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Por: Hiram Pérez Cervera*

“No hay esperanzas para una civilización, cuando las masas están a favor de políticas nocivas”

-Ludwig von Mises.

La contundente victoria de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) en las elecciones pasadas marca un cambio de rumbo drástico para nuestro país en los años que vienen. La marcada tendencia de izquierda nacionalista tuvo un profundo impacto en una sociedad mexicana que, harta de los escandalosos casos de corrupción y del número constante de 50 millones de mexicanos en pobreza, decidió entregarle poder absoluto al caudillo que ofreció cambiar todo de un pincelazo, con alguna extraña magia que nuestro país desconoce, al menos hasta que este taumaturgo, de apellido López Obrador, asuma el poder en diciembre.

El propósito de esta reflexión es intentar aproximarse a las causas por las que, un partido como MORENA, ganó de manera tan aplastante esta elección y dar aviso sobre la enorme tarea que tenemos los libertarios para evitar que, en palabras de Mises, la barbarie socialista se apodere por completo de la política de nuestro país.



Uno de los factores determinantes para esta elección fue que, mediante del uso del discurso, se fueron construyendo diversos conflictos que, finalmente, darían origen al sujeto de la revolución. Esta estrategia, no fue creada por el equipo académico ni de campaña de López Obrador, fue diseñada por teóricos de corte marxista para reincorporar el ideal socialista una vez que fracasó el socialismo real de la Unión Soviética.

Este es el análisis que comparte Agustín Laje en el Capítulo 1 de “El libro negro de la nueva izquierda” que escribió juntamente con Nicolás Márquez, en el cual, explica como teóricos como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, comienzan a trazar un camino por el cual el socialismo va a entrar nuevamente en la escena de la política para hacerse con el poder. América Latina es un ejemplo de cómo esta reinvención del socialismo fue exitosa al conseguir gobernar buena parte de esta región del mundo.

Entender el concepto de hegemonía es clave aquí para ver con claridad el desarrollo de estas ideas. Gramsci argumentaba que la hegemonía era un sistema de alianzas de clase que le permitirían al proletariado hacerse con el poder, ello con un cambio de paradigma dentro del mundo del marxismo tradicional. La batalla no se daría exclusivamente en el ámbito de lo económico, sino en el cultural, de ahí que para este teórico era de importancia crucial la proliferación de marxistas dentro de la esfera académica.

Ernesto Laclau, uno de los grandes exponentes del marxismo en América Latina, analiza que el mundo después de la caída de la URSS es un lugar en el que las clases obreras han mejorado sus condiciones de vida, además de que la expansión de la democracia generó nuevos conflictos políticos cuyo centro no es el ámbito económico, idea que provoca el rompimiento definitivo con el marxismo tradicional e incluso con parte del pensamiento gramsciano pues, la clase proletaria no va a poseer ese lugar privilegiado como agente revolucionario, de modo que se abrirá ese campo a un universo aún mayor. Esto quiere decir, que los agentes de la revolución se van a construir mediante el discurso, a través de la generación de historias y relatos que provoquen conflictos que le sean funcionales a la izquierda.

Tenemos que madurar políticamente y superar las nocivas discusiones sobre “pureza libertaria”

En este punto, MORENA deja muy en claro que esta es su estrategia, al presentarse como resultado de las luchas sociales que existen en México y, por tanto, como agente de articulación entre toda esta diversidad de movimientos. El énfasis debe caer sobre el concepto de articulación, entendida por Laclau y Mouffe como la modificación que surge de la alianza entre dos actores políticos.

En nuestro país, el resultado de esa articulación es precisamente la creación de MORENA, movimiento en el cual se han incrustado diferentes causas del país, con el objetivo de abatir un enemigo común, el capitalismo liberal. Algo que queda patente cuando en la declaración de principios de este nuevo partido se habla del modelo “neoliberal” como factor que genera desastres en la sociedad.

Una vez expuesta la estrategia ideológica, queda ahora explicar de qué manera van a llevar a cabo tal fin. El proceso será mediante la radicalización del componente igualitario de la democracia, es por eso que su discurso hace énfasis en los temas de la desigualdad como generador de conflicto, de manera que profundizar sobre este ideal de igualdad será necesario al grado en que colapse por sí mismo, ejemplo de ello son declaraciones como las de Olga Sánchez Cordero, en las que hace un llamado a la democratización de las familias, la idea constante de llevar a consulta el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México o la revocación de mandato a mitad del sexenio, en palabras de Ernesto Laclau “ No es en el abandono del terreno democrático sino, al contrario, en la extensión del campo de las luchas democráticas al conjunto de la sociedad civil y del Estado, donde reside la posibilidad de una estrategia hegemónica de izquierda”[1]

Radicalizar la democracia no será el fin, más bien será el medio por el cual se pretende lograr la destrucción de la noción del individuo, en otras palabras, la destrucción de las nociones sobre los derechos individuales y la propiedad privada. De modo que, esta nueva concepción de democracia radical es el disfraz de un nuevo socialismo que ahora a conseguido incluir demandas que trascienden el aspecto puramente económico.

¿Qué debemos hacer los libertarios ante un embate de esta magnitud?

La respuesta es generar un movimiento de respuesta que sea homogéneo, en el que las diferentes corrientes que existen dentro del mundo de la libertad puedan avanzar de manera transversal en la academia, la sociedad y lo económico para hacer frente ante esta nueva estrategia que los teóricos del socialismo han puesto en marcha.



Esto quiere decir que tenemos que madurar políticamente y superar las nocivas discusiones sobre “pureza libertaria” que se dan habitualmente y que impiden que podamos construir una hegemonía por la libertad. En este momento, lo que esta en juego no es el flamante título de “Libertario”, sino la libre voluntad de poder simpatizar con el ideal de la libertad.

Finalizaré este análisis con una frase más de Mises para reflexionar sobre la enorme tarea que tenemos como único frente capaz de responder coherentemente la batalla cultural que se recrudecerá a partir de diciembre.

“Si queremos salvar a nuestro planeta de la barbarie, lejos de ignorar los argumentos socialistas, es preciso refutarlos.”

-Ludwig von Mises

*Hiram Pérez Cervera es internacionalista, enfocado en el estudio del impacto de la política sobre la economía. En twitter lo encontrará como: @hiram_perezc

[1] Laclau, Ernesto. Mouffe, Chantal. Hegemonía y estrategia socialista. P. 222.

Por: Ricardo Stern*

[dropcap type=”default”]I[/dropcap]ncluso en sociedades pequeñas, es casi impensable poder fiarse por completo de los otros miembros. Siempre puede haber gente no digna de confianza entre ellos. Todos observamos que hasta en grupos de amigos o matrimonios es común que alguien traicione la confianza; cuánto más en sociedades grandes o naciones. Y mientras esto suceda, hablar de sociedades libres seguirá siendo una utopía o una forma relativa de expresarse. La libertad absoluta es una imposibilidad para el ser humano, en tanto exista un solo delincuente.

Hay varias razones para lo que acabo de afirmar, pero con una basta, y es que un sistema hipotético donde hubiera total libertad para el justo, implicaría también total libertad para el injusto, ya que no es posible adivinar cuál es cuál, y solo es posible concebir restricciones para todos o libertades para todos. Es cosa de elemental sentido común, que prevenir el delito siempre será mejor que castigarlo cuando ya ocurrió, y la prevención del delito implica, básicamente, restricciones sobre la población. Se pueden hacer pequeñas “discriminaciones” para intentar molestar menos a quienes tienen menos probabilidad de ser delincuentes, pero hay un límite y al final tendrá que optarse por una serie de restricciones generalizadas. Lo contrario implicaría, sí, libertad para la gente de bien, pero también para los delincuentes, quienes usarían invariablemente dicha libertad para atentar e intentar destruir la libertad de los justos. De este modo, el máximo grado de libertad se obtiene, paradójicamente, a través de cierta restricción de la misma.



En otras palabras, “libertad total” en una agrupación humana es un contrasentido, ya que pasado cierto grado de libertad, ésta se empieza a destruir a sí misma, en manos de los delincuentes. Si se requiere aún de un ejemplo para entender, podemos tomar, de entre muchos que me vienen a la mente, el de la facultad que tiene un gobierno para espiar a los ciudadanos. Este es un tema que suscita innumerables protestas y molestias entre gente que asegura ser inocente de cualquier delito y, por lo tanto, que debería tener el derecho de que nadie invada su privacidad. Estrictamente hablando, esto es cierto, y quien no ha violado ninguna ley debería ser dejado en paz. Pero lo que no notan es que nadie tiene poderes adivinatorios para saber si son inocentes o no, y la manera de averiguarlo es precisamente invadiendo hasta cierto punto su privacidad. Y lo mismo aplica con retenes en las carreteras, revisiones en aeropuertos, detenciones preventivas, obligación de presentarse a testificar, traer en regla la documentación del vehículo en que se transita, y un largo etcétera. La única otra forma sería tener poderes divinos o de adivinación, o que desaparecieran por completo los delincuentes (y además tener poderes de adivinación para saberlo con certeza). Es decir, no en esta realidad y en algún plazo previsible. Así que si en verdad son gente de bien y ciudadanos que cumplen con las leyes, deben ser los primeros no sólo en aceptar, sino incluso en aplaudir que el Estado realice su trabajo para beneficio de ellos. No es razonable pedir, por un lado, que el Estado les dé seguridad, y al mismo tiempo criticar las acciones que este realiza para la consecución de tal fin.

Hablamos, por supuesto, de acciones que, en general causan pequeñas molestias (aunque en tiempos muy críticos pueden ser mayores, obviamente, como toques de queda, etc.), y por eso es racional pedir que sean aceptada incluso con gusto por parte del que la sufre sin merecerlo, ya que gracias a su utilización es posible detectar a verdaderos delincuentes que ponen en peligro a toda la sociedad, incluyendo al quejoso. En otras palabras, el sistema opera a favor de quien protesta, lo que hace ridícula dicha protesta. San Pablo lo explica inmejorablemente: “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella”. (Rom. 13:3)



Mucho más grave sería la violación a sus derechos que haría el delincuente si no se le detecta y detiene. Como decía Roussseau, sólo hay dos opciones: o se obedece a la Ley o se obedece a un Amo. Y la ley puede ser incómoda a veces, pero mucho menos que el amo, a menos que realmente se exceda y, pasando cierto límite, se convierta ella en el nuevo amo.

La verdadera discusión, pues, entre personas que ponen a la libertad como centro de sus valores cívicos y políticos, no es si puede tenerse una libertad total o no, sino cuál es el punto exacto en que las restricciones darán un grado de libertad óptimo, esto es, el punto de equilibrio justo entre incomodidades aceptables y opresión, entre una ley eficaz y una ley que ya se convirtió de pronto en el Amo del que tendría que habernos librado. Mi regla es que, siendo imposible una ley que dé gusto a todos, debe tomarse por óptima aquella que sólo incomode a delincuentes, nihilistas, anarquistas y plañideros profesionales que protestan de todo.

*Ricardo Stern, Ciudad de México, 1976. Estudió piano, literatura dramática y arquitectura del paisaje. Es autor de Aquí no se sirve café (novela, Sediento, 2012) y La razón ardiente (ensayo, Galma, 2015). Actualmente trabaja en consultoría política e investigación.

Por: Hugo Marcelo Balderrama*

Los firmantes de la constitución americana defendían la tenencia y portación de armas porque consideraban sumamente peligroso desarmarse, sobre todo, frente al poder estatal.

La Asociación Nacional del Rifle en inglés NRA (National Rifle Association), la organización civil más antigua de ese país, se encuentra bajo el ataque constante de todos los propagandistas de la izquierda norteamericana. Por ejemplo: La película de 1999 “Masacre en Columbine”, dirigida por Michael Moore, dispara sin piedad contra todos los valores americanos. Según Moore: los ciudadanos estadounidenses viven absortos en el miedo y en la ignorancia, causados principalmente por los medios de comunicación, y hace mucho énfasis en el hecho de que la única salida que encuentra la mayoría de la población es la posesión de armas de todo tipo y que su comercialización sea tan natural que cualquier persona pueda adquirirlas en un supermercado.



¿Por qué los valores y la constitución americana son constantemente atacados? La izquierda reconoce la importancia de EEUU, sabe muy bien que la nación del norte es el último bastión de occidente. Para avanzar en su agenda globalista es necesario debilitar al gigante, y para eso, es vital destruir sus instituciones culturales.

En honor a la verdad, tenemos que reconocer que tuvieron éxito. Las iglesias e historias están colonizadas por la ideología de género. Los colegios y universidades son centros de adoctrinamiento marxista. Los medios de comunicación y entretenimiento secuestrados por la “política correcta”. Y ahora, la izquierda va tras su último blanco, desarmar a la población, una población sin armas es fácilmente dominable.

No es de extrañar que las primeras medidas de los Stalin, Mao, Hitler, Castro y los Kin Jung-un del planeta sea el desarme de la población civil al efecto de someterlos con mayor facilidad. En esta línea argumental es de interés recordar que Suiza tiene una mayor proporción sobre los habitantes de personas armadas que en Estados Unidos, razón por la cual capitostes del ejército alemán han reconocido que no se atrevieron a invadir aquel país en ninguna de las dos guerras. Como es sabido, Suiza además no cuenta con ejército regular, son los ciudadanos que se constituyen en milicia armada y, dicho sea de paso, conviene destacar que ese país cuenta con el índice más bajo de criminalidad del mundo.



Gracias a Dios, todavia existen voces dispuestas a dar la batalla. Ron Paul (Ex Senador Texano) declara en el “The Boston Globe” que “Muchos políticos, jueces y burócratas consideran que tienen el poder de desconocer nuestro derecho a poseer armas, a pesar de que la Segunda Enmienda explícitamente garantiza el derecho de la gente. Como los Padres Fundadores, creo que el derecho a tener armas es consubstancial a la sociedad libre”. Y el Juez Andrew Napolitano en su libro “It is Dangerous to be Right when the Government is Wrong” subraya que “Sin el derecho a la defensa propia, los individuos no podrían protegerse de los ladrones vulgares ni de los gobiernos tiránicos”.

A modo de terminar, defender a EEUU de los ataques de la izquierda es una tarea que debemos hacer todos los que amamos la paz y la libertad.

*Hugo Marcelo Balderrama es Licenciado en economía y licenciado en Ciencias políticas. Se desempeña como profesor de economía, comercio exterior y planificación financiera. En Facebook: facebook.com/Marcelo.derecha

Por: Hugo Marcelo Balderrama*

La filosofa venezolana Yorbis Esparragoza, describe la política Latinoamérica como una competencia de grupos de presión, magistralmente, las llama “Elites herméticas”. Estos grupos de grupos de poder, utilizan el aparato estatal como un medio de enriquecimiento y dominio social.

Las universidades son las encargadas de brindar sustento intelectual al sistema, por eso: la supremacía del positivismo jurídico en ciencias jurídicas, la corriente neoclásica y el keynesianismo en economía y el enfoque de género en otras ciencias sociales.



El positivismo jurídico enseña que el Estado es la única fuente de autoridad y derecho, ergo, se debe considerar ley a cualquier cosa que los gobernantes decreten. Entonces, nadie puede oponerse a una ley, sin importa si esta es injusta o inmoral. Obviamente, las elites gobernantes son las mayores beneficiadas de este sistema legal, porque les permite obtener privilegios en desmedro de la población.

Los economistas keynesianos, sostienen la curiosa idea que una economía puede tener “fallos” y situaciones indeseables como la falta de empleo y el comportamiento mezquino de los capitalistas. Fallas que solo pueden ser corregidas mediante la intervención del estado.

Los gobernantes son tan egoístas como cualquier empresario, y quieren maximizar utilidades

Los profesores Gordon Tullock y James M. Buchanan padres del “Public Choice”, explican que el intervencionismo, propio de la escuela keynesiana, está sostenido en la falacia de la “bondad perfecta del burócrata”. Estos maestros, demuestran que los gobernantes son tan egoístas como cualquier empresario, y ambos quieren maximizar sus utilidades. La diferencia radica en el medio. El empresario lo hace invirtiendo y arriesgando sus capitales. El burócrata lo hace mediante el crecimiento del gasto fiscal. Su brillante análisis, también incluye el comportamiento de los “Cazadores de rentas”, básicamente, organizaciones que son parte de las elites herméticas.

En Bolivia “los cazadores de rentas” lo conforman cuatro grandes grupos.

  • Los empresarios que quien subsidios y mercados cautivos. Por ejemplo: Los exportadores quieren devaluaciones “competitivas” y los constructores quieren créditos blandos. Ambas medidas perjudican el bolsillo de la población.
  • Los políticos que quieren el monopolio de la acción política. Se comportan igual sin importar si son del oficialismo o la oposición. En Bolivia la oposición es el principal obstáculo para el surgimiento de un Partido liberal, demostrando así, que solo persiguen el poder y los privilegios.
  • Los colegios profesionales persiguen privilegios y puestos de trabajo en las altas esferas. Por ejemplo: los economistas quieren ser empleados del banco central o formar parte del viceministerio de planificación.
  • Los altos jefes de los departamentos estatales. El ministro de educación quiere más presupuesto para su área. La socióloga feminista persigue el ministerio del género. Y el periodista de izquierda quiere el ministerio de informaciones.




Este modelo político basado en los privilegios y transferencias de rentas es inmoral. Convierte a la sociedad en un sistema de castas: capitalismo para pocos (las elites) socialismo para muchos (la gente común).

La única salida de este sistema es por la vía política, y para eso, se necesita un partido político que enarbole los gobiernos limitados, los mercados libres y la propiedad privada. ¡Si señores! Hay que proponer el capitalismo.

*Hugo Marcelo Balderrama es Licenciado en economía y licenciado en Ciencias políticas. Se desempeña como profesor de economía, comercio exterior y planificación financiera. En Facebook: facebook.com/Marcelo.derecha

Por: Artemio Estrella*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]a elección de un candidato para un puesto de elección popular, sea para la presidencia de un país, el congreso o un gobierno local, es siempre un tema tan polémico que puede llegar a dividir a una sociedad entera, y es natural porque, por desgracia, todos nos podemos ver afectados de una u otra manera por el resultado de los comicios.

Aquellos que pueden resultar mayormente afectados por una mala decisión democrática, son precisamente los más jóvenes, pues ellos son los que tienen el horizonte de vida más largo y los que de manera inmediata van a soportar el costo de una mala decisión. En el caso actual mexicano, estoy hablando de los millennials, aquellos jóvenes nacidos en los 80’s y que hoy en día están por definir el rumbo de sus vidas.



La generación del milenio, millennials, o generación Y, cuentan con características que no poseen las generaciones que los precedieron: no se asombran con los cambios tecnológicos, pues nacieron y viven con ellos, están digitalmente hiperconectados y la expresión de sus pensamientos, sentimientos y emociones, son parte de su día a día, la inmediatez es una necesidad apremiante en ellos y esto los lleva a una búsqueda incesante de nuevas y mejores experiencias.

México, a diferencia de países que aún siguen anclados a políticas públicas del siglo pasado, ha permitido, aunque no a un nivel óptimo, el acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Prueba de ello es que contamos con una generación del milenio, propositiva y muy activa en asuntos económicos, sociales y políticos. El grito de esta generación, como ninguna otra, es: ¡HÁGANSE A UN LADO, NO NOS ESTORBEN!

Los millennials están determinando, en otras latitudes, nuevas formas de vivir y de hacer las cosas, nuevos modelos de negocios insertados en el mundo digital. Están cambiando los esquemas de educación, pues la educación tradicional ya no los satisface, se auto-educan con material que ellos mismos encuentran en Internet. El modelo tradicional de empleo lo han superado, con el autoempleo, el trabajo remoto desde casa, llegan a trabajar para dos o tres empresas a la vez, aumentando con ello sus ingresos y disminuyendo el tiempo u horas de trabajo, mejorando con todo esto su calidad de vida. Las industrias están movilizándose para adaptarse a las necesidades de la generación del milenio y no al revés. Lo anterior es sólo posible con políticas que, lejos de buscar promoverlas, lo que se necesita es que no las frenen ni las impidan.



Para los millennials ésta es la elección: ¿un estilo de gobierno que los deje irse por la libre o uno que les dicte por donde transitar?

*Artemio Estrella es tecnólogo especialista en TICs, columnista invitado en Asuntos Capitales y en Wellington.mx, y en asuntos políticos un impulsor de los principios republicanos.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]R[/dropcap]ecuerdo vívidamente un seminario que organicé, en Brasil, hace poco más de diez años, sobre la situación política en América Latina. Entre ponentes y auditorio, tocando el tema electoral, todo era caras largas, pesimismo, un inconsolable ambiente de derrota permanente. En ese entonces, el avance de la izquierda parecía irresistible, sobre todo bajo el patronazgo del Socialismo del Siglo XXI.


Hoy, en contraste, ¿qué queda del proyecto político de la izquierda en América Latina? Sólo muertos bajo su represión, acusaciones y sumarios judiciales, sueños difícilmente reciclables y retazos marginales de poder. Así, hoy la izquierda solo gana mediante el fraude, la represión, el clientelismo y el uso faccioso del presupuesto público, como dejan ver las situaciones de Venezuela, Nicaragua o Bolivia.

Durante sus años en el poder, la izquierda exhibió una sórdida tolerancia frente a la intolerancia, la corrupción y la incapacidad de sus propios correligionarios en el poder. Y donde les dejaron votar libremente, los electores terminaron cobrándosela. Por eso conviene echar un vistazo sobre cómo la izquierda, antes sólida y aparentemente imperecedera, se va desvaneciendo en el aire, como lección que quizá sirva a otras expresiones políticas.

Tras su victoria en diciembre pasado en segunda ronda, Sebastián Piñera tomó posesión hace unos días, el 11 de marzo, desalojando a los socialistas de La Moneda. Su objetivo, ha dicho, será “derrotar el subdesarrollo y la pobreza” y para ello, empezará por realizar una reforma fiscal para bajar impuestos y contener el deficit público. Si el nuevo presidente logra así su cometido de convertir a Chile en un país de primer mundo, para lo que requiere no repetir la tibieza y los bandazos que se le reprochan en su primer mandato (2010-2014), bien puede cumplirse el augurio hecho por Carlos Alberto Montaner: Piñera y Chile podrían probar de una vez y para siempre, que el mercado, la democracia liberal y la educación son el camino al desarrollo, nunca el populismo empobrecedor.

En El Salvador, las elecciones municipales y legislativas del pasado 3 de marzo significaron una no prevista derrota para la izquierda que hoy ocupa el Ejecutivo (perdió el control del Congreso y queda con la más baja representación parlamentaria de toda su historia), lo que aleja su posibilidad de ganar la Presidencia por tercera vez consecutiva en los comicios presidenciales del próximo año. La incapacidad y descrédito del presidente Sánchez Cerén y de su gobierno, su gradual e impopular acercamiento con el chavismo, el creciente problema de inseguridad pública y también el desgaste tras nueve años en el poder, han terminado por escribir el epitafio de la izquierda salvadoreña.

La de Costa Rica es una cultura sui generis: alejada de los extremos que han destrozado tantos países de la región, ese alejamiento se refleja en su balotaje del próximo 1 de abril, entre un par de candidatos que despiertan poco entusiasmo, aunque sí algunas interrogantes: el conservador Fabricio Alvarado Muñoz, y el socialdemócrata Carlos Alvarado Quesada (del partido en el poder). Por ahora, el tradicional bipartidismo tico quedó destrozado por completo y realmente no se avisora un izquierdismo radical e irresponsable en el poder, aunque el activismo religioso de Fabricio Alvarado puede tratar de llevar al país al otro polo, en caso de ganar, lo que las encuestas por ahora permiten avizorar.

En Colombia ocho candidatos presidenciales se disputan la primera vuelta electoral del 27 de mayo venidero. Al respecto, cada vez se hace más y más factible la posibilidad de que los candidatos que pasen a la probable segunda vuelta electoral sean Iván Duque (centro derecha) por un lado, y Gustavo Petro (izquierda) por el otro, con ligera ventaja para el primero, por ahora, aunque nunca antes la izquierda colombiana había llegado a sus actuales niveles de preferencia electoral. En los días venideros los candidatos negociarán posiciones, incluidos los nombres de sus compañeros a la Vicepresidencia, y es probable que tras dichas negociaciones, no lleguen al 27 de mayo los actuales ocho candidatos, sino menos.

De cualquier manera, es de notar que hasta hace unas semanas Gustavo Petro parecía un muy creíble vencedor, habiendo rebasado al entonces favorito por más de seis puntos. Hoy la situación no le pinta tan fácil, habiendo sido, a su vez, rebasado ya por Duque, descendiendo semana tras semana en prácticamente todas las encuestas y estando bajo los reflectores de una inquisitiva prensa que por ahora no ha logrado enfrentar con solvencia. El fantasma de un chavismo colombiano en el poder no se ha conjurado, pero ya no es una posibilidad tan inescapable como hace un par de meses.

En México, hoy por hoy, el candidato de la izquierda más retrógrada y proto chavista, Andrés Manuel López Obrador, encabeza todas las encuestas, igual que durante las elecciones presidenciales de hace seis años, y las de hace doce, que terminó perdiendo. Pero los casi 100 días de campaña ni siquiera inician y bien podría pasarle lo mismo que a Petro, con una amplia ventaja que irá desmoronándose día tras día durante la campaña, como ya le sucedió en 2006 y 2012. No es un escenario improbable.

López Obrador ciertamente puede llegar a la Presidencia, sobre todo si el presidente Peña Nieto por miedo de terminar en la cárcel, sigue persiguiendo a Ricardo Anaya, el único candidato con ciertas posibilidades de enfrentar a López Obrador (¡Paradójico destino de la izquierda mexicana de terminar aliada con el PRI! Un destino, digamos, muy echeverrista). Pero sería un fenómeno sumamente raro y a contracorriente de lo que viene sucediendo en América Latina, desde la elección de Mauricio Macri en Argentina en 2015. De llegar a Los Pinos, López Obrador será un mandatario débil en lo interno (sin mayoría en el Congreso y en un país dividido y distanciado) y aislado en el ámbito externo, sólo cómodo con mandatarios como Raúl Castro o Nicolás Maduro, aunque sin el poder de ellos: Una larga parálisis en el Congreso y en una ríspida relación con los gobiernos estatales seguramente terminaría minando lenta pero inexorablemente su Presidencia, sin capacidad de llevar adelante ninguno de sus proyectos.



Seguramente, en el futuro, la izquierda regresará al poder en América Latina, en uno o varios países donde dejó el poder y/o en aquellos donde, con suerte, seguirá dejándolo pronto. Porque en la democracia no hay derrotas (ni victorias) de una vez y para siempre. Porque las sociedades no aprenden ni tienen memoria. Porque siempre se busca “lo nuevo”. Y porque muchos políticos de la “derecha” que hoy gobiernan no son mejores que aquellos a quienes sustituyeron: su corrupción y mala gestión saldrá a la luz, tarde o temprano. Ojalá que para entonces se hayan construido marcos institucionales sólidos y transparentes, que resistan a los nuevos caudillos indispensables y a las voraces pandillas, como tuvimos en América Latina en los poco más de diez años pasados.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: David Chávez Salazar*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]a idea de un sistema monetario completamente desregulado ha sido defendida desde distintos enfoques teóricos, de los cuales destacan tres: la desnacionalización monetaria, que consiste en la libre competencia de monedas tipo fiat con unidades de cuenta distintas; la “Nueva Economía Monetaria”, que propone el establecimiento de sistemas de pago sin dinero, en donde los medios de intercambio consisten en reclamaciones asumidas por los bancos o por fondos de inversión; y la teoría moderna de la Banca Libre (Free Banking), de la cual nos ocuparemos en este artículo y cuyos máximos exponentes en la actualidad son los economistas estadounidenses Lawrence White y George Selgin.



Comencemos por indicar que la Banca Libre es un sistema monetario basado en la existencia de una “moneda básica” – que puede ser un metal precioso o un stock de dinero fiat – que sirve como unidad de cuenta y en la cual están respaldados los billetes y depósitos bancarios. White y Selgin (1994) enuncian una serie de características que debería cumplir cualquier sistema de este tipo:

  • No existe control gubernamental sobre la cantidad de medios de intercambio. Los bancos son los que deciden autónomamente el monto de emisión de sus billetes, sin restricciones legales.
  • No existe un banco central creado o patrocinado por el Estado. El Estado no creará ningún banco central ni le otorgará a ningún banco privado el monopolio sobre la emisión monetaria. Los críticos argumentos que la multiplicidad de bancos emisores conduciría al caos monetario, pues no habría uniformidad en la divisa. Al respecto, es necesario señalar que debido a que existe una moneda básica común, habría una sola unidad de cuenta. De esa manera, los bancos emitirían sus billetes en esa unidad común: dólares, pesos, libras, o cualquier otro. Aquí se presenta la diferencia fundamental entre este modelo y el de “desnacionalización monetaria” de Hayek, según el cual cada banco establece su propia unidad de cuenta: un banco puede emitir en ducados, mientras que su vecino emite en florines. De igual manera, cada consumidor elegiría que divisa usar. En ese modelo, sí tendría lugar la situación de caos monetario que denuncian los críticos.

Por otra parte, en un sistema de Banca Libre lo más probable es que los bancos establezcan acuerdos para de aceptación mutua de los billetes, así como “los bancos acuerdan hoy en día aceptar las tarjetas débito de otros” (White, 1984, p. 19). La aceptación recíproca promueve la circulación de las marcas de billetes (White, 1984).

  • No hay barreras legales para la entrada, división y salida de los bancos comerciales. Es decir, existe un régimen de libre competencia, en donde las fuerzas del mercado son las que determinan la permanencia de los actores en el sector económico en cuestión (no solo de los bancos sino también de las instituciones financieras no bancarias). Según la teoría microeconómica austriaca, la competencia no implica la participación más o menos equitativa de una buena cantidad de firmas en el mercado, como afirman los neoclásicos, sino que sólo es necesaria una condición para asegurar su existencia: la ausencia de barreras de entrada a cualquier mercado donde se perciban oportunidades de ganancia (Kirzner, 2000).
  • No existen restricciones en las cantidades, tipos o mezcla de deuda y derechos accionarios, o en las cantidades, tipos o mezcla de activos que un banco pueda mantener. La consecuencia más importante de esto es la libertad de reservas, por lo tanto, sería posible tener un sistema de reserva fraccionaria en condiciones de libre mercado. Es decir, que los bancos pueden optar por mantener sólo una fracción de los depósitos de sus clientes como reserva, tal como ocurre en la actualidad. Sin embargo, la única diferencia es que lo harían en un contexto de desregulación total. Este tema ha generado divisiones entre los defensores de la Banca Libre, pues hay quienes argumentan que la reserva fraccionaria es una práctica fraudulenta e inflacionaria.
  • No existe control sobre las tasas de interés del mercado. Son los bancos los que establecen esta variable, en lugar de una junta monetaria central. Este es un indicador crucial en la economía porque refleja las preferencias temporales de ahorros e inversionistas (Horwitz, 2000). Sin embargo, cuando es manipulada por las autoridades monetarias, se convierte en una señal distorsionada que genera problemas en el aparato productivo. Este sesgo quedaría eliminado en un sistema de Banca Libre.
  • No existen garantías del gobierno sobre los depósitos. Es decir que el gobierno no protegerá a aquellos depositantes que hayan sufrido pérdidas por cuenta de la insolvencia de algún banco. No obstante, eso no significa que en un escenario de Banca Libre el consumidor financiero quede desamparado; se pueden crear fondos de garantía de depósitos de carácter privado.
  • No existen restricciones en los términos de los contratos que suscriben los bancos con sus clientes, más allá de los principios legales que rigen cualquier actividad comercial.

Después de observar las características de un sistema de Banca Libre, hablemos un poco sobre su comportamiento. Según Echeverri (1994) la diferencia fundamental entre un sistema de este tipo y uno de banca central es la “flexibilidad con la que oscila la oferta monetaria” (p. 321), oferta que está compuesta por los siguientes elementos: el stock de especie metálica o dinero fiat que sirve como base monetaria del sistema (lo que White y Selgin denominan outside money), el dinero bancario (o inside money), que corresponde a los billetes de banco, las cuentas corrientes y los depósitos, y ocasionalmente las notas de deuda pública con características de papel moneda.

En un sistema de Banca Libre, los emisores reciben señales automáticas del mercado que les permiten ajustar la oferta de dinero bancario (particularmente la de billetes) a las necesidades reales de los consumidores. En caso de una sobre emisión, el mercado lo advertirá y los emisores podrán corregir la situación. Algunos críticos afirman que en un sistema de Banca Libre la sobre emisión de dinero será más la regla que la excepción, conduciendo inevitablemente a fenómenos como la inflación de precios y los pánicos bancarios.

La circulación de billetes es una variable de elección del banco, que se ve limitada por consideraciones de costo. Mantener un billete en circulación cuesta, y gracias a eso es que los bancos pueden establecer un límite de emisiones. También debe tenerse presente que, en el balance del banco, los billetes representan un pasivo. Para mantener una situación de solvencia, los pasivos deben ser menores a los activos y al patrimonio. Por lo tanto, el banco no tendrá ningún incentivo para emitir ad infinitum.

Visto con más detalle, la expansión monetaria implica fundamentalmente dos tipos de costos: costos operativos, que están asociados al mantenimiento de la clientela; costos de liquidez, que son aquellos que el banco debe asumir en caso de un agotamiento inminente de las reservas. Dichos costos se incrementan con el volumen de pasivos. Hasta cierto punto superarán a los ingresos, por lo que la expansión más allá de ese punto óptimo no será rentable para el banco (White, 1989).

Según White (1999) cuando un banco incurre en exceso de emisiones, los clientes pueden responder de tres maneras:

1. Cambiando el exceso de billetes por moneda básica (metálico o dinero fiat congelado permanentemente),

2. Depositar el exceso en cuentas corrientes (en bancos distintos al emisor) y

3. Gastar el exceso en el mercado de bienes y servicios, lo que disemina el impacto de la sobre emisión a lo largo del tiempo. Por lo general, los agentes escogerán una combinación de esos tres cursos de acción

Mientras los clientes responden, el banco sobre emisor se enfrentará a una pérdida de reservas, lo cual debería poner fin a la expansión. En este escenario, el banco estaría ubicado en una posición subóptima, por lo que debe acumular reservas y seguir una política restrictiva durante algún tiempo.



Ésta es grosso modo la propuesta de White y Selgin. Para quienes preguntan si algo así puede llegar a funcionar o no es más que una sofisticada elucubración teórica con escasa aplicación en el mundo real, la respuesta es que sí puede hacerlo, de hecho, la mayoría de características descritas por el modelo han estado presentes en numerosas experiencias bancarias alrededor del mundo y en distintos momentos de la historia. Algunas de ellas pueden consultarse en el maravilloso libro de Kevin Dowd, The Experience of Free Banking.

*Aquí dejo una bibliografía breve de White y Selgin, más las referencias de otros autores que se citaron en esta columna.

Bibliografía recomendada:

Selgin, G. (1988). The Theory of Free Banking: Money Supply under Competitive Note Issue. Lanham, MD.: Rowman & Littlefield.

Selgin, G. & White, L. (1994). How Would the Invisible Hand Handle Money? Journal of Economic Literature, 32 (4), pp. 1718-1749.

White, L. (1989). Competition and Currency: Essays on Free Banking and Money. New York, NY.: New York University Press.

_______. (1995). Free Banking in Britain: Theory, Experience, and Debate, 1800-1845. 2 ed. London: The Institute of Economic Affairs.

_______. (1999). The Theory of Monetary Institutions. Malden, MA.: Blackwell Publishers Inc.

White, L. & Selgin, G. (1985). The evolution of a free banking system. Economic Inquiry, 25 (3), 1-30. 

Otros autores citados aquí: 

Echeverri, L. (1991). Free Banking in Colombia: 1865-1886. Disertación doctoral. Universidad de Georgia.

Horwitz, S. (1992). Monetary evolution, free banking, and economic order. Boulder: Westview Press.

Kirzner, I. (2000). The Driving Force of the Market: Essays in Austrian Economics. London and New York: Routledge: Taylor and Francis Group.

*David Chávez Salazar es economista con estudios en pronóstico macroeconométrico y mercado de capitales. Miembro investigador del Tanque de Pensamiento Ludwig von Mises. Apasionado por la historia.

Por: José Joaquín Galván*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]a partidocracia mexicana está estancada, que en realidad no es que tuviera gran futuro un sistema de representación sustentada en partidos políticos que parecen más bien empresas o negocios de gran poder adquisitivo donde muchas personas e inclusive familias ven un futuro asegurado una vez iniciada su “vida política” o más cínicamente la llamada “carrera política”

¡Y cómo no!  Si el primer conflicto de interés de un sujeto que desea adentrarse al sistema político mexicano son los ridículos y altísimos ingresos monetarios que implican “representar al pueblo.  Pero en fin, no haremos de esto una lista de quejas sin fin. Hay algo muy simple para explicar este fenómeno de estancamiento más allá de cualquier tesis de sociología: comodidad.



La realidad es que formamos parte de un modelo político que goza tal estatus por la simple y sencilla razón de que nos ha hecho creer de alguna u otra manera a través de mecanismos de control patrióticos, de un sistema educativo oficialista, de los monopolios y del nacionalismo que la sociedad está y solo puede estar sustentada sobre un estado inamovible, ese ente abstracto del que derivan todas las instituciones, el gobierno, las potestades, etcétera.

La verdad es que solo sustentándose la idea de un ESTADO incuestionable e inamovible como ha sido hasta ahora a niveles políticos e institucionales, los encargados de la partidocracia mexicana seguirán usando de pretexto dicho ente para ir haciéndolo cada vez más y más grande, cada vez más y más cómodo para algunos, solo así se justifica  que se presuman como los grandes administradores de un gobierno necesario, de ahí que el ideal para el político es justificar su existencia ofertando y reiterando que el gobierno debe ser más cercano a la gente, o en pocas palabras que el estado se inmiscuya cada vez más en la vida de las personas  y no hacer a las personas cada vez más independientes del gobierno o del estado porque eso implicaría por supuesto la reducción de un gobierno que succiona grandes y ofensivas cantidades de dinero de sus gobernados.

Ningún político relevante ha hecho propuestas que se discutan desde la idea de cambiar, reducir, cuestionar el modelo de estado-nación al  que hemos sido adoctrinados.

Hasta ahora, en la historia de la partidocracia mexicana moderna, ningún político relevante ha hecho propuestas que se discutan desde la idea de cambiar, reducir, cuestionar el modelo de estado-nación al  que hemos sido adoctrinados y acostumbrados,  todo se discute desde los  elementos últimos del estado: Instituciones, presupuestos, legalidad, legislación, salud, educación,  partidos políticos, economía, monopolios y seguiremos perdiendo el tiempo votando por propuestas que solo se enfocan en lo superficial y no en propuestas que se enfoquen en arrancar los problemas de raíz como por ejemplo preguntándonos si realmente el estado debe seguir con la ruta de seguir creciendo, mantenerse cómodo así como está actualmente, o empezar a tomar el camino de reducirse para promover cada vez más al hombre y la mujer autoteleológicos lo que conllevaría de facto grandes consecuencias muy probablemente positivas si por ejemplo ello implicara una reducción burocrática y asistencialista.



No hace mucho México vivió dos terremotos continuos en donde sin ayuda del gobierno los empresarios y la sociedad civil daban muestra eficaz de una organización solidaría y casi anarquista, mientras el gobierno discutía aún tras días de emergencia que podía o no hacer.

Si hablamos de las próximas elecciones del 2018 la verdad es que ninguno de los precandidatos apunta hacia ese eje, pero la pregunta para el elector debe ser simple, cada elección elegimos al que nos garantice mejor gobierno, y cada elección salimos defraudados ¿no estamos equivocados al creer que la mejor propuesta es esa y no aquella que cuestiona porque tenemos tanto gobierno?¿Por qué el estado no asume solo las funcionas más mínimas? o ¿porque simplemente no buscar otras alternativas al estado?

No esperemos que los políticos cambien las cosas ante un sistema que les es cómodo, todos los sistemas serán defendidos siempre por los que más se benefician de él y nuestro pecado está en seguir esperando un cambio de aquellos que siguen aferrados a replicar las conductas de dependencia al estado.

*José Joaquín Galván es libertario, estudiante de la licenciatura en Derecho en la Universidad La Salle, originario de Ayutla Mixe  en el Estado de Oaxaca.

Por: Roberto José Dávila Romo*

[dropcap type=”default”]H[/dropcap]oy día estamos invadidos de políticos azules, amarillos, rojos, dorados y de todos los colores que lo único que hacen es ver qué promesa hacer, que regalar para que voten por ellos.

Mostremos como ciudadanos capaces que estamos muy por encima de la política barata que hoy nos aturde y nos tiene hundidos en la pobreza.



Demos un paso adelante y enfrentemos a la clase política y hagámosle saber que no tiene que darnos nada, que somos totalmente capaces de depender de nosotros mismos sin apoyos ridículos, pero que aparte de apoyo no tienen nada, pues primero te lo quitan y de cada peso que te quitan, te dan 1 centavo.

Exijamos y elijamos a una persona que gobierne sin promesas falaces y entendamos que el éxito de una nación depende de la suma de esfuerzos de cada uno de los individuos.

Como ciudadanos, ¿cuánto nos ahorraríamos si dejáramos de pagar todos los impuestos especiales que tienen productos como la gasolina, etc.?

Como empresarios ¿qué posibilidad de crecimiento podríamos alcanzar si el impuesto al trabajo se eliminará? Y como trabajadores ¿de qué manera tan impresionante mejoraría nuestra calidad de vida si no se nos quita el mismo al cobrar un salario?

Como ciudad, ¿qué posibilidad de desarrollo tendríamos si los impuestos como el IVA en lugar de irse a la federación, cayera en manos del mismo municipio?

Como individuos, ¿qué posibilidad de desarrollo tendríamos si en lugar de educarnos en un sistema totalmente controlado por el estado, cada individuo tuviera la posibilidad de ofrecer su propia propuesta educativa sin excesos regulatorios? Habría opciones para todos.

Como sociedad ¿qué increíble hermandad y bienestar lograríamos si en lugar de pedirle al gobierno que le brinde de comer a los más desfavorecidos, cada quien toma un papel en medida de sus posibilidades de manera libre y se compromete con algún proyecto social?

Yo no tengo duda de que el problema no es el gobierno, sino cada uno de nosotros que día a día le vamos dando cada vez más tareas al gobierno y nos desentendemos de cada una de estas mismas, so pretexto de ser obligación del gobierno llevarlas a cabo. Y lo llevamos a tal grado que hoy una gran mayoría de personas cree que el cambio está en un nuevo presidente de la república en lugar de en un cambio en cada uno de nosotros.



Seamos inteligentes y reflexionemos nuestro voto. No solo del presidente, sino del diputado, el senador, el alcalde, el gobernador. Exijamos y elijamos a una persona que gobierne sin promesas falaces y entendamos que el éxito de una nación depende de la suma de esfuerzos de cada uno de los individuos que lo forman de manera libre y no de una persona que en 6 años se va y seguramente que para cumplir sus promesas, tendrá que tomar decisiones que son violatorias de los derechos individuales.

*Roberto José Dávila Romo Ingeniero en Electrónica con estudios de Maestría en Administración de Empresas. Invitado a participar en Wellington y defensor de los principios libertarios.

Por: David Chávez Salazar*

[dropcap type=”default”]T[/dropcap]ras los últimos acontecimientos (aplicación del artículo 155 de la Constitución española y convocatoria a nuevas elecciones el 21-D) lo cierto es que la independencia de Cataluña no se materializará en el corto plazo, ni siquiera en el largo, a menos que se realice una improbable reforma constitucional que permita la secesión de cualquier parte del país.



Así las cosas, las reflexiones que se desarrollarán a continuación pertenecen al terreno de lo especulativo. ¿Qué hubiese pasado si Cataluña accediese a la independencia? La respuesta es simple: nada bueno. Los fines del procés eran tan perversos como sus medios. Las nefastas consecuencias de la secesión se habrían sentido en lo económico, lo político y lo social.

Consecuencias económicas:

  • Fuga de empresas. Ésta fue la única consecuencia que llegó a sentirse, aún sin independencia efectiva. Desde el 2 de octubre hasta la fecha, unas 2475 empresas (la mayoría grandes y medianas) han trasladado su sede social a otras regiones de España. Sin embargo, desde mediados de noviembre un menor número de firmas ha recurrido a esta medida, como resultado de la normalización institucional propiciada por la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la convocatoria a elecciones.

No es mi intención defender el conjunto de acciones que ha emprendido el gobierno español para sortear la crisis catalana. No olvidemos que él también tiene su cuota de responsabilidad en la situación, al coadyuvar al fortalecimiento del independentismo (este tema se trató en la segunda entrega de esta serie). Sin embargo, la aplicación del 155 reestableció la seguridad jurídica que requieren las empresas para poder funcionar. De haber continuado la locura independentista, muchas más se habrían trasladado.

  • Problemas de financiación. Los recursos fiscales se obtienen por medio de tres vías: los préstamos, la inflación y la tributación. Veamos cómo le hubiese ido a Cataluña en cada una de ellas.
  • Préstamos. El economista Daniel Lacalle señala que el acceso al mercado de capitales de Cataluña y del resto de España se reduciría dramáticamente en un escenario de independencia. El crédito disponible anualmente caería, al menos a un 35-40%. Por lo tanto, la vía de los préstamos quedaría descartada.
  • A pesar de que una Cataluña independiente saldría automáticamente de la Unión Europea, aún podría seguir usando el euro. Sin embargo, al quedar por fuera del ámbito de regulaciones del Banco Central Europeo, la masa monetaria en circulación dependería exclusivamente de la balanza de pagos. Si esta llegase a ser deficitaria, la oferta monetaria tendería a decrecer, por lo que se tendría que recurrir a medidas como la devaluación. De esa manera, el euro catalán sería distinto al europeo.

Ante estas circunstancias adversas, la única opción que tendría el gobierno catalán sería la de emitir su propia moneda, y es allí donde entra en escena el peligroso juego de la inflación. Bastaría con darle la orden al nuevo banco central para producir “dinero del aire” y de esa manera, asegurarse los recursos que necesita el fisco.

Toda inflación supone un desastre económico, máxime en el caso de un país de reciente creación como lo hubiese sido Cataluña. La única salvación sería implementar un sistema de Banca Libre, en el que los bancos (si es que aún quedan) cuenten con el poder de emitir billetes, los cuales estarían respaldados en una base monetaria compuesta por un stock de euros congelado permanentemente o por algún metal precioso. No habría banco central en la república catalana ni ningún tipo de regulación sobre la industria bancaria. Infortunadamente, esto no es más que un ejercicio de imaginación. En la mente de los independentistas catalanes no tiene lugar nada que evoque la idea de libertad

  • Presión fiscal. Cataluña habría alcanzado la independencia siendo una de las regiones con la presión fiscal más altas de toda Europa. Como bien señala el historiador Gabriel Tortella el gobierno catalán no cuenta con la liquidez suficiente para pagar a sus proveedores. Por lo tanto, los habitantes del nuevo país solo hubiesen podido esperar un aumento sustancial de los impuestos. De hecho, durante la campaña del referéndum del 1-O, el govern llevó a cabo una reorganización de la Agencia Tributaria Catalana, la oficina de Hacienda de la anhelada república. El entonces vicepresidente Oriol Junqueras detalló que la ATC estaba lista para recaudar 000 millones de euros en impuestos, que es 15 veces más de lo previsto originalmente para 2017. De igual manera, en la Ley de Transitoriedad de la república se contemplaba un principio de tributación progresiva, al señalar que era deber de los ciudadanos contribuir al gasto público en la medida de sus posibilidades.
  • Comercio exterior deficitario: en la actualidad, el 80% de las ventas catalanas va al resto de España (un 40%) y a otros socios comunitarios (el otro 40%). Al quedar por fuera de la Unión Europea, Cataluña sería objeto de los aranceles europeos, lo que tendría efectos devastadores para la balanza de pagos. Por el lado de las importaciones, sería improbable que una empresa tuviera incentivos para vender sus productos en Cataluña debido al ambiente de aislamiento internacional e inseguridad jurídica en la que se vería inmersa la región.

El saldo económico de la independencia sería negativo. Lo más triste del asunto es que las nuevas autoridades no verían esta crisis como la oportunidad para liberalizar, ese idioma no lo entienden los independentistas.

Consecuencias políticas:

La consecuencia política más visible es que se reemplazaría a un Estado malo (el español) por otro peor. Es mejor una Cataluña dentro de España, aún con todos los errores del gobierno central, que una Cataluña independiente manejada por amigos del totalitarismo. La estructura de Estado contemplada en la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República dista muchísimo de ello. Allí se plantea que el presidente de la república sería jefe de Estado y de gobierno (lo que rompería con el modelo parlamentario tradicional de Europa) y sería elegido de entre los miembros del Parlamento. A su vez, el presidente gozaría de inmunidad legal durante su mandato y el legislativo podría delegar en él la potestad de dictar normas con rango de ley (como las leyes habilitantes de Hitler o de Chávez).


Consecuencias sociales:

El efecto contagio sería la consecuencia social más importante. En la entrega anterior, mencionábamos que ETA ya había tomado nota del proceso soberanista catalán para replicarlo en Euskadi. En aquella comunidad autónoma, el principal aliado de los independentistas catalanes ha sido el terrorista Arnaldo Otegi, coordinador general de EH Bildu. Otra consecuencia sería la prolongación de la tensión entre los independentistas, que ya habrían alcanzado sus objetivos, y aquellos que preferirían seguir en España.

Reflexión final

El proceso soberanista catalán es probablemente el ejercicio más perverso de ingeniería social que haya vivido Europa occidental en su historia reciente, después del nacionalsocialismo. La ideología que lo inspira, la forma en la que se ha desarrollado y el objetivo buscado no tienen nada de bueno.

Así mismo, el futuro apunta hacia nuevos modelos de gobernanza, superiores al Estado-Nación. Es destacable el caso de Bitnation: Governance 2.0, una plataforma que permite la creación de asociaciones virtuales que presten los servicios que tradicionalmente presta un gobierno, pero sin el componente de la coerción. De hecho, a raíz de los acontecimientos en Cataluña, se creó Catalonia 2.0. Los independentistas deberían conocerlo, pues a través de dicha asociación podrían vivir su sueño de independencia, sin las nefastas consecuencias que traería la secesión territorial. En este modelo de gobernanza, solo participarían aquellos que deseen hacerlo. No se forzaría a nadie a pertenecer a ninguna asociación política. Probablemente, la parte más difícil sería el reconocimiento del Estado español a estos secesionistas virtuales.

*David Chávez Salazar es economista con estudios en pronóstico macroeconométrico y mercado de capitales. Miembro investigador del Tanque de Pensamiento Ludwig von Mises. Apasionado por la historia.