamaulipas, Chihuahua, Jalisco, Michoacán, San Luis Potosí, Colima, Guanajuato, Veracruz y Guerrero. Los mismos grupos criminales exhiben las imágenes en redes sociales, exhibiendo las narcodespensas con pegatinas con los nombres de los carteles criminales, o imágenes de El Chapo Guzmán, los jefes criminales de la zona y hasta de Osama Bin Laden. Mas la tarea de estos grupos no se limita sólo a la entrega de narcodespensas: También actúan pidiendo que la gente no salga de casa y obligando al cumplimiento de la cuarentena, amenazando con su poder de fuego. Cuarentena o plomo.

Parecería que la publicidad de estos apoyos, aparentemente caritativos, cumple varios objetivos: Primero, advertir a otros grupos criminales que ellos son los dueños de la plaza. También, evitar que su base de apoyo los abandone, ahora que la producción, el trasiego y el comercio de drogas se encuentran supuestamente paralizados, como toda la economía del país. Y finalmente, lograr un apoyo en las comunidades para construirse un “escudo social” que proteja sus actividades, les advierta de peligros y sirva como base para el reclutamiento de nuevos integrantes.

Esto se da un contexto de creciente violencia en el país, por parte de los mismos grupos criminales: En abril pasado, por ejemplo, se dieron 2,492 homicidios dolosos en el país, es decir, un promedio de 83 homicidios por día, más de un homicidio cada 20 minutos, uno de los registros más altos, no sólo del gobierno de López Obrador, sino en la historia del país. Hoy, más gente llora en México por la violencia y la inseguridad pública que por la crisis de coronavirus.

Así, mientras mucha de la fuerza pública está ocupada en la vigilancia de hospitales y buscando que la población acate la cuarentena y el distanciamiento social, los carteles de la droga y del robo de combustibles aprovechan ese repliegue para seguir disputándose territorios e incrementando sus operaciones.

México vive bajo el acoso de dos pandemias: La del coronavirus y la de los grupos del crimen organizado. Frente a ambas, el gobierno de López Obrador ni tiene respuestas, ni estrategias, ni preparación, ni resultados. Y ambas durarán aún bastante tiempo más, desangrando al país.

El Estado mexicano se revela frente a ellas como una torpe ficción, una mala broma, muy cara. El rey está desnudo.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Muchos creen que la crisis provocada por la pandemia de Covid-19 podría resolverse en unas pocas semanas; algunos países incluso ya hacen planes para reabrir la economía en mayo próximo, una vez que el peligro haya pasado, dicen.

No obstante, en muchos lugares se comienzan a cancelar grandes eventos incluso hasta octubre próximo. En Alemania, por ejemplo, ya se dió por cancelada la edición 187 del popular Oktoberfest, celebrado desde fines de septiembre en la ciudad de Munich, y que es sin duda el festival de cerveza más tradicional y famoso del mundo. En tal sentido, es mejor ir aceptando que la actual pandemia no será cosa de unos cuantos días más.

A ellos sumemos que, según los cálculos más optimistas, una vacuna contra el Covid-19 tardará aún alrededor de un año, a lo que habría que agregar el tiempo adicional de producción, aprobación burocrática, transporte y llegada para los países más pobres, a Latinoamérica en una palabra. Ninguna economía resistirá un año y medio o dos años de incertidumbre y con riesgo de confinamientos recurrentes.

¿Hasta dónde llegará el declive económico en Latinoamérica? Es temprano para decirlo. Pero será profundo, muy profundo. Sólo para tener una comparación: Hubei, la provincia donde se originó el virus chino, tuvo una contracción del 39,2% en su PBI durante el primer trimestre del año. Por eso no hay que decir que “no se puede estar peor”: No hay limites para el deterioro y las catástrofes.

En ese contexto, la crisis que se avecina para países como México (con pronósticos de una recesión que ya linda el 12%), tras dos años de estancamiento, será como nada que hayamos sufrido antes. Lo dice alguien que presenció y sufrió las crisis recurrentes de 1976, 1982-1988, 1994 y 2009, algunas de ellas cataclísmicas. Estamos a punto de descubrir cuán fuerte es México y el carácter de los mexicanos.

Así, persistir en que lo mejor es mantener cerrada la economía mientras pasa la pandemia es un sinsentido y no saber nada del mundo real: Mientras no haya vacuna (y durante un tiempo aún con ella), la pandemia seguirá allí, sin poder hacer mucho contra ella, más allá de la prevención y los cuidados básicos. En tal sentido, abrir la economía y evitar un mayor deterioro, poniendo el acento en la higiene y el distanciamiento, debiera ser la decisión a tomar ahora. Ahora, no mañana.

La crisis por la que ya estamos transitando, significará la pérdida de millones y millones de empleos, pérdidas que podrían llevar a situaciones sociales explosivas. Si queremos evitarlo, debemos recuperar esos empleos. Y la clave para recuperar los puestos de trabajo de forma rápida y eficiente pasa, necesariamente, por políticas sólidas y razonables para preservar el tejido empresarial de cada país.

Esto significa no sólo apoyar fiscalmente a las empresas, sino permitirles funcionar con la mayor normalidad posible. Ningún país sale adelante sólo con subsidios del gobierno y despensas “gratis” de los políticos; al contrario: Esos son los medios para hundirse aún más, al ser insostenibles en el tiempo y hacerse a costa de la sobrevivencia de las empresas.

Muchos creen desequilibrados e irresponsables a quienes piden que centros comerciales, restaurantes, bares, fábricas se vuelvan a abrir; pero las personas cuyos medios de vida dependen de lugares como centros comerciales, restaurantes, bares o fábricas, seguramente ven las cosas de manera diferente.

Y precisamente quienes dependen de esos empleos y negocios para vivir, quienes no tienen ahorros para sobrepasar la cuarentena, quienes ahora no están consumiendo por falta de ingresos (y eso los hace más vulnerables), y quienes saben que el desempleo de largo plazo es su destino inmediato tras la cuarentena, necesitan que la economía se abra, ya, para evitar males mayores.

Países como Suecia y algunos más, muestran que es posible lidiar con la pandemia con una economía abierta. El gobierno sueco no ha clausurado la economía, no ha suspendido clases escolares ni actividades productivas, ni ha cerrado gimnasios o restaurantes, y sólo ha prohibido las reuniones mayores de 50 personas. El gobierno de Stefan Löfven no ha reprimido las libertades fundamentales de la manera en que lo han hecho otros gobiernos, ni desbaratado a la sociedad y arruinado a la economía en esa misma medida. En contraste, presenta mayores índices mortales que sus vecinos escandinavos (básicamente por una falta de cuidado en asilos de ancianos, que se está corrigiendo) pero mucho menores a países como EEUU, Italia o España.

No es cuestión de afirmar que primero la economía, por encima de salud. Es más bien el saber que la pandemia no tendrá un rápido desenlace; que en el año y medio o dos años que aún le restan, tarde o temprano afectará a la mayoría de la población, o a toda, recurrentemente. Y sobre todo, es saber que si no queremos que la crisis económica y social post pandemia sea la más dura, profunda y prolongada en el tiempo que hayamos vivido en nuestras vidas, es necesario actuar hoy.

Los escenarios calamitosos de mañana deben atacarse ahora, no cuando ya estén encima y quede poco o nada por hacer, afectando a los más pobres entre los pobres.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Ya la pregunta no es si el coronavirus llegará a América Latina, sino que tan graves serán sus consecuencias sanitarias y económicas. Van aquí algunos apuntes al respecto.

A finales de diciembre, las autoridades chinas informaron de la existencia de un nuevo coronavirus (el llamado COVID-19) en la ciudad de Wuhan. Enseguida, en enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dictó una emergencia sanitaria global (negándose a llamarle “pandemia” hasta ahora) y los mercados financieros se vieron sacudidos por el temor a que la epidemia cobre un importante coste económico. Hace unos días, a fines de febrero, se detectaron los primeros casos en Brasil, México y Ecuador, en ese orden, junto con su propagación a zonas como Africa, o los primeros casos en países como Dinamarca o los Países Bajos, dando fe de la agresividad y la rapidez con la que se propaga el virus.

El impacto humano ha sido alto hasta hoy, con más de 2.800 muertes confirmadas, la mayoría en la provincia de Hubei en China. Estas cifras superan con mucho las del brote del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) que mató a cerca de 800 personas en 2002-2003.

En lo que respecta al impacto económico, éste se sentirá de manera más inmediata en los sectores vinculados al turismo, los viajes, el entretenimiento off-line y las ventas minoristas, tanto dentro como fuera de China, provocando una oleada de profit warnings (revisiones a la baja en las estimaciones de beneficios) de muchísimas empresas. También puede haber problemas logísticos para el sector manufacturero a corto plazo y una alta volatilidad en el precio de las materias primas y los mercados financieros, anunciando que la actividad económica se enfriará significativamente, al menos hasta que la epidemia no llegue a su punto máximo; en China parece que ya llegó a tal punto, según informes médicos, y habrá que esperar que eso suceda en otras regiones, lo que podría no ser rápido, ampliando en el tiempo el impacto económico de la epidemia. Sin embargo, a medida que el virus se vaya controlando habrá margen para un repunte en la economía.

Por ahora, la peor parte, económicamente hablando, se la llevan China y la Unión Europa. Ya se estima una fuerte caída del crecimiento en China por el coronavirus (Beijing no ha ofrecido todavía un objetivo de PIB para 2020 y suele lanzar su estimación para el conjunto del año en el mes de marzo, pero antes de la epidemia preveía un 6%, igual que el año pasado y su peor desempeño en casi tres décadas; hoy, en cambio, algunas previsiones hablan de un crecimiento de solo 3% para este año) y una ralentización del crecimiento en Alemania, Francia o España, o una franca recesión en Italia. Así, el crecimiento de la zona euro puede caer casi a la mitad este año (del 1% previsto al 0,6%).

Una actividad económica más débil en Europa y sobre todo en China, tendrá un impacto proporcionalmente mayor en el bajo crecimiento mundial actual. En términos globales, se estima que el coronavirus causará un descenso mundial del crecimiento: En lugar de un crecimiento mundial del 2,9% previsto en noviembre, en un informe difundido por la OCDE ya se estima que el mundo crecerá sólo 2,4%. Y podría disminuir tal previsión, dependiendo de la duración de la epidemia. El impacto en EEUU hasta ahora ha sido mínimo, pero podría agravarse en las próximas semanas, afectando aún más gravemente la dinámica comercial y productora globales.

¿Hasta qué punto debemos preocuparnos en América Latina por el impacto del virus? Mucho, con sistemas públicos de salud desvencijados, saqueados y mal preparados, con Estados corruptos e ineficientes que se atribuyen el monopolio de la salud pública, y con economías muy dependientes de la venta de materias primas. Una mayor expansión del COVID-19 en América Latina seguramente tendrá un fuerte impacto en términos de vidas humanas (especialmente de los más ancianos y enfermos crónicos, como se sabe), cierre y paro de comercios e industrias, ausentismo laboral, baja en el precio de las principales exportaciones y fuerte reducción de ellas, problemas en las cadenas de suministro y, en general, ralentización del ya de por sí bajo crecimiento de toda la región.

En algunos países como México, con sus actuales problemas de falta de cobertura médica y desabasto de medicamentos, así como el persistente estancamiento de la economía, las consecuencias podrían ser profundas y quizá hasta catastróficas, no subsanables en el corto plazo. Incluso, si en la región llegará a extenderse el coronavirus en las mismas magnitudes de contagio que en China (esto es lejano pero no improbable), las economías latinoamericanas podrían paralizarse durante un buen rato, cayendo en una profunda y prolongada recesión, sin considerar las consecuencias globales, para enfrentar las cuales las economías latinoamericanas se hayan poco preparadas.

Al respecto, una buena manera de ayudar a dar tranquilidad a los mercados, sería que nuestros gobiernos expusieran planes viables, técnicamente sólidos, sobre cómo enfrentarán esta emergencia sanitaria. De lo contrario, el efecto de desconfianza y miedo será doblemente lesivo para las economías latinoamericanas. Y sin olvidar lo obvio: La mayoría de los gobiernos latinoamericanos tienen pendientes mucho más graves que la epidemia de coronavirus (a pesar de su gravedad). Por ejemplo: Es más o menos tres veces más probable que mueras asesinado en México, por la violencia del crimen, que por dicho virus. Así, hay 2,923 muertes provocadas por el virus a nivel mundial, en los tres meses de emergencia, mientras que en México simplemente hay 2,892 homicidios en un solo mes. De esa magnitud es la incompetencia del gobierno mexicano para atender sus funciones básicas y, en general, de prácticamente todos los gobiernos de la región.

Un par de observaciones finales: La actual epidemia global puede traer implicaciones geopolíticas importantes para EEUU y China. Así, casi nadie apuesta porque China, tras el impacto actual del coronavirus, pueda cumplir con la ‘Fase uno’ del acuerdo comercial que recién firmó con EE.UU., lo que intensificaría más aún la tendencia hacia la desvinculación entre EE.UU. y China, en una perspectiva benigna, o el recrudecimiento de la “guerra comercial” entre ambos países, en una perspectiva negativa.

La epidemia ha afectado poco a EE.UU., hasta ahora. Pero si el coronavirus comienza a tener un impacto real en EEUU (esto nada más y nada menos que en pleno año electoral) será muy probable que veamos al presidente Trump y a los políticos norteamericanos de todo el espectro, con una postura mucho más exigente y agresiva frente al gobierno chino. Así, la crisis del coronavirus tiene el potencial de empeorar dramáticamente la relación ya de por sí deteriorada entre Washington y Beijing.

Dicho esto, no queda más que recomendar lo básico para enfrentar la actual epidemia de COVID-19 en nuestros países: No esparza rumores ni fake news; ayude a no incrementar el natural nerviosismo; aléjese en lo posible de multitudes y lugares muy concurridos; lávese constantemente las manos y no las frote sobre la cara; use alcohol en gel; limpie las superficies y procure no tocar directamente picaportes y agarraderas; tápese nariz y boca al estornudar, y finalmente, no le crea mucho a su gobierno: Éste siempre tendrá la tentación de subestimar la situación para que no le exijan o para favorecer a algún sector económico, o por el contrario, exagerarla para distraer de los verdaderos problemas que no resuelve.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Calladamente, México y Venezuela vienen confirmando la conocida frase de Milton Friedman: “Si pones al gobierno a cargo del Desierto del Sahara, en cinco años habría escasez de arena”. Pues justo eso está pasando: El Estado y los políticos que lo dirigen, acabaron, esfumaron la fabulosa riqueza petrolera de esos países. 

Probablemente, ambas naciones nunca más verán tanta riqueza natural junta. Sus políticos la desaparecieron como si del desagüe de un WC se tratara. Paso por sus manos, enriqueciendo sólo a políticos y dirigentes sindicales ambiciosos, no a sus habitantes y menos a los más pobres. ¿Las causas? Pésima gestión del gobierno, corrupción desenfrenada, políticas públicas erróneas, politización en detrimento de la capacidad técnica, deudas impagables, falta de previsión, megaproyectos ruinosos, sindicatos gigantescos y voraces, y finalmente, la caída en los precios del petróleo, fueron el dedo en la palanca de desagüe.

Por un lado, en lo que respecta a Venezuela, la dictadura de ese país estaría negociando el privatizar la petrolera estatal, PDVSA, como única salida para reflotarla y ponerla de nuevo a producir. En 1998 -a la llegada del chavismo al poder-, PDVSA era la tercera empresa en el mundo en capacidad de refinanciación, procesando 3,3 millones de barriles diarios de petróleo. Hoy, en cambio, apenas procesa 700.000 barriles por día, según el último informe de la OPEP.

La idea sería reestructurar parte de las impagables deudas millonarias de PDVSA a cambio de activos. Para pagar parte de las deudas contraídas por los gobiernos chavistas, Rusia y China han estado recibiendo petróleo venezolano, en trueque, o hasta oro de sus reservas monetarias. Ahora sería privatizar toda la estatal petrolera, trasladando su propiedad y administración.

Claro: Disfrazando tal privatización, ya que una acción de este tipo debería contar con la aprobación de la Asamblea Nacional, en manos de la oposición y único organismo legislativo reconocido internacionalmente. Pero no debiéramos de perder de vista que, ahora, privatizar PDVSA, sería robar dos veces: Una por las deudas ya contraídas por el chavismo, y que terminaron en el bolsillo de sus jerarcas, y dos, para pagarlas, justamente a las empresas que ahora se harían con el dominio y que prestaron el dinero, sin precauciones, sabiendo a qué se dedicaría.

En México, en contraparte, la declinación de la industria petrolera sigue el camino de Venezuela: La situación de PDVSA, hoy, es el destino final de la estatal PEMEX en unos años.

En México, la producción petrolera viene disminuyendo año con año, a pesar del malabarismo con las cifras de producción o el constante ajuste en las metas. La producción de PEMEX cayo 8.2% durante 2019, comparado con 2018, según datos oficiales de la petrolera. En tanto, ciertamente su deuda bajo de 105 a 100 billones de dólares (gracias a la insostenible cantidad de recursos destinados por la administración de López Obrador, para “rescatar la soberanía”), pero tendrá una pérdida de 30 billones en 2019.

Adicionalmente, el gobierno de López Obrador ha echado para atrás la apertura petrolera, que permitía la subasta de campos petroleros y las inversiones público/privadas. Sin los recursos privados, el gobierno mexicano simplemente no tiene el dinero para sacar adelante a la petrolera estatal, con el consiguiente agotamiento de los principales campos productores. Y en el horizonte, la posibilidad de una baja en su calificación crediticia, para dejar su deuda al nivel de los bonos basuras. 

En contraste a estos dos países, un país minúsculo y hasta hoy la segunda nación más pobre de Sudamérica, Guyana, de la mano de la empresa privada y sin poner un solo centavo de erogación pública, podría convertirse en pocos años en el mayor productor de petróleo de América Latina, superando a Venezuela, México, Brasil y Colombia. Hoy supera ya la producción de Venezuela. Incluso, se habla de que en 2025, el PIB de Guyana aumentará entre un 300% y un 1.000%, convirtiéndolo en el país más rico del hemisferio y, potencialmente, en el país más rico del mundo. Claro, si el Estado no se mete a manejar esa riqueza y trae consigo los males que ya conocemos: corrupción, sindicatos venales, politización, desperdicio… 

El Estado poniéndose a manejar las riquezas de un país es una garantía de desperdicio, gasto ineficiente, proyectos sin sustento, bancarrota. Con estos antecedentes sobre la mala actuación estatal, no es casual pues, que todo lo que administran el Estado mexicano o el venezolano, no funcione: petróleo, salud, educación, jubilaciones del sector público y pensiones, programas sociales, etc. y que hoy sean países inviables.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Cuando la izquierda no gana las elecciones, busca destruir al país. Eso sucede en Chile. Cuando las gana, lo destruye. Eso está pasando en México.

Así, son enormes los déficit en la gestión del presidente López Obrador, en sólo un año de gobierno en México: Un récord histórico de muertos y desaparecidos, producto de la narcoviolencia y la inseguridad pública, y a la vez, menor crecimiento económico, del 0 por ciento en 2019 y, con suerte, del 1 por cierto en 2020. Baja en la inversión, pública y privada, mientras aumenta la percepción de corrupción: El último informe de Transparencia Internacional coloca a México como el segundo país más corrupto del mundo, a despecho de la promesa de López Obrador de eliminar la corrupción desde el primer día de su gobierno.

Por otra parte, los datos oficiales evidencian una enorme destrucción de empleos y una menor generación de éstos, mientras el gobierno se empeña más bien en capturar, desacreditar y destruir a las instituciones del Estado. Por su parte, la política exterior es fuente de permanente descrédito: sirve sólo para defender a sátrapas de izquierda y ser obsequiosos con Donald Trump, mientras después de muchísimo tiempo o nunca antes, se expulsa a un embajador mexicano por intentar violar el orden jurídico de un país anfitrión.

Y los déficit pueden extenderse sin fin: Desabasto de combustible al inicio del gobierno y, a lo largo del año, su robo que no ha logrado detenerse; avance prácticamente nulo en los proyectos insignia del nuevo gobierno: el aeropuerto de Santa Lucía, la nueva refinería de Dos Bocas y el Tren Maya; entrega de la educación pública al hampa sindical, mientras se destruye al sector salud, con desabasto de medicamentos, falta de servicio en hospitales y la cancelación del Seguro Popular sin haber construido ni dado opciones de cómo sustituirlo: una negligencia que está costando miles de vidas, muchas de ellas de niños. En el sector energético, supuestamente la mayor prioridad de López Obrador, hay conflicto con gasoductos, certificados de energía limpia, subastas de adjudicación y farmouts, parálisis en proyectos, reversión de apertura y caída de inversiones.

En seguridad pública, el proceso de puesta en operación de la Guardia Nacional avanza con una lentitud incompatible con la urgencia del tema (hasta pareciera que el objetivo fuera proteger a los carteles del crimen organizado, no combatirlos), mientras amplios sectores del país (Guanajuato, Chihuahua, Guerrero, Tamaulipas…) son paisajes de guerra, y las principales ciudades de las fronteras norte y sur se convierten en zonas de crisis humanitaria por la situación migratoria. Y para adelante, poco que rescatar: El gobierno deja ya de ver sus intenciones de reformar la legislación para eliminar más garantías individuales, acrecentar aún más su poder y apoderarse de la institución organizadora de todas las elecciones, federales y locales.

A López Obrador ya se le fue la quinta parte de su período de gobierno: Un 20 por cierto de su gestión se ha ido en nada y en ruinas. Si no es ahora, ¿cuándo comenzará a dar resultados, en positivo? Prometió renovarlo todo, mejorarlo todo, cambiarlo todo, y no ha hecho nada que justifique su llegada al poder. Ni la ilusión y las esperanzas que generó en millones de mexicanos.

Si hoy terminara su gobierno, López Obrador pasaría a la historia como un gobernante incompetente y criminal, no como el gran estadista que él supone ser. Lo trágico es que su frenesí destructivo y su manía autocelebratoria, desapegada de toda realidad, le están causando a México (especialmente a sus habitantes más pobres) un daño que tomará décadas reparar y superar.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Las fechas se acumulan y las confirmaciones llegan y abundan, por desgracia: El gobierno de López Obrador está siendo un gran fracaso, y una decepción para muchos de sus seguidores. Por ese camino, no terminará bien su administración para el país. Ojalá tenga la capacidad de cambiar (poco, mas aún hay tiempo para hacerlo), pero las actitudes suyas y de sus colaboradores no dejan demasiada esperanza.

López Obrador ha incumplido prácticamente todas y cada una de las promesas que hizo para llegar al poder: No redujo el precio de la gasolina ni de la electricidad; no combatió a la corrupción y más bien se ha hecho cómplice de ella; no redujo la delincuencia ni la violencia en el país, y estás siguen frenéticas, impunes y sin control; no combatió el huachicoleo (robo de combustible) y éste sigue campeando a sus anchas en las áreas cercanas a las refinerías mexicanas; prometió “austeridad” y ésta ha solo una reasignación de recursos a programas clientelares; ofreció salvar a PEMEX, pero sus malas decisiones lo acercan al abismo, día con día, y con él, a la economía del país; no ha creado más empleo ni llegan más inversiones; la economía está paralizada en el 0% frente a su ofrecimiento de crecer al 4% anual; ofreció descentralizar las dependencias desde la Ciudad de México y la oferta ya se olvidó; prometió mantener una política exterior firme y digna frente a Donald Trump, pero convirtió al país y a su gobierno en servidores impresentables de Trump y del trabajo sucio de su administración.

Quizá su único ofrecimiento cumplido fue dar recursos económicos gratis y sin control a sus clientelas políticas, aunque nunca advirtió que sería a costa del sistema de salud, de los tratamientos a derechohabientes más pobres o a niños (claro: los niños no votan) para enfermedades como cáncer, insuficiencia renal o SIDA, del abasto de medicamentos, de desaparecer las guarderías infantiles y tantos más programas oficiales (cuidado de bosques, la promoción turística y comercial del país, etc.), de despedir a un gran número de burócratas sin ninguna contraprestación… Si lo hubiera hecho, seguramente su triunfo no habría sido tan holgado.

Lo último ha sido proteger a un viejo aliado, Manuel Bartlett, de los señalamientos más que documentados de corrupción, la que excedería incluso la de casos paradigmáticos en el gobierno Peña Nieto. Incumplir su principal promesa, combatir la corrupción, para proteger a un aliado, sin duda es un quiebre moral y político para su administración, la cual se ve ahora no muy distinta a las anteriores.

Otro incumplimiento reciente fue lanzarse con enorme voracidad fiscal, incumpliendo su promesa de que no habría nuevos impuestos o un aumento de los existentes, además de perseguir a los contribuyentes mediante las figuras de la Extinción de Dominio y de Delincuencia Organizada, en caso de no pagar impuestos o presentar documentos falsos, así sea inadvertidamente.

A ello sumemos lo ya conocido y evidente: El desperdicio impune de recursos en la cancelación del Aeropuerto de Texcoco y de las reformas educativa y energética, mientras continuan proyectos inviables como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya; la desconfianza que genera su proyecto de gobierno entre inversionistas, nacionales y extranjeros, calificadoras y organismos internacionales; la falta de opciones y de ambición para resolver la problemática del país, ejemplificadas en una Guardia Nacional que sólo es el Ejército travestido; la falta de coherencia, dirección y objetivos entre su equipo de gobierno y su partido: López Obrador nominalmente gobierna, pero en los hechos cada funcionario parece autárquico, sin importarle lesionar la imagen o el funcionamiento del conjunto, mientras López Obrador es incapaz de imponer orden y disciplina.

A unas pocas semanas de concluir su primer año de gobierno, pareciera que la única función de gobierno en la que López Obrador se siente cómodo es en sus conferencias matutinas y en los discursos de sus giras, más bien improvisados y por eso, de cierto radicalismo. O en eventos populares como el de El Grito, en conmemoración de la Independencia del país. Pero a López Obrador no se le paga por arengar ni gritar, sino por gobernar.

En todo lo demás, su gobierno avanza a tumbos y a tontas y locas, y el país con él. Quizá sea hora de aceptar que este primer año de su gobierno es ya papel mojado, con poco de útil y rescatable, y que eso no permite avizorar nada venturoso para los cinco años restantes.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: George McGovern*

“La sabiduría casi nunca llega, y por ende uno no debería rechazarla sólo porque llega tarde.”

Felix Frankfurter, Ministro de la Suprema Corte

Han sido casi 11 años desde que dejé el Senado de los Estados Unidos, después de servir durante 24 años en altos cargos públicos. Después de dejar mi carrera política, dediqué mucho de mi tiempo a dar conferencias que me llevaron a todos los estados de la Unión y buena parte de Europa, Asia, el medio oriente y América Latina.

En 1988, invertí la mayoría de las ganancias del circuito de conferencias adquiriendo el derecho de superficie sobre el Stratford Inn en Connecticut. Siempre he tenido una especial fascinación por los hoteles, posadas y restaurantes. El Stratford Inn prometía la realización del largamente acariciado sueño de poseer una combinación entre hotel, restaurante y centro de conferencias – con todo y un gerente y personal experimentado.

En retrospectiva, desearía haber sabido más acerca de los peligros y dificultades de dicho negocio, especialmente durante una recesión del tipo de la que golpeó a Nueva Inglaterra justo mientras adquiría el derecho de superficie del hotel para los siguientes 43 años. También desearía que durante los años en que estuve en el servicio público hubiera contado con esta experiencia directa con las dificultades que los empresarios enfrentan todos los días. Ese conocimiento me hubiera hecho un mejor Senador y un candidato presidencial más comprensivo.

Hoy estamos mucho más cerca de un consenso en cuanto a que el gobierno debe impulsar a los negocios a expandirse y crecer. Bill Clinton, Paul Tsongas, Bob Kerrey y otros han, considero, cambiado el debate de nuestro partido [el Partido Demócrata]. Intuitivamente sabemos que para crear oportunidades de empleo necesitamos emprendedores que arriesguen su capital a cambio de un rendimiento esperado. Sin embargo, muy a menudo, la política pública no considera si es que estamos ahogando esas oportunidades.

Mi propia perspectiva empresarial se limita a ese pequeño hotel y restaurante en Stratford, Conn., con un préstamo especialmente difícil y una severa recesión. Sin embargo, mis socios y yo también afrontamos regulaciones federales, estatales y locales que fueron aprobadas con el objetivo de ayudar a los empleados, proteger el ambiente, recaudar impuestos para escuelas, proteger a los consumidores del riesgo de incendios, etc. Aunque nunca dude de la valía de cualquiera de estas metas, la pregunta que muchas veces se les escapa a los legisladores es: ¿Podemos hacer que los consumidores paguen precios más altos para compensar el aumento en los costos de operación que acompaña a la regulación con montañas de trámites burocráticos? Es una simple preocupación que suele ser ignorada por los legisladores.

Por ejemplo, actualmente los periódicos están llenos de historias acerca de empresas que están eliminando la cobertura médica para sus empleados. Nosotros brindábamos un paquete sustancial para nuestro personal en el Stratford Inn. Sin embargo, si estuviéramos operando hoy [1992], esos costos superarían los $150,000 anuales para servicios médicos, que se suman a los salarios y otros beneficios. No hubiera habido una forma razonable de absorber o trasladar esos costos.

Parte del incremento en los costos de los servicios médicos se le atribuye a que los pacientes demandan a los doctores. Aunque no podemos evaluar el mérito de esos señalamientos, sí he atestiguado de primera mano la explosión de acusaciones de culpabilidad y chivos expiatorios para todas las experiencias negativas de la vida.

Incluso hoy, a pesar de la bancarrota, seguimos lidiando con litigios de individuos que se cayeron dentro de o cerca de nuestro restaurante. No todos los tropiezos son culpa de alguien más. No todos esos incidentes deberían ser vistos como una demanda en lugar de como un desafortunado accidente. Aunque el dueño del negocio triunfe al final del juicio, la incesante exposición a demandas frívolas y elevados costos legales es atemorizante.

Nuestro hotel en Connecticut, junto con muchos otros, quedó en bancarrota por diversas razones, y la situación económica en el noreste fue una causa significativa. Sin embargo, esta razón disfraza la diversidad de desafíos que enfrentamos y que elevan tanto los costos de operación como las cargas financieras más allá de lo que puede manejar una pequeña empresa.

Es claro que algunos negocios tienen productos a los que pueden asignar casi cualquier nivel de precios. El precio de las materias primas (por ejemplo, acero y vidrio) al igual que las medicinas que salvan vidas y los servicios médicos, no son fácilmente substituidos por los consumidores y es la competencia y acciones antimonopolio lo que atempera los aumentos de precio. Los consumidores podrían atrasar compras, pero tienen poco margen de elección al enfrentar precios más elevados.

Por el contrario, en los servicios los consumidores tienen opciones cuando enfrentan precios más elevados. Quizá usted deba hospedarse en un hotel durante las vacaciones, pero puede quedarse menos días. Puede comer en restaurantes menos ocasiones al mes, o evitar una serie de servicios, desde el lavado de autos hasta el boleado de zapatos. Cada una de estas decisiones eventualmente resulta en pérdida de empleo para alguien, y a menudo estas son las personas que no tienen las habilidades para ayudarse a sí mismas – las personas a las que dedique toda mi vida tratando de ayudar.

 En resumen, la normatividad gubernamental “unitalla” para los negocios ignora la realidad del mercado, y definir umbrales regulatorios en niveles artificiales – por ejemplo, 50 empleados o más, $500,000 dólares en ventas – no toma en cuenta otras realidades, como los márgenes de ganancia, los negocios intensivos en trabajo vs los negocios intensivos en cuanto a capital, y la economía de los mercados locales.

El problema que enfrentamos como legisladores es: ¿Dónde definimos el estándar de forma que no esté demasiado alto como para cumplirlo? Yo no tengo la respuesta, pero sí se que necesitamos plantear estas preguntas más a menudo.

*George McGovern fue Senador de los Estados Unidos y candidato presidencial del Partido Demócrata en 1972, donde perdió con Richard Nixon. En su carrera política promovió una serie de regulaciones que eventualmente influyeron en la quiebra de su negocio – y el sueño de su vida – como empresario.

Este artículo fue una carta que McGovern publicó en el Wall Street Journal, el primero de junio de 1992.

Traducido por Gerardo Garibay Camarena para Wellington.mx

Por: Ricardo Valenzuela*

Hace unos años tuve la fortuna de leer ese excelente libro de Hans Herman Hoppe, “Democracia, el dios que ha fallado.” Al ir avanzando en su lectura, llegaban a mi mente la infinidad de pronunciamientos contra la democracia que, en su momento, hacían los padres fundadores de EE. UU. Desde Washington, Jefferson, Adams, sus pensamientos se conjugaban en la frase de Adams: “La democracia es más sangrienta que la monarquía o la aristocracia. Es enemiga de la libertad, de la propiedad privada, siempre ha tenido corta vida y ha muerto violentamente.” Por ello, decidieron que su país no fuera democracia, sino república.

Son tantos los problemas que identifico en la democracia, el primero, cualquiera, sin importar méritos, preparación académica, experiencia, puede participar en política, cualquiera puede ser diputado, senador, go-bernador, alcalde o presidente. Tal vez por eso Jefferson la bautizó como Plebecracia. Libertad de entrada y competencia en la producción de bie-nes es muy buena, es el principal ingrediente de la prosperidad, pero libertad en la producción de males, es la ruta hacia el infierno.

Pero ¿Qué tipo de “negocio” es gobernar? El gobierno no es un productor usual de bienes para venta a consumidores. Es un “negocio” dedicado a robar y a expropiar – por medio de impuestos draconianos, regulaciones insanas que dan vida a la corrupción, reformas agrarias etc.– y después guardar lo robado en las cuentas de los políticos en el extranjero. De ahí que, la libertad democrática de participar en el negocio del gobierno no mejora su rentabilidad. En realidad, hace las cosas peores creando carteles de asaltadores. Desde el inicio de la historia, en toda sociedad ha existido la codicia por la propiedad de los demás y, en especial, por los recursos públicos. Al establecer esa democracia para participación sin méritos para hacerlo, el gobierno no atrae los mejores hombres a sus filas, atrae hombres que, como gobernadores que conocemos, con la codicia dibujada en la frente, se dedican a robar manejando los estados como cotos de su propiedad.

Bajo el gobierno señorial, sólo una persona – el príncipe – puede actuar legalmente bajo el deseo por la propiedad o libertad de otra persona, y esto es lo que lo convertía en un “peligro potencial y latente”.

En contraste, al abrir la libre entrada a la administración pública, a cualquiera se le da esa oportunidad de disponer de vidas y recursos como si fueran suyos. Lo qué era considerado inmoral y había que combatirlo, ahora se consideran acciones de gobierno totalmente legítimas. Todos pueden codiciar abiertamente la propiedad de otros o los recursos públicos en nombre de la democracia; y todos pueden actuar movidos este deseo malsano, siempre y cuando logren formar parte de ese ente fantasioso llamado gobierno. Es decir, bajo la democracia cualquiera puede llegar a ser una verdadera amenaza.

Bajo condiciones democráticas el pensamiento popular, aunque ilegal, injusto e inmoral, para disponer de la propiedad de otros y los dineros públicos, es sistemáticamente reforzado. Todo puede ser ejecutado y todo puede ser arrebatado. Ni el más seguro derecho de la Propiedad Privada está exento de las demandas redistributivas. Peor aún, sujeto a las elecciones de masas, esos miembros de la sociedad que tienen nulas in-hibiciones en contra de tomar lo que es de otros, de saquear los erarios, esos especialistas en congregar multitudes moralmente desinhibidas y las demandas populares mutuamente incompatibles, (demagogos eficientes) tenderán a ganar su entrada y encumbrarse en la cima del gobierno. Así, una situación mala se convierte en una de suma gravedad.

Históricamente la selección de un príncipe se daba a través de su nacimiento noble, y su única calificación personal era típicamente su educa-ción como futuro líder de su país. Esto no aseguraba, por supuesto, que dicho príncipe fuera un sabio y recto mandatario. Sin embargo, cuando cualquier príncipe fallaba en su deber primario de avanzar la dinastía –quien arruinaba el país– enfrentaba el riesgo inmediato de ser neutralizado por su propia familia. En cualquier caso, el accidente de su nacimiento, así como su educación, no evitaban que un príncipe pudiera ser deshonesto, cruel y opresor, al mismo tiempo el accidente de un nacimiento noble y una buena educación tampoco impedía que pudiera ser un líder justo, eficiente y productivo, una persona buena y moral.

En contraste, la selección de gobernantes por medio de elecciones populares hace casi imposible que una persona buena y preparada pueda elevarse a la cima, o, siquiera participar. Los presidentes, gobernadores, congresistas, alcaldes son seleccionados por su eficacia como demagogos moralmente desinhibidos, creaciones del sistema. ¿Ejemplos? Chávez, Maduro, Evo Morales o el mismo Obama. ¿En México? Solo hay que tirar la reata al inmundo corral de la política, y sacamos uno lazado de los cuernos, no falla.

Así, la democracia virtualmente asegura que solo los hombres inmorales y peligrosos puedan ascender a la cima del gobierno. Como resultado de la libre competencia y selección política, aquellos que se montan en la fiera de la impunidad, serán cada vez más corruptos y peligrosos y, sin embargo, al ser guardianes temporales, la gente se conforma pensando, “ya se van”. La libre participación no siempre es buena. Libre entrada y competencia en la producción de bienes es buena, pero libre competencia en la producción de males es diabólica. Y eso son los gobiernos.

El filósofo político, H.L. Mencken lo definía con sabiduría. “Los políticos rara vez llegan a un cargo público por mérito. Son escogidos por varias razones, la principal es que tienen poder para seducir a los intelectualmente desprivilegiados ¿Alguno de ellos se abstendrá de hacer promesas que sabe que no puede cumplir? ¿Alguno de ellos dirá una palabra que alarme a la gran masa de idiotas enquistados en el comedero público, revolcándose en el quelite que crece cada vez más delgado? Entonces avanzarán ofreciendo consuelo para el triste, capital para proyectos, diversión para los aburridos, ideas para los estreñidos, leche para los niños y vino para los ancianos. En resumen, se presentarán a sí mismos como hombres confiables y simplemente siendo candidatos para servir al pueblo, empeñados solamente en asegurarse votos. Ellos ya saben que los votos estarán asegurados bajo la democracia, no por hablar sensatamente, sino por hablar pendejadas. El ganador será quien prometa más con la menor probabilidad de cumplir”.

Por eso Mises afirmaba: “Los eventos más más diabólicos que la humanidad ha tenido que sufrir, siempre han sido infligidos por los malos gobiernos. El estado, a través de la historia, ha sido la fuente más grande de agravios y desastres.

*Ricardo Valenzuela es economista, empresario y analista. Su cuenta en twitter: @elchero