Tag

Libertad

Browsing

Por: Por Guillermo Rodríguez González

Hay tres hechos que los liberales necesitamos comprender y difundir ante los estados de excepción que lógicamente asumen –principalmente porque en demasiados casos han sido tanto tardíos como  mal orientados– los Estados en la  pandemia que sufre hoy el mundo.

La primera y principal es que todo poder gobernante –desde mucho antes del Estado moderno que emerge recientemente en la historia con la paz Westfaliana en 1648, y no ha dejado de extenderse fuera de sus límites naturales– únicamente puede enfrentar amenazas extraordinarias y temporales a la paz y seguridad públicas, mediante estados de excepción que restringen parcial y temporalmente ciertas libertades civiles. La guerra, la conmoción civil y las epidemias son los ejemplos más obvios de tan desagradable necesidad.

Pero es un hecho que un Estado limitado, ideal del liberalismo clásico, está tan o más capacitado que cualquier fórmula de gobierno excedida y sobre-exigida desde antes de la emergencia,  de una parte el concentrarse en sus funciones propias, seguridad, defensa y orden público, su capacidad de respuesta es más rápida por sus concentrados recursos y capacidades. De otra parte, porque las sociedades con Estados limitados, son democracias republicanas y economías de mercado, lo que significa un estado de Derecho que garantiza la libertad de prensa, de opinión y en general de información, indispensable en una emergencia sanitaria. Y por que en tales sociedades se crea y ahorra más riqueza –más ampliamente distribuida que en cualquiera otra– y se fomenta la responsabilidad individual, factores indispensable para la rápida respuesta individual responsable y la solidaridad racional.

Los estados de excepción para ser efectivos deben limitarse, única y exclusivamente, a restringir parcialmente las pocas libertades que el tipo de emergencia exija. Si se restringe la información se amplían los rumores y se genera más desconfianza de la información oficial. Si se controlan los precios se generan más escasez y mercados negros.  Entendemos los liberales, que aunque en una guerra puede ser necesario limitar la libertad de información, una epidemia no es una guerra y no sólo no lo requiere, sino que su efectividad exige mantenerla, con todo lo que ello implica.

Seamos claros, el mundo está sufriendo una pandemia porque un Estado totalitario censuró temprana y automáticamente la información sobre el surgimiento de la amenaza. Los médicos que informaron del peligro y pidieron detener la epidemia en su origen, no fueron escuchados, todo lo  contrario, fueron censurados, vilipendiados e incluso encarcelados. La muerte del héroe y símbolo de esta tragedia, el Dr. Li Wenliang, fue una trágica y aleccionadora historia de responsabilidad y heroísmo individual ante la irresponsable arrogancia de un Estado totalitario. Hoy el mundo entero la conoce tal y como fue, excepto por los que se niegan a conocerla. Y los que intentan tergiversarla. Tontos útiles del poder totalitario.

El tercer hecho es que, de una parte, las sociedades con Estados sobredimensionados y sobre exigidos desde antes de la emergencia, además de estar materialmente peor preparadas para enfrentar una emergencia, tienen poblaciones moralmente peor preparadas. Quienes fueron adoctrinados por generaciones en la dependencia del Estado y la renuncia a la responsabilidad individual, los que por generaciones aprendieron que el Estado sería la única fuente de su ilusoria seguridad antes las adversidades, olvidaron que hay adversidades inevitables. Son los hasta ayer exigían su “derecho” a una infancia eterna mediante un Estado que los protegiera de todas las adversidades de la vida, e incluso de la posibilidad misma de sentir angustia. Adoctrinados además en falsamente apocalípticos peligros inexistentes o sobredimensionados, que hoy están chocando con un peligro real sin  preparación material y moral para enfrentarlo. Y en lugar de exigir que sus gobernantes hagan lo que deben hacer, exigen que hagan lo que no deben hacer, tal y como hacen ellos por su lado.

La censura oficial, a la que están tentados siempre los gobernantes, implica desinformación, más y peor desinformación que cualquier información errónea e incluso malintencionada. El grueso de la crítica, especialmente la de los expertos, ha sido la adecuada y necesaria en todo el mundo. La irresponsabilidad de los gobernantes ha sido notoria en demasiados lugares, justo ahí donde hoy piden, en nombre de la emergencia que no se les recuerde. Y que no se les exijan responsabilidades. La responsabilidad individual ha sido más rápida y efectiva en donde las personas están acostumbradas a ser libres y responsables. Y las sociedades con más ahorros, más capital –las más acostumbradas a exigir claras responsabilidades de sus gobernantes en aquello que es función del gobierno, y a asumir las de la sociedad civil en lo que le corresponde– es decir, las sociedades más libres, son las que mejor han respondido a la crisis. Y las que mejor podrán responder a los terribles efectos de la pandemia en la economía.

Tres hechos que nos dicen mucho hoy y nos dirán más en los difíciles tiempos que vienen. Debemos entender que –fuera de malas interpretaciones más o menos desinformadas– toda forma de gobierno posible o imaginable en un sistema de libertad, responsabilidad y Derecho común, incluso el sueño radical del anarco capitalismo –que no sería la ausencia de gobierno sino la extinción del gobierno del Estado moderno y su sustitución por arreglos voluntarios, descentralizados y competitivos de las funciones de gobierno– sería capaz de aplicar estados de excepción razonablemente adecuados, y limitados a lo realmente necesario, para cada tipo de excepcional emergencia, en sociedades que por ser libres y responsables estarían mucho mejor preparadas para enfrentarlas.

Nada nos garantiza que la vida no esté llena de peligros, incluso extraordinarios y terribles, el progreso material y moral no está dado ni es indetenible, depende de las condiciones institucionales y morales de las que surgió y sin las que desaparecería. Y son esas condiciones, esos usos y costumbres, esas instituciones, ese conocimiento, esa responsabilidad y libertad, la que mejor nos prepara para enfrentar los mayores y peores desafíos a todos y cada uno. Y para enfrentar la propaganda y desinformación ideológica que peligrosamente se empeña hoy en aprovechar la ignorancia y el temor para convencer a los ingenuos de lo contrario. Es de vida o muerte.

Por: Víctor H. Becerra*

Las redes sociales han ardido ya durante varios días, entre la burla y la indignación, por el episodio del colectivo Almas Veganas en el País Vasco: Las integrantes de un santuario animalista anunciaron que en él separaban a los gallos de las gallinas para que éstas no fueran “violadas” por aquellos, y que arrojan los huevos al suelo, para que las gallinas se los coman, porque “los huevos (que son su “menstruación”) son de las gallinas”, buscando así que los animales lleven “una vida tranquila y digna”. Y defendiendo todo esto con el lenguaje inclusivo: “Hablamos con la ‘e’ porque sabemos que es género es mentira, es una construcción social”. Almas Veganas tiene pues como objetivo “mostrar que una alternativa al capitalismo, al especismo, al machismo, y a otras conductas socialmente insanas y violentas es posible”, luchando de tal manera contra el cambio climático, los incendios en el Amazonas y “el sistema capitalista opresor” que convierte a los animales en “simples productos comerciales”, “secuestrados” en nuevos “campos de concentración”.

Hasta aquí, un resumen de las ideas esgrimidas por “Almas Veganas”. Como es previsible, la burla ha sido la respuesta casi unánime, en buena medida por lo ingenuo y caricaturesco de sus argumentos. En tal sentido, ese colectivo tal vez sea solo, en una primera impresión, la expresión concreta e infantil del ánimo Millennial que se ofende de todo y contra todos, y que fabrica argumentos superficiales y finalmente mentirosos, por flojera y falta de información. Lo que de cualquier manera ha arrojado a “Almas Veganas” y a sus integrantes, a la rápida (y fugaz) notoriedad que dan las redes sociales. Quizá, en ese sentido, han cumplido su objetivo de difusión rápida y masiva.

Pero vale la pena detenerse un poco en sus ideas. En principio, habría que decir que a diferencia de lo que ellas piensan, en la vida de las gallinas o de cualquier animal irracional, en la naturaleza en general, simplemente no existe un criterio valorativo que permita distinguir lo justo de lo injusto. La naturaleza ignora uno y otro, el bien y el mal. En ella, no existe un hipotético derecho natural al “no violarás” ni a ninguna otra prohibición. Al contrario: Lo típico y genuino en la naturaleza es que los animales actúen bajo su solo impulso y necesidad, e incluso, que se aniquilen entre sí: hay especies que sólo matando podrían sobrevivir. Es a lo que hacia referencia Leonard Peikoff al hablar de “la vida que sobrevive al alimentarse de la vida”. 

En tal sentido, los hipotéticos “bien” o “mal” en la naturaleza son conceptos extraños, específica y estrictamente humanos, en cuanto expresiones utilitarias que hacen posible la cooperación social para la división del trabajo. Así, los seres humanos decretamos las normas morales, lo mismo que las leyes civiles, con el propósito de conseguir objetivos específicos. Y al trasladarlas al comportamiento animal, abusivamente antropomorfizamos lo que nos rodea y les concedemos, imaginariamente, necesidades, pensamientos y derechos que no tienen. En realidad, los animales no “piensan” ni actúan así.

En cambio, según el colectivo, hay gallos que “violan” gallinas, suponiendo que las gallinas serían seres capaces de prestar algún tipo de consentimiento sexual, pero que al contrario, mantienen relaciones por una imposición cultural, no guiadas por un simple instinto. Creen implícitamente, en el mismo sentido, que los gallos serían capaces de un discernimiento que les permitiría pedir permiso, aunque no lo hacen por pura maldad o condicionamiento social o cultural.

Estas ideas, en principio, vuelven triviales temas atroces como la violación o los campos de concentración. Y proyectan, segundo, sobre los animales las propias ideas. Así, no es cierto que los gallos violen, los leones asesinen o que los perros o gatos sean malos. Simplemente todo comportamiento suyo es ajeno a cualquier valoración: su proceder animal es amoral, sin ningún tipo de valoración fuera de la mera supervivencia. Al respecto, no debemos olvidar, nunca, que los humanos son los únicos seres que tienen lo que Ayn Rand llamó una conciencia conceptual y la habilidad de razonar y desarrollar un sistema moral y, por lo tanto, de poseer derechos y responsabilidades. Y en cambio, estos movimientos atribuyen toda la vileza al ser humano, y le exigen someterse a los pseudo “derechos” imaginarios de otras especies, privándose del derecho a la vida. Es el “altruismo enloquecido” denunciado por Peikoff. 

Pero lo peor es que tales ideas apelan al resentimiento y a las peores emociones, dejando de lado la razón, la ciencia y el humanismo, los valores de la Ilustración, que nos permiten descubrir ideas mejores y soluciones para los problemas. Movimientos como Almas Veganas (y la multitud de movimientos afines),  han descubierto que la mentira y su exageración es la fuerza más poderosa del mundo. Así, son capaces de atribuir pensamientos, emociones y finalidades a animales (que ni siquiera pueden expresar lo que quieren y no sabemos siquiera si son conscientes de ideas como la muerte), movilizando la conmiseración desprevenida, mientras son incapaces de poner un mínimo de atención sobre, por ejemplo, mujeres y homosexuales perseguidos y masacrados en los países árabes por sus regímenes teocráticos. En realidad, tales movimientos son indistinguibles del más puro totalitarismo.

Pero su objetivo último, tras su acometida contra la razón, la ciencia y el humanismo, es la libertad humana: Intimar o simplemente prohibir a las personas tales o cuales consumos significa, en los hechos y en última instancia, aumentar el control estatal sobre las personas y la economía, lo que es contrario a la libertad. Primero, porque no puede haber acuerdo sobre un consumo limitativo y permanente en una sociedad libre. Como tal, la limitación y la consiguiente planificación en la toma de decisiones personales y económicas deben trasladarse a una pequeña élite, acompañándose de la centralización del poder. Enseguida, mientras las libertades se limitan y la economía se deteriora, los nuevos regímenes se vuelven más y más autoritarios, y deben silenciar a sus disidentes y críticos –mediante la coerción estatal, perpetuándose en el poder. Es simplemente la puesta en práctica del guión bosquejado por Friedrich A. Hayek en Camino de Servidumbre hace ya 75 años, cumplidos este 2019.

Así que cuando escuchemos los propósitos e ideas de tales movimientos, no debemos engañarnos atribuyéndoles una ingenuidad o un infantilismo que no tienen. En realidad, van contra ti y tus libertades. Son los nuevos (y viejos conocidos) enemigos de la libertad.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

En las últimas dos semanas, han venido ocurriendo masacres colectivas en EEUU. Las dos últimas, hace apenas unas horas en El Paso, Texas, y en Dayton, Ohio, con 29 muertos en total y casi medio centenar de heridos, todo en menos de dos días. Ambas forman parte de los 251 asesinatos colectivos en EEUU (aquellos con más de cuatro víctimas) en lo que llevamos de 2019.

Son cifras escalofriantes. Pero conviene ponerlas en perspectiva. Como bien señaló el reconocido científico Neil deGrasse Tyson, en las mismas 48 horas, en EEUU se producen 500 muertes por errores médicos, 300 muertes por gripe, 250 muertes por suicidio, o 200 muertes por accidentes automovilísticos, etc. Decirlo no es falta de empatía con las víctimas. Es simplemente contextualizar las tragedias y que deje de ser manipulada: La nula empatía con las víctimas es la de quienes las utilizan para pedir la prohibición de armas, señalar a Donald Trump como “culpable”, o simplemente sacar alguna ventaja político-electoral en vísperas de las elecciones federales de 2020 en EEUU.

Ambas tragedias son lamentables. Pero sin duda, y mientras aún se investigan las causas de la masacre de Dayton, la tragedia de El Paso plantea cuestiones inquietantes sobre el presente y el futuro de la nación norteamericana y del mundo. Así, es inevitable vincularla con el ambiente de crispación y odio contra todo aquel que no sea WASP (Blanco, Anglosajón, Protestante), que ha venido azuzando Donald Trump. Señalar el potencial envenenador del discurso electoral de Trump, no significa apuntarlo como culpable, ni siquiera indirecto: El culpable es el joven Patrick Crusius, y me parece que Trump no tiene culpa de sus problemas mentales. 

¿Que el discurso de Trump azuza y hasta legitima la violencia? Quizá. Pero el culpable material es uno y conviene tenerlo claro; de no hacerlo, corremos el riesgo de disculpar o frivolizar las motivaciones del autor, sembrando la semilla para más tragedias futuras. En todo caso, la masacre debiera ser un fuerte llamado de atención a Trump, para ser más responsable en su discurso electoral. Y ser en general un correctivo para todos los políticos como él, como por ejemplo Andrés Manuel López Obrador en México y su discurso de odio diario en contra de críticos, periodistas, opositores, “neoliberales”, “gente fifí” y todo enemigo que se le ocurra. En tal sentido, López Obrador es un terrorista verbal cotidiano.

Al respecto, si de instrumentalizar la tragedia se habla, el caso de López Obrador es ejemplar: Habla de denunciar por terrorismo al culpable de la masacre de El Paso, donde murieron varios ciudadanos mexicanos, para solicitar su extradición a México, algo que sabe que nunca sucederá. En realidad, su reclamo nacionalista es sólo para distraer la atención de sus pésimos resultados de gobierno. Y omite convenientemente que en México se producen 81 muertes diarias por homicidio doloso. Y que en los últimos seis meses, ya se han producido 20 mil muertes por esa causa. Son cifras muy, muy por encima de las tragedias que apuntamos: Si de “terrorismo” hablamos, el comportamiento impune de los carteles mexicanos y la ineptitud del gobierno lopezobradorista en materia de seguridad pública, se llevarían el primer lugar en tal categoría.

Según ha confesado Patrick Crusius, su idea fue matar a tantos hispanos de origen mexicano como le fuera posible, esto para detener una supuesta invasión de su país, justificándose en la adaptación estadounidense de la idea de “el gran reemplazo” —formulada por el escritor francés Renaud Camus, aludiendo a un supuesto plan de las élites europeas para sustituir a la población blanca europea por inmigrantes del norte de África y Oriente Próximo—.

Lo que Crusius ignora es que la idea de “el gran reemplazo” tiene en realidad un correlato inverso, éste con la población estadounidense que recibió el permiso de asentarse en el norte de México a inicios del siglo XIX, lo pobló y terminó independizandose, como sucedió con la República de Texas en 1836. Además, quienes hablan de “invasión hispana a Texas”, como señaló el propio asesino Patrick Crusius, olvidan que los hispanos están en ese lugar desde el siglo XVII, mucho antes que los antecesores de los ciudadanos actuales, que se creen los “puros” guardianes de la “genuina” identidad estadounidense. Así que los supremacistas blancos harían bien en conocer mejor la historia de su propio país.

Las ideas subyacentes de Crusius, relativas a una posición social o nacional en declive por culpa de los migrantes, de la economía como juego de suma cero (donde lo que los estadounidenses pierden lo que ganan los malvados migrantes), o de un pueblo (que él encarnaría) sojuzgado por una élite en beneficio de unos migrantes advenedizos, son elementos constitutivos del populismo que se enseñorea por el mundo, aquí y allá, y que cruza transversalmente todo el espectro ideológico. Es un populismo que, vemos, no sólo amenaza vidas humanas concretas, sino también conceptos como la libertad individual, los mercados libres, el pluralismo, el Estado de Derecho, la cooperación voluntaria, etc.

Los liberales tenemos una enorme responsabilidad en dar respuestas concretas que se opongan a tales ideas. De lo contrario, tragedias como las de El Paso continuarán y se incrementarán. Así, debemos ser conscientes de que demonizar, ilegalizar y perseguir a migrantes son el equivalente exacto de cualquier idea o práctica enemigas de la libertad, porque se atenta contra las prerrogativas de los individuos, empobrece al mundo, al impedir el trabajo conjunto, la cooperación libre y el enriquecimiento mutuo, y tiraniza al individuo en beneficio de un colectivismo productor de amos y esclavos, de asesinos y víctimas.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

En entrevista exclusiva para Wellington.mx, Agustín Laje y Nicolás Márquez, autores del “Libro negro de la nueva izquierda” hablan sobre si existe o no el “Marxismo Cultural”, sobre la ideología de género en relación con la libertad individual, además de la libertad de expresión, el qué hacer ante los “discursos de odio” y cuál es el papel que debe asumir el Estado en todos estos temas.

Por: Jeffrey A. Tucker*

Alexandria Ocasio-Cortez [la legisladora socialista del Partido Demócrata que, entre otras cosas, ha propuesto acabar con las vacas y los viajes en avión] Estaba tratando de explicarnos que el mundo se va a destruir, todos vamos a morir, y probablemente no deberíamos tener más hijos, pero me distrajo la merienda que estaba preparando en cámara. Ella estaba cortando cuidadosamente unos camotes antes de ponerlos en el horno.

Les había puesto sal y pimienta. La sal fue alguna vez tan rara que era considerada dinero. ¿Alguna vez has tratado de pasar un día con cero sal? Nada sabe bien. Esa fue la historia de la humanidad durante cerca de 150,000 años. Entonces descubrimos cómo producir y distribuir sal a cada mesa del mundo. Ahora usamos la sal como si no fuera nada, e incluso nos quejamos de que todo es demasiado salado. Bonito problema.

Los camotes no son fáciles de cortar, así que ella usaba un gran cuchillo de acero, fabricado con una substancia que se volvió comercialmente viable apenas a finales del siglo 19. Fueron necesarias muchas generaciones de metalurgia para descubrir cómo fabricar acero en forma confiable y barata. Antes del acero, había cuerpos de agua que nadie podía cruzar sin un barco, porque nadie sabía cómo construir un puente de hierro que no se hundiera.

En cuanto al horno en su departamento, o era de gas o eléctrico. En cualquiera caso, no tuvo necesidad de cortar árboles y hacer una fogata, como el 99.99 por ciento de la humanidad tenía que hacerlo hasta hace relativamente poco tiempo. Ella simplemente apretó un botón y se encendió, un lujo experimentado por la mayoría de los hogares estadounidenses apenas después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora todos pensamos que es normal.

También supongo que su casa es tibia a mitad del invierno, y ello se debe a la calefacción interior controlada por termostato. Todavía hay personas que consideran esta invención como la más grandiosa en toda su vida. Ya no tenían que trabajar dos días para mantener la casa caliente durante un día. Nuevamente, uno solo necesita apretar el botón y, como magia, el calor viene a ti.

La pregunta más interesante es ¿dónde obtuvo ella esos camotes? Ya sé que de la tienda. Nadie cultiva camotes en Washington D.C. ¿Pero de dónde los obtuvo la tienda? Durante miles de años, el camote estuvo limitado a lugares distantes de América del Sur; de algún modo arribó a las islas de Polinesia a través de viajes en bote, y finalmente arribó a Japón a finales del siglo 15.

Solo cuando la tecnología de navegación y la inversión de capital para las exploraciones crecieron para revelar las primeras señales de prosperidad para las masas de personas, el camote llegó a Europa a través de una expedición encabezada por Cristóbal Colón. Finalmente arribó a los Estados Unidos.

Todo ello requirió muchos miles de años de desarrollo –desarrollo capitalista- a menos que uno quiera ver a este vegetal como el máximo fruto del colonialismo y por lo tanto algo a evitar por cualquier guerrero de la justicia social verdaderamente iluminado.

Incluso a principios del siglo 20, los camotes no estaban fácilmente disponibles para que cualquiera los cortara y cociera, especialmente no a mitad del invierno. Hoy los estadounidenses comen camotes cultivados principalmente en el sur del país, pero también importados de China, que actualmente atiende al 67 por ciento del mercado global de camotes.

¿Cómo los obtenemos? Vuelan en aviones, atraviesan el mar en barcos impulsados por combustibles fósiles y llegan a la tienda en camiones de también funcionan con esos combustibles. Si usted juega con la idea de abolir todas esas cosas por orden legislativa, como ciertamente ella lo propone, es muy improbable que pueda obtener un camote con facilidad.

Les confieso lo siguiente. Me enloquece ver personas que disfrutan tan plenamente los beneficios de la propiedad privada, el comercio, la tecnología y el emprendimiento capitalista, pero al mismo tiempo proponen alegremente la dramática reducción de los mismos derechos que les brindan tal alegría material, sin pensar siquiera en cómo su ideología podría afectar dramáticamente el futuro de la disponibilidad masiva de la prosperidad que estos ideólogos tan casualmente dan por sentada.

Para mí, es como ver a una persona en tratamiento mientras denuncia la medicina moderna –o alguien usando un teléfono inteligente para transmitirle al mundo un urgente mensaje en el que pide terminar con el desarrollo económico. La contradicción no refuta el argumento por sí misma, pero la contradicción es demasiado aguda como para omitirla.

Pasemos ahora a su cuestionamiento respecto a si debería haber o no una nueva generación de seres humanos. Después de todo, dice ella, nadie puede pagarlos, porque los jóvenes están arrancando sus carreras con deudas de miles de dólares por los préstamos escolares. Ella dice que también está el tema moral de que debemos cuidar a los niños que ya están, en lugar de tener más.

Lo cierto es que ella no explica bien por qué está jugando con la noción de que es mala idea que las personas tengan hijos. Permítanme sugerir que posiblemente ella se está desviando hacia el camino de incontables ambientalistas anteriores, y diciendo a las claras lo que muchas personas creen en su corazón: que la humanidad es el enemigo. Que, o vivimos nosotros y la naturaleza muere, o la naturaleza vive u nosotros morimos, y que para encontrar otro camino debe existir algún dramático trastorno en la forma en que estructuramos la sociedad. Es la aplicación de la fábula del conflicto marxista a otro ámbito de la vida.

Quizá.

En cualquier caso, esos son pensamientos complejos –demasiado grandes, de hecho, para una deliciosa sesión de cocina, después de la cual sigue una comida elegante. Regresaremos a analizar lo que AOC llama el “sentido universal de urgencia” después del postre.

*Jeffrey A. Tucker es Director Editorial del American Institute for Economic Research. Es autor de miles de artículos y de ocho libros publicados en 5 idiomas.

Traducido por: Gerardo Garibay Camarena

El artículo original en inglés está disponible aquí.

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

Jeff Deist, presidente del Mises Institute, visitó México hace unas semanas, invitado por México Libertario, y tuve la oportunidad de platicar con él en exclusiva, acerca de la situación actual y del panorama para la libertad.

Esta semana les presento la tercera y última parte, en la que conversamos respecto a a la lucha contra el socialismo y la tiranía disfrazada de “corrección política” la transcripción (en inglés) está en Wellington.mx

Gerardo Garibay: Quisiera preguntarte acerca del camino para el avance de la libertad. ¿Cuáles son los mayores desafíos y esperanzas que percibes en el horizonte? ¿Apostarías por un mayor impacto del mensaje libertario del ciclo electoral del 2020 [en Estados Unidos] en adelante?

Jeff Deist: No estoy seguro acerca del 2020… creo que [el enfoque] va a ser Trump. La izquierda no va a aceptar candidatos de un tercer partido. Van a decir: “No, no, no, tenemos que vencer a Trump, nada puede avanzar hasta entonces”. Y creo que en el lado de Trump van a decir: “No, no, no, tenemos que reelegir a Trump, nada puede avanzar con ustedes los de los terceros partidos”.

En cuanto a momentos políticos, el libertarismo ha tenido algunos picos [por ejemplo] con la “Revolución” de Ron Paul [en 2012] y la candidatura de su hijo, Rand Paul, al Senado. Siendo honestos, creo que, desde una perspectiva política, el interés en el libertarismo se ha reducido un poco, pero en el ámbito ideológico y educativo está creciendo, porque cada vez más personas entienden a qué nos enfrentamos.

Cuando las cosas se vuelvan menos cómodas materialmente en los Estados Unidos, las personas van a comenzar a interesarse en estudiar las inmortales ideas de personas como Menger, Mises y Hayek. Hasta entonces, creo que, desde un punto de vista táctico y estratégico, los libertarios deberíamos promover la descentralización, federalismo, e incluso secesión en el caso de lugares como Cataluña en España, aunque no todos concuerdan.

Muchos libertarios piensan: “No sólo necesitamos una ética libertaria universal, sino también un programa [de acción] universal o globalista, y tener una especie de liberalismo occidental para el mundo.” Yo creo que eso sería incorrecto y tácticamente inadecuado.

En los Estados Unidos, necesitaríamos que setenta millones de personas votaran por un Rand Paul, que es solo medio libertario, para ganar la presidencia. Eso es algo muy difícil de lograr. Sin embargo, si promovemos el federalismo, si promovemos la subsidiariedad –de forma similar al modelo de Suiza- podemos avanzar mucho para hacer que occidente sea un lugar más hospitalario.

Por ejemplo, California –que tiene un gobernador y una mayoría legislativa de izquierda- tratará algunas novedades. Van a subir impuestos y probar iniciativas ambientales que serán muy costosas. Y creo que en consecuencia muchas personas se irán de California. Y está bien, siempre y cuando no tenga que pagar [por esas políticas públicas] como un ex-Californio. Ya no vivo ahí…Creo que está clase de federalismo es el camino a seguir a corto plazo. Podríamos tener estados más o menos libertarios, y dejar que las personas voten con los pies.

En cierta forma ya está sucediendo. Un estado como Texas, con menos impuestos, está prosperando mientras muchas personas llegan desde otros estados. Quisiera ampliar mucho más este experimento, y aplicarlo al mundo. Fui un gran seguidor del Brexit, me gustaría ver que los escoceses se independicen del Reino Unido –incluso aunque probablemente serían más de izquierda en [el parlamento escocés de] Holyrood de lo que son en el Parlamento de Londres. Me gustaría ver a Cataluña tomar su propio camino, incluso si quieren ser más de izquierdas. Quisiera ver separarse a más estados de EE.UU., si eso es lo que desean.

Creo que –especialmente a corto plazo- la meta no es solo educacional, sino que, al tratarse de tácticas o estrategia, la descentralización, la secesión y el federalismo son los terrenos más fértiles para lograr avances.

Gerardo Garibay: Finalmente, un mensaje para los libertarios de México y América Latina.

Jeff Deist: Creo que cuando salimos de los saciados y cansados Estados Unidos, y de la cansada y saciada Europa Occidental, y vamos a lugares como América Latina o Asia, percibimos un gran entusiasmo e interés en las ideas.

Quizá ello se deba a que Estados Unidos ha sido rico desde hace tanto tiempo que se han vuelto un poco perezosos y confiados. En áreas como América Latina vemos que hay cada vez más interés, porque las personas quieren entender qué es lo que hace próspera a una sociedad, qué nos hace ricos y qué sucedería si todo se eliminara. Esta es una pregunta muy importante, y no es retórica o académica. Es una pregunta real para muchas personas.

Cualquier país que quiera avanzar, que quiera aliviar la pobreza y ser un mayor jugador en la escena mundial, que quiera ser más próspero y más avanzado tecnológicamente o quiera atraer capital, necesitará contar con una sociedad que sea –al menos económicamente- más libertaria.

Este sería mi mensaje para México o cualquier país en América Latina: abracen el capital y verán que México se vuelve cada vez más próspero.

Gerardo Garibay: Muchas gracias por esta entrevista y gracias nuevamente a todos los integrantes y al equipo del Mises Institute por el gran trabajo que hacen para promover la Escuela Austriaca de Economía, la libertad y el aprendizaje para todos nosotros.

Jeff Deist: Muchas gracias.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

Jeff Deist, presidente del Mises Institute, visitó México hace unas semanas, invitado por México Libertario, y tuve la oportunidad de platicar con él en exclusiva, acerca de la situación actual y del panorama para la libertad.

Aquí les presento la segunda de tres partes, ahora respecto a la lucha contra el socialismo y la tiranía disfrazada de “corrección política” la transcripción (en inglés) está en Wellington.mx

Gerardo Garibay: El muro de Berlín cayó hace 30 años. Entonces parecía que el socialismo, y el comunismo en particular, estaban política y racionalmente derrotados. Sin embargo, apenas una generación después, vemos este resurgimiento, no solo de las ideas, sino incluso de los nombres y símbolos de esa desastrosa utopía. Incluso en Estados Unidos, personas como Bernie Sanders o Alexandra Ocasio-Cortez, se han convertido en favoritos de la prensa, mientras que la famosa encuesta de Gallup del 2016 proclamó que la mayoría de los jóvenes estadounidenses (55%) tienen una opinión positiva del socialismo. ¿Cómo podemos mejorar nuestros esfuerzos para que la gente recuerde la terrible tragedia del socialismo en el siglo 20? ¿Qué pasos podemos dar para presentar un mejor argumento, de forma que podamos evitar que la historia se repita en las próximas décadas?

Jeff Deist: Es muy atemorizante el que pareciera que el socialismo simplemente no se irá. El respaldo hacia el socialismo sigue apareciendo, y creo que en buena parte se debe a que en nuestra cultura y sociedad no leemos. No leemos historia. Por supuesto, las personas no leen grandes libros como “Socialismo”, de [Ludwig von] Mises [donde explica la imposibilidad de ese sistema], que escribió en los 1920’s y fue traducido al español poco después de que visitó México en los 1940s.

Mises explica que hay dos motivos por los que el socialismo tiene atractivo para las personas: El primero es que asume una posición “ética” y pretende –a pesar de toda la evidencia histórica que lo desmiente- que se interesa por las personas. El segundo era esa idea de que el socialismo era inevitable, y [los promotores del socialismo] siempre han sido muy efectivos para caracterizarlo como este “siguiente paso para la humanidad, al que eventualmente vamos a llegar.”

Bernie Sanders, la amenaza del socialismo con nuevos bríos.

Por supuesto, ninguna de esas cosas es verdad. El socialismo no es ético y ciertamente no es inevitable… Nuestro trabajo consiste en educar a las personas al respecto, pues el argumento teórico en contra del socialismo se ha planteado de forma absolutamente definitiva…Además tenemos la historia del siglo 20 y millones de personas asesinadas [por sus propios gobiernos] que plantean el argumento empírico contra el socialismo.

Tenemos los argumentos teóricos y empíricos. Lo que no estamos haciendo, al menos no lo suficientemente bien, es llevarlos a las personas, que cada vez leen menos… Creo que todos los que valoramos la libertad debemos estar muy preocupados de que seguimos peleando la vieja lucha contra el socialismo.

Pensábamos – a finales de los 1980s, cuando finalmente colapsó la Unión Soviética y cayó el muro de Berlín- que la conversación había terminado.

…Ahora vemos que eso no era cierto, que el colectivismo y las variantes del socialismo siguen apareciendo, de forma que nuestro trabajo no está terminado, y quizá es simplemente parte de la naturaleza humana el que tendremos que combatirlo mientras los seres humanos tengan un impulso hacia el “atractivo” del socialismo.

Gerardo Garibay: La primera vez que te vi hablar en vivo fue en el 2015, durante el Mises Circle en Dallas-Fort Worth. Ahí dijiste algo que tengo muy presente desde entonces, específicamente respecto a cómo la “corrección política” no se trata de ser amable, de ser educado o de respeto, sino de cambiar la forma en que las personas hablan y piensan, para impulsar una agenda izquierdista. Tres años después, tras la victoria de un Presidente decididamente anti-corrección política en Estados Unidos y con la casi permanente ira en redes sociales contra presuntas infracciones a la corrección política, muchas de ellas basadas en mentiras, como vimos hace unas semanas con el linchamiento mediático de los alumnos de Covington, ¿cuál es tu diagnóstico de la batalla por la corrección política en Estados Unidos y el mundo occidental? ¿Qué podemos hacer, bajo las actuales circunstancias, para enfrentarnos a esta tiránica imposición de lenguaje y opiniones?

Jeff Deist: Es difícil. Las personas están perdiendo sus trabajos, reputaciones, carreras, posiciones académicas o espacios editoriales por decir lo que ahora se perciben como cosas políticamente incorrectas en redes sociales.

La corrección política es real. No es una fobia que los derechistas se hayan inventado. Existe un esfuerzo activo y concertado para cambiar la forma en que pensamos y hablamos, y eventualmente modificar la forma en que actuamos. No hay duda al respecto y tenemos que luchar en su contra por una importante razón: Todas las personas, sin importar nuestra ideología –pero especialmente los libertarios- tenemos una obligación en primer lugar hacia la verdad. Cualquiera que se considere académico, cualquiera que se considere políticamente activo, tiene que buscar decididamente la verdad. No hay otro camino.

La corrección política es muy peligrosa y necesitamos tener el valor para enfrentarla a través de la verdad.

Jeff Deist.

Ninguna sociedad puede construirse a partir de falsedades, porque cuando lo hacen, obtienen cosas como el socialismo y la antigua Unión Soviética. Por lo tanto, nuestro interés no está en el libertarismo en sí, sino en la verdad y el florecimiento humano. Una vez que lo aceptamos debemos entender que las personas necesitan ser libres para discutir diferentes ideas y [que hay un precio a pagar por la diversidad], concluyendo el hacernos fuertes para leer cosas con las que estamos en desacuerdo y que eso es parte del vivir en sociedad.

Creo que las cosas se están poniendo muy Orwellianas en las universidades de los Estados Unidos. La corrección política está limitando lo que se publica y lo que recibe financiamiento. Ciertamente lo vemos en la investigación sobre cambio climático. Desafortunadamente, en el pasado lo hemos visto en investigaciones sobre SIDA y cáncer…vemos investigaciones que no reciben financiamiento por que las personas que las realizan han desafiado la ortodoxia en algún ámbito de la ciencia.

Esto es muy peligroso, y me parece que hay una pobreza de la mentalidad en occidente… Creo que esa no es una receta para una sociedad sana, en especial cuando tenemos estas elecciones presidenciales con un sistema donde el ganador se lo lleva todo, que es muy centralizado desde Washington D.C., de forma que nos quedamos con una minoría muy enojada cuando sufren una derrota política, y la corrección política es parte de ello, es parte de demonizar o alejar a las personas que no están en la mayoría cultural, social o política.

[La corrección política] es muy peligrosa y necesitamos tener el valor para enfrentarla a través de la verdad. No tenemos otra opción.

Continúa la próxima semana.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

El Mises Institute es una referencia fundamental a nivel internacional, cuando hablamos de la libertad en el plano filosófico, del libertarismo en el plano político y de la escuela Austriaca en el económico. Su presidente, Jeff Deist, visitó México hace unas semanas, invitado por México Libertario, y tuve la oportunidad de platicar con él en exclusiva, acerca de la situación actual y del panorama para la libertad.

Aquí les presento la primera de tres partes de un resumen traducido al español de esta entrevista, y para quien quiera verla o leerla completa, la transcripción (en inglés) está en Wellington.mx

Gerardo Garibay: Hola Jeff. Gracias por aceptar esta entrevista con Wellington.mx y bienvenido a México. Quisiera comenzar esta entrevista preguntándote respecto al artículo que publicaste hace un mes acerca de la Reserva Federal (el banco central de los Estados Unidos). Ahí escribiste sobre “las correcciones fundamentales que deben realizarse” incluyendo “bancarrota, liquidación y reestructura de cartera vencida…y el final de los rescates directos por parte del congreso…además de un serio programa de reducción del gasto y deuda, que no perdone subsidios ni gasto militar”. ¿Podrías ampliar un poco este punto? ¿Cómo puede un país darle marcha atrás al aparentemente perpetuo motor de la deuda y el gasto gubernamental, que ha atrapado a los Estados Unidos y países como México?

Jeff Deist: …Si la deuda se convierte en el principal impulsor de la economía estamos en grandes problemas y lo que hemos visto en occidente, incluyendo México y Latinoamérica, pero también Estados Unidos, Europa y Canadá, desde la crisis del 2008, es que la deuda ha explotado. La recesión del 2008 no ocasionó lo que la mayoría de las recesiones provocan: bancarrotas, insolvencia, liquidaciones y reestructura de deuda y nuevos propietarios que compran barato. Nada de eso sucedió.

En lugar de ello, lo que ocurrió fue que tanto la Reserva Federal de los Estados Unidos, como el Banco Central Europeo entraron básicamente en una orgía de creación de dinero y de crédito, y como resultado el mundo entero tiene más deudas hoy que en 2008, lo mismo a nivel de deuda gubernamental que corporativa, de los hogares, prestamos académicos, tarjetas de crédito e hipotecas…

No podemos decir que estemos mejor y nos estamos dando cuenta de que vivimos en una era donde las personas creen que puede crearse prosperidad a través de la manipulación fiscal o monetaria y de modelos estadísticos, sin realmente hacer el trabajo duro que dicha creación requiere.

Por trabajo duro me refiero a que se necesita hacer una economía más productiva y para ello las personas deben involucrarse en cosas que hagan dinero, de modo que obtengan una ganancia, la cual se acumula con el tiempo y con suerte se convierte en capital, que a su vez es invertido en la economía, en el mejor de los casos en formas que la vuelvan más productiva. No hay truco para darle la vuelta. No hay forma de evitarlo [este proceso] si queremos crear una economía con bases reales para crecer a futuro.

Lo que hicimos en 2008 fue que, en lugar de permitir una corrección dolorosa, volvimos a inflar las burbujas en diversos sectores de la economía: vivienda, automóviles, préstamos a estudiantes, etc. Así que no lo resolvimos. Simplemente pateamos la lata hacia abajo de la calle y de hecho empeoró, porque ahora tenemos más deuda que nunca.

Esto es muy atemorizante. Tenemos un problema intelectual e ideológico. Hemos llegado a pensar en obtener algo a cambio de nada. Imaginamos que esas personas brillantes y bien intencionadas, que se graduaron de Harvard, de algún modo pueden manipular el sistema y aplicar técnicas para volvernos más prósperos.

Sin embargo, también sabemos que el simplemente crear más dinero no trae nuevos productos o servicios a la economía. Si todos los habitantes de la Tierra tuvieran un par de ceros añadidos a su cuenta bancaria, no haría ninguna diferencia. Los precios se ajustarían y todos estaríamos donde empezamos.

Lo importante es que el nuevo dinero y crédito no aplican a todos universal y simultáneamente. Entra en la economía en ciertos espacios, y algunas personas sí se enriquecen con el nuevo dinero, especialmente aquellas involucradas con las inversiones y la banca comercial…y aquellas cercanas al gobierno, que de este modo opera con enormes déficits.

Tenemos que regresar a una política monetaria sobria y sensata…sin dinero real en la economía estamos en grandes problemas, y por eso ese es uno de nuestros principales trabajos: educar a las personas acerca del dinero y el crédito y su razón de ser.

Al término de la entrevista

Gerardo Garibay: Tuve la oportunidad de asistir a la Mises University en 2017. En aquella ocasión diste el discurso de clausura -que por cierto fue muy bueno- y hablaste ampliamente acerca de cómo los libertarios nos arriesgamos a la irrelevancia cuando ignoramos conceptos, como los de Dios y nación, que provocan una profunda respuesta en las personas. Mi pregunta aquí es ¿cómo podemos caminar esa compleja área gris de la identidad de grupo en nuestro entorno social, sin caer en las trampas colectivistas de la izquierda y la derecha? ¿cómo equilibramos este entendimiento de las identidades compartidas con el mensaje de la libertad y las decisiones individuales?

Jeff Deist: Bueno, es difícil, y quienes tenemos una mentalidad libre tendemos a ser individualistas. No nos agrada la identidad grupal porque, como sabemos a partir de la historia, esa identidad -el tribalismo- puede volverse muy negativo, puede llevar a guerras y toda clase de tragedias.
Dicho esto, el enfoque de mi charla fue que, si el libertarismo ha de ganar terreno, necesita presentarse y entenderse como una filosofía que se adapta a la naturaleza humana…las personas quieren tener un propósito en la vida, un propósito más allá de lo cotidiano, y me preocupa que [conforme la sociedad ha dejado de creer en la religión, la familia, etc.] el Estado se va a convertir en la nueva religión.

…[Por lo tanto] el argumento de mi discurso era el de ofrecer una libertad que sea estricatamente una perspectiva política, y que le permita a los individuos tener toda clase de otras convicciones que le den significado a la vida. El libertarismo no tiene por qué ser nuestra única identidad y razón de vivir.

Te seré honesto, tuve una respuesta mixta a ese discurso. Sin embargo, creo que, por ejemplo, aquí en México, donde todavía son un país más culturalmente católico que los Estados Unidos, hay personas que pueden entenderlo.


Continúa la próxima
semana.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

Como las encuestas habían pronosticado, se concretó el triunfo de Jair Bolsonaro en la segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil. Logró el 55% de los votos (en la primera vuelta obtuvo el 33%), frente al 44% de su rival, el izquierdista Fernando Haddad.

Su triunfo significará un realineamiento completo de Brasil en todos los órdenes: Un cambio fundamental de sus políticas económicas y en sus relaciones diplomáticas y comerciales, una saludable contracción del gigantesco y derrochador Estado brasileño, nuevas estrategias para enfrentar la angustiante inseguridad pública y el embate del narcotráfico, crear un nuevo y sostenible sistema de jubilaciones por capitalización, pero también un endurecimiento notorio en términos de convivencia, permisividad y valores sociales, así como una mayor militarización de las fuerzas de seguridad (en México sabemos lo que eso quiere decir, por desgracia). Falta por ver si tales cambios serán duraderos y sostenibles: La mayoría requerirá un arduo trabajo de alianzas y acuerdos políticos en el Congreso, frente a la pequeñez de su propia base partidaria.

Pero lo realmente notable será que Bolsonaro puede significar un saneamiento de la vida política de Brasil, en contraste con la enorme alberca de heces en que la convirtieron Lula Da Silva, Dilma Rousseff y el Partido de los Trabajadores. Pero esa posibilidad de higienización no significa que se hará realidad. Habrá que exigir que Bolsonaro y su gente no cedan a la tentación de seguir las mismas prácticas de Lula y el PT: Compra de aliados políticos, maquillaje de las cuentas del Estado, otorgamiento de subsidios al por mayor para coaccionar votantes, saqueo del presupuesto público para financiar sus campañas políticas y las de sus aliados, persecución a la prensa, desacreditación a jueces y opositores, etc. La tentación será mucha, en un escenario de minoría política.

Bolsonaro tendrá que responder pronto y con hechos a las altas expectativas que lo llevaron al poder. Los brasileños votaron por él decepcionados de los gobiernos del PT, angustiados por la crisis económica y de seguridad, hastiados de la corrupción e impunidad de políticos y por los malos servicios públicos, y con un ojo puesto en el creciente endeudamiento gubernamental y la crítica situación del sistema de pensiones.

Gobiernos corruptos e ineficientes como los del PT, hicieron posible el triunfo de Bolsonaro. En realidad, Bolsonaro es hijo de Dilma y Lula. En tal sentido, su triunfo fue una reacción de repudio contra la izquierda y de hartazgo frente a problemas irresueltos. Un voto de protesta de brasileños cansados de políticos ladrones, irresponsables y incapaces. Pero no necesariamente un voto por Bolsonaro. Ni mucho menos un voto en blanco a favor de su agenda.

En Brasil, como en todos los países donde ha ganado la izquierda, sus gobiernos han abusado del robo, la indecencia y la impunidad. Del desorden financiero y administrativo y de los obstáculos puestos al libre emprendimiento. De políticas expansivas y redistributivas, con el subsiguiente empobrecimiento generalizado. En tal sentido, Bolsonaro fue una reacción frente a ese estado de cosas y su agotamiento. Como lo han sido Macri, Piñera, Iván Duque, Mario Abdo o Jimmy Morales.

Pero el enemigo de tu enemigo no es necesariamente tu amigo, al contrario de lo que piensan muchos liberales y libertarios, exhultantes hoy por el triunfo de Bolsonaro, de quien creen que es más que un compañero de ruta. Casi casi un hermano en aspiraciones, un igual en ideas y prácticas.

Pero se equivocan: Bolsonaro es solo un populista de derecha, que jugó de outsider, polarizó a la sociedad, personificó todos los problemas en unas minorías, ofreció soluciones mágicas a problemas complejos, y cuyos resultados no debieran ser distintos a los de los populistas de izquierda. Triste aporía la de los brasileños, puestos a elegir entre un socialista corrupto como Haddad y un conservador con una mente vacía de ideas y llena de prejuicios como Bolsonaro.

Bolsonaro no representa a una derecha liberal. Es solo un conservador, alguien de la peor derecha, con algunas propuestas liberales que nadie sabe si son genuinas o fueron, simplemente, un maquillaje electoral, como lo fue su acercamiento a la comunidad LGBT. Así como tampoco son liberales los “liberales del Opus Dei” que hoy se solazan con Bolsonaro: son únicamente conservadores inseguros de su heterosexualidad, en búsqueda del Mesías que los salve de sus clichés, aunque éste se llame Jair Mesías Bolsonaro.

El triunfo de Bolsonaro, prolongación de otros triunfos de la derecha en nuestra región y en el mundo, muestra que la libertad está bajo asedio en América Latina. La ola xenófoba y anti inmigrante que recorre la región es un barrunto de lo que vendrá. ¿Estamos pues entrando en América Latina a una etapa de gobiernos autocráticos? ¿Es posible que estemos entrando en una etapa de reversión de la democracia liberal? Quizá. Por ello exigir mercados libres, personas libres y respeto a sus decisiones libres y a las reglas de la democracia liberal, debiera ser la actitud de los liberales/libertarios de la región, no apoyar acríticamente a los nuevos ganadores.

Hay que observar con atención la gestión de Bolsonaro, aplicándole las normas básicas del liberalismo: criticar su acción y exigirle respeto a propiedades y la garantía de derechos. En cambio, los predicadores conservadores que buscan imponer sus creencias con apoyo del Estado, o que confunden liberalismo con el odio simplón a la izquierda, preferirán seguramente saltarse eso y pasar directamente a aplaudir y vitorearlo.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Hiram Pérez Cervera*

“Ninguna sociedad puede existir, si no impera en algún grado el respeto a las leyes.”

Frederic Bastiat.

Es evidente que existe una barrera que, a lo largo del tiempo, evita que nuestro país pueda recorrer el camino del progreso económico y la solidez política. La cifra constante que oscila entre los 40 y 50 millones de mexicanos en pobreza es algo que despierta una diversidad de explicaciones que van desde la desigualdad social hasta la corrupción, esto sin lograr aún una respuesta al problema que nos permita ejecutar un plan de acción.



Este fracaso se debe a que el diagnóstico que políticos y académicos han hecho esta equivocado de raíz, están confundiendo los síntomas con la enfermedad. Esto es como si un médico argumentara que el problema es la fiebre y no el resfriado, es así como me he dedicado a ofrecer, brevemente, una explicación sobre los problemas de fondo que tenemos en el país.

De acuerdo con el índice de libertad económica elaborado por Heritage Foundation[1], México ocupa el lugar número 63, penosamente por debajo de países como Kosovo, Filipinas o Jordania. Esto sin que nuestro país tenga una carga aplastante de impuestos como sucede en otros países, sin embargo, se advierte cuando se consulta el apartado que tiene que ver con el Estado de Derecho, que nuestro país obtiene calificaciones muy pobres e incluso quienes elaboran este índice señalan que la debilidad del sistema jurídico y las demoras en los procesos fomentan prácticas como la corrupción.

Un panorama más claro de lo anterior surge al consultar el Índice de Calidad Institucional, elaborado por el Dr. Martín Krauze a través de la Red Liberal de América Latina (RELIAL)[2], y que evalúa la calidad de las instituciones del Estado en todos los países, en el que nuestro país se encuentra en el puesto número 92. Cabe destacar que desde el año 2007 a la fecha, nuestro país ha perdido 16 puestos en este índice, lo cual nos muestra cuan dramática es la situación por la que estamos pasando y, sobre todo, explica de fondo por qué las reformas estructurales no pudieron ofrecer los resultados esperados. Para rematar, si hiciéramos una clasificación con base únicamente en la calidad de las instituciones políticas, México se ubicaría en un desastroso lugar número 123. En este punto, no es de extrañar porque también tiene una alta percepción de corrupción.

Si el problema se encuentra dentro del Estado, la falta de certeza va a impactar de manera negativa en otras esferas como la democrática que, dicho sea de paso, es el gran reclamo de sociedad y academia hacia el gobierno. De acuerdo con el Índice Mundial de Libertad Electoral (IMLE), elaborado por la Fundación para el Avance de la Libertad[3],  quiero destacar que México ocupa el lugar número 92 de acuerdo con el indicador sobre desarrollo político y un lugar número 70 de acuerdo con el ranking general sobre libertad electoral.

Con todos estos datos se puede concluir que México es un país políticamente inmaduro, en el que las instituciones y la aplicación de la ley están bajo discreción de la élite en turno, sin embargo, este problema no es exclusivo del gobierno, también la sociedad tiene un rol importante al escoger gobernantes con tendencias hacia el uso del poder para beneficio propio, a través de corporativizar diferentes grupos de la sociedad. Un ejemplo muy claro de lo anterior es el caso de la líder sindical Elba Esther Gordillo, que en el año de 2013 fue a prisión no porque hubiese una efectividad en el sistema judicial mexicano, más bien por no mostrar sumisión a la élite en turno cuando intentó impulsar una reforma educativa que tocaba los privilegios sindicales que le permitieron a ella enriquecerse del trabajo de los demás. Hoy, que hubo un cambio radical en las cúpulas del poder, la maestra fue declarada inocente y su inmediata libertad ordenada por un juez. Mientras tanto, los crímenes por los que se le debió procesar quedarán ahí en el olvido.

El escándalo de Odebrecht, que evidenció la cantidad de sobornos que se hacían hacia los gobernantes para obtener beneficios del poder, tuvo consecuencias muy fuertes en casi toda América Latina. Presidentes renunciaron a sus cargos para enfrentar los procesos legales, expresidentes fueron presos al comprobárseles casos de corrupción, sin embargo, en México no sucedió nada. Nadie fue enjuiciado y nadie fue a prisión, es más, hoy ya nadie en las esferas del poder menciona el tema tan siquiera.



La barrera de la que hablaba al principio, son los incentivos perversos que surgen del poder para invitar a usarlo con el fin obtener beneficios y mientras no entendamos esto como sociedad continuaremos hundiéndonos en el fango de la discrecionalidad política.

Los países que lograron un desarrollo económico que les permitió superar la barrera de la pobreza, tienen en común que sus sistemas de gobierno tienen bien delimitados los alcances del poder del gobierno, cuentan con reglas muy claras y tienen la certeza de que estas reglas se van a hacer cumplir sin importar de quién se trate.

México tiene que transitar el camino desconocido de la libertad y la responsabilidad individual.

*Hiram Pérez Cervera es internacionalista, enfocado en el estudio del impacto de la política sobre la economía. En twitter lo encontrará como: @hiram_perezc

[1] Los datos se encuentran disponibles en: https://www.heritage.org

[2] Índice disponible en: http://www.caminosdelalibertad.com/resources/uploads/pdf/20180420_112242_6a69675e9b6395c3d21dade8536927a9.pdf

[3] Índice disponible en: http://www.fundalib.org/wp-content/uploads/2018/01/IMLE2018.pdf