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Por Carlos Gutiérrez Heredia*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap] propósito de los paraísos fiscales, quiero hablar sobre el tema que tanto irrita a muchos cada que se pone de moda este tema por las famosas filtraciones en los mismos.

De acuerdo a los defensores de la “redistribución de la riqueza”, y la “justicia social”, se necesita cobrar muchos impuestos para que un país mejore y se desarrolle. Todo esto lo cuestionaré y demostraré con simples datos, que todo eso es falso, y más que querer ayudar, la verdadera intención de muchos es boicotear a los que tienen más éxito que ellos.



Si usamos la lógica de los que están contra los paraísos fiscales, esos “paraísos” deberían tener un nivel vida paupérrimo para sus habitantes y solo una alta calidad de vida para los ricos. Otro resultado de los paraísos fiscales, usando esa misma lógica, sería que deberían tener servicios de mala calidad e inaccesibles para todos. Pensemos por ejemplo en Singapur, uno de los “infames paraísos fiscales” según los defensores de la “distribución”. Si este país es un paraíso fiscal, entonces, no debería recaudar nada y sus empresas y habitantes no pagarían nada, por lo tanto no debería haber ningún servicio, y no digamos servicio de alta calidad, sino simplemente ningún servicio.

Afortunadamente, y como siempre, los izquierdistas se equivocan rotundamente.

Singapur tiene una recaudación progresiva, es decir, pagan más los que más ganan. ¿Pero cuánto pagan los que menos y más ganan? Pues lo más que se llega a pagar es un 22% para aquellos que ganan arriba de 320,000 dólares y los que menos pagan es un 0% hasta los primeros 20,000 dólares por año. La peculiaridad de Singapur, es que dentro de sus rangos de tributación, hay un mínimo y un máximo a pagar, por lo que todos los que ganen 320, 000 dólares o más, solamente pagarán un máximo de 44, 450 dólares en impuestos. Todo esto se puede ver en la primera imagen.

Pero todo esto es solo para impuestos en el ingreso, para impuestos corporativos la tasa es de 17% para todos (excepto para las startups, que tienen más facilidades)

En la segunda imagen podemos ver que Singapur recauda por concepto de impuestos sobre ganancias a personas físicas y morales un aproximado de un 31% del total de su ingreso. Sin embargo también podemos ver que compensa sus ingresos con otros impuestos, pero la mayoría de ellos (el 24%) sale de ingresos en transacciones financieras. Singapur recauda así aproximadamente un 17% de su PIB y termina gastando menos de lo recauda. En este punto, es justamente donde los izquierdistas y su mito de la redistribución caen, ya que incluso algunos se atreven a poner una especie de gasto mínimo o límite para tener un sistema educativo “eficiente”. Singapur de nuevo nos muestra que están equivocados, cosa que podemos ver en la tercera imagen.

La tercera imagen nos muestra que el paraíso fiscal tiene la mejor educación en el mundo gastando incluso mucho menos que otros países desarrollados que tienen gastos mayores en este rubro. Esto tumba dos mitos. El primero, que entre más se gasta, mejor; y el segundo, que en los paraísos fiscales no habría bueno servicios como el educativo.

Y lo que termina destruyendo a todo el mito no acaba aquí. Un pretexto de los que pugnan por la “redistribución” de la riqueza argumentan que sin esos impuestos no habría capitalismo y no habría infraestructura y por lo tanto, el mismo capitalismo colapsaría o no despegaría el sistema capitalista. Otro grave error.

China es el país que hoy por hoy invierte más en infraestructura que cualquier otro país sobre la Tierra, y sin embargo su deuda es muy baja y su gasto respecto al PIB tampoco pasa del 20%. ¿Cómo le hace? Pues tiene lo mismo de lo que goza Singapur, y que es infinitamente más importante que cualquier sistema de recaudación y pifias de redistribución de la riqueza: un sistema financiero sólido y muy bien desarrollado. China basa sus proyectos en sus bancos y todo esto gracias al fortalecimiento de su sistema financiero. Esto es lo mismo que permite a Singapur tener más ingresos para gastos pero sobre todo que muchos de sus “gastos sociales” son autosostenibles precisamente porque se proyectan desde el sistema financiero.



Las pensiones, los gastos médicos, financiados desde el ahorro por los habitantes de Singapur, crean un fondo que les da intereses al hacerlo desde los bonos del gobierno, y con su baja inflación (rondando el 0% o con deflación) al cabo del tiempo terminan pagándose (los individuos) su propio sistema de seguridad social. Todo esto nos dice que es posible saltarse todo el absurdo de redistribución de la riqueza y tener infraestructura, servicios y seguridad social sostenible sin endeudarse y cobrar impuestos, ya que todo esto se da en un “paraíso fiscal”.

La conclusión es, que si hay buenos servicios básicos, gran desarrollo económico y seguridad social en un paraíso fiscal, y que todavía ese paraíso se da el lujo de gastar menos y ahorrar un 200% de su PIB, significa que en realidad no es un paraíso fiscal, sino que todos los demás países son infiernos fiscales.

Si todavía, a pesar de esto, sigue habiendo personas que justifican tal redistribución, no es porque su objetivo sea el bienestar social (porque ya se demostró que se puede tenerlo sin altos impuestos), sino que su objetivo es tirar al que está mejor que ellos bajo el pretexto autocomplaciente de que lo hacen por una especie de “justicia social”.

Las combinaciones Estado-Mercado pueden ser buenas mientras el mercado sea mayoría y estén construidas bajo una lógica de mercado y no de distribución, es decir, que es posible hacer una distribución y ayudar a la sociedad mientras se tenga una mecánica de mercado y no de puramente “desarrollo social”. La sociedad se desarrolla y se ha desarrollado gracias al mercado, por lo que es posible tener todo esto y más mientras la eficiencia sea la estrella guía de toda política. Pero la mayor lección, es que los supuestos paraísos fiscales no son el infierno explotador que quieren pintar los socialistas, sino que de hecho tienen una vida mejor y mejores servicios que cualquier supuesto paraíso socialista.

*Carlos Gutiérrez Heredia nació hace 32 años en la Ciudad de México. Tiene estudios en psicología y derecho. Autodidacta en muchos otros temas. Empresario, freelancer y actualmente escribe un libro sobre filosofía.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ste miércoles 18 tuve el honor de participar en el Foro sobre el derecho constitucional sobre propiedad privada, organizado por el senador Francisco Búrquez y diversas organizaciones libertarias, incluyendo Wellington.mx. Fue un evento verdaderamente extraordinario, no sólo por el enorme avance que representa el hecho de plantear conceptos de libertad individual, libre mercado y propiedad privada en el Senado, sino por la riqueza de los planteamientos de todos los ponentes y la entusiasta participación de los asistentes, que superaron la capacidad de la sala de conferencias.



A continuación les comparto un resumen de la reflexión que compartí en dicho evento:

La agenda del diálogo político nacional suele estar dominada por declaraciones de coyuntura o escándalos de corrupción, hay una perspectiva de corto plazo y una condena permanente a la crisis de las instituciones, cuya característica más grave es la escasez de ideas y esfuerzos para atender las razones de fondo de ese paternalismo burocrático del que todos se quejan sin hacer nada.

Por ello me alegró tanto enterarme de la iniciativa que presentó hace unas semanas el senador Francisco Búrquez (PAN), para reformar el artículo 27 constitucional y reconocer formalmente nuestro derecho como personas libres a ser propietarios de aquellos bienes que todos hemos construido y adquirido a través de años de esfuerzo y de generar valor al servicio de los demás.

El hecho es que, bajo su redacción actual, el artículo 27 constitucional le arrebata la propiedad a los ciudadanos y se la otorga a la “nación” o sea, a la burocracia de turno. Al hacerlo nos niega un derecho elemental, y nos reduce a la condición de súbditos, poniendo nuestras propiedades (que en realidad son meros dominios prestados) a merced del capricho de los gobernantes, los cuales han abusado innumerables veces de esa facultad para robarle el patrimonio a miles de familias durante los últimos 100 años.

En consecuencia, el corregir ese atroz abuso constitucional es indispensable y, de aprobarse, la iniciativa del senador Búrquez será la reforma más trascendental en las últimas décadas en nuestro país.

¿Por qué es tan importante esta reforma?

Porque nuestro patrimonio es algo que construimos con el trabajo de nuestra vida entera, y tenemos el derecho de que sea plenamente nuestro, y no un mero préstamo buena onda de las mafias gubernamentales, sin importar el color de que se pinten.

Porque la propiedad privada es el requisito indispensable para el desarrollo de la civilización humana, pues fortalece la certeza sobre los bienes y los incentivos para planear y actuar a largo plazo, incluyendo tanto el ahorro como la colaboración para proyectos que serían impensables de otro modo. Es decir, la propiedad privada no sólo facilita la generación de riqueza, sino su conservación y su distribución voluntaria entre los ciudadanos, en lugar de concentrarla en las manos de los déspotas.



Porque la propiedad privada es un paso fundamental para consolidar la madurez política y republicana de nuestro país, dando el salto de súbditos a ciudadanos. Necesitamos un sistema legal e institucional que nos reconozca como individuos responsables, dueños de nuestro patrimonio y de nuestra vida misma. Si en serio queremos dejar atrás el fantasma del paternalismo gubernamental, es necesario que las personas dejen de ser tratadas como niños, y el primer paso para hacerlo es reconocer que somos dueños de nuestras propias cosas.

Tan claro como eso.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Entrevista a Rafael Acevedo y Luis B. Cirocco, directores-fundadores de Econintech.

[dropcap type=”default”]C[/dropcap]uando pensamos en Venezuela, lo que solía venir a nuestra mente era Miss Universo, béisbol, petróleo y alegría, antes. Ahora, a la nación sudamericana se le relaciona con otros conceptos: socialismo, violencia, pobreza, tiranía, demagogia. Es la trágica historia de un país despedazado por el “Socialismo del siglo XXI”, a la que me he referido en varias ocasiones durante este año, incluyendo los artículos “Maduro no es el culpable” y “De Roma a Venezuela, el eterno fracaso socialista”.

Por: Jeffrey A. Tucker*

[dropcap type=”default”]¿C[/dropcap]uál es la mayor invención en la historia humana? Yo diría que la respuesta es la propiedad privada. Si usted entiende por qué, entonces también debería tener un profundo aprecio por otra gran invención en la historia humana: La cadena de bloques. Ambas se refuerzan mutuamente. De hecho, la humanidad nunca ha tenido una mejor herramienta para registrar las afirmaciones de propiedad en estructuras económicas complejas, globalizadas y digitales.

Por: Ron Paul*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l reciente discurso respecto a la migración del candidato presidencial Republicano, Donald Trump, realmente erró la marca. Entiendo la frustración de Trump respecto a la incapacidad del gobierno norteamericano para controlar las fronteras y mantener afuera a aquellos que quisieran llegar ilegalmente a este país. Trump tenía razón en cuanto a que los medios de comunicación ignoran preguntas legítimas respecto a nuestra política de migración y a que los intereses especiales están muy interesados en mantener el statu quo.