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Margarita Zavala

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[dropcap type=”default”]U[/dropcap]na de las lecciones más interesantes que nos ha dejado el inicio de esta campaña electoral es el caso de Margarita Zavala.

Hace menos de un año Margarita estaba como una de las punteras en la carrera, estaba compitiendo de tú a tú o incluso superando a Andrés Manuel López Obrador, andaba entre 25 y 30 puntos porcentuales. Hoy está sumida en la parte baja de la contienda.

¿Qué fue lo que pasó?

La gran tragedia de Margarita Zavala y de su equipo fue el creerle de más a las encuestas y pensar que ese porcentaje de apoyo que aparecía en los sondeos de hace un año se iba a reflejar directamente en un respaldo político como tal.

Hoy Zavala alcanza apenas un 3.5%, máximo un 4 por ciento de la intención de voto en los últimos sondeos y ni siquiera está encabezando el camino dentro del propio campo de los independientes; tanto “el bronco” como “el jaguar” la superan en el número de estados en los que ya han cumplido con el requisito de firmas necesarias para obtener su registro. El jaguar ha conseguido las firmas suficientes en ya 15 estados, el bronco lo ha hecho en 12 estados y Margarita Zavala en apenas ocho estados, de los cuales sólo Aguascalientes se puede considerar como típicamente panista.

¿Qué fue lo que pasó?

La estructura de Acción Nacional, que Margarita esperaba llevarse el campo independiente no se fue con ella y lo más interesante para el caso de nuestro análisis es que esos grandes números de sus 25 o 30 puntos en las encuestas no se reflejaron realmente en un apoyo como tal a causa de un fenómeno que los políticos tienen que tener muy en cuenta, particularmente en el inicio de esta campaña 2018: el fenómeno del “apoyo por vergüenza”.

¿En qué consiste?

Básicamente la mayoría de los seres humanos y por supuesto los ciudadanos de este país tienen un muy sano alejamiento de la política, no están pasándose la vida viendo quiénes son los candidatos o cuáles son las propuestas, porque están haciendo cosas de un poquito más provecho. Entonces, cuando llegan los encuestados en muchos casos el ciudadano realmente no ha pensado en a quién va a apoyar no es una de sus prioridades, pero le da pena, le da vergüenza reconocer eso ante el entrevistado y entonces menciona el nombre de la primera persona que se le viene a la mente: una persona de la que oyó hablar en una plática o en algún noticiero, y que a lo mejor le parece simpática, pero con la que no necesariamente tiene un involucramiento emocional.

Es como si llegan con usted y, sin que usted sepa de básquetbol, le preguntan quién fue el mejor jugador de la historia. Lo más probable es que diga “Michael Jordan”, no porque conozcan sus logros y tengan un argumento desarrollado de por qué es el mejor jugador del mundo, sino porque simplemente es el primero que se nos viene a la cabeza.

Del mismo modo, mucha gente que dijo apoyar a Margarita lo hizo porque había que mencionar a alguien, porque no le quiso decir al encuestador que no sabía por quién iba a votar y porque quizá les parece simpática en una foto, pero eso no implicaba que tuviera un apoyo real en las calles y en la estructura política; entonces la lección que nos deja la complicada situación de Margarita Zavala, en su brinco de la política partidista a la política independiente, es que simpatía no necesariamente se traduce en apoyo, que un alto número de reconocimiento de nombre en una encuesta no necesariamente se va a traducir en altos números de involucramiento emocional, que a las encuestas hay que leerlas mucho más a fondo y no quedarnos sólo con el primer número que se nos aparece.

¿Y ahora?

Ahora, el futuro electoral Margarita depende de que logre las firmas, y eso está muy lejos de ser una realidad, porque aunque está cerca de llegar al número mágico (860 mil firmas, lleva 770 mil reconocidas por el INE al 22 de enero) está lejísimos de la meta en cuanto a la dispersión; apenas tiene cubiertos 8 estados y necesita llegar a 17 en poco más de 20 días, y si lo logra será no con fuerza propia, sino con fuerza prestada por el PRI, como lo demuestra el hecho de que los estados donde ya junto las firmas y hasta en un 250% son estados donde el PAN prácticamente no tiene presencia, como Chiapas o Oaxaca. La arriesgada apuesta de Zavala era que la militancia panista se iba a ir apoyarla y eso no sucedió así, los panistas ni siquiera le quieren dar la firma.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]Y[/dropcap]a en unos días nos vamos de vacaciones. Pero antes de echar la flojera, hay que echarle un ojo al inicio de las campañas y particularmente a la visión de país que están planteando los diversos pre-candidatos.



La semana pasada comentábamos que uno de los principales puntos que nos tienen que aclarar los candidatos presidenciales es el de cómo piensan pelear y ganar la “guerra” contra el narcotráfico, en la que nos ensartó la torpeza de Fox, la necedad de Calderón y la complicidad de sus antecesores. Sin embargo, no es el único tema que es necesario tener en cuenta.

Gane quien gane en 2018, los próximos años serán muy turbulentos para este país.

Como extras en esa gran ópera bufa de los comicios presidenciales, tenemos la obligación de (al menos) exigir que los protagonistas del show nos aclaren específicamente en qué consisten sus propuestas para lidiar con algunos de los radicales cambios que experimentará México en el corto y mediano plazo. Algunos de estos no se vivirán plenamente antes del 2024, pero sus condiciones y alteraciones comenzarán a gestarse a lo largo del próximo sexenio. He aquí algunos de ellos.

  • El fin de las oficinas. Bueno, quizá no el fin, pero sí la drástica reducción en el número de personas que se trasladan todos los días para trabajar en una oficina.

Los grandes complejos de oficinas fueron uno de los símbolos de estatus empresarial en el siglo XX, cuando eran la muestra de que una compañía era digna de confianza porque tenía la fuerza suficiente como para mandarse construir o rentar un gran edificio y llenarlo de escritorios y de Godínez, para supervisar y coordinar centralizadamente el trabajo.

Sin embargo, el crecimiento de la ciudades, que ha vuelto cada vez más desgastante y oneroso el tiempo de traslado de la casa a lugar de trabajo; y los avances tecnológicos, que han facilitado el trabajar desde casa y el supervisar dicha labor, están gestando la que puede ser una de las transformaciones más radicales de nuestra época: la masificación del trabajo a distancia.

En una encuesta realizada en 2014 dentro del Global Leadership Summit en Londres, casi un 60% de los directivos empresariales señalaron que más de la mitad de sus empleados trabajarían a distancia para el año 2020, y de hecho ya el año pasado casi la mitad de los profesionistas estadounidenses pasó al menos parte de sus días trabajando en casa.

Por supuesto, la tendencia quizá tarde un poco más en consolidarse en México, pero en todo caso es indudable que, particularmente considerando las dificultades de transporte en las grandes ciudades de nuestro país, el número de trabajadores que laboran desde casa se multiplicará entre 2018 y 2024.



Esto significa cambios en el diseño y la logística urbana, que deberá adaptarse a la nueva realidad, una realidad a la que también tendrá que adaptarse la burocracia. Al próximo presidente le tocará encabezar, quiera o no, la transformación de la administración pública, de un ejército de oficinistas en horarios estandarizados, a una fuerza cada vez más dinámica, con horarios mucho más flexibles, basada en la atención en línea y con un grado de descentralización nunca antes visto, lo que implicará espinosas negociaciones con sindicatos y con mandos medios. Por otra parte, el costo de no hacerlo sería el de una administración pública que se vea cada vez más ineficiente y fosilizada ante los ojos de la sociedad.

  • Los autos que se conducen solos. Durante los últimos 100 años, el trazado de las ciudades y nuestra propia forma de vida se adaptó drásticamente a los vehículos de motor conducidos por seres humanos. Para ello diseñamos calles, reglamentos, cadenas de valor etc. Sin embargo, todo eso está a punto de cambiar.

Los primeros vehículos de conducción automática ya están en las carreteras haciendo pruebas que en términos generales han resultado exitosas, y no sólo hablamos de empresas especializadas en tecnología, tipo Google, Apple o Tesla, también los fabricantes tradicionales, como Volvo y General Motors, están experimentando con esquemas parcial y plenamente autónomos, y seguramente durante el próximo sexenio veremos a los primeros de estos modelos abriéndose paso en las calles de todo el mundo, México incluido.

Esto implica una enorme cantidad de desafíos, que podemos distinguir  a su vez en dos grandes vertientes:

1) La transformación de los reglamentos de tránsito a todos los niveles y los cuestionamientos respecto a si las máquinas serán susceptibles de alguna multa o regulación particular, por poner un ejemplo. Por el contrario, el incremento de este tipo de vehículos también podría significar el fin de la policía de tránsito, pues si sólo tenemos en las calles vehículos que estén programados para respetar el reglamento y no exceder límites de velocidad, estacionarse en lugares prohibidos o cometer infracciones, no habrá necesidad de tener burócratas para que cacen infractores que ya no existirán. Aunque esto a primera vista es tema de las autoridades locales, en un país como el nuestro seguramente el Gobierno Federal tendrá que marcar línea, para bien o para mal.

2) La multiplicación de los vehículos sin conductor provocará una enorme crisis política con las mafias de taxistas y con los conductores de plataformas como Uber, Lyft, etc. Si con la llegada de de Uber los taxistas hicieron berrinche y recurrieron muchas veces a la violencia, se enchina la piel de sólo pensar lo que van a hacer estos señores cuando sean, ahora sí, completamente superados por la tecnología.

Lo cual nos lleva al tercer punto.

  • La automatización de empleos. Los avances tecnológicos volverán redundantes e inefectivos muchos puestos de trabajo que hoy son ocupados no sólo por obreros, sino también por profesionistas. Según algunas proyecciones, 800 millones de empleos desaparecerán a nivel mundial en los próximos 13 años a causa de la automatización.

El caso de los chóferes quizá sea el más evidente, pero ni de lejos será el único. Tanto las empresas, como la sociedad civil organizada y la administración pública tienen que ser conscientes de que esta transformación, aunque sea necesaria y positiva, también tendrá efectos negativos de corto plazo para millones de familias.

¿Qué hacer? De entrada es necesario apostar por la capacitación, pero no sólo con el enfoque limitado con el que se ha entendido hasta la fecha.

Es necesario repensar todo el sistema educativo, particularmente en los niveles medio superior y superior, reorientándolo para que sea menos costoso, no sólo en términos de dinero, sino también de tiempo. Pasar cuatro o cinco años aplastado por horas en un pupitre será cada vez más una grave desventaja competitiva para el estudiante. Al mismo tiempo, será necesario liberar, o al menos facilitar la creación y edición de programas de estudio por parte de las instituciones académicas.

Sin embargo, aunque esas estrategias servirán para los nuevos estudiantes, también será necesario diseñar otras para atender a quienes vayan quedándose sin sus anteriores empleos, ayudándolos a reducir el dolor de su salida e, inmediatamente después, facilitándoles el ingreso al ámbito académico y al mercado laboral.

Incluso en el mejor de los casos, todos estos cambios apuntan a un periodo de conflicto y tensión entre lo viejo y lo nuevo, en el que no bastará con choro, ni con soluciones fáciles.

Por eso me preocupa tanto ver un nivel de debate tan pobre por parte de muchos precandidatos, como Margarita Zavala, con su ideota de hacer una cárcel para los “criminales y los corruptos”, o López obrador con su amnistía y sus refinerías. De Anaya y Meade habrá que esperar perspectivas más concretas, para saber si es que alguien, de entre toda la manada electoral, está pensando más allá de los clichés.

En caso contrario, estaremos en serios problemas.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Así lo tuiteó Margarita Zavala. No sólo escribió una mentira, pues Meade nunca dijo que perdona la corrupción y el narcotráfico, sino que en el mismo tuit la “independiente” propuso una idiotez.

A ver, señora Zavala: dice que “hará una cárcel especial para los corruptos y criminales” ¿En serio? ¿PARA QUÉ CREE QUE SÓN TOOODAS LAS OTRAS CÁRCELES? ¿Para alojar turistas?

El hecho es que López Obrador no tiene el monopolio de las propuestas sin sentido, sino que se han vuelto una auténtica epidemia que abarata el debate público y fortalece la apatía de los ciudadanos.

Justo esta misma semana Margarita Zavala escribió en su columna para El Universal que “México merece mejores candidatos” y tiene razón.

Urge que empiece mejorando ella, porque la verdad, desde su berrinche contra Anaya y su anticlimático lanzamiento, hasta sus ideotas como la de este tuit, Zavala dista mucho de ser siquiera lo menos peor de una contienda mediocre.


Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]O[/dropcap]k, estuvo padre la idea como para fantasear un rato y parecía tener potencial; a muchos nos atraía la perspectiva de un esquema de participación electoral que rompiera el monopolio de los partidos y alentara una mayor diversidad y calidad en las propuestas de los candidatos. Seamos sinceros, a todos nos agradaba la idea de los candidatos independientes. Seamos sinceros, simplemente no cuajó.




La figura de los candidatos independientes fue impulsada desde hace años a través de la la presencia mediática de figuras como Jorge Castañeda, pero sólo irrumpieron en el escenario político en 2015, respaldados por el éxito de campañas de gran peso simbólico: la de Kumamoto para diputado local en Jalisco, la de Clouthier para diputado federal por Sinaloa y la del Bronco para gobernador de Nuevo León. Estos personajes nos convencieron de que era posible competir y ganarle a los partidos sin tener el respaldo de una estructura permanente.

Como el 3-D en las salas de cine, los independientes prometían una experiencia interactiva y novedosa, pero también como el 3-D resultaron más forma que fondo y acabaron mareando al auditorio. Para muestra basta un botón: en las elecciones de este año se registraron 270 candidatos independientes en todo el país, sólo 6 ganaron, todos a nivel municipal.

¿Por qué? Porque el escenario de los independientes se llenó muy rápido de una mezcla malsana de partidócratas caídos en desgracia y activistas con más vanidad que respaldo, y lo mismo está pasando de cara al 2018, donde los aspirantes al gobierno de la Ciudad de México nos ofrecen un ejemplo de ambas variantes: Luege, el expanista que hace mucho pasó sus mejores tiempos, y Ana Lucía, la representante del movimiento “Ahora” cuyo perfil se basa (en serio) en que ha caminado en la ciudad. Tanto ellos como nosotros sabemos que sus candidaturas son un simple ardid publicitario, choteo pues.

El mismo cuento se repite entre los aspirantes a la presidencia de la República.

El INE recibió cerca de 100 solicitudes para convertirse en candidatos independientes, de las cuales 48 cumplieron los requisitos y comenzaron hace unos días a reunir las más de 860,000 firmas que necesita cada uno para aparecer en las boletas del 2018. Hace un par de días la autoridad electoral dio a conocer los resultados de la primera semana de recolección de firmas, y los números no podrían ser más patéticos.



Juntos sumaron el respaldo de apenas 27,000 personas, y eso que la lógica indica que en esa primera semana fue donde recibieron el apoyo de su “voto duro”. Margarita Zavala, con todo el respaldo que presume en las encuestas reunió tan sólo 13,000 firmas. A este paso le tomaría poco menos de un año y medio llegar a la cifra que pide a la ley, el problema es que sólo tiene cuatro meses y necesitaría cuadruplicar el promedio de firmas por día para cumplir antes de la fecha límite del 12 de febrero de 2018.

Si lo de Margarita está en chino, las aspiraciones de los demás han colapsado de forma tan dramática que resulta casi increíble: María de Jesús Patricio Martínez, del EZLN, obtuvo tan sólo 4,200, a pesar de las décadas de trabajo de los zapatistas para consolidar una estructura de apoyo social tanto en Chiapas como en el resto el país. Ríos Peter, el independiente de la izquierda que tiene a su favor el hecho de ocupar un escaño en el Senado, no llegó ni a las 3,000. El Bronco, actual gobernador de Nuevo León, no convenció de apoyarlo ni a los trabajadores de su administración y sumó apenas 2,600. Más abajo aparece Ferríz de Con, sumando poco más de 2,000 firmas y los demás no llegan ni a las 250.

Una vez más, seamos sinceros, los números son tan indiscutibles que debemos aceptar que el modelo y las esperanzas de los independientes son un fracaso. Los ciudadanos efectivamente desconfían de los partidos y desprecian a la clase política, pero también desconfían de aquellos que siendo parte de esa clase política se quien disfrazar de algo distinto.

Por supuesto, no faltarán los pretextos: que si la aplicación falla, que si la ley les exige demasiadas firmas, que si la mafia del poder y la manga del muerto. Sin embargo, aún aceptando que 860,000 firmas suena un poco exagerado, el hecho es que simplemente no tienen cara para alegar, pues al paso que van no llegarán 800,000, ni a 500,000, ni a 300,000, ni a 100,000, muchos ni a mil, en especial considerando que en esta primera semana seguramente recibieron la mayor parte de su respaldo real.

Seamos sinceros, a todos nos agradaba la idea de los candidatos independientes. Seamos sinceros, simplemente no cuajó.

Quizá alguno de esos 48 aspirantes dé la sorpresa y mágicamente sume los apoyos suficientes, pero lo hará con el respaldo subrepticio de la estructura de algún partido político, de tal forma que, de llegar a la boleta, el independiente no será una amenaza, sino un peón de la partidocracia. Y la gente se va a dar cuenta.

El colapso de los independientes que hemos presenciado en los últimos días nos deja una clara, dolorosa y necesaria elección: el mecanismo de las candidaturas independientes, en las circunstancias actuales, es legal pero no es viable.

En México las elecciones seguirán siendo un juego de partidos. Lo serán porque así lo quiere la gente con sus actos, aunque lo condene con sus tuits.

Por cierto…

Mea culpa: yo pensaba que Zavala y el Bronco tendrían la fuerza para ser competidores reales. Sus números concretos, los de las firmas, nos han demostrado lo contrario y nos recuerdan que las encuestas son pura fantasía.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l lanzamiento de Margarita Zavala y el Bronco como candidatos independientes abre un escenario inédito para la política mexicana, en el que tendremos al menos 5 candidatos (PRI, Frente, Morena, Zavala y Bronco) con peso real en los medios y en las encuestas. Sobre la salida de Zavala, el hecho es que la historia del PAN está salpicada de casos similares, y ha sobrevivido, así que no lo condenen de antemano al oprobio, porque no está en la lona. Aun así, Acción Nacional necesita un proceso de profunda reflexión en cuanto termine el proceso electoral, pues evidentemente hay ajustes por realizar.




Durante estos meses cuándo me preguntan cómo va a pintar el panorama electoral federal y local mi respuesta siempre fue: “Hay que esperar a que se definan las candidaturas presidenciales” porque de estas se van a desprender tantos rebotes que el escenario final será muy distinto a los cálculos partidistas tradicionales. Así ha ocurrido.

Que nadie de por ganada ninguna candidatura y menos aún alguna elección, que estamos en aguas desconocidas y sólo el tiempo demostrará qué capitanes saben guiar a sus barcos y cuáles se hunden en la marea.



Para la presidencial mantengo mi idea de que Obrador lleva ventaja, más ahora que la centro-derecha parece fraccionarse, pero el propio AMLO también muestra señales de desgaste y no será imposible que le volvamos a impedir hacerse con el poder. Todavía no estamos condenados a ser la nueva Venezuela.

En cuanto a perfiles, mantengo que el más preparado y que tiene experiencia como gobernante es Juan Carlos Romero Hicks, pero también he reconocido el talento de Anaya y no me desagrada Meade. De los demás, con que no gane Obrador, ya vamos de gane.

Pero todo puede pasar.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Fausto Hernando Canto García*

[dropcap type=”default”]H[/dropcap]ace mucho tiempo que, desde la perspectiva como militante de “a pie” de Acción Nacional me he dado cuenta de la vertiginosa caída política de la “línea” del expresidente Felipe Calderón Hinojosa (FCH). Dicha caída muestra su fondo con la filtración de la “inminente” salida de Margarita Zavala de PAN para buscar por la vía independiente la candidatura a la presidencia de la república, algo para lo que simplemente no ve las “tablas” dentro de Acción Nacional.

Por: Gerardo Garibay Camarena

[dropcap type=”default”]¿Q[/dropcap]uién es el precandidato con mayores posibilidades de ganar la presidencia en el 2018? En estos momentos, sin ninguna duda, es Andrés Manuel López Obrador. No lo escribo con gusto, es una respuesta que me desagrada, pero no estoy dispuesto a que en México repitamos el mismo error que cometieron los demócratas en Estados Unidos, cuando se pasaron toda la ruta electoral despreciando Donald Trump y dándolo por perdido hasta que el día de las elecciones despertaron de su embriaguez de optimismo con una cruda que les va durar por lo menos 4 años.