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Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ncerrado en su celda de Curitiba, Luiz Inácio Lula da Silva se volvió, de la noche a la mañana, en un impresentable para la izquierda, al menos para la izquierda mexicana. Entre sus militantes más destacados no hubo nada de manifestaciones o protestas a su favor, llamados de solidaridad o denuncias por su “injusta” condena. Vaya: ni siquiera tuits o post fraternos. Actitud extraña, cuando antes todos los políticos mexicanos de izquierda decían ser herederos de Lula y querían reunirse y fotografiarse junto a élfestejarlo con dinero públicocortejarlo celosamente, a pesar de sus negocios con el Gobierno del presidente Peña Nieto, recibir sus consejos, declarar que aplicarían sus políticas en el país y hasta que trasplantarían a México toda, toda su plataforma política.



Hoy tan devaluado se encuentra Lula, que solo el matrimonio Dolores Padierna-René Bejarano (que carga permanentemente con el descrédito de la corrupción) le externó abiertamente su apoyo. Incluso su ‘introductor’ en México y santón de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas, apenas dedicó a su encarcelamiento un par de tuits y, a través de su fundación, un más bien escueto comunicado de tres párrafos, cuando antes todo eran abrazos y premios que le ofrendaban a Lula, encuentros privados muy publicitados y el discurso de que él y Lula eran uno mismo, al calor de una supuesta sólida alianza política entre ellos.

El mismo silencio guardan hoy los idólatras de Andrés Manuel López Obrador, tanto nacionales como extranjeros, que apenas ayer decían que, de llegar al poder, López Obrador sería otro Lula. Entonces, hasta el propio López Obrador se comparaba con el brasileño, en medio del proceso de copia mexicanizada que hacia de la estrategia de Lula para llegar al poder.



Al respecto, recordemos que desde 2002, durante el primer debate de los aspirantes presidenciales de ese año en Brasil, Lula había establecido su estrategia, bajo la frase de: “Lulinha no quiere pelear. Lulinha quiere paz y amor“. Entonces, ya había perdido tres elecciones presidenciales sucesivas y optó por endulzar su imagen y su discurso, y esconder los símbolos radicales de su partido. Así, comenzó a vestir de traje y a acercarse a la misma iniciativa privada que había denunciado en sus tiempos de líder sindical, esto bajo la tutela de Duda Mendoça, el mejor publicista de Brasil y creador del lema “Lulinha: Paz y Amor” (al margen, hoy sabemos que el propio Mendoça está implicado en los financiamientos ilegales de Odebrecht al uribismo en Colombia y de la constructora brasileña OAS a Michelle Bachelet y a Marco Enríquez-Ominami en Chile).

Ese nuevo discurso de Lula luego fue copiado con éxito por el exguerrillero tupamaro José Mujica, para ser presidente de Uruguay en 2010, y por el exmilitar golpista Ollanta Humala, para ser presidente del Perú, en 2011. De allí López Obrador lo retomó en 2012, quien fue entonces rebautizado como “AMLOVE”, derivado de sus siglas AMLO, por sus discursos en los que defendía los principios de una “república amorosa”. Hoy López Obrador sigue siendo consistente en su tropicalización de Lula y reiteradamente llama “a la paz y a el amor”.

Al respecto, es fascinante tratar de establecer un paralelismo entre Lula y López Obrador más allá de la copia del discurso. Así, López Obrador es un hombre que se jacta de ser “incorruptible” y de combatir la corrupción, como Lula, pero que se ha rodeado de corruptos a lo largo de toda su carrera política, igual que Lula. Parecido a Lula, López Obrador es un político que ha vivido permanentemente entre los innumerables escándalos de corrupción de él mismo y de sus cercanos, y siguiendo la opacidad administrativa de Lula, ni siquiera fue capaz de hacer pública la información de sus principales obras como gobernante de la Ciudad de México, el único cargo significativo de Gobierno en su larga trayectoria pública. Y como Lula, López Obrador es un político que tiene una nómina de empresarios favoritos para realizar las obras públicas que se propone emprender como presidente, una insalubre alianza política con contratistas que ya vimos cómo terminó con Lula.

Al respecto, tanto Lula como López Obrador han dicho una y otra vez que no conocían los montajes y ocultamientos de sus cúpulas partidistas y gubernamentales, ni de la corrupción de sus respectivas manos derechas de gobierno: José Dirceu, en el caso de Lula, y René Bejarano, en el de López Obrador. La alucinante semejanza entre López Obrador y Lula llega, incluso, a que tanto Bejarano con López Obrador, como José Dirceu con Lula Da Silva, prefirieron sufrir la cárcel antes que implicar a sus caciques, aunque Bejarano solo estuvo unos meses en el reclusorio, gracias a un parcial y politizado sistema de justicia en la Ciudad de México, mientras que a Dirceu se le han ido acumulando las condenas, pero en compensación, su propia casa es su cómoda prisión. Más similitudes: hoy Bejarano ha regresado al servicio de López Obrador en esta su tercera aventura presidencial, como Dirceu al de Lula en la cárcel. Quizá hasta aquí terminan los paralelismos, sin poder establecerse una relación personal entre ellos, ya que al parecer existió cierto desencuentro entre ambos, en el contexto de la pasada campaña presidencial del mexicano.

Para dar una última vuelta de tuerca, el paralelismo entre Lula y López Obrador se asemeja al de sus propios países: Brasil y México parecen un espejo el uno del otro. Así, suele ocurrir que cuando uno crece, el otro también lo hace, pero que mientras en uno se establece un régimen de gobierno más conservador, o amigable con los mercados financieros, el otro gira hacia Gobiernos más proteccionistas o estatistas. Y luego giran en sentido inverso, precisamente como frente a un espejo. Ojalá que el paralelismo entre López Obrador y Lula no llegue al extremo de que sus vidas políticas terminen igual, aunque para ello se requeriría que México tuviera un sólido e independiente sistema de justicia como el de Brasil, y eso se ve muy difícil hoy.

Ingrato es quien niega el beneficio recibido; ingrato, quien lo disimula; más ingrato, quien no lo restituye; pero de todos, el más ingrato es quien lo olvida, escribió Séneca. Por eso la ingratitud es una madre fértil: produce siempre muchos hijos dignos de ella, como hoy los políticos mexicanos de izquierda respecto a Lula. Ciertamente no se trata de que la izquierda mexicana se suicide y se vaya con Lula de cabeza directo al basurero de la historia, para usar esa frase tan gustada entre los “progresistas”. Se trata simplemente de que sus militantes sean coherentes con su discurso y la trayectoria que dicen tener, y reconozcan su parecido y deuda con el expresidente brasileño para, quizá, con suerte, corregir lo andado y ahorrarse el mismo final.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]T[/dropcap]ras una larga y barroca puesta en escena para evitar ser detenido y burlar a la Justicia, el expresidente brasileño Lula Da Silva se encuentra desde el sábado cumpliendo su condena en la cárcel de Curitiba, donde inició en 2013 la investigación de la ya famosa operación judicial Lava Jato (Lava Autos), que condujo a su condena de 12 años de prisión. Lula, que fue uno de los políticos más populares del planeta, es el primer presidente en la historia de Brasil encarcelado por corrupción, lo que sin duda tiene un poderoso simbolismo político.



La historia está llena de políticos que se agigantan frente a la prisión. No fue el caso de Lula y su tragicómica tentativa de escapar a la cárcel, refugiado desde el jueves en el sindicato de metalúrgicos donde inició su carrera política, rechazando entregarse durante más de 20 horas, en medio de una misa religiosa, abrigado por la impresentable dirigencia del partido que fundó y por su familia, beneficiarios directos de la corrupción por la que se le condenó, y llamando a sus simpatizantes a defenderlo. Su prisión se dirime ahora en el terreno del simbolismo político. Así, desde muchos sectores de la izquierda (extrañamente no desde la izquierda mexicana, en plena campaña electoral, que espera capear, muda y disimuladamente, el vendaval) se busca victimizar y hasta mitificar a Lula, para que siga siendo la “reserva moral” de una izquierda en bancarrota. Por el falseamiento, manipulación e implicaciones que ello extraña, se deben desmentir los argumentos que se esgrimen en esa estrategia.

Así, Lula ha mencionado que el único crimen que cometió fue “haber luchado para reducir la pobreza en Brasil y mejorar la condición de vida de los brasileños”. No: Se le condenó porque aprovechó la corrupción que prohijó, tal como se comprobó en el juicio del caso ‘Triplex de Guarujá’, dentro de la operación Lava Jato. Dicha causa es solo una entre otros seis juicios que se le siguen y dos denuncias más en proceso, que involucran cargos como lavado de activos, corrupción pasiva, tráfico de influencias y obstrucción a la Justicia, entre otros. Es decir, a esta primera condena por 12 años, le seguirán al menos otras seis. En tal contexto, Lula no es un heroico preso político, sino un político preso por corrupción. Un político que por cierto, debió quedar preso desde hace mucho tiempo, desde el escándalo Mensalão, durante su primer periodo de gobierno. Pero como dice el clásico: La justicia tarda, aunque termina llegando.

Los defensores de Lula afirman que se le condenó sin pruebas, lo que también es falso. El juicio del ‘Triplex de Guarujá’ contó con infinidad de pruebas: testimonios de más de 70 personas, documentos, archivos de la constructora OAS, grabaciones y mensajes telefónicos, el registro de visitas de Lula y su esposa a la propiedad, las reuniones entre funcionarios de la constructora y del Partido de los Trabajadores (PT, creado por Lula) para tratar la reforma del departamento, etc. En cambio, Lula nunca pudo justificar porqué OAS tuvo con él y su esposa tantas atenciones respecto al triplex: ampliación a casi 300 metros cuadrados desde la propiedad original (de 87 metros cuadrados) firmada en 2005 por su esposa, una reforma multimillonaria, construcción de un elevador privado, el carácter de ser una propiedad “reservada” que OAS nunca puso a la venta desde 2009, etc. Al respecto, se olvida que el juicio no tuvo que ver con que Lula fuera dueño o no de un apartamento, sino de beneficiarse del triplex como una ventaja indebida por haber practicado actos de corrupción cuando fue presidente del país, en este caso, el tráfico de influencias y la asignación de contratos públicos multimillonarios a OAS, Odebrecht y otras 11 empresas contratistas investigadas en la operación Lava Jato.

¿Se encarceló a Lula, como sostienen sus fans, para impedir que fuera  de nuevo candidato a la Presidencia brasileña? No: Lula no es un heroico perseguido, sino un delincuente juzgado, condenado y ratificado a lo largo de varias instancias legales y por múltiples jueces. Pero su prisión no es, de por sí, un impedimento para ser candidato. En realidad, bajo la ley brasileña conocida como “Ficha Limpia” (aprobada en 2010, bajo la Presidencia de Lula y respaldada por él), ningún condenado por un delito confirmado en dos instancias puede postularse para un cargo electo durante al menos ocho años. Esa ley (no la sentencia del juez Sergio Moro por el ‘Triplex de Guarujá’) es la que descarta la postulación de Lula a la Presidencia. Pero ojo: la decisión final sobre si puede o no postularse dependerá del Tribunal Superior Electoral, que tiene hasta el 15 de agosto para pronunciarse, precisamente cuando se inscriban las candidaturas. Y eso si el PT decide finalmente registrarlo como candidato, lo que está por verse. Al respecto, ya se habla de que más bien podría postular a Fernando Haddad, ex alcalde de Sao Paulo y coordinador de la campaña del ex presidente, o bien, a Jacques Wagner, ex gobernador de Bahía y ex jefe de gabinete de Dilma Rousseff, es decir, podría buscar a un emergente entre la camarilla de siempre, en un supuesto partido de “trabajadores”.

¿Se le encarceló para evitar que fuera presidente de nuevo, como también se dice? No. La historia es al revés: Lula buscó ser presidente por tercera ocasión, a sus 73 años, para gozar de la inmunidad presidencial (como la que hoy goza injusta pero legalmente Michel Temer), y lo decidió apenas un par de horas después de que era claro que la Justicia brasileña iría por él, tras de que se conoció que el dueño de Odebrecht testificó que su empresa entregó varios millones de dólares en efectivo a Lula. Según la Constitución brasileña, el jefe del Ejecutivo no puede ser responsabilizado por actos ajenos a su ejercicio en funciones. Por ello, la Presidencia era para Lula la salvaguarda para no entrar a la cárcel y permanecer impune, lo que finalmente no le resultó.

También se dice que la condena a Lula es una operación contra la democracia en Brasil y en América Latina. Al decirlo, se pasa por alto la actuación imparcial, minuciosa y ejemplar, a mi parecer, de la Justicia brasileña en la Lava Jato. Precisamente una justicia imparcial y vigilante del debido proceso, que garantice que nadie esté por encima del Estado de Derecho, es la mejor defensa de la democracia y de la sociedad. Incluso, en aras de la observancia del debido proceso y la plena legalidad, todavía Lula podría salir libre en algún momento, si el Supremo Tribunal de Justicia y el Supremo Tribunal Federal revisan la causa a pedido de la defensa. Estos tribunales ya no analizarían las pruebas a favor o en contra del ex mandatario, pues esa etapa acabó en la segunda instancia, pero pueden determinar si el proceso en su contra se condujo dentro de la más estricta legalidad.

Finalmente, se ha dicho que el encarcelamiento es una estrategia para barrer con el “legado” de Lula. Interesadamente se olvida que el propio Lula y su sucesora Dilma Rousseff barrieron ya con dicho “legado”, hace mucho. Con la quiebra de un gasto público estratosférico, que no pudo sostenerse tras la caída en 2009 del precio de las materias primas, Lula y Dilma regresaron a los brasileños al círculo perverso de altas tasas de interés e inflación, mayor servicio de la deuda, contracción de las finanzas públicas, menor crecimiento, inestabilidad, huída de inversiones, desempleo, pobreza, crisis política… del que apenas empiezan a salir. En buena medida, la muy dura crisis económica de los últimos ocho años en Brasil, fue la que impulsó a echar luz sobre los reales fundamentos de los dos períodos presidenciales de Lula y descubrir, retrospectivamente, los cadáveres escondidos en el clóset. Así que si se habla de “legado” eso es solo una justificatoria mentira colectiva, que queda en un pasado irrecuperable e ilusorio.



La cárcel será dura para Lula. Y para todos aquellos que, con él, se acostumbraron a vivir del robo y en la impunidad. En cierta medida, por la mala prensa que las perseguirá por un tiempo, las izquierdas brasileña y latinoamericana quedaron encerradas con Lula en Curitiba. Con justicia, porque fue la propia izquierda brasileña la que decidió beneficiarse de la corrupción creada por Lula. Nadie la obligó a ser corrupta. Como nadie obligó a la izquierda latinoamericana a escoger a un corrupto como estandarte y “reserva moral”. Nadie puso tampoco una pistola en la cabeza a los partidos latinoamericanos de izquierda nucleados en el Foro de Sao Paulo, para ser traficantes de influencias en sus países de origen, a favor de Odebrecht, OAS y otros contratistas brasileños. Tampoco nadie obligó a los votantes de Lula a pensar “Lulinha robó, sí, pero hizo algo por mí“, razonamiento que demuestra que no debe considerarse a muchos izquierdistas como “idealistas sinceros pero engañados”. La idea de robar a unos por beneficio propio no es un ideal. El robo y el delito no son idealistas, no importa cuáles sean sus propósitos, y esa es una buena lección que la izquierda debiera de aprender de este episodio.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]R[/dropcap]ecuerdo vívidamente un seminario que organicé, en Brasil, hace poco más de diez años, sobre la situación política en América Latina. Entre ponentes y auditorio, tocando el tema electoral, todo era caras largas, pesimismo, un inconsolable ambiente de derrota permanente. En ese entonces, el avance de la izquierda parecía irresistible, sobre todo bajo el patronazgo del Socialismo del Siglo XXI.


Hoy, en contraste, ¿qué queda del proyecto político de la izquierda en América Latina? Sólo muertos bajo su represión, acusaciones y sumarios judiciales, sueños difícilmente reciclables y retazos marginales de poder. Así, hoy la izquierda solo gana mediante el fraude, la represión, el clientelismo y el uso faccioso del presupuesto público, como dejan ver las situaciones de Venezuela, Nicaragua o Bolivia.

Durante sus años en el poder, la izquierda exhibió una sórdida tolerancia frente a la intolerancia, la corrupción y la incapacidad de sus propios correligionarios en el poder. Y donde les dejaron votar libremente, los electores terminaron cobrándosela. Por eso conviene echar un vistazo sobre cómo la izquierda, antes sólida y aparentemente imperecedera, se va desvaneciendo en el aire, como lección que quizá sirva a otras expresiones políticas.

Tras su victoria en diciembre pasado en segunda ronda, Sebastián Piñera tomó posesión hace unos días, el 11 de marzo, desalojando a los socialistas de La Moneda. Su objetivo, ha dicho, será “derrotar el subdesarrollo y la pobreza” y para ello, empezará por realizar una reforma fiscal para bajar impuestos y contener el deficit público. Si el nuevo presidente logra así su cometido de convertir a Chile en un país de primer mundo, para lo que requiere no repetir la tibieza y los bandazos que se le reprochan en su primer mandato (2010-2014), bien puede cumplirse el augurio hecho por Carlos Alberto Montaner: Piñera y Chile podrían probar de una vez y para siempre, que el mercado, la democracia liberal y la educación son el camino al desarrollo, nunca el populismo empobrecedor.

En El Salvador, las elecciones municipales y legislativas del pasado 3 de marzo significaron una no prevista derrota para la izquierda que hoy ocupa el Ejecutivo (perdió el control del Congreso y queda con la más baja representación parlamentaria de toda su historia), lo que aleja su posibilidad de ganar la Presidencia por tercera vez consecutiva en los comicios presidenciales del próximo año. La incapacidad y descrédito del presidente Sánchez Cerén y de su gobierno, su gradual e impopular acercamiento con el chavismo, el creciente problema de inseguridad pública y también el desgaste tras nueve años en el poder, han terminado por escribir el epitafio de la izquierda salvadoreña.

La de Costa Rica es una cultura sui generis: alejada de los extremos que han destrozado tantos países de la región, ese alejamiento se refleja en su balotaje del próximo 1 de abril, entre un par de candidatos que despiertan poco entusiasmo, aunque sí algunas interrogantes: el conservador Fabricio Alvarado Muñoz, y el socialdemócrata Carlos Alvarado Quesada (del partido en el poder). Por ahora, el tradicional bipartidismo tico quedó destrozado por completo y realmente no se avisora un izquierdismo radical e irresponsable en el poder, aunque el activismo religioso de Fabricio Alvarado puede tratar de llevar al país al otro polo, en caso de ganar, lo que las encuestas por ahora permiten avizorar.

En Colombia ocho candidatos presidenciales se disputan la primera vuelta electoral del 27 de mayo venidero. Al respecto, cada vez se hace más y más factible la posibilidad de que los candidatos que pasen a la probable segunda vuelta electoral sean Iván Duque (centro derecha) por un lado, y Gustavo Petro (izquierda) por el otro, con ligera ventaja para el primero, por ahora, aunque nunca antes la izquierda colombiana había llegado a sus actuales niveles de preferencia electoral. En los días venideros los candidatos negociarán posiciones, incluidos los nombres de sus compañeros a la Vicepresidencia, y es probable que tras dichas negociaciones, no lleguen al 27 de mayo los actuales ocho candidatos, sino menos.

De cualquier manera, es de notar que hasta hace unas semanas Gustavo Petro parecía un muy creíble vencedor, habiendo rebasado al entonces favorito por más de seis puntos. Hoy la situación no le pinta tan fácil, habiendo sido, a su vez, rebasado ya por Duque, descendiendo semana tras semana en prácticamente todas las encuestas y estando bajo los reflectores de una inquisitiva prensa que por ahora no ha logrado enfrentar con solvencia. El fantasma de un chavismo colombiano en el poder no se ha conjurado, pero ya no es una posibilidad tan inescapable como hace un par de meses.

En México, hoy por hoy, el candidato de la izquierda más retrógrada y proto chavista, Andrés Manuel López Obrador, encabeza todas las encuestas, igual que durante las elecciones presidenciales de hace seis años, y las de hace doce, que terminó perdiendo. Pero los casi 100 días de campaña ni siquiera inician y bien podría pasarle lo mismo que a Petro, con una amplia ventaja que irá desmoronándose día tras día durante la campaña, como ya le sucedió en 2006 y 2012. No es un escenario improbable.

López Obrador ciertamente puede llegar a la Presidencia, sobre todo si el presidente Peña Nieto por miedo de terminar en la cárcel, sigue persiguiendo a Ricardo Anaya, el único candidato con ciertas posibilidades de enfrentar a López Obrador (¡Paradójico destino de la izquierda mexicana de terminar aliada con el PRI! Un destino, digamos, muy echeverrista). Pero sería un fenómeno sumamente raro y a contracorriente de lo que viene sucediendo en América Latina, desde la elección de Mauricio Macri en Argentina en 2015. De llegar a Los Pinos, López Obrador será un mandatario débil en lo interno (sin mayoría en el Congreso y en un país dividido y distanciado) y aislado en el ámbito externo, sólo cómodo con mandatarios como Raúl Castro o Nicolás Maduro, aunque sin el poder de ellos: Una larga parálisis en el Congreso y en una ríspida relación con los gobiernos estatales seguramente terminaría minando lenta pero inexorablemente su Presidencia, sin capacidad de llevar adelante ninguno de sus proyectos.



Seguramente, en el futuro, la izquierda regresará al poder en América Latina, en uno o varios países donde dejó el poder y/o en aquellos donde, con suerte, seguirá dejándolo pronto. Porque en la democracia no hay derrotas (ni victorias) de una vez y para siempre. Porque las sociedades no aprenden ni tienen memoria. Porque siempre se busca “lo nuevo”. Y porque muchos políticos de la “derecha” que hoy gobiernan no son mejores que aquellos a quienes sustituyeron: su corrupción y mala gestión saldrá a la luz, tarde o temprano. Ojalá que para entonces se hayan construido marcos institucionales sólidos y transparentes, que resistan a los nuevos caudillos indispensables y a las voraces pandillas, como tuvimos en América Latina en los poco más de diez años pasados.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

[dropcap type=”default”]D[/dropcap]esde 1964 y durante más de 50 años, las autonombradas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) sembraron el terror y la violencia a lo largo de Colombia, en una de las guerras civiles más crueles e inútiles del continente.

Sus líderes se disfrazaron de defensores del pueblo para imponer una grotesca tiranía sobre los territorios que controlaban y mantener a sangre y fuego un millonario flujo de ganancias provenientes de la extorsión, el secuestro y el crimen organizado.



Durante décadas también los crímenes de las FARC fueron “justificados” o escondidos por buena parte de la dizque intelectualidad de izquierdas alegando que la guerrilla se mantenía en la lucha porque tenía el respaldo del pueblo.

Bueno, pues eso es completamente falso.

Ayer, las FARC participaron por primera vez en unas elecciones, ahora convertidas en Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, y no los apoyó prácticamente nadie.

Las FARC, que presumían miles de guerrilleros y de supuestos apoyos sociales obtuvieron apenas el 0.2% de los apoyos, que equivalen a 32,636 votos en las elecciones para la Cámara de Representantes.

Es decir, apenas 1 de cada 500 personas respalda el proyecto comunista de las FARC, que llenó de tumbas durante 50 años el campo y las ciudades de Colombia.

Más aun, considerando que desmovilizaron aproximadamente 7,000 pistoleros tras los acuerdos de paz, eso significa que, ya sin la amenaza de las balas “revolucionarias” ni siquiera las familias directas de esos guerrilleros apoyaron con su voto a las FARC.

Una vez más queda muy claro: La capacidad de la izquierda radical para asesinar, para extorsionar y para hacer ruido mediático es mucho mayor que su respaldo real entre la gente a la que dicen defender mientras someten bajo un puño de hierro, de sangre y de muerte.

Así de Claro.

Por: Artemio Estrella*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]n asuntos políticos se habla de espectros políticos que van desde la izquierda política, socialistas, hasta la derecha política, conservadores, pasando por los centralistas (¿?).

Se dice que los de izquierda son cerrados en asuntos económicos y muestran cierta apertura en asuntos sociales. Por el contrario, los de derecha se dice que son abiertos en asuntos económicos y cerrados en asuntos sociales.



Partidos que se consideran a sí mismos como de izquierda política: PRI, PRD, PT, MORENA, por mencionar a algunos. El partido mexicano considerado de derecha por antonomasia es el PAN y de creación reciente tenemos al PES (Partido Encuentro Social).

Todos navegan con bandera de demócratas y no sólo eso, todos son socialistas.

Sorprende a propios y a extraños la alianza entre el PAN, de derecha, y el PRD, de izquierda. Qué decir de la alianza entre MORENA, de extrema izquierda y el PES, supuestamente de extrema derecha.

Pero ¿son realmente esos partidos tan opuestos entre ellos?, ¿ideológicamente se encuentran unos en el otro extremo respecto de los otros?

¿Hay diferencias entre ellos?

Partidos como el PAN y el PES ponen sobre la mesa una moral tradicional, con enfoque en los valores de la familia. No lo declaran abiertamente, pero el sustento de la moral de la supuesta derecha mexicana tiene base en los valores cristianos, algo muy criticado por la izquierda mexicana.

Por el contrario, los partidos de izquierda como el PRI, PRD, MORENA y el PT, se proclaman laicos, es decir que, los valores religiosos no conforman de ningún modo su ideario político.

Es entonces que en asuntos de moralidad podemos decir que son opuestos. Sólo que esta característica es la única que los hace diferentes.

¿Hay igualdades?

Todos navegan con bandera de demócratas y no sólo eso, todos son socialistas. El PAN, el PRI, el PRD, MORENA y el PES, todos son partidos socialdemócratas. Si ser de izquierda es ser socialista, entonces todos los partidos políticos mexicanos son de izquierda.

El PRI y el PRD son miembros de la Internacional Socialista. Mientras que el PAN es miembro de la Internacional Demócrata de Centro (organismo socialcristiano). Las propuestas de todos ellos se centran más en asuntos sociales, en asuntos económicos simplemente no hay propuesta, más allá de seguir interviniendo en asuntos económicos como bien marcan los cánones socialistas.

Todos son de izquierda

Claro, algunos más radicales que otros y otros con algunas diferencias morales respecto de los contrarios, pero al final todos comparten la mayor parte del ideario político socialista. Es por esto que no deben de extrañar sus alianzas, pues hay casi total compatibilidad entre todos los partidos mexicanos.

Esta es precisamente la confusión que hay entre la sociedad mexicana, se venden como radicalmente opuestos, pero son lo mismo. El ciudadano mexicano no logra ver diferencia alguna entre los distintos partidos y sus militantes, porque relativamente no existe tal diferencia. Los discursos son los mismos, las propuestas son las mismas y cuando llegan al poder, el ejercicio de éste es el mismo. El cambio prometido nunca llega, sino que en cada periodo se polariza la situación.

La ciudadanía mexicana tendrá en las próximas elecciones otro sabor: a los candidatos independientes. Cada candidato independiente con su ideología, principios y valores particulares. Esperemos que con los independientes podamos acceder a otra gama de propuestas que se salgan del tradicional socialismo, ese izquierdismo tan arraigado en nuestro país.

*Artemio Estrella es tecnólogo especialista en TICs, columnista invitado en Asuntos Capitales y en Wellington.mx, y en asuntos políticos un impulsor de los principios republicanos.


Señoras y señores, la progresía oficialmente se ha vuelto loca y la corrección política ha superado por completo incluso las más insondables profundidades del absurdo. Ahora resulta que para las buenas conciencias de la izquierda Paw Patrol y Thomas son caricaturas fascistas, porque aparentemente ahora el ser blanco y hombre es sinónimo de fascismo, por lo que usando la plataforma de CNN demandan que sus personajes principales sean reemplazados por mujeres y minorías, pasando por alto el hecho de que hay multitud de otras caricaturas con mujeres y minorías como protagonistas.

La raíz de la locura es esa obsesión con ser víctima. La izquierda ha construido toda una cultura alrededor de la “victimización” y la indignación por afrentas reales o imaginarias, construyendo una jerarquía social en la que el valor de las personas o los grupos se define en base a qué tan víctimas son.

Por supuesto, esta locura no puede acabar bien. La obsesión con las identidades y los oprobios lleva inevitablemente a la división, el resentimiento y la incomprensión. Es un proceso autodestructivo que busca permanentemente nuevos motivos de indignación, incluso a costa de mentir, de distorsionar conceptos y de afirmar ridiculeces, como la de que Paw Patrol es una conspiración de Mussolini.

Y vendrán cosas peores. Mientras no nos atrevamos a pararles en seco sus locuras, se inventarán cada vez más pretextos, hasta dejar el mundo en silencio y en delirio.

Por: Fausto Hernando Canto García*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l 2018 será un año electoral marcado por las alianzas partidocráticas. Y es que, a pesar de que la partidocracia está desfondada, los candidatos “independientes” no levantan –cosa que no abordaremos aquí, pues el tema ha sido magistralmente expuesto por Gerardo Garibay Camarena*– por lo que tendremos que elegir entre una u otra de estas alianza.



Vislumbramos, desde ya, las alianzas que impulsarán candidatos en 2018: La alianza de las izquierdas “puritanas”, conformadas por el Partido del Trabajo (PT) y el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), quienes, obviamente, impulsarán a Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El macuspano recientemente señaló que el proceso interno para elegir al candidato de MORENA será “democrático”, un vil efecto “engañabobos”. Tanto MORENA como el PT son partidos de izquierda populista** que, aunque lo nieguen 1000 veces, aspiran a instaurar un tiránico y desgraciado régimen parecido al que hoy se encuentra en la hermana república de Venezuela (FUERZA VENEZUELA).

Otra alianza natural es la mancuerna entre el Partido de la Revolución Institucional (PRI), el Partido Verde Ecologista (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (PANAL). Pese a que se dicen cosas por aquí y por allá sobre la permanencia del PVEM***, en esta alianza (con la posible incorporación del Partido Encuentro Social (PES)) lo único seguro casi al 90% es que José Antonio Meade será el candidato por parte de este grupo de partidos que quieren “refrescarse” la cara como la opción “inteligente”. Sin embargo, aunque el intento es noble, no se olvidarán 6 años de un estancamiento económico brutal con Enrique Peña Nieto; no se ve por donde Meade pueda ser un referente liberal serio para los votantes mexicanos.

Finalmente nos queda la ya registrada alianza del Frente Ciudadano por México (FCM); al cual pertenecen –hasta ahora- el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC). Esta alianza es la que más a la espera nos tiene con su candidato entre los cuales, los más seguros, están Ricardo Anaya Cortés y Rafael Moreno Valle. Este denominada “Frente” tiene una virtud: arrebató de la mano a López Obrador la posibilidad de tener una Mega-coalición de izquierdas de cara al 2018 pues tanto el PRD como MC –antes Convergencia- impulsaron a AMLO en sus dos anteriores derrotas electorales a la presidencia. Sin embargo, el FCM tiene en su virtud su talón de Aquiles: Mezclar al PAN con dos partidos de izquierda moderada nos da el resultado de burradas como la “gran” propuesta de una renta universal****.



Ante este panorama, quienes día a día combatimos el vicio del paternalismo, tan instaurado en nuestra bella y trabajadora gente –gracias PRI–, nos hemos quedado sin una digna representación política. Se ha desdibujado una buena alternativa –real- de derecha: que defienda la libre empresa, el libre mercado, la reducción del gasto del Estado y de su recaudación, de los valores de la Familia, la Vida y la Libertad de Culto y Conciencia.

Duele admitir que nos hemos quedado “solos” inmersos en nuestra pertenencia o simpatía partidista a tal o cual partido -mi caso, el ser panista y leer la barbaridad de la renta universal- en el que ya no nos sentimos “como en casa”.

No todo está perdido pero será complicado combatir el tufo a izquierda que se ha metido en la  mayoría de los políticos de nuestro país y en todos los partidos. Parece que tendremos que votar por el partido “menos izquierda” en vez de votar por el más liberal.

Si desde todos los frentes se proponen rentas universales, subsidios, derechos aquí, derechos allá, yo le pregunto estimado lector: si todos los partidos ofrecen cosas similares ¿qué los hace entonces diferentes y mejores unos de otros? Y, además del paternalismo ¿de dónde saldrá el dinero para pagar todos esos “regalos” del Estado? Yo le aseguro que saldrán de su bolsillo, sea en forma de más impuestos o de más deuda. Usted, trabajador o empresario, pagará estas y otras ocurrencias de los políticos.

La Derecha Mexicana está en coma y son pocos los valientes que intentan despertarla: como el Dip. Jorge Triana y el Senador Pancho Búrquez Valenzuela (ambos del PAN). Será complicado despertarla de aquí al 2018 –aunque creo en los milagros—por lo que los liberales tenemos el deber de ponernos de acuerdo sobre que opción votar el domingo 1 de julio de 2018 para evitar la llegada de la izquierda más horrenda representada en Andrés Manuel López Obrador y sus dos cajas chicas de recursos públicos llamados MORENA y PT.

Si no saben nada de un servidor en diciembre, aprovecho para desearles felices fiestas de Navidad y Año Nuevo.

*Lectura Obligada: ¿Por qué los candidatos independientes de México han fallado tan miserablemente? (en inglés) https://panampost.com/editor/2017/10/27/the-collapse-of-mexicos-independent-candidates/

** Lectura para conocer a la izquierda populista y anti-ciudadana de AMLO: https://www.nexos.com.mx/?p=29483

*** Rumores sobre la ruptura entre el PRI y el PVEM: https://www.nexos.com.mx/?p=29483

**** Propuesta de Renta Universal: http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/propone-fcm-renta-basica-universal-para-combatir-la-pobreza.html

*Fausto Canto es estudiante de último año en Relaciones Internacionales en la Universidad de Quintana Roo, miembro activo de Acción Nacional desde 2011.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]B[/dropcap]ueno, pues Donald J. Trump ganó y encabezó una victoria histórica para los republicanos, que se anotaron mayorías en ambas cámaras, a pesar de que el actual presidente, Barack Obama, tiene índices de aprobación razonablemente buenos y a pesar de que los demócratas lanzaron a toda su maquinaria mediática en contra de Trump y compañía. Por ende estas fueron no sólo las elecciones que ganó Donald y perdió Hillary, sino las que gano Breitbart.com y perdió The New York Times, las que perdió la tecnocracia socialdemócrata y ganó una nueva derecha.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap]ntes que nada, 3 aclaraciones: Primera, no apoyo los argumentos del Frente Nacional por la Familia (FNF) especialmente en lo que corresponde al matrimonio igualitario, por los motivos que he comentado en artículos previos. Segunda, siendo libertario creo que, como toda empresa privada, los medios de comunicación tienen el derecho de definir su línea editorial y expresarse con plena libertad, pero esto no implica que dichas decisiones editoriales sean inmunes a la crítica. Tercera, aunque la posición del FNF respecto al matrimonio es, a mi punto de vista, débil, su rechazo a la imposición de la ideología de género en los contenidos educativos y al control monopólico de estos por parte del gobierno es una demanda más que válida. El hecho de que el gobierno tenga un control absoluto de estos programas y los ponga al servicio de una ideología (la que sea) me parece un acto tiránico y muy peligroso.