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Por: Ricardo Valenzuela*

“La democracia sustituye la elección de muchos incompetentes a la selección de unos cuantos corruptos”.

                                             George Bernard Shaw

El filósofo, John Stuart Mill, aconsejaba instituir una forma de gobierno que produjera resultados. Es decir, al escoger una alternativa ya fuera monarquía, oligarquía, aristocracia etc., deberíamos enfocarnos no solo en lo obvio como su respeto de los derechos liberales o promoción del crecimiento económico. También deberíamos examinar cómo las diferentes formas de gobierno afectan la intelectualidad y la moralidad de los ciudadanos. Algunas nos harían ineptos y pasivos, mientras que otras nos provocarían ser sagaces y activos.

Mill pensaba que involucrando a los ciudadanos en política los haría profundos, más conscientes del bien común, educados y nobles. Que la participación política desarrollaría nuestras mentes y crearía una sociedad más compasiva. En su era pocos países tenían gobiernos representativos, pero restringían el sufragio permitiendo que solo votara una minoría. Esa participación era una actividad solo para los caballeros educados que creaban riqueza y pagaban la mayoría de los impuestos. Él no tenía evidencia para apoyar lo que afirmaba.

Eso fue hace más de 150 años, pero ahora tenemos los resultados y son negativos. Las participación en política ha fallado para educarnos o hacernos más nobles, nos mantienen confundidos y nos ha corrompido. La verdad se aproxima más a la queja de Joseph Schumpeter: “El ciudadano al iniciar su participación política cae al nivel más bajo de su potencial. Analiza de un modo que lo define como incompetente en la esfera de sus intereses y los de su país. De nuevo se convierte en un ser primitivo”.   

Si la hipótesis de Mill era falsa y Schumpeter tuvo razón, hay preguntas que responder. ¿Qué tanto queremos que la gente participe en política? ¿Qué tanto debemos permitir que participe? ¿Qué clase de gente debe participar? 

Al terminar la guerra de Independencia de EU, Franklin caminaba por las calles de Filadelfia cuando un grupo lo detuvo para preguntarle. Dr. ¿Qué clase de gobierno nos están entregando? Rápidamente respondía: “Una república, a ver que tanto les dura”.         

En los inicios de EU los demócratas eran todo lo contrario que ahora representan, eran liberales en su concepto original y luchaban contra el mandato de la mayoría. La confusión se inició cuando se bautizara el estilo libertario de Jackson como “democracia Jacksoniana”. Pero los modernos demócratas ahora rechazan esas ideas y afirman que el Colegio Electoral es una institución que distorsiona el principio democrático de una persona un sufragio, pues los votos electorales no se distribuyen de acuerdo a la población.

Señalan el sistema otorga, por ejemplo, a los ciudadanos de Wyoming peso desigual en las elecciones. Con una población de 600,000, tiene un miembro en la Cámara de Representantes, dos miembros en el Senado y tres votos electorales, un voto electoral por cada 200,000 habitantes. California, con más de 39 millones y 55 votos electorales, tiene aproximadamente un voto por cada 715,000 habitantes. ¿Wyoming tiene más poder en el Colegio Electoral que California?.

Y continúan arremetiendo que usar el Colegio Electoral en lugar del voto de la mayoría es antidemocrático. Y tienen toda la razón. No decidir quién será el presidente por mayoría no es democracia. Pero los Padres Fundadores sabiamente estructuraron un esquema para asegurarse que EU fuera una república, no una democracia. De hecho, la palabra democracia no aparece en ninguno de los documentos que le dieran vida al país.

¿Que pensaban los Fundadores sobre la democracia?

En el Documento Federalista No. 10, James Madison con fuerza expresaba su oposición al gobierno por facción mayoritaria afirmando: “En democracia las medidas se deciden siempre, no de acuerdo a las reglas de justicia y los derechos del partido minoritario, sino por la fuerza superior de una mayoría dominante “.

John Adams advirtió: “La democracia siempre ha sido enemiga de la libertad, de la justicia, de la propiedad, siempre ha tenido corta vida y ha muerto violentamente. Nunca ha existido una democracia que no siguiera ese proceso ” Jefferson advertía cómo la democracia era el mandato de la plebe y la llamaba “plebecracia”. La definía también como “dos lobos y un cordero decidiendo el menú para la cena”.

Edmund Randolph afirmaba: “Al rastrear las raíces de los males en los países, siempre las hemos encontrado en las turbulencias y locuras de la democracia”. El entonces presidente de la suprema corte de justicia, John Marshall, observaba: “Entre una república equilibrada y una democracia, la diferencia es tan abismal como la del orden y el caos”.

Los Fundadores, habiendo observado el fracasado experimento de la Francia Democrática, expresaban su desprecio por la tiranía del gobierno de la mayoría y a lo largo de la Constitución establecieron impedimentos a esa tiranía.

Dos cámaras del Congreso son el primer obstáculo para el gobierno de la mayoría. 51 senadores pueden bloquear los deseos de 435 representantes y 49 senadores. El presidente puede vetar los deseos de 535 miembros del Congreso. Se necesitan dos tercios de ambas cámaras para anular un veto presidencial. Para cambiar la Constitución no se requiere una mayoría sino el voto de dos tercios de ambas cámaras, y si se aprueba una enmienda, se requiere la ratificación de tres cuartas partes de las legislaturas estatales.

El Colegio Electoral es la medida que frustra las acciones del gobierno de la mayoría. Así se aseguraba que los estados altamente poblados, los 12 ubicados en las costas este y oeste, no pudieran atropellar al resto de la nación. Eso obliga a un candidato presidencial a no ignorar los otros 38 estados. Esos obsesionados con el gobierno de las mayorías quieren deshacerse del Senado donde los estados, independientemente de la población, tienen dos senadores.

Ellos desean cambiar la composición en la Cámara de Representantes a un sistema de carácter proporcional y eliminar la garantía de que cada estado obtenga al menos un representante. Se quejan qué siete estados con poblaciones de 1 millón o menos tienen un representante, lo que les da una influencia desproporcionada en el Congreso.

Si ellos pudieran lograr que todos los actos del Congreso fueran por decisión de la mayoría, cuando se hubiera terminado de establecer esa regla tendrían que cambiar el sistema judicial que requiere unanimidad en las decisiones del jurado, a una regla de mayoría simple. Y si alguien pide un ejemplo del caos en potencia, ahí está el México del Peje.

Si 7 millones votan para declarar que dos y dos son cinco, la línea recta es el camino más largo, que el todo es menor que la parte; si eso ha sido declarado por 100 millones de votos, no habrá avance. Hay axiomas en probidad, honestidad, justicia como los de geometría; las verdades de la moral no están más a merced del voto que las verdades del álgebra. La noción del bien y del mal no puede ser resuelta por el sufragio universal. El hacer falso lo verdadero e injusto lo justo no debe depender de la urna. La conciencia humana no puede ser sometida al voto.

La ignorancia, el desprecio por la Constitución y las ideas socialistas es lo que impulsa el movimiento para abolir el Colegio Electoral.

*Ricardo Valenzuela es economista, empresario y analista. Su cuenta en twitter: @elchero

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual, al que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia en designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad.

Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; tal es ahora la necesidad que las obliga a reformar su anterior sistema. La historia del presente Rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidos agravios y usurpaciones, encaminados directamente hacia el establecimiento de una tiranía absoluta sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; tal es ahora la necesidad que las obliga a reformar su anterior sistema. La historia del presente Rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidos agravios y usurpaciones, encaminados directamente hacia el establecimiento de una tiranía absoluta sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

Ha rehusado su aprobación a leyes de las más saludables y necesarias para el bien de todos.

Ha prohibido a sus gobernadores aprobar leyes de importancia inmediata y urgente, a menos que se suspenda su puesta en vigor hasta no haber obtenido su aprobación; y, una vez hecho así, ha desdeñado totalmente ocuparse de ellas.

Se ha rehusado aprobar otras leyes para la colocación de grupos numerosos de personas, a menos que estas renuncien al derecho de representación en la legislatura, derecho inestimable para ellas y temible solo para los tiranos.

Ha convocado a los cuerpos legislativos en lugares inhabitables, incómodos y distantes del depósito de sus archivos públicos, con el solo propósito de cansarlos en el cumplimiento de sus disposiciones.

Ha disuelto repetidamente las cámaras de representantes, por oponerse con firmeza viril a su violación de los derechos del pueblo.

Después de disolverlas, durante mucho tiempo se ha rehusado a que se elijan otras, por lo que los poderes legislativos, no sujetos a la aniquilación, sin limitaciones han vuelto al pueblo para su ejercicio, mientras que el estado permanece expuesto a los peligros de invasión externa y a las convulsiones internas.

Se ha propuesto evitar la colonización de estos estados, obstaculizando con ese propósito las leyes de naturalización de extranjeros, negándose a aprobar otras que alienten las migraciones en el futuro y aumentando las condiciones para las nuevas apropiaciones de tierras.

Ha entorpecido la administración de la justicia, rehusando su aprobación a leyes para el establecimiento de los poderes judiciales.

Ha hecho que los jueces dependan de su sola voluntad, por la tenencia de sus cargos y por el monto y pago de sus salarios.

Ha creado una multitud de nuevos cargos y enviado aquí enjambres de funcionarios a hostigar nuestro pueblo y a comerse su hacienda.

Ha mantenido entre nosotros, en tiempos de paz, ejércitos permanentes sin el consentimiento de nuestra legislatura.

Ha influido para hacer al ejército independiente del poder civil y superior a él.

Se ha aliado con otros para someternos a una jurisdicción extraña a nuestra constitución y desconocida por nuestras leyes, dándoles su aprobación para sus actos de pretendida legislación:

Para acantonar nutridos cuerpos de tropas armadas entre nosotros;

Para protegerlos, mediante juicios simulados, del castigo por los asesinatos de que hayan hecho víctimas a los habitantes de estos estados;

Para impedir nuestro comercio con todas las partes del mundo;

Por imponernos impuestos sin nuestro consentimiento;

Para privarnos, en muchos casos, de los beneficios del juicio con jurado;

Para llevarnos a ultramar con objeto de ser juzgados por supuestas ofensas;

Para abolir el libre sistema de leyes inglesas en una provincia vecina, estableciendo allí un gobierno arbitrario y extendiendo sus fronteras a manera de hacer de ella un ejemplo y un instrumento adecuado para introducir el mismo gobierno absoluto en estas colonias;

Para quitarnos nuestras cartas [privilegios], aboliendo nuestras leyes más estimables y alterando fundamentalmente las formas de nuestros gobiernos:

Para suspender a nuestras legislaturas y declararse a sí mismo investido de poder para legislar por nosotros en cualquier caso que sea.

Ha abdicado al gobierno de aquí, declarándonos fuera de su protección y costeando la guerra en contra nuestra.

Ha saqueado nuestros mares, devastado nuestras costas, incendiado nuestras ciudades y destruido las vidas de nuestra gente.

En este momento, transporta grandes ejércitos de mercenarios extranjeros para concluir su obra de muerte, desolación y tiranía, iniciada ya en condiciones de crueldad y perfidias apenas igualadas en las más bárbaras épocas y totalmente indignas del jefe de una nación civilizada.

Ha obligado a nuestros conciudadanos capturados en alta mar a empuñar las armas contra su propio país, a convertirse en verdugos de sus amigos y hermanos o a perecer bajo sus manos.

Ha alentado las insurrecciones domésticas entre nosotros y ha tratado de inducir a los habitantes de nuestras fronteras, los despiadados indios salvajes, cuya norma de lucha es la destrucción indiscriminada de todas las edades, sexos y condiciones.

En cada etapa de estas opresiones hemos pedido justicia en los términos más humildes: a nuestras repetidas peticiones se ha contestado solamente con repetidos agravios. Un Príncipe, cuyo carácter está marcado por todos los actos que pueden definir a un tirano, no es digno de ser el gobernante de un pueblo libre.

Tampoco hemos dejado de dirigirnos a nuestros hermanos británicos. Les hemos prevenido de tiempo en tiempo de las tentativas de su poder legislativo para englobarnos en una jurisdicción injustificable. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y radicación aquí. Hemos apelado a su innato sentido de justicia y magnanimidad, y les hemos conjurado, por los vínculos de nuestro parentesco, a repudiar esas usurpaciones, las cuales interrumpirían inevitablemente nuestras relaciones y correspondencia. También ellos han sido sordos a la voz de la justicia y de la consanguinidad. Debemos, pues, convenir en la necesidad que establece nuestra separación y considerarlos, como consideramos a las demás colectividades humanas: enemigos en la guerra, amigos en la paz.

Por lo tanto, los representantes de los Estados Unidos de América, convocados en Congreso General, apelando al Juez Supremo del mundo por la rectitud de nuestras intenciones, en nombre y por la autoridad del buen pueblo de estas Colonias, solemnemente hacemos público y declaramos: que estas colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados libres e independientes; que quedan libres de toda lealtad a la Corona británica, y que toda vinculación política entre ellas y el Estado de la Gran Bretaña queda y debe quedar disuelta; y que, como Estados libres o independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes. Y en apoyo de esta Declaración, con absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia, empeñamos nuestra vida, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor.

La Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América.

– 4 de julio de 1776.

Por: Angélica Benítez*

Primero fue la Mafia del Poder y, ahora que él está en la silla presidencial, busca a otros culpables de sus desgracias imaginarias. El problema es que López Obrador ahora es Presidente, y sus ocurrencias llegan a nivel internacional, representando a todos los mexicanos, aunque no a nivel ideológico o intelectual.

Cualquiera que haya estudiado un poco de Historia más allá de los libros de la Secretaría de Educación Pública, sabe perfectamente que no hay un registro real del número de matanzas que se realizaron durante la conquista. De lo que sí se tiene evidencia, sin embargo, es del estilo de vida de las comunidades prehispánicas, quienes se asesinaban entre sí y sacrificaban vírgenes. No era un ambiente armónico. Más aun, existen también evidencias de que, tras la llegada de los españoles, llegó también la literatura clásica, las artes y los principios morales. Hoy vemos una América Latina multicolor: los colores de piel oscilan desde el blanco hasta el más moreno. Si los españoles llegaron a asesinarlos a todos, ¿no deberíamos ser todos blancos y rubios, como sucedió con Estados Unidos? Y ahí, amigos míos, tenemos la primera incongruencia de la leyenda negra de la conquista que nos contó nuestra maestra de la secundaria (cuyo apellido, por cierto, no es indígena sino español).

Si bien hubo claroscuros durante la época, necesitamos estar muy adoctrinados por la izquierda para no ver el evidente progreso que la conquista nos brindó. Como todo en la historia de la humanidad, hubo héroes, villanos y, sobre todo, personas con defectos y virtudes. A esta mezcla le debemos la cultura que conocemos hoy en día, esa mezcla somos nosotros, incluyendo a Andrés Manuel López Obrador (¿a alguno le parece que López u Obrador sean apellidos indígenas?).

¿Por qué AMLO siempre es la víctima?

Desde antes de ser Presidente, siempre se ha visto a sí mismo como una víctima. El problema con las víctimas mentales es que tienen baja autoestima, y esto les impide afrontar la vida desde una óptica objetiva. Muchos creímos que su victimismo sería sólo una estrategia de campaña y que, una vez asumido el poder, comenzaría a gobernar para todos, sin despreciar a nadie.

Sin embargo, continúa desprestigiando a los “fifís”, es decir, a la población que económicamente está en condiciones de generar riqueza para el país. Para él, todo aquel que no esté de acuerdo con él, es un fifí, parte de la mafia del poder o cualquier otro adjetivo con el que pueda ser desprestigiado. Es el eterno discurso de la izquierda, que sigue aplicando para el feminismo radical y los movimientos indigenistas. Todos basados en el arcaico discurso de la izquierda de Marx.

¿Cómo es que sus asesores le permitieron enviar semejante carta al Rey de España?

El actual gobierno federal está conformado -en su mayoría- por ciegos seguidores del Presidente, sin capacidad de filtrar sus acciones y asesorarlo. Específicamente en este vergonzoso caso nos topamos con la figura de Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores. ¿Ebrard tenía conocimiento de esta carta? ¿permitió que se enviara? ¿no tenía conocimiento de la misma? ¿cuál es su estrategia real de gobierno, más allá de seguirle el juego a todo lo que se le ocurra al Presidente?

En el siglo XX, Japón recibió dos bombas nucleares por parte de Estados Unidos. No andan haciendo dramas ni exigiendo que se disculpen con ellos. Levantaron la cabeza, se pusieron a trabajar y se convirtieron en primer mundo y referencia en temas de tecnología. Así se asumen las crisis cuando uno sabe lo que vale, a nivel personal y, desde luego, a nivel nacional.

Si asumimos que el actual Rey de España debe disculparse por una supuesta desgracia ocurrida hace 500 años, empecemos por casa y exijamos a nuestro actual Presidente que se disculpe por las desgracias reales cometidas por todos sus predecesores y por él mismo en los pocos meses que tiene de gobierno. Es una disculpa más legítima.

*Angélica Benítez es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad Autónoma de Baja California. Cuenta con una Maestría en Administración de Empresas por parte de CETYS Universidad, y se desempeña actualmente como docente universitaria.

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l 22 de agosto de 1939, días antes de la invasión a Polonia y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en su discurso de Obersalzberg, Adolf Hitler ordenó a los líderes de su ejército lanzarse al asesinato masivo de los polacos. Lo hizo con estas palabras:

“Nuestra fortaleza yace en nuestra velocidad y brutalidad…he ordenado poner en acción a mis formaciones, con la instrucción de que, sin descanso ni compasión, manden a la muerte a las mujeres y niños de origen y lenguaje polaco. Sólo así podemos ganar el espacio vital que necesitamos. Después de todo ¿quién habla ahora de la destrucción de los armenios?”.

Lo que pasó después ya todos lo sabemos, hoy a mí me interesa especialmente lo que pasó antes. ¿A qué se refería cuando hizo mención a la “destrucción de los armenios” de la que nadie se acordaba?

Hitler hablaba del genocidio armenio, el primero de los grandes genocidios del Siglo XX. Este crimen contra la humanidad ocurrió entre 1915 y 1923, durante el colapso del Imperio Otomano y el nacimiento de la moderna República de Turquía, controlada por una facción conocida como “Los Jóvenes Turcos”, que se envolvieron en un discurso nacionalista para asesinar a más de un millón y medio de mujeres, niños y hombres de origen armenio, como parte de una estrategia que los “jóvenes turcos” habían comenzado a delinear desde años atrás, con el objetivo de construir una nación dominada enteramente por ellos el “Gran Turán”, que pretendían imponer desde Mongolia hasta Kazán o, en su versión más delirante, desde la región escandinava hasta el lejano oriente.

En el camino les estorbaban asirios, griegos y árabes, pero a quienes Los Jóvenes Turcos identificaron como su principal obstáculo fue a los armenios, cuya población ascendía a poco más de dos millones dentro de las fronteras otomanas. Mataron a un millón y medio, y a los demás los obligaron al exilio y los sometieron a infinidad de vejaciones.



Y eso es indiscutible. Ya desde el 16 de julio 1915, en un telegrama enviado al Departamento de Estado, el embajador norteamericano en Constantinopla reportó la existencia de una campaña de exterminio racial. Días antes, el Conde Wolff-Metternich, embajador de Alemania, envió otro telegrama a su gobierno, señalando que, en su intento por llevar a cabo…la destrucción de la raza armenia, el gobierno turco no aceptó ser disuadido por nuestros representantes, ni por la embajada americana, ni por el delegado del Papa, ni por las amenazas de los Poderes Aliados, ni en consideración a la opinión pública de Occidente que representa la mitad el mundo.

Los Jóvenes Turcos mataron a un millón y medio de armenios y a los demás los obligaron al exilio y los sometieron a infinidad de vejaciones.

El propio Ministro del Interior del gobierno otomano, Talat Pachá, envió órdenes al ejército instruyéndolo, entre otras cosas, a arrancar a los niños armenios de sus familias y asesinarlos (marzo 7, 1916). Talat lo reconoció incluso en una conversación con el antes mencionado embajador norteamericano, a quien directamente le dijo: Hemos liquidado ya la situación de tres cuartas partes de los armenios. El odio entre las dos razas es tan intenso que tenemos que acabar con ellos.

Así lo hicieron. A los hombres armenios los ejecutaron por miles casi de inmediato, muchísimos más fueron arrastrados junto con sus esposas e hijos en caravanas de la muerte, sin agua ni comida, sometidos a la esclavitud, al acoso sexual o directamente asesinados. Aquellos que sobrevivían eran llevados a campos de concentración en el territorio de lo que hoy es Siria e Irak, donde los ahogaban o los asfixiaron con humo, en lo que constituyó una evidente prefigura del genocidio judío, sucedido apenas una generación más tarde.

la indolencia del mundo hacia el sufrimiento de los armenios motivó a Hitler y a otros sátrapas alrededor del mundo a repetir estos asesinatos masivos

Todavía 100 años después, el gobierno turco, construido por los mismos ejecutores e instigadores del genocidio, se niega a reconocer que este sucedió, y durante muchos años ha presionado al resto del mundo para evitar que esta tragedia sea conocida y denunciada. ¿Por qué? La respuesta, en palabras del historiador turco, Taner Akcam, es que, si se reconoce el genocidio armenio, entonces hay que aceptar que buena parte de los padres fundadores de Turquía estuvieron directamente involucrados en el genocidio, o se volvieron ricos (a través del robo de las propiedades de los armenios asesinados).

Trágicamente, esta presión de silencio ha sido muy exitosa. Sólo 30 países (México, vergonzosamente, no está en la lista) habían reconocido oficialmente el genocidio armenio, y cuando Alemania se unió a este grupo de naciones, en junio del 2016, a través de una resolución parlamentaria, el primer ministro turco, Binali Yildirim condenó la votación y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, amenazó con represalias a la canciller alemana, Angela Merkel.



Para no ir más lejos, en 2015 el gobierno mexicano cedió a la presión turca y obstaculizó los eventos que la comunidad armenia preparó en nuestro país para conmemorar el 100 aniversario de esos acontecimientos, incluyendo el anuncio de la cancelación de una muestra de cine armenio en el Museo Nacional de las Culturas y la censura inicial contra la pieza musical “Requiem”, del compositor Tigran Mansuryan.

En la historia del genocidio del pueblo armenio se entrelazan la violencia inimaginable de los asesinos con la censura injustificable de los burócratas y la memoria inquebrantable de los sobrevivientes, es que necesitamos rescatar esta tragedia en el recuerdo y el espíritu de nuestra civilización, honrar a sus víctimas y desplomar a los victimarios en el fango de la deshonra.

Justamente por eso, porque la indolencia del mundo hacia el sufrimiento de los armenios motivó a Hitler y a otros sátrapas a repetir estos asesinatos masivos, que se tradujeron en más de 170 millones de personas muertos a manos de sus gobiernos durante el Siglo XX, es que no debemos olvidar.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

*Este artículo fue originalmente publicado en versión ampliada en abril del 2017. Puede consultarse en el siguiente enlace: http://www.wellington.mx/genocidio-armenio/

Por: Jeffrey A. Tucker*

[dropcap type=”default”]T[/dropcap]endemos a pensar que el pasado está definido. No hay nada que podamos hacer para cambiarlo. Sin embargo, esto no es completamente cierto. El cómo pensamos acerca del pasado -los buenos y los malos, la justicia y la injusticia, las causas y efectos- tiene un profundo efecto en nuestras percepciones del presente. Nuestro entendimiento se actualiza conforme nueva información sale a la luz. En este sentido, el pasado no está definido. Es una realidad viviente.



Ideas complejas ¿cierto? Se me ocurrieron como cortesía de una película animada que está dominando los cines. He sentido durante años que hay contenido más genuinamente adulto en las películas hechas para niños que en la mayoría de las cintas “para adultos”. La película nos lleva la tierra de los muertos -que no es ni el tiempo ni la eternidad- y plantea la desafiante idea de que también los muertos siguen aprendiendo y cambiando.

Filosofía de la historia

La película en cuestión es Coco la nueva cinta animada de Pixar, que explora una parte la cultura, religión nacionalidad de México. Se estrenó en cines en México el día de muertos y llegó a las audiencias norteamericanas más tarde. Todos los sectores de vos son mexicanos.

La emocionante historia se mueve en varios niveles. Tan pronto como uno piensa que es un tributo a la lealtad familiar, nos lleva a un lugar completamente distinto, para explorar algo tan profundo como la filosofía de la historia. Esta fue la parte que me sorprendió y me dejó pensando.

La película sigue la joven vida de Miguel Rivera, quien siente el llamado ser músico, para enfrenta la resistencia de su familia. Su tatarabuelo fue un músico que abandonó a la familia para seguir el sueño de convertirse en un gran intérprete, escribiendo música y cantando para el mundo. Su familia estaba tan molesta con su decisión que dos generaciones prohibieron la música en el hogar optando por el negocio familiar de la fabricación de zapatos.

Sin embargo, Miguel no quiere ser zapatero. Él quiere cantar y tocar música como su tatarabuelo. Así que, en el día de los muertos, llega al monumento dedicado al famoso cantante Ernesto de la Cruz. Toma la guitarra del intérprete y repentinamente es transportado a otro mundo. La tierra de los muertos.

Ciudad fresca

Resulta que la tierra de los muertos es un lugar a la moda, con grandes sistemas de transporte, coloridos edificios de apartamentos, buenos lugares para comer y beber, e incluso estrellas pop y conciertos. Para regresar a la tierra de los vivos, Miguel debe buscar la bendición de un ancestro que resida ahí. Encuentra su tatarabuela, pero ella sólo le dará su bendición a cambio de que Miguel renuncie a la música. Es una oferta que Miguel no puede aceptar.

Gradualmente, nos enteramos de quién vive en ese lugar y por qué. Es a donde se va cuando mueres, pero la cantidad de riqueza que poseas y el tiempo que permanezcas ahí depende por completo de si eres recordado por los vivos. El día cuando esto sucede es el día de los muertos, durante el cual deben presentarse recuerdos de los ancestros fallecidos para que puedan seguir viviendo en la tierra de los muertos. Una vez que son olvidados, los muertos finalmente desaparecen y se van para siempre a ningún lugar en concreto. ¡Eso es muy drástico! Y es precisamente por ello que es imperativo para las familias el reverenciar a sus integrantes ya fallecidos.



Aquí es donde el drama se pone interesante. Miguel decide buscar a otro miembro falleció la familia que pueda enviarlo de regreso la tierra de los vivos sin la molesta condición de que no cante y no toque música. Se acerca con el famoso cantante Ernesto la Cruz, porque cree que él es su verdadero tatarabuelo. Ernesto es tan bien recordado entre los vivos que es extremadamente acaudalado.

Sin embargo, gradualmente descubrimos que es un patán. Las personas en la tierra de los muertos lo descubren también, cuando se enteran de un secreto oculto en su vida. La popular imagen de este tipo colapsa y pierde por completo su base de admiradores, ¡lo cual es un giro hilarante considerando que todas esas personas están muertas!

¿Qué significa esto?

Aquí es donde entra la filosofía de la historia. Las reputaciones de los muertos pueden cambiar conforme tanto los vivos como los muertos desarrolle nuevas opiniones con base en nueva información. Este proceso constante aprendizaje cambia la cultura y la sociedad tanto en la tierra de los muertos como la de los vivos. ¡Qué notable tributo al poder de las historias que conocemos y nos contamos entre nosotros!

Un ejemplo de la vida real podría ser alguien como Woodrow Wilson. fue reverenciado después de su muerte como un intelectual, un gran estadista, un pacificador, un profeta de la democracia y el nacionalismo. Hoy, las cosas son distintas. Wilson es conocido como un promotor de la eugenesia, un defensor del Klan, un racista, un instrumento de la clase gobernante y el impulsor de una asesina e inútil guerra.

¡Qué diferencia! ¡Y todo esto mientras él estaba en la tierra de los muertos!

O considere a FDR. Hasta la fecha es percibido como el hombre que nos salvó de la gran depresión, incluso aunque evidentemente no lo hizo. Es considerado como un defensor de los oprimidos, a pesar de que fue el arquitecto del Estado corporativo que cartelizó y clausuró el crecimiento económico. Además, como Wilson, sus opiniones en temas de raza y demografía tendían hacia el supremacismo blanco y la exclusión. ¿Cuándo cambiará la reputación de FDR? Seguramente sucederá.

O también, piense en un presidente como Andrew Jackson. Actualmente se le ve como un opositor al banco nacional y un defensor del pueblo. Sin embargo, ¿qué sucederá cuando llegue a ser visto como un exterminador de la población nativa, un demagogo que encabezó una presidencia corrupta y un inescrupuloso promotor del imperialismo militar?

Esto podría suceder, pero depende de las personas que buscan los hechos y se los presentan a la población. El pasado no está definido. Continúa viviendo y, por lo tanto, cambiando, y cambia nuestra impresión del presente.

Robando ideas

Coco ofrece una fascinante perspectiva respecto al ámbito de la propiedad intelectual y la apropiación cultural. El gran tema en la tierra de los muertos se refiere a quién precisamente escribió las famosas canciones que canta Ernesto de la Cruz. Él siempre ha reclamado el crédito, ¿pero es eso correcto? Cuando cambia el veredicto, también lo hace su reputación.

Me preguntaba al principio si íbamos a recibir una clase de Hollywood sobre los derechos de atribución, pero no se trata de eso. Se trata acerca de respetar a quienes simplemente son famosos o a las personas que son los verdaderos creadores. Uno puede respetar los “derechos creativos” y la necesidad de una atribución apropiada sin aprobar leyes en materia de propiedad intelectual.

En cuanto al apropiación cultural, pudiera parecer inicialmente que la película incursiona en la actual moda de que las culturas se encierren y eviten que sus productos sean “robados” por otros. Sin embargo, afortunadamente no hay nada que sea particularmente “políticamente correcto” en esta película. Es una celebración directa de la cultura mexicana y de los mitos que le han dado forma.

Reconocí mucho de esto a partir de mi propia infancia, cuando mi mejor amigo era el hijo de primera generación de inmigrantes provenientes de allende la frontera. Sus vidas eran muy diferentes de la mía. Esa casa al otro lado de la calle se convirtió en una ventana hacia otro maravilloso mundo y sirvió como un constante recordatorio de que la forma de ser de mi familia no era la única. Me maravillaba el calendario maya en la pared, el método que Mama Rede usaba para hacer tortillas, el lujoso lenguaje latino y los rituales familiares.

Para mi era muy liberador.

Viendo Coco, me impactó mucho la forma mágica en que la cultura mexicana mezcló tan bellamente dos tradiciones religiosas: la fe de la herencia azteca y el catolicismo de estilo europeo, en un todo integrado. El día de los muertos se convierta en el de todos los santos, la necesidad de recordar a nuestros ancestros se convierte en oraciones para los muertos a través de la liturgia católica, y la tierra de los muertos es un reflejo del purgatorio.

¿Quién se ha apropiado la cultura de quién? Se mueven ambas direcciones, como siempre lo hace cuando dos culturas interactúan entre sí. La conclusión es que no habría una cultura mexicana que celebrar, sino hubiera sido por la apropiación cultural. La película Coco es tan pegadiza que no me sorprendería si inspira a muchos jóvenes a apropiarse de algunos aspectos de esa cultura para sí mismos.

En cuanto a su filosofía de la historia, la película tiene razón: el pasado nunca es estable, y no debería serlo.

*Jeffrey Tucker es Director de Contenido de la Foundation for Economic Education.

Originalmente publicado en Fee.org

Traducido al español para Wellington.mx por Gerardo Garibay Camarena

Por: David Chávez Salazar*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]n la primera parte de esta entrega abordamos la ideología que inspira el procés. Ahora vamos a ver cómo se ha llevado a la práctica el ideal separatista.

Antecedentes históricos

La independencia catalana se ha declarado cuatro veces en la Historia (sin contar la del 2017), pero en ninguna oportunidad se ha conseguido la creación de un Estado independiente reconocido por la comunidad internacional.

La primera declaración fue la que realizó Pau Claris, presidente de la Generalitat de Cataluña, el 17 de enero de 1641. Por aquel entonces Cataluña era un sujeto político de la Corona de Aragón, con este acto lo que se buscaba era crear una república vasalla del rey Luis XIII de Francia.


Casi tres siglos después, el 14 de abril de 1931, otro presidente de la Generalitat, Francesc Macià, proclamó la República Catalana como Estado integrante la inexistente “Federación Ibérica”. Se organizó un gobierno que se mantuvo en pie tres días, hasta que Macià aceptó la autoridad de la República Española sobre Cataluña y la redacción de un Estatuto de Autonomía subordinado a la Constitución nacional.

El 6 de octubre de 1934, el sucesor de Macià, Lluís Companys, proclamó el Estado Catalán dentro de la “República Federal Española”. El presidente catalán pretendía convertir a la región en “el reducto indestructible de las esencias de la república” contra las “fuerzas monarquizantes y fascistas” que amenazaban su estabilidad. Por este acto de rebelión, Companys fue encarcelado junto a todos los miembros de su gabinete. Tras su liberación, casi un año después, recuperó la presidencia de la Generalitat.

En 1936, estalló la Guerra Civil Española, que enfrentó al Bando Republicano (que ostentaba el poder) con el Bando Nacional (dirigido por el General Francisco Franco). El 28 de agosto de ese año, Companys decretó que ante el estado de conmoción en Cataluña solo tendrían fuerza de ley las disposiciones legales publicadas en el Diari Oficial. Esa sería la situación más cercana a la independencia que viviría Cataluña, la cual se prolongó hasta mayo de 1937, cuando la República recuperó el control sobre el territorio de la Generalitat.

En 1939, el Bando Nacional toma el control de Cataluña, por lo que Companys decide formar un gobierno en el exilio, esfuerzo que se vería abocado al fracaso debido a desacuerdos entre los partidos políticos. Como alternativa, creó el Consell Nacional de Catalunya (Consejo Nacional de Cataluña) bajo la presidencia del intelectual Pompeu Fabra. En 1940, el presidente es fusilado por los franquistas (el bando vencedor de la Guerra Civil).



El Consell Nacional de Catalunya fue reconocido como gobierno en el exilio por la diáspora catalana y reivindicó la independencia de la región  hasta su disolución en 1945. Le sucedería el Consell Nacional Català.

En las décadas de los sesenta y los setenta el catalanismo político experimenta un auge en la España franquista. En 1969, se organiza en la clandestinidad la Comisión Coordinadora de Fuerzas Políticas de Cataluña que buscaba la restauración de las libertades políticas, el restablecimiento del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932 y la convocatoria a Cortes constituyentes. En 1971, se crea la Asamblea de Cataluña que logró reunir a toda la oposición antifranquista de la región.

Durante esta época también aparecieron algunos movimientos terroristas que reivindicaban la lucha armada para conseguir la independencia de Cataluña, es el caso del Frond d´Alliberament de Catalunya (1969-1977), el Exercit Popular Català (1970-1979) y Terra Lliure (1978-1991).

En 1978, se aprueba una nueva Constitución en el marco de la Transición española, proceso por el cual se puso fin a la dictadura franquista y se instauró el sistema de monarquía constitucional que rige hasta la actualidad. Un año después, se aprueba un nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña.

La era Pujol (1980-2003)

En 1980 se celebran las primeras elecciones al Parlamento de Cataluña después del retorno de la democracia, en las que obtuvo la mayoría Convergència i Unió, una federación de partidos nacionalistas de centro-derecha encabezada por el médico Jordi Pujol i Soley, quien serviría como presidente de la Generalitat por 23 años– resultó vencedor en las elecciones de 1984, 1989, 1992, 1995 y 1999 –.

Según el historiador Gabriel Tortella, Pujol es el responsable de la situación actual de Cataluña. El anhelo independentista que hoy se vive en la región no es una reacción espontánea de la sociedad, sino que es el resultado de un proyecto de ingeniería social cuidadosamente elaborado por las élites políticas de Cataluña durante 37 años.

El objetivo de este proyecto es el de crear una identidad nacional artificial que congregue a la sociedad catalana en la defensa contra un enemigo común llamado España. Para ello es indispensable la instrumentalización políticas de aquellas señas identitarias como la lengua, a través de la cooptación de los medios de comunicación y del sistema educativo.

El primer paso en esa dirección se dio en 1983, año en el que se promulga la Ley de Normalización Lingüística y se crea la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales con el propósito de “defender la lengua catalana y construir la consciencia de la catalanidad”.

Apreciado lector, “normalización lingüística” es el nombre que recibe un ejercicio de planificación central con el que el Estado pretende influir en la función, la estructura o la adquisición de un idioma o dialecto dentro de una comunidad determinada de hablantes. Lo que significa que una lengua (en este caso el catalán) accede artificialmente, por vía política, a ámbitos de uso lingüístico reservados a otra lengua.

En 1990, los ideólogos de la Generalitat, encabezados por Pujol, presentaron el “Programa 2000” una estrategia para introducir el nacionalismo en todos los ámbitos de la vida catalana, el cual se sigue al pie de la letra hasta la actualidad.

El primer eje del Programa, denominado “pensamiento” habla sobre la configuración de una personalidad colectiva catalana, la reafirmación de un sentimiento europeísta y la divulgación de una visión distorsionada y victimista de la historia regional. El segundo eje se refiere a la enseñanza, allí se plantea impulsar el “sentimiento nacional catalán” de los profesores, padres y estudiantes, en todas las etapas del proceso formativo. El tercer eje se refiere al fortalecimiento de los medios de comunicación como transmisores eficaces del “modelo nacional catalán”, contemplando estrategias como la introducción de nacionalistas de primera línea en los lugares clave de los medios de comunicación. El cuarto eje plantea la necesidad de “catalanizar” las actividades culturales, lúdicas y deportivas. El quinto eje incorpora al mundo empresarial al proyecto de catalanización. El último eje aborda la necesidad de extender la proyección internacional de Cataluña, es decir, vender el proyecto nacionalista en el exterior.

Muchas de estas ambiciones se vieron materializadas con la Ley 1/1998, de Política Lingüística, vigente hasta la actualidad. En su preámbulo alude a la “persecución” que ha sufrido la lengua catalana y la imposición legal del castellano durante más de dos siglos y medio. Entre sus objetivos están la regulación de los medios de comunicación, con el fin de asegurar la presencia del catalán en el espacio radiofónico y televisivo; la regulación de las industrias culturales, mediante el establecimiento de “cuotas lingüísticas”, entre otros instrumentos; y el establecimiento de una normativa lingüística destinada al mundo socioeconómico, para fomentar el uso del catalán en todos los campos en que, “por razones de mercado” u otras, no está muy difundido.

Pujol jugaba a dos bandas, mientras en Cataluña adoctrinaba a la población en el odio contra España, en Madrid prestaba su apoyo a los gobiernos de turno. Mantuvo una “intensa y productiva relación” con el socialista Felipe González (Presidente del Gobierno español 1982-1996) y con su sucesor, el conservador José María Aznar (1996-2004), a quien ayudó a investir como presidente tras la firma del célebre Pacto del Majestic.

Después de Pujol

En 2003, las tres principales fuerzas de izquierda de Cataluña: el PSC-PSOE (socialista), Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) establecieron un gobierno tripartito, toda vez que ninguno obtuvo la mayoría suficiente para gobernar en solitario. La presidencia de la Generalitat quedó en manos del socialista Pasqual Maragall, que llegó al poder con el objetivo de reformar el Estatuto Autonómico de 1979.

En 2005, el Parlamento catalán aprobó un nuevo Estatuto de Autonomía para darle a la región “un nuevo encaje” dentro del Estado español. Los cambios que introducía el Estatuto obedecían al guion pujolista: la denominación de Cataluña como “nación”, menciones a una supuesta relación “bilateral” entre Cataluña y España (como si de dos Estados se tratase), la ampliación de las competencias del gobierno autonómico y un nuevo sistema de financiación.

El nuevo Estatuto fue debatido por las Cortes Generales en Madrid, donde se le hicieron modificaciones, lo que despertó los recelos de partidos como Esquerra Republicana de Catalunya, integrante del tripartito, y de Convergència i Unió. Las modificaciones incluían la eliminación de la palabra “nación” para referirse a Cataluña y la matización de los demás puntos: régimen fiscal y relaciones entre la Generalitat y el gobierno central. Así quedó aprobado el Estatuto, el cual fue ratificado en un referéndum el 18 de junio de 2006. A pesar de ello, el Partido Popular solicitó al Tribunal Constitucional que se pronunciara con respecto a la constitucionalidad de la norma.

En 2009, mientras el Tribunal Constitucional aún preparaba su respuesta definitiva, diversas entidades soberanistas organizaron una consulta por la independencia en 166 municipios catalanes, un instrumento sin carácter legal cuyo propósito era el de enviar a ese alto tribunal el mensaje de que si introducía nuevos recortes al Estatuto, la sociedad catalana se movilizaría a favor de la ruptura definitiva con España. La participación electoral se ubicó en un modesto 30%.

A finales de junio de 2010, el Tribunal Constitucional finalmente se pronunció. Su sentencia confirmó los temores de los nacionalistas. En total se recortaron 144 artículos, la mayoría de ellos relacionados con la identidad catalana y la administración fiscal. Desde entonces, el independentismo ha experimentado el crecimiento más grande de toda su historia. Días después de la comunicación del fallo judicial, se celebró una manifestación a favor del “derecho a decidir”. En las elecciones al Parlamento celebradas ese mismo año volvió al poder Convergència i Unió y su líder, Artur Mas (heredero político de Jordi Pujol), fue investido como nuevo presidente de la Generalitat.

Las semillas de resentimiento sembradas por Pujol habían germinado. En 2012, comienza formalmente el proceso soberanista de Cataluña. En septiembre de ese año, el Parlamento aprueba una resolución para la celebración de una “consulta” sobre el futuro político de la región. Artur Mas adelanta las elecciones previstas para 2014 y vuelve a obtener la mayoría (aunque menor que la obtenida en 2010).

Mas se encargó de aplicar los últimos detalles del Programa 2000 con un marcado tinte radical. El adoctrinamiento se impuso con toda su fuerza, la discriminación contra el castellano (símbolo de la odiada España) y la creación de una poderosa red de paradiplomacia para difundir las mentiras del separatismo a nivel internacional contando para ello con el financiamiento de poderosos y malvados socios.

La consulta planeada por Mas no pudo celebrarse, en su lugar se realizó un “proceso participativo sobre el futuro político de Cataluña” el 25 de noviembre de 2014. La participación rondó el 37% del censo electoral. En 2015 se celebraron elecciones anticipadas que el independentismo interpretó como “elecciones plebiscitarias” sobre la independencia de Cataluña. En esta ocasión, Convergència i Unió y Esquerra Republicana, tradicionales rivales, se presentaron junto a otras fuerzas independentistas menores en una sola coalición electoral: Junts pel Sí (Juntos por el Sí), que se llevó la mayoría de los votos.

A pesar de los resultados, Junts pel Sí no obtuvo la mayoría suficiente para gobernar por lo que tuvo que buscar el respaldo de la CUP, un partido de extrema izquierda. Una de las condiciones del acuerdo era que Artur Mas declinara su candidatura a la presidencia de la Generalitat. En su lugar, fue investido Carles Puigdemont, del mismo partido de Mas, pero a quien la CUP veía con más simpatía.

Con Puigdemont al frente, el proceso soberanista entró en su etapa final. El único objetivo del nuevo presidente sería el de crear un Estado catalán independiente en forma de república y dentro de la Unión Europea – recordemos que el europeísmo estaba consignado en el plan de Pujol –. En octubre de 2016, el Parlamento catalán insta al gobierno autonómico a celebrar un referéndum vinculante sobre la independencia, a más tardar, en septiembre de 2017.

El 9 de junio de 2017, el gobierno autonómico anunció que el referéndum se celebraría el 1 de octubre. De esa manera, se consumó el mayor desafío a la legalidad española en la historia reciente del país, pues la Constitución española no contempla la posibilidad de la secesión de alguna región por medios democráticos. El 28 de agosto, el Parlamento subió el tono al desafío al aprobar la “Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República”, el marco legal que orientaría el proceso de transición de Cataluña a un Estado independiente, asegurando la continuidad de la prestación de servicios públicos y el reemplazo ordenado de las administraciones. La ley se activaría en caso que la opción independentista se impusiera en el referéndum.

El referéndum estuvo plagado de irregularidades desde el comienzo. En primer lugar, sus organizadores accedieron de manera ilícita a bases de datos estatales para la creación del censo electoral, lo que supuso el robo de la información personal de millones de personas.

El día de las votaciones, un segmento considerable de la población no acudió a las urnas al considerar que el proceso estaba viciado, quienes lo hicieron podían emitir su voto más de una vez, en cualquier centro de votación y sin necesidad de estar empadronado en algún municipio. A esto se le sumó la ola de violencia desatada ese día, entre las fuerzas de seguridad del Estado español que, es necesario reconocerlo, cometieron un abuso de poder y masas alienadas de catalanes. Ningún funcionario del gobierno autonómico sufrió la represión.

Como era de esperarse el Sí obtuvo la victoria. Días después, el presidente Puigdemont firmó una Declaración Unilateral de Independencia para luego solicitar al Parlamento que la dejase sin efectos, mientras establecía puentes de diálogo con Madrid para llevar a cabo una transición ordenada y pacífica.

Los independentistas han creado fracturas artificiales en la sociedad catalana, generando un clima de tensión social que España no se merece. Verbigracia, la banda terrorista ETA ha tomado nota del procés y ha animado a replicarlo en Euskadi, amenazando así la paz que ha conseguido esta región en los últimos años.

A los amantes de la libertad de todo el mundo les debe quedar claro que el proceso soberanista catalán es una quimera, el resultado de uno los ejercicios más despiadados de ingeniería social en la historia contemporánea de Occidente. Como hemos tratado de explicar en estas líneas, su ADN es el totalitarismo. El gobierno catalán es lo que Josep Tarradelas – último presidente de la Generalitat en el exilio – definiera como una “dictadura blanca”, “que no fusila, que no mata, pero que dejará un lastre muy fuerte”. Estas palabras proféticas las dirigió contra Pujol en 1985.

No hay ningún liberalismo en el procés. En la primera entrega vimos que las naciones son realidades sociales evolutivas que surgen y se desarrollan de manera espontánea. En la visión liberal del nacionalismo es inconcebible la utilización de la coacción para imponer determinados comportamientos de tipo nacional. Cualquier esfuerzo en esa dirección estará condenado al fracaso, pero el intento dejará profundas heridas en la sociedad.

*David Chávez Salazar es economista con estudios en pronóstico macroeconométrico y mercado de capitales. Miembro investigador del Tanque de Pensamiento Ludwig von Mises. Apasionado por la historia.

Por: David Chávez Salazar*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap]hora revisemos los tres mitos fundacionales que marcan el carácter del discurso separatista catalán.

  • Espanya ens roba (España nos roba). La tesis del “expolio fiscal”, enarbolada por los independentistas, es completamente falsa. De acuerdo con los resultados definitivos del sistema de financiación autonómica [2] correspondientes al ejercicio 2015 Cataluña es la comunidad autónoma que recibe más recursos del modelo de financiación, con 134 millones de euros.

Es importante recordar que el sistema de financiación autonómico vigente fue negociado en 2009 por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) con el tripartito que por entonces gobernaba en Cataluña (PSC-ERC-ICV), de ahí resultó un modelo con un claro sesgo positivo hacia dicha comunidad autónoma, en detrimento de otras como Madrid. Las propuestas de financiación autonómica que se han formulado en España siempre han obedecido a los caprichos de los gobernantes catalanes.



Al hacer una comparación entre los recursos recibidos y el PIB aportado en cada comunidad autónoma encontramos que, verbigracia, la Comunidad de Madrid recibe del sistema un 7,49% de la riqueza que aporta al país, mientras que Cataluña recibe un 9,86%. Si comparamos los recursos recibidos del modelo de financiación con los impuestos recaudados en cada una de las autonomías, encontramos que Madrid recibe del sistema de financiación aproximadamente el 18% de los impuestos recaudados en su territorio, mientras que Cataluña recibe un poco más del 54%.

La Generalitat de Cataluña también recibe recursos en proporción superior a su población, situación que contrasta con la de autonomías como Madrid, Andalucía y la Comunidad Valenciana.

Hay que mencionar, además, que la opinión pública suele desconocer que el modelo de financiación autonómica establece recursos adicionales para las autonomías con una lengua cooficial: Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana y Baleares. El gobierno catalán es el que se lleva la mayor parte de esta financiación extra, aproximadamente el 41% del dinero repartido, lo que equivale a unos 98 millones de euros anuales. Con este trato preferencial se busca fortalecer las denominadas políticas de “normalización lingüística”, que no son más que políticas de sanción contra la lengua castellana financiadas forzosamente por todos los españoles.

Entonces, ¿de dónde surge el mito del expolio fiscal? La respuesta radica en los datos “financiación homogénea por habitante ajustado”. Desglosemos este complicado término. La “financiación homogénea” se refiere a los recursos destinados a financiar aquellas competencias comunes a todas las autonomías como la gestión de los servicios de sanidad y educación. Se excluyen las materias singulares, como la administración de seguridad y justicia. Esta variable se calcula restando de la financiación total la valoración de dichas materias singulares – también llamadas competencias no homogéneas –. Según algunos expertos en el acuerdo entre Zapatero y el tripartito catalán se infló la valoración de dichas competencias no homogéneas, de tal manera que se sustrae una muy relevante de la financiación total que recibe Cataluña para el cumplimiento de las competencias homogéneas. Este indicador de financiación homogénea es el que se presenta a la opinión pública, por lo que se transmite la idea de que el gobierno catalán está mal financiado.

La Generalitat de Cataluña también recibe recursos en proporción superior a su población

El término “habitante ajustado” significa que los datos no se ponderan por habitante real sino por estimaciones que muchas veces no corresponden a la realidad. Es el caso de Madrid y Andalucía en donde la población ajustada es sustancialmente inferior a la real, lo que ocasiona que el cociente de la financiación por habitante ajustado sea superior al existente por habitante real.

Y hay todavía más… En el año 2012, en un contexto de recesión económica el gobierno español creó el Fondo de Liquidez Autonómico, una línea de crédito a través de la cual el Estado transfiere recursos a las comunidades autónomas para que éstas no tuvieran que buscar financiación en los mercados, pues en ese caso habrían entrado en “default” por cuenta de los altísimos tipos de interés. Desde su establecimiento, el Estado ha repartido unos 180.400 millones de euros. La comunidad más beneficiada ha sido Cataluña que ha recibido desde 2012 un 33% de los recursos del Fondo, es decir, unos 58.800 millones de euros.

Ya quedó demostrado que no existe ningún expolio fiscal hacia Cataluña. Antes bien, es una de las más comunidades autónomas que resultan más favorecidas por el actual sistema de financiación. Probablemente, alguien alce su voz en contra de este favoritismo, argumentando que el sistema debe ser más “justo” y “racional”, proponiendo un reparto más equitativo entre las autonomías. Es entonces cuando los libertarios debemos dejar claro de una vez por todas que la fiscalidad, cualquiera que sea su apariencia, es un vasto sistema de robo y opresión, por el cual algunas personas pueden vivir coactiva y parásitamente a expensas de otros. Estamos hablando de impuestos, es decir, de robo.

Sólo para que Cataluña tuviese el monopolio del algodón, España pagó el 1% del PIB

Antes de finalizar, permitámonos recordar algunos privilegios, no necesariamente fiscales, de los que ha gozado Cataluña a lo largo de los años. El historiador Gabriel Tortella nos recuerda que durante el siglo XIX el gobierno central estableció una política proteccionista sobre la industria textil catalana, lo que afectó gravemente al consumidor español promedio,  “sólo para que Cataluña tuviese el monopolio del algodón, España pagó el 1% del PIB”. En el siglo XX, en plena dictadura franquista – uno de los periodos históricos más vapuleados por los independentistas – el Caudillo estableció por decreto que solo Barcelona y Valencia podrían realizar ferias de muestras internacionales, un monopolio que duraría 36 años. En 1950 se eligió a Barcelona como sede de la fábrica de Seat (Sociedad Española de Automóviles de Turismo), la única marca de coches española. En la era democrática destacan dos hechos: la elección de Barcelona como sede los Juegos Olímpicos de 1992, que se concibió como un proyecto de Estado, y la relación de cercanía entre el gobierno de Felipe González y empresas catalanas del sector energético, en 1994, el socialista entregó Enagás (monopolio de la red de transporte de gas en España) a manos catalanas, lo mismo ocurriría con Repsol.

  • Cataluña fue un país. La refutación de este argumento podría ocupar volúmenes completos. Lo que debe tener presente el lector es que el gobierno autonómico catalán se ha empeñado en difundir una versión falsificada de la Historia…. Algo más.

Cataluña nunca ha sido independiente. En la Edad Antigua se destaca la presencia de diferentes grupos colonizadores en territorio catalán, como los griegos y cartagineses (siglos VIII a VI a.C); la expansión de tribus ibéricas como los indigetes, los ceretani y los airenosinos, ya para el siglo V a.C, la civilización ibérica había comenzado a consolidarse en la parte oriental de la Península.

En el siglo II a.C comienza la romanización de la Península Ibérica de la que Cataluña no sería ajena. La mayor parte del actual territorio catalán se convertiría en Hispania Citerior, una de las dos provincias en las que quedó dividida inicialmente Hispania. Después del año 27 de la Era Común, formaría parte de la nueva provincia de Tarraconense.



Tras la caída de la parte occidental del Imperio Romano en el siglo V, los visigodos liderados por Athaulf se establecieron en Tarraconense. En el año 475, la actual Cataluña se incorporaría al reino de Tolosa, establecido por el rey Eurico. En los siglos siguientes el reino visigodo perdería la mayor parte de su territorio al norte de los Pirineos, por lo que cambió su centro administrativo a Toledo. Finalmente, en el siglo VIII sucumbiría ante los musulmanes. Durante esta época, los francos combatieron a los invasores en sus incursiones al norte, estableciendo en la Península Ibérica la “Marca Hispánica” donde se establecieron una serie de condados cristianos.

Durante el siglo IX, gran parte del actual territorio catalán estaba compuesto por aquellos condados, de los cuales el más importante era el de Barcelona, establecido en el año 801 por Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno. En el siglo X, dichos condados continuaron dependiendo formalmente del Imperio Carolingio y experimentaron un importante desarrollo social, destacándose la aparición de los aloers, pequeños propietarios campesinos que terminarían convertidos en vasallos tras la consolidación del sistema feudal un siglo más tarde.

En los siglos siguientes, los condados catalanes fueron expandiéndose en número y el Condado de Barcelona emergería como el más poderoso de todos. De hecho, el término “Cataluña” aparece por primera vez en una crónica de principios del siglo XII llamada el Liber maiolichinus, en la que se llama a Ramón Berenguer III, Conde de Barcelona, como dux catalanensis, entre otros apelativos de poderío.

El economista Jordi Franch Parella afirma que los condados catalanes tenían un sistema social que se caracterizaba por la libertad de los campesinos, y por la sumisión de los condes a la Lex Visigothorum, ley que recogía parcialmente el Derecho Romano.

Los condados catalanes tenían un sistema social que se caracterizaba por la libertad de los campesinos

En 1137, se estableció una unión dinástica entre el Reino de Aragón y los condados catalanes, con el matrimonio de la reina Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona. Su heredero Alfonso II de Aragón consolidó la unión dinástica al proclamarse como “rey de Aragón, conde de Barcelona y marqués de Provenza”. De esa manera se constituyó la Corona de Aragón, una entidad política que llegó a consolidar un auténtico imperio marítimo durante los siglos XII y XIII, el cual comprendía partes de la actual Francia, Valencia, las Islas Baleares, Cerdeña y Sicilia.

El Estado resultante fue una monarquía pactista, una confederación de entidades políticas que conservaron sus instituciones tradicionales, manteniéndose unidas nominalmente en la figura del rey de Aragón, cuyo poder estaba limitado por las normas de derecho consuetudinario.

Cada entidad política poseía sus propias Cortes. En el caso de Cataluña, funcionaron desde el siglo XIII hasta el XVIII, eran convocadas por el rey de Aragón y estaban compuestas por tres “brazos”: el eclesiástico, el militar y el real. Cuando el rey proponía las leyes y éstas eran aprobadas, recibían el nombre de “Constituciones”, cuando se aprobaban las leyes propuestas por los brazos se denominaban “Capítulos de Cortes”. A partir del siglo XIV al territorio bajo jurisdicción de las Cortes se le conoció como Principado de Cataluña, el cual se mantuvo como sujeto de la Corona de Aragón.

En el siglo XV, la Corona de Aragón se expandió hasta la Italia continental con la anexión del Reino de Nápoles en 1443. Años más tarde, en 1469 se produciría la unión dinástica entre la Corona de Aragón y el reino vecino de Castilla. De ese modo, a finales de la Edad Media existían cinco grandes reinos en la Península Ibérica: Portugal, Navarra, Castilla y Aragón, y Granada. Éste último era un reducto del dominio musulmán que desaparecería en 1492 tras el fin de la Reconquista.

En 1512, Castilla y Aragón invadieron Navarra, dando vida al Reino de España (o de las Españas). Al ser una monarquía pactista, cada territorio mantuvo su autonomía política, legal, fiscal y monetaria. Los reinos constituyentes sólo tenían en común el hecho de tener el mismo rey, nada más.

  • Cataluña es una nación oprimida desde 1714. Otra mentira histórica. Para entender por qué retrocedamos hasta 1702, año en el que estalla la Guerra de Sucesión en España. El rey Carlos II, último Habsburgo, murió sin descendencia y no existía claridad sobre quién debía sucederlo. La cuestión se dirimió a favor de Felipe, Duque de Anjou, de la Casa de Borbón, sobrino nieto del monarca fallecido y nieto del Rey Luis XIV de Francia.

Ante la amenaza de una expansión del poderío francés, algunas potencias europeas como Inglaterra, Austria y la República Holandesa (la Gran Alianza) apoyaron la pretensión del Archiduque Carlos, de la Casa de Austria. Al no poder zanjar el conflicto pacíficamente, se declaró la guerra en mayo de 1702. En España, surgieron dos bandos: aquellos que defendían el reinado de Felipe V (cuyo bastión se encontraba en el reino de Castilla) y aquellos que secundaban la propuesta de la Gran Alianza (cuyo bastión era el reino de Aragón, que incluía Cataluña).

El conflicto se prolongó hasta 1713-1715, periodo en el que tuvo lugar la Paz de Utrecht, un conjunto de tratados que pusieron fin a las rivalidades: el Tratado de Utrecht (1713), el Tratado de Rastatt (1714) y el Tratado de Baden (1714). Como resultado, España perdió sus posesiones en Europa, las cuales pasaron a la Casa de Austria. Como compensación, la Casa de Borbón retuvo el poder en la España tanto en la Península como en América.

En 1716, Felipe V promulga el Decreto de Nueva Planta de Cataluña – en el marco de los Decretos de Nueva Planta que afectaron a todo el país – por el que se sustituyeron las instituciones del Principado de Cataluña por otras de inspiración castellana. Con ello se introdujo la centralización del poder en España. Sin embargo,  el historiador Pedro Voltes Bou  aclara que esta reforma alcanzó sólo a la esfera política y administrativa, sin afectar la vida material del pueblo catalán ni su lengua ni diversas instituciones singulares, como sus fuentes de Derecho y la organización de los gremios.

Cataluña siempre ha estado vinculada a lo que hoy conocemos como España por lo menos desde la Antigüedad. Cataluña no puede entenderse sin España, ni viceversa.

En resumen, hemos visto que Cataluña siempre ha estado vinculada a lo que hoy conocemos como España por lo menos desde la Antigüedad. Cataluña no puede entenderse sin España, ni viceversa. Si bien no es el propósito original de este artículo, no sobra hacer un breve comentario sobre la historia de España en clave libertaria, destacando que su proceso de formación se ha desarrollado en gran medida por vías pacíficas, a partir del aprovechamiento de elementos unificadores como la geografía, la profesión de la fe cristiana, la defensa contra un invasor común (los musulmanes) y el uso espontáneo del castellano como lingua franca. Otro elemento notable es la organización política, basada en el confederalismo y en la preferencia por los pactos, sobre el uso de la fuerza. La unión de los distintos reinos, condados, principados y señoríos no supuso la opresión, pues se mantuvo el respeto por las instituciones y modos de vida propios de cada entidad política, hasta el siglo XVIII con la centralización del poder efectuada por Felipe V.

[2] El sistema de financiación de las comunidades autónomas de régimen común – Euskadi y Nafarroa están cobijadas por un sistema especial – se rige en la actualidad por la Ley 22/2009, del 18 de diciembre. El modelo acordado establece que la financiación de las competencias autonómicas se realice a través de dos partidas: los tributos cedidos y la transferencia de diversos fondos. A su vez, los tributos cedidos se dividen en dos: aquellos no sujetos a liquidación, que son gestionados y recaudados directamente por las comunidades autónomas, por lo que no estás sujetos a liquidación por parte del gobierno central. En esta categoría encontramos el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, tributos sobre el juego, y el Impuesto Especial sobre determinados medios de transporte. Por su parte, los recursos sujetos a liquidación son impuestos que se liquidan por parte de la Administración General del Estado, a saber: la tarifa autonómica del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), el rendimiento cedido del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) y de los Impuestos Especiales de Fabricación.

Además, la financiación de los servicios transferidos a las comunidades autónomas de régimen común se complementa mediante la transferencia de cuatro fondos: de garantía, de suficiencia, de cooperación y de competitividad.

*David Chávez Salazar es economista con estudios en pronóstico macroeconométrico y mercado de capitales. Miembro investigador del Tanque de Pensamiento Ludwig von Mises. Apasionado por la historia.

Por: Rafael Ruiz Velasco Santacruz*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]xiste en la tradición sufista una fábula que cuenta la historia de un pequeño tigre que, por azares del destino, nació y creció rodeado de un grupo de ovejas. Al verse rodeado toda su vida por el rebaño y debido a la imposibilidad que tenía de darse cuenta de su verdadera realidad, el tigre se limitaba a pensar y actuar como una oveja más.