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En entrevista con el canal internacional NTN24, Gerardo Garibay, editor de Wellington.mx, habló sobre el desastre de AMLO en Culiacán. Queda claro que Obrador no tiene en su equipo a personas que le ayuden a pelear esta guerra, el tema de la inseguridad lo ha rebasado, quedando a misericordia de los cárteles, porque el gobierno federal simplemente no tiene idea.

Les comparto el video de mi entrevista con NTN24 sobre el desastre de AMLO en Culiacán. Queda claro que Obrador no tiene en su equipo a personas que le ayuden a pelear esta guerra, el tema de la inseguridad lo ha rebasado, quedando a misericordia de los cárteles, porque el gobierno federal simplemente no tiene idea.

Posted by Gerardo Enrique Garibay Camarena on Tuesday, October 22, 2019

Por: Víctor H. Becerra*

El gobierno del presidente López Obrador está sembrando la semilla para que hechos sangrientos, o peores, como los de Salamanca y Minatitlán, se repitan. Recordemos que en Salamanca, el pasado 9 de marzo, se asesinó a 15 personas (aunque he escuchado versiones creíbles que hablan de un número mucho mayor) en un club nocturno mediante una ejecución con armas de alto poder. En Minatitlán, el recién pasado 19 de abril, hubo 14 muertos, incluyendo un niño de un año, en una violencia irracional, gratuita (ambas ciudades, por cierto, asiento de las principales instalaciones petroleras del país y ambas también gobernadas por el mismo partido del presidente López Obrador).

No hay mejor combustible para acrecentar la violencia que la impunidad. A varias semanas de estos hechos, la inacción del gobierno López Obrador para fincar responsabilidades sobre ellos, es pasmosa. Aunque hace un par de días se anunció la detención de dos supuestos autores materiales de la segunda masacre, todo hace suponer que tales detenciones no tienen mucho fundamento y podrían tratarse de meras escenificaciones teatrales. De Salamanca, nada: Ni detenciones, ni una versión de qué sucedió en realidad, ni atribución de posibles sospechosos, ni nada. Lo mismo sucederá con Minatitlán, acrecentando con el ejemplo y acicate de la impunidad los ya de por sí históricos niveles de violencia en el México.

2019 podría ser el año más violento en la historia del país: Se pronostica que la cifra de muertos por homicidios dolosos podría llegar a los 40 mil muertos, este año. Frente a esa expectativa, sorprende el pasmo de López Obrador y su gobierno: Su única acción ha sido poner en operación una Guardia Nacional militarizada (similar al modelo venezolano), que en realidad es una repetición de la misma estrategia militar puesta en practica por los gobiernos Calderón y Peña Nieto.

Una Guardia militarizada para la cual ni siquiera existe una ley reglamentaria ni ley orgánica, por lo que su puesta en operación en varios municipios conflictivos no es más que una farsa y, peor, un reciclamiento de los peores elementos policiacos del pasado, por lo que ya iniciaron los problemas de DDHH que tanto se le pronosticaron.

Por otra parte, López Obrador está dejando pasar la oportunidad de hacer una contribución real en contra de la violencia: Despenalizar el uso las drogas. Antes de iniciar su gobierno, prometió despenalizar el uso de la marihuana; han pasado así seis de su gobierno (una décima parte del mismo) y no se ha vuelto a tratar el tema, aunque si bien aparece en su Plan Nacional de Desarrollo, sin ningún aterrizaje práctico.

Tal despenalización permitiría destinar recursos hoy empleados en una lucha inútil, persiguiendo un “crimen” sin delito, hacia delitos de real impacto y peligrosidad: secuestro, robo de combustible, extorsión, etc. También descongestionaría al sistema penitenciario y al sistema de impartición de justicia, y evitaría que gente inocente pase a engrosar las ávidas filas del crimen organizados a través de su estancia en las cárceles.

Gracias a la impericia, inacción y frivolidad de López Obrador y su gobierno, México se enfila a niveles récord de violencia y delincuencia. De seguir como hasta ahora, Salamanca y Minatitlán no serán tragedias inusitadas, sino el signo incremental y distintivo de su gobierno. Niveles y escenarios que tendrán un responsable directo, inescapable: El propio López Obrador.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Fausto Hernando Canto García*

Andrés Manuel Lopez Obrador siempre ha sido un político que está acostumbrado a tener la atención sobre sí cuando habla, eso le sirvió muchísimo como político de oposición: su acento fielmente tabasqueño, su voz rasposa y sus ademanes lo encajan perfectamente en el portador de alguna novedad de interés para las masas, como un merolico cuya verborrea atrae la atención de la gente sobre algún producto “milagro”.

En su más reciente “mañanera” (23/04/19) AMLO fustigó contra la oposición diciendo que esta se aprovechó de la tragedia sucedida de Minatitlán, Veracruz, el pasado 19 de abril, donde perdieron la vida 13 personas, entre ellas un infante de apenas un año de edad. El presidente aseguró que esta tragedia es motivo de golpeteo en su contra por parte de “los conservadores”.

Ahora bien, detengámonos un momento y reflexionemos querido lector ¿Quién era el opositor que se colgó de cuanta tragedia sucediera para criticar al presidente en turno? ¿Quién se aprovechó de la tragedia en la Guardería ABC para golpetear al ex presidente Felipe Calderón Hinojosa? ¿Quién criticó la falta de una estrategia en materia de seguridad durante la gestión de Enrique Peña Nieto con la trágica muerte de los 43 jóvenes de Ayotzinapa? ¿Quien? Ah sí, fue nada más y nada menos que nuestro actual presidente: el señor Andrés M. López Obrador.

Por lo anterior, sin saber qué sentimiento nos invade más si la risa o el coraje, AMLO tiene incluso menos mérito que sus antecesores en el manejo de este tipo de crisis. Ser oposición mezquina y colgarse de las tragedias es algo que -desgraciadamente- es un hecho en la política mexicana, que nuestro presidente debería tener la madurez de asumir porque, después de todo, es algo que él hizo e hizo muy bien ¿Por qué quejarse ahora?

¿Por qué mejor no salir a brindar más solidaridad a las familias de las víctimas?

¿Por qué no pedir un cambio en la estrategia de seguridad -su estrategia de seguridad- como lo hacía antes?

¿Por qué no pedir una buena explicación a las policías del Estado Veracruz y del Municipio de Minatitlán -ambos gobernados por su partido MORENA- como debería hacer un presidente?

La respuesta es sencilla, porque es más fácil buscar culpables que soluciones, porque ahora el “changarro” es suyo y ya no puede “lucrar” sin “arriesgar” al menos ya no como el vendedor banquetero que invertía poco y ganaba mucho cuando era opositor. La verdadera tragedia -querido lector- es que el hábito de ser merolico jamás se le quitó.

*Fausto H. Canto García es columnista invitado de Wellington.MX

Por: Angélica Benítez*

No sólo sucede en épocas electorales, sino con lamentable frecuencia a lo largo y ancho del territorio mexicano: Llegan los autobuses con los colores distintivos del partido político del gobierno en turno. Bajan a muchísima gente de evidente carencia económica en algún espacio con templete al frente. Llega entonces el candidato -o el gobernante- a decir su discurso, mientras suena de fondo una balada que mueve sentimientos y lo hace lucir como un héroe. Los asistentes se llevan una “despensita” a su casa como premio por haber sido parte de un evento cuya logística, planeación y realización nos cuesta a todos los ciudadanos que trabajamos. Al final se toma una fotografía que se publicará posteriormente en todos los periódicos, con el implícito mensaje de que el candidato/gobernante es un político generoso y querido.

Lo vi personalmente durante los cuatro años que laboré en dependencias de gobierno, y las fotos siempre salen excepcionales. Incluso quienes colaboran en ello sienten muchas veces que, efectivamente, están haciendo una labor que ayudará noblemente al progreso de sus comunidades. ¿Cómo no va a ser así, si personas de escasos recursos salen contentos y con alimento para varios días?

Todo parte del concepto erróneo que tenemos sobre la función del Estado y, desde luego, para qué son los recursos que le otorgamos. La transparencia de las instituciones no es suficiente, es necesario replantearnos las prioridades, pues de lo contrario nos encontraremos cada vez con más lobbys que reclamen como emergencia nacional temas que no cuentan con esa calidad de importancia. Por ejemplo, un grupo de ciudadanos aseguran que el aborto debe ser legal (y pagado por todos los ciudadanos a través de sus impuestos) porque miles de mujeres mueren de forma anual a consecuencia de la clandestinidad, mientras que las cifras del INEGI muestran alrededor de veinte decesos reales al año por esta causa. ¿Es realmente la despenalización del aborto una emergencia nacional, cuando verdaderamente miles de mujeres mueren a causa de cáncer de mama o desnutrición? Transparencia y prioridades con base en datos reales resultan indispensables para tomar decisiones informadas. El recurso que maneja el Estado debe estar justificado con base en la razón y no en el populismo.

La asistencia social, si bien parece un tema noble, en Latinoamérica se ha convertido en la mejor estrategia populista para mantener a los pobres en su pobreza, sin posibilidad de “aprender a pescar”. ¿Entonces hay que dejar solos a los más vulnerables? Desde luego que no: hay que brindarles capacitación, educación, empleo, apoyos para emprender. Y esto rara vez lo hace el gobierno, pues generalmente son las mismas organizaciones de la sociedad civil (o la misma iniciativa privada) quienes se encargan de este sector de manera integral. No son “mascotas” como equivocadamente dice López Obrador, sino seres humanos dotados de dignidad, a quienes se les ha negado el derecho a salir adelante por medios propios.

El Estado no utiliza sus propios recursos para llevar a cabo estas acciones porque, desde luego, ¡el gobierno no crea riqueza! Sólo utiliza el dinero de otros, y cuando utilizamos el dinero de otros, normalmente no nos duele malgastarlo. Es fácil gastarlo en cualquier cosa, y más aún si se trata de la autopromoción, como hacen muchos funcionarios con el pretexto de “publicidad gubernamental”.

El gobierno debe ser entonces un organismo para evitar que se viole el Estado de Derecho y generar leyes justas. No tiene el deber de educar a los niños en valores (esa es función de la familia) ni de mantener inútil a su población a través de perversas estrategias de adoctrinamiento. El gobierno está para ver por nuestra seguridad, por la paz, por la justicia. Irónicamente, es donde la mayoría de los funcionarios están “reprobados”, pues están tan concentrados en brindar pan y circo disfrazado de apoyos sociales, que tienen a sus ciudades gobernadas por la delincuencia.

*Angélica Benítez es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad Autónoma de Baja California. Cuenta con una Maestría en Administración de Empresas por parte de CETYS Universidad, y se desempeña actualmente como docente universitaria.