Tag

Meade

Browsing

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]¿O[/dropcap]brador es el tirano? ¿Será un dictador estilo Chávez/Maduro, o un autócrata suave, de ese estilo priísta al que estamos más acostumbrados? Estas preguntas, con crecientes niveles de angustia, circularon durante la campaña, y se repiten especialmente a partir de la noche del 1ro de julio entre quienes no apoyamos a Andrés Manuel y observamos con auténtico terror como se imponía con más del 50% de los votos en la elección presidencial y con muy cómodas ventajas en ambas cámaras del Congreso de la Unión, sumiendo en el peor ridículo de su historia a sus rivales del Partido Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional, quienes por lo menos durante los siguientes tres años quedarán reducidos a una participación meramente testimonial en las decisiones políticas nacionales. Al menos de aquí al 2021, AMLO tendrá cancha libre para impulsar su agenda de gobierno.



El tema amerita varias reflexiones.

  1. El resultado de los comicios no se debe, en términos generales, a una negociación macabra o a los fantasmagóricos complots que en las últimas semanas se han sacado de la manga los equipos de Anaya y Meade para justificar su fracaso. La contundencia de su derrota se debió a que ambos hicieron una pésima campaña y a esto se sumó el rechazo de la mayor parte de la población hacia los consensos cupulares y las políticas que han impulsado durante las últimas décadas.

En especial los votantes reaccionaron en repudio hacia lo que hemos vivido en el gobierno de Enrique Peña Nieto, quien fracasó rotundamente en materia de comunicación. fue un desastre para construir percepciones, transmitir mensaje y construir una narración del sexenio, más allá de sus éxitos y fracasos en términos de política pública, que solo podrán juzgarse plenamente a la serenidad del largo plazo.

Para decirlo claro: Lo que vimos el 1 de julio fue ante todo resultado del fracaso tecnócrata en cuanto a construir un consenso ciudadano que respaldara los cambios legales y en especial las famosas “reformas estructurales” que son mayormente positivas, pero que se han logrado a través de negociaciones en la cima, sin molestarse en aterrizar esos acuerdos con la gente normal.

  1. El “problema o el “tirano” no es López Obrador como persona, sino que Andrés Manuel simplemente se ha aprovechado de una mezcla del tradicional anhelo autoritario de la sociedad mexicana (el viejo sueño de un papá gobierno encabezado por un caudillo justiciero que lo resuelve todo) y la evidente crisis de partidos e instituciones. La sombra de la tiranía de un Estado que interviene de más en la sociedad no sólo asomó su feo rostro en las propuestas de Morena, sino en las de los 4 candidatos presidenciales, porque ese tipo de propuestas paternalistas le gustan a la gente. Si hemos de buscar al tirano, la lista de culpables se extiende mucho más allá de Obrador. Incluso si, gracias a algún artilugio mágico, AMLO se hubiera disipado en el aire, los resultados electorales en estas elecciones hubieran marcado un giro hacia la izquierda y hacia la regresión, encabezado por alguien más.

Por lo tanto, al centrar todas las críticas y todos los temores en él, corremos el grave riesgo de cegarnos a la parte de responsabilidad que deben asumir los liderazgos del PAN, del PRI, de los empresarios y de la sociedad civil no obradorista. Dicho de otro modo: Terminada la campaña no podemos mantener y menos aún creernos el discurso de que Obrador es el gran tirano y el único culpable, a riesgo de condenar de antemano a cualquier movimiento opositor a la intrascendencia y la ineficacia.

  1. Muchas personas, y yo en primer lugar, habíamos previsto un escenario mucho más negativo en el caso de un triunfo de López. Cuando escribí sobre el “Amlocalipsis” lo hice con la absoluta sinceridad de lo que a mi leal saber y entender era un escenario extravagante, pero probable.

Sin embargo, por lo menos en el primer mes desde su victoria, Andrés Manuel se ha esforzado en enviar señales claras de que no pretende convertimos en Venezuela. En términos generales, las declaraciones del próximo mandatario y de sus consejeros en materia económica han ido de lo tranquilizador a lo directamente emocionante; hablan de ampliar las zonas económicas, de no incrementar los impuestos, de mantener las negociaciones con el TLC. En pocas palabras, lo que proponen implica conservar la esencia del rumbo macroeconómico que hemos vivido durante los últimos 30 años.

Aun así, no podemos cantar victoria, porque a pesar de todo, lo que se ha declarado hasta ahora es mero verbo. Tendremos que esperar a que Obrador empiece a gobernar para saber realmente cuál será el rumbo que tomará su administración, y para ello las primeras señales clave serán qué tanto margen de maniobra le da desde la Presidencia a sus asesores sensatos (gente como Alfonso Romo) y qué tanto le otorga a los delirantes (Noroña, Taibo y compañía).

No es lo mismo gritar sandeces desde la tranquila poltrona de la oposición, que enfrentar al toro en medio del ruedo.

  1. El pésimo manejo que del equipo de Andrés Manuel ante el escándalo por el fideicomiso de morena para “apoyar” a las víctimas del sismo, que supuestamente se desvió para gastos de campaña en las pasadas elecciones, nos recuerda una profunda verdad de la democracia: No es lo mismo gritar sandeces desde la tranquila poltrona de la oposición, que enfrentar al toro en medio del ruedo.

Las primeras señales, incluyendo el gaffe de los aluxes y el fiasco del fideicomiso, muestran que, ya con la dificultad añadida de estar en la silla presidencial, el manejo de la comunicación de López Obrador pudiera llegar a ser incluso tan malo como el de Peña Nieto. En los tiempos de las redes sociales manejar la política y la comunicación social al estilo antiguo es imposible; Eso lo aprendió el PRI por las malas entre 2012 y 2018, y pareciera que ahora a Morena le toca repetir la lección.

  1. Cada vez queda más claro que el objetivo obradorista no es convertirnos en la nueva Venezuela, sino en todo caso en el México del viejo PRI, centralizando las decisiones en el presidente y en su estructura cercana, a través de los súper delegados nombrados por Andrés Manuel para manejar directamente los recursos federales de los que dependen los gobiernos estatales para su propia subsistencia política.

En su planteamiento administrativo, Obrador deja ver el anhelo de la presidencia imperial, pero, una vez más, la época y los escenarios han cambiado. Para tener éxito Andrés Manuel deberá equilibrar la nostalgia del pasado con la creatividad y el dinamismo de los nuevos tiempos.

Hablando en plata: Si lo que pretende es copiar el autoritarismo de antes, se va a quedar muy corto. En todo caso tendrá que inventar un nuevo autoritarismo y en la administración pública, como en la vida misma, crear desde cero es exponencialmente más difícil que replicar modelos previos, así que el éxito de su administración no está, ni mucho menos, asegurado.

AMLO acierta al enfocar su estrategia en el diálogo y en la empatía con Trump.

  1. En relación a su trato con Estados Unidos, la carta de Andrés Manuel a Trump fue muy criticada por quienes todo le condenarán a Obrador, pero siendo objetivos, en este tema Andrés Manuel está haciendo lo correcto, incluso a pesar del enojo de la prensa fifí, tan acostumbrada a adular los demócratas.

AMLO acierta al enfocar su estrategia en el diálogo y en la empatía con el Presidente de los Estados Unidos. Efectivamente el Obrador del 2018 tiene muchas similitudes en su campaña y su planteamiento con los de Donald Trump, y esas semejanzas se volvieron más evidentes por la necia idea de Ricardo Anaya de copiarle la estrategia perdedora a Hillary Clinton. Desde la propia campaña, Obrador y el Bronco eran los menos delirantes al hablar de la relación con los Estados Unidos, y al menos hasta este momento, Andrés Manuel está ratificando esa sensatez ya en la diplomacia práctica.

  1. Finalmente, ¿qué nos toca hacer en este escenario a quienes no votamos por Obrador, no queríamos que fuera presidente y no estamos de acuerdo con él?

Lo mismo que si hubiera ganado Anaya o Meade:  respaldar lo correcto y denunciar los errores, analizar un paso a la vez, dividir bien las culpas de lo que pasó y entender que en todo caso, incluso en su peor faceta, Obrador no es el tirano que salió de la nada, sino la consecuencia de una tendencia autoritaria e inmadurez política que comparten todos los colores y todos los espacios del diálogo público en este país.



Concluyendo: Vista la enorme derrota que nos encajaron en las elecciones federales, nos queda deslindar responsabilidades para entender bien por qué nos pasó el tren encima. Mientras tanto a esperar lo mejor, prepararnos para lo peor y construir alternativas para el futuro, conscientes de que Obrador no necesariamente es el tirano, pero esa tiranía está latente en el propio sistema, y Andrés lo va a controlar con muy pocos contrapesos. Así de claro, aunque duela.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Efrén Zúñiga*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]as elecciones mexicanas llegaron a su fin. Algunos tendrán motivos para regodearse, otros tantos habrán de lamentarse por el resultado y muchos más tendrán un largo tiempo para reflexionar. A los politólogos y demás analistas, les corresponderá hacer un diagnóstico de los resultados arrojados. Habrá entre los distintos partidos políticos señalamientos de todo tipo, se buscarán culpables y en muchos casos, comenzará la cacería de brujas. En fin, dejemos a los especialistas y/o actores políticos hacer su trabajo.

Es por ello que en este espacio pretendemos realizar un análisis distinto. Sencillo, pero altamente objetivo, basado en el elemento más imparcial, los números. Conviene adelantar que no será complejo, lo que facilitará su compresión. En el mismo sentido, solo emplearemos algunos de los indicadores agregados comúnmente más empleados y cuya función no es más que la de medir la competitividad electoral, estimando el número efectivo de partidos.


Como todo, cada uno tiene sus ventajas/desventajas. Por ello y con ánimo de motivar al lector, iremos brindando una breve explicación para cada uno.

El primer indicador es el número efectivo de partidos (N)[1], este índice representa la cantidad de partidos políticos que tienen el mismo efecto de concentración. Los valores de N van de 1.0 hasta el número de partidos con una concentración considerable. Es decir, en un escenario extremo donde existan diversos partidos, pero solo uno concentre todos los votos, entonces N sería 1. En contraposición, donde N sea cercano o mayor 2, significaría que al menos dos partidos políticos tienen una representación efectiva[2]. Ahora pues, apliquemos el indicador N al caso mexicano.

Los resultados de N para las elecciones fueron los siguientes:

  • 1988 – 2.634,
  • 1994 – 3.007,
  • 2000 – 2.977,
  • 2006 – 3.303,
  • 2012 – 3.205, y
  • 2018 – 2.736.

Con ello podemos percatarnos que, de 1988 a la fecha, la concentración de partidos o bien, el número efectivo de partidos fue mayor 2 y en el peor de los casos cercano a 3 (1988).

Con lo anterior podemos afirmar que, de acuerdo al indicador N, las elecciones de 1988 fueron las menos competitivos y en contraposición las de 2006 fueron las más competidas.

El siguiente indicador es el denominado número de partidos (NP)[3]. NP es más empleado en las situaciones en las que se presenta un sistema multipartidista (como es el caso de México). Dicho esto, revisemos que resultados se presentaron para las últimas 6 elecciones.

El indicador NP arrojó los siguientes resultados:

  • 1988 – 1.859,
  • 1994 – 1.743,
  • 2000 – 2.194,
  • 2006 – 2.485,
  • 2012 – 2.377, y
  • 2018 – 1.585.

Como podemos apreciar, el indicador NP es más estricto y nunca toma valores superiores a N.

De aquí se desprende que, según los resultados del índice NP, las elecciones del 2018 fueron las menos competitivas, por el contrario, las del 2006 fueron las más competitivas.

El tercer indicador es un índice derivado de N, nos referiremos a él como N subíndice infinito (N_)[4]. Este indicador se emplea de manera conjunta con N cuando se asume que es una elección de al menos dos competidores efectivos. Vale la pena comentar que, en determinadas circunstancias, el valor de N y N_, tiende a ser idéntico. Además, N_ tiene la ventaja de tener un cálculo simple.

De análoga manera, procedemos a revisar los resultados de N_:

  • 1988 – 1.986,
  • 1994 – 2.054,
  • 2000 – 2.352,
  • 2006 – 2.785,
  • 2012 – 2.618, y
  • 2018 – 1.880.

Con esta información podemos aseverar que, de acuerdo al indicador N_, las elecciones del 2018 fueron las de menor competitividad, mientras que las del 2006 fueron las más competidas.

 Pasemos ahora al último indicador. Este índice es empleado en otras disciplinas como la economía, sin embargo, para temas electorales es conocido como “número de autonomías” (NA)[5]. El indicador supone que “a mayor grado de dominancia de uno o dos partidos en un sistema, menor número de partidos autónomos”[6]. NA adquiere un valor superior a 2, cuando dos partidos opositores logran una votación superior al partido más votado y por debajo de ese valor cuando no la alcanzan.

Echemos un ojo a los resultados de NA:

  • 1988 – 1.934,
  • 1994 – 1.799,
  • 2000 – 2.194,
  • 2006 – 2.657,
  • 2012 – 2.737, y
  • 2018 – 1.602.

Con ello se puede sostener que, de acuerdo al indicador NA, las elecciones más competidas fueron las de 2012 y en contraste las de 2018 fueron las menos competitivas.

Una vez revisados los últimos resultados, nos vemos obligados a caer en la comparación entre los diversos índices, en lo que respecta a sus resultados e hipótesis. Para ello conviene apoyarse en Fig. 1 que se muestra más delante.

Como podemos observar, los cuatro indicadores guardan sus coincidencias en los que refiere a la identificación de las elecciones más y menos competitivas.



En lo que corresponde a las elecciones más competitivas, tres indicadores (N, N_¥ y NP) sugieren que fueron las del 2006. Ojo que aquí no refiere el hecho de que las distancia entre el primero (Felipe Calderón) y el segundo (Andrés Manuel López Obrador) fuera de unas décimas; lo que plantean es que pudo ser una elección de tres partidos, pues la distancia entre los punteros y el tercer lugar fue de 13 puntos porcentuales, además de que el puntero no alcanzaba una mayoría absoluta.

Ahora bien, en lo que corresponde a las elecciones menos competitivas, notamos como en tres de los indicadores (N_¥, NP y NA) son las más recientes elecciones las menos competidas de los últimos 20 años, peor aún, en ninguno de los tres indicadores se alcanza el umbral de las 2 unidades, lo que en términos simplistas se podría interpretar como “de los dos no se hace uno” refiriéndome desde luego a los candidatos Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

Estos son solo números, sin embargo, ayudan a desnudar el trágico acontecimiento del pasado 1 de julio. Y por trágico no me refiero únicamente al hecho de que AMLO haya sido electo, sino que de acuerdo a los números, no hubo quien fuera capaz de darle una digna competencia.

*Efrén Zúñiga es Licenciado Economía por la Universidad de Guanajuato. @EfrenZuS

[1] M. Laakso y R. Taagepera, “Efective Number of Parties: A Measure whit Application in to West Europe”. Compartive Political Studies, núm. 12, 1979, pp. 3-27.

[2] Esta misma explicación se aplicará en el resto de los índices (NP, N_¥ y NA), entre otras cosas que mencionaremos más delante, lo que diferencia un indicador de otro es la forma en que se estiman dichos valores, así como la interpretación, por ello se omitirá reiterar la explicación en el resto de esta colaboración.

[3] Juan Molinar, “Counting the number of parties: an alternative index”, The American Political Science Review, vol. 85, núm. 4, diciembre 1991, pp. 1383 – 1391.

[4] Rein Taagepera, op. cit., pp. 497-504.

[5] Pascual García Alba, “El índice de dominancia y el análisis de competencia de las líneas aéreas mexicanas”, Gaceta de Competencia Económica, núm. 1. marzo-agosto, México, 1998, pp. 15-32.

[6] Ricardo de la Peña, “El número de autonomías y la competitividad electoral”, Política y Cultura, 2005, núm. 24. Pp. 497-504.

 

Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

Lo he decidido: ¡No votaré por Meade! – Es desperdiciar mi voto y darle más vida al Sistema que ha hecho tanto daño a México.

Quienes me conocen no lo creerían, pero hasta hace unos días tenía algunas dudas entre Meade y Anaya, y no, mis razones no eran moralinas, ni siquiera partidistas, realmente estaba siguiendo los resultados de encuestas, buscando sondeos y datos, preguntando en radio pasillo, midiendo percepción, etc. Porque lo que no me gustaría, y lo he dicho desde hace ya mucho tiempo, es que gane AMLO. Lo confieso: Sí, estaba esperando a ver si se movía no tanto el número, sino la percepción de que Anaya era el segundo y de que el llamado “voto útil” iría con él. El PRI me dificultó las cosas, pues hicieron todo cuanto pudieron para que no se viera que Meade estaba hundido. Al final, sin embargo, logré ver un panorama más amplio y entenderlo.

Entre mis confesiones electorales, diré que si las cosas se hubieran movido y hubiera sido claro que Meade podía ganar, estaba dispuesto a votar por él. No obstante, estoy claro y reconozco que Meade podría haber sido un gran Presidente, si no lo hubiera postulado o si no hubiera aceptado ser abanderado del PRI y fuera un buen candidato. El mejor candidato con el peor partido. Fue su propuesta de Valor.

A veces me llega a la mente otro escenario. ¿Se imaginan si Meade hubiera sido el candidato del PAN y el PAN no hubiera hecho la alianza con el PRD y MC? ¡Uy! En ese caso, con Meade como candidato del PAN, las cosas fueran distintas y hasta normales.

Solo piénsalo: La propuesta electoral del PAN no se hubiera percibido como traidora de sus principios, Anaya habría permanecido como Presidente del Partido y habría operado una elección con eficacia absoluta. ¡Otro gallo nos cantara! Es más, hasta Margarita y Calderón estarían unidos a la campaña apoyando a su amigo Pepe Toño. Los gobers pintarían sus estados de azul, en lugar de pintar su raya, y habríamos salido todos a hacer campaña, como en los viejos tiempos. Ernesto Cordero y sus amigos tecnócratas azules se hubieran puesto las pilas para hacer una sólida plataforma electoral que nos preparara para el desarrollo económico de a de veras y en una de esas hasta a Meade le brotaba el liderazgo necesario para ser buen candidato… Pero no, no fue así y el hubiera no existe.

En fin. De regreso a la realidad, con Anaya como candidato del Frente ese, con Meade como candidato no Priísta del PRI, con Obrador como candidato a mesías juarista pero religioso y con el Bronco como candidato a standupero (perderá contra la Puri). Luego de ver todas las señales, simbolismos, mensajes, encuestas, posturas, alineaciones, alienaciones y demás información que pasó por mis manos, oídos y ojos. He llegado a la conclusión de que, de hecho, a nadie le conviene que gane el PRI la Presidencia; ni siquiera al mismo PRI.



Para mi alivio no concluí desde la historia de las campañas, y tras hacer un análisis estadístico profundo de las interrelaciones entre todos los factores, no tuve que hacer una regresión lineal para encontrar la ecuación que me permitiera pronosticar el resultado. De hecho hice lo contrario, una simple progresión, o sea: Solamente cerré los ojos y me imagine qué pasaría con México si el 1 de julio en la noche se anunciara que ganó Meade. Los abrí 3 segundos después, agarrado de la mesa para no caerme. Esto es lo que vi en mi breve sueño:

11:00 pm del 1 de julio: El PREP arroja resultados suficientemente confiables. “La tendencia es irreversible, José Antonio Meade es el ganador de las elecciones y próximo presidente de México”. – Silencio en el país y en el mundo entero. Caras de asombro, inimaginable sorpresa, aplausos aislados que de ponto toman fuerza.

 Era una grata sorpresa. De hecho una magnífica noticia que incluso rendiría “frutos espirituales”, dignos de celebrarse con champagne en los círculos “fifís”, pues los rezos y plegarias a la Guadalupana, que se pudieron elevar gracias a los espectaculares que vieron desde el segundo piso del periférico, habrían sido escuchados. ¡La Patria está salvada! ¡La Vida y la Familia serán preservadas para siempre! – Exclamarían, desde sus repentinas vacaciones en Disneylandia.

 De pronto, la alegría y la dicha, se interrumpían por un sonido aterrador, un rugido ensordecedor y fuego en el ambiente. El diablo aparecía montado a un inmenso tigre y México sucumbiría abrasado por su iracundo látigo. El profeta Ackerman lo había predicho: “Vendrán los tiempos de “chingadazos”.

El PRI no debe, no puede ganar por que no hay una narrativa que lo soporte. Digan lo que digan las encuestas pagadas y mal pagadas, en el balance total y en el propio mensaje priísta del final de la campaña: “Lo importante no es un voto útil por el segundo, sino un voto razonado”, se hizo evidente que al PRI ya no le alcanza y que la única lógica que abriría la posibilidad del triunfo de Meade sería un no mega, ni giga, sino tera-fraude y entonces sí, el país se incendia, sin visos de que haya bomberos que le apaguen.

Imagina ahora este nuevo sexenio. Si así le fue a Peña y traía, en aquel momento, aún aceitada la maquinaria priísta y había sumado fuerzas para sacar adelante el Pacto por México, ¿Cómo le iría a Meade, al PRI y al país desde el principio de su mandato? Eso si lograra rendir protesta… ¿Te acuerdas de cómo tomó protesta Calderón en 2006? (Lo metieron a escondidas por una puerta de atrás del Congreso) – No habría legitimidad creíble, aunque fuera cierto que ganó bien.

El Priísmo para sobrevivir y prosperar necesita paz social, no habrá dinero que alcance para amarrar al tigre, enfrentar al diablo y parar los “chingadazos”, aunque traten de poner a AMLO de domador, exorcista y sparring. – Las turbas iracundas desconocen a sus dueños, al haberlas despertado.

Con este escenario que, te garantizo, no he sido el único que lo ha imaginado – ¿Crees que los gobernadores del PRI y los demás verdaderos operadores políticos de la maquinaria, se van a jugar todo su capital para apoyar a Meade que además no les representa por que no es priísta? – ¡No! – Harán lo necesario para sobrevivir pase lo que pase esperando que no pase lo peor. Repartirán sus votos porque necesitan quedar bien con todos, de lo contrario la reducción en el presupuesto para sus estados será su primer castigo por no ir con el “bueno”, y quién les puede juzgar por no actuar razonablemente. Lo mismo pasará con los sindicatos, los organismos corporativos y las bases del PRI a nivel colonia. Nadie quiere perder sus prevendas, nadie quiere salir del Sistema, pero el Sistema se muere si no cambia. No hay ya condiciones para seguir reinando, o sobrevive reducido pero aún fuerte o se alinea con un nuevo dueño; un nuevo tirano que no comparte el poder, cuando la base cultural del PRI–Sistema es compartir todo entre La Gran Familia Revolucionaria.

Entonces, la tan temida y sobrevalorada “máquina electoral y corporativa Priísta” no puede hacer lo que suponíamos que haría. Si no hay ruedas el carro no avanza. No reunirán los votos de siempre, no pueden alcanzar su piso, por que ya no van juntos y, aquí viene lo interesante, precisamente por esta obvia baja en los votos, necesitan convencernos a los demás, a cualquier precio y con cualquier mentira, creamos en lo que creamos y vayamos con quien vayamos, de hacer “Voto Útil” por Meade, por que no debe notarse que traicionaron y el PRI debe mantener su “piso” o desaparece. Es solo cuestión de sobrevivencia. – Bajo la lógica: Si quito de acá, pongo lo mío de este lado y ¡Pum! – Nadie lo nota… ¡No´mbre, unos genios!

Pongámoslo en términos claros: El mejor escenario posible para el PRI es mantener algunas gubernaturas y tener posiciones en el congreso, pues puede negociar con AMLO (habrían de mandar la señal de buena voluntad al puntero, dándole algunos votos). Entonces, hay menos riesgo en apostar dividido que ir con quien haya dicho Peña con todo su capital pues solo podrían esperar dos posibles resultados: Tener una derrota estrepitosa y borrarse de un plumazo o tener una victoria pírrica y gobernar un país incendiado. ¡Dividirán su voto! Pero su estrategia es quitar votos a Anaya o a quien sea, para cubrir los huecos. Si ellos terminan en segundo, su posición de negociación mejora. Anaya estorba.

Sin embargo, si dividen su voto y no logran quitar votos de otro lado, serán derrotados en tercer lugar y quedarán muy débiles (como Voldemort sin horrocruxes). Ahora se entiende por qué aunque Meade no tenga posibilidades, se empeñan en mantenerlo vivo. Está claro entonces qué le conviene al PRI y no es el bienestar de México.

¿Qué nos queda entonces a los que sí queremos el bienestar de México y no creemos que éste sea posible con AMLO como Presidente? – ¡Pues votar por la otra opción!

Aunque todas las encuestas hayan sido pagadas, fueron pagadas por diversos actores, así que si bien el promedio no les vuelve exactas, los intereses resultan equilibrados al ponderarlas, y el dato de que Anaya va en segundo está clarísimo en Oraculus: https://oraculus.mx/poll-of-polls/

Así como el PRI, dará alguna ofrenda de votos a MORENA, también buscará quitarle votos, francamente el PRI sabe comprar votos mejor que MORENA, por lo que es previsible que MORENA no tenga tantos votos como se esperaba. Los votos de Anaya son menos comprables, así que Anaya sí puede contar con la base del PAN, PRD y MC, más lo que hayan operado conseguir del PRI que aunque en menos proporción también podría mandar algún apoyo a este candidato, pensando en que AMLO no gane por tanta diferencia.

Si el Voto Anti AMLO o Útil, lo capitaliza Anaya, entonces sube un poco más y entra en posibilidades de ganar. El tracking intra – partido, (con el que se toman decisiones al interior de la campaña) le pone a 6 puntos de AMLO en este momento. Ojo, esto es importante – El pleito de Anaya es con Peña, no con todo el Priísmo. Así que también jalará Anaya voto blando de ese partido, porque nadie lo da por perdido y ningún Priísta de buena voluntad, que existen, prefiere a AMLO que a Anay




El Voto Útil (tu voto) es la diferencia, si va con Anaya puede hacer perder a AMLO y dejar débil a Meade, si va con Meade, hará ganar a AMLO y éste terminará por absorber al PRI, que se acabará alineando al nuevo Tlatoani, pero manteniendo ciertas posiciones clave, dejando al resto de nosotros como minoría insignificante y lejos de los espacios de poder y decisión. Si jugaste Risk alguna vez, es como quedarse en Oceanía.

Ahora bien, de todas formas se va a soltar el tigre, pero eso gane o pierda López. Si pierde, contra Anaya, pues varios días o semanas, pero ya nos acostumbramos. Si gana, algunos días veremos desmanes, pero de turbas resentidas y de aprovechados que querrán hacerse justicia y repartirse por su cuenta lo que les han dicho que se merecen. El problema serio vendrá si AMLO ganando, considera que este tipo de personas, las mismas que saquean camiones accidentados y hacen otras linduras, son el Pueblo bueno. Entonces sí la cosa se pondrá fea, pues las instituciones irán pereciendo una a una y la riqueza del país será utilizada para saciar a estas hordas, primero con recursos públicos y luego, cuando se acaben, con tus cosas y mis cosas. Ese es el escenario que debemos evitar a toda costa.

En resumen, al final podemos, si nos ponemos listos y convencemos a más, aprovechar la estrategia del PRI para que gane México. Ésta es una excelente oportunidad, para no tener más en el poder Ni al Viejo ni al Nuevo PRI, y frenar un posible, que no seguro, intento de incluir a México en la Revolución Bolivariana, léase, lograr que el Gobierno de México, el petróleo y nuestros impuestos, mantengamos vivos los regímenes de Cuba y Venezuela, ahora que les han cerrado en las narices la puerta en Colombia, su otra esperanza.

Podemos llevarnos 3 x 1, vencer 3 malos proyectos de nación con un solo voto. ¡Es buena oportunidad! ¿A poco no? – ¡Tú lo decides mañana!

*Héctor Uriel Rodríguez Sánchez. Apasionado de la Política, Speaker y Consultor de Negocios. En Twitter: @hectoruriel y en Facebook: /hectoruriel.r

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]C[/dropcap]asi con seguridad, a menos de que ocurra un “milagro” imprevisible (como el reciente 1 a 0 de México a Alemania en el Mundial Rusia 2018), el próximo 1ero. de julio se oficializará el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales mexicanas. Así lo indican todas las encuestas, sin excepción, que a pesar de las discusiones respecto a que sobrestiman la preferencia por López Obrador, no sugieren un ajuste mayor en la posición final de los candidatos presidenciables.

Muy probablemente López Obrador también obtendrá la mayoría en el Congreso, a través de la coalición que lo apoya, aunque aún no es posible saber la magnitud de dicha mayoría en sus dos cámaras, pero se antoja difícil que sea una mayoría de dos terceras partes de las curules, lo que le dificultará iniciar cambios constitucionales para revertir muchas de las reformas fundamentales de los últimos 30 años. De igual manera, probablemente ganará entre cuatro y seis de los nueve gobiernos estatalesen juego, incluyendo la estratégica Ciudad de México.



Este desolador panorama no debiera posponer la tarea de saber porqué sus rivales nunca tuvieron una real posibilidad de vencerlo. Posponerla solo hará que se contamine en la venidera “guerra civil” que ya se adivina dentro de PAN y PRI para asignar culpas y responsabilidades interesadamente, así como dentro de las coaliciones que cada uno encabeza, donde se buscará justificar fugas, defecciones y traiciones.

Creo que un primer elemento a considerar en la derrota de Ricardo Anaya (PAN)  y José Antonio Meade (PRI), fue el discurso del “voto útil”: Ambos candidatos se concentraron tanto en desacreditarse y así obtener un segundo lugar que, supuestamente, les daría al final una avalancha de votos, que dejaron a López Obrador escaparse solo hasta la meta. De ese modo, López Obrador pudo imponer los términos de la agenda pública y operar políticamente, mientras Meade y Anaya se desangraban en una pelea sin piedad, al final infructuosa. Hoy tal idea del “voto útil” es solo una estrategia para rescatar algunos puestos más en los congresos federal y estatales, pero ya no para obtener la Presidencia. Pero en ello al menos son consistentes: la estrategia de ambos siempre estuvo dirigida a ocupar el segundo lugar, nunca a ganar.

La pelea personal del presidente Peña Nieto con Ricardo Anaya sólo reforzó la mala orientación ya impuesta por el discurso del “voto útil” y, en tal sentido, puede hablarse de que fue otra de las causas de la derrota compartida. Más allá del condenable uso de las instituciones del Estado para perseguir a un enemigo del presidente, lo políticamente impropio fue que Meade hiciera suya esa pelea personal y la impulsara como lo hizo, contraviniendo la tradición priista de que el candidato no heredaba los enemigos ni los problemas del presidente y que, incluso, en algún momento se desapegaba de él: el candidato representaba un nuevo comienzo, un dar vuelta a la página, atemperando conflictos y mostrando apertura y conciliación hacia los desafectos y rebeldes. En los hechos, todo confluyó para animar una pelea a vida o muerte en el lodo, de la que el único beneficiario fue López Obrador, que incluso pudo darse el lujo de ofrecer impunidad a Peña Nieto, mientras Meade y Anaya se amenazaban con el encarcelamiento.

Dicha pelea impidió cualquier coincidencias en el ámbito de lo estrictamente político entre ambos candidatos y sus equipos, a fin de frenar a López Obrador, al menos en áreas geográficas específicas y redituables para ambos. Mientras panistas y priistas se afanaban en su destrucción mutua, López Obrador operó una “cargada” de oportunistas a su favor, propia de la época dorada del priismo.

El discurso del “voto útil” también llevó a creer en sus “cuarteles de guerra” que la única forma de ocupar ese ansiado segundo lugar era prometiendo dádivas, dinero, populismo a manos llenas. Así, ni Meade ni Anaya se diferenciaron en sus propuestas fundamentales y, peor aún, terminaron pareciéndose a López Obrador. En tal sentido, no hay motivo para culpar a los votantes por dejarse engañar por un populista como López Obrador, que nos estancará en la incompetencia y la corrupción: el elector simplemente fue racional en su decisión, quien por el mismo precio (su voto) optará por el producto original, no por sus malas copias.

Junto con un discurso indistinguible respecto al de López Obrador, ni Anaya ni Meade lograron elaborar otro que defendiera las reformas de los últimos 30 años (que PRI y PAN construyeron juntos desde 1988 y hasta la fecha) y ofrecieran continuarlas y profundizarlas: No hay en el discurso de ambos una sola propuesta propia de reforma estructural, de apertura modernizadora, de política liberalizadora. Ni una sola propuesta que tratara al ciudadano con respeto, no como mendigo. Simplemente ambos se dejaron arrastrar y vencer por el discurso del populismo. Ambos fueron lo mismo que López Obrador, pero más caros. Y menos creíbles.

También Anaya y Meade perderán porque ambos adoptaron el mismo discurso de López Obrador de lucha contra la corrupción, creyendo que movilizaría también pasiones y adhesiones de una ciudadanía indignada por los escándalos protagonizados por el presidente Peña Nieto, sus funcionarios y los empresarios beneficiados por su régimen. Olvidaron que en sus bocas, tal discurso sería poco confiable: uno como ex alto funcionario de su gabinete, el otro como ex aliado fundamental en sus reformas. En términos electorales, sus palabras valieron poco y nada para un electorado indignado y harto.



Finalmente, el fragmentado estado de sus partidos y coaliciones será también fundamental en su probable derrota del próximo domingo 1ero de julio: Las divisiones y poca lealtad inspirada por uno y otro por la forma en que llegaron a sus candidaturas, y el poco oficio político para subsanarlas, seguramente se reflejarán en una baja movilización electoral de sus partidos y coaliciones, y en una débil adhesión de los legisladores y funcionarios locales triunfantes.

En los hechos, así se prefiguran los escenarios futuros en que se disputará el poder residual al interior del PAN y del PRI, así como el carácter y composición de la oposición realmente existente a López Obrador a partir del 2 de julio. En esos escenarios está por verse si Anaya y Meade tienen algún papel, siquiera secundario. El que hoy ninguno de los dos tenga un papel garantizado dentro de sus propios partidos, habla de la incompetencia y las malas decisiones que fueron su constante en toda esta campaña electoral.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: José Luis Dueñas Barrera*

Un primer análisis a fondo de la nueva encuesta de COPARMEX-Este País.

En periodo electoral es natural que el debate público se concentre en las estimaciones de victoria, bien sea por un genuino interés de la ciudadanía o bien por tácticas de comunicación tendientes a modificar la percepción, éste último caso ha orillado a “evitar la incertidumbre” en términos del sociólogo Geert Hofstede. Dicho en otras palabras, evitar la incertidumbre se traduce en incrementar las regulaciones sobre aquellas cosas que provocan duda como justamente las encuestas, mismas que ya requieren cumplir requisitos para ser publicadas y evidentemente a más regulación, más dudas, más injuria, más trucos para eludir.



En este contexto se han publicado encuestas falsas y encuestas que cumplen requisitos administrativos que las hacen legal y matemáticamente confiables, pero distan mucho de tener requisitos técnicos que las hagan humanamente confiables.

COPARMEX y la fundación Este País, conscientes de la poca credibilidad en las más recientes encuestas electorales, deciden realizar la propia con varios puntos a su favor:

  • La realizan dos empresas al mismo tiempo (Ipsos y Berumen). Ipsos, por cierto, fue la única encuestadora que calculó acertadamente el margen de victoria de Enrique Peña Nieto sobre López Obrador en 2012.
  • Una empresa auditó a la otra en todo el proceso.
  • La muestra es mucho más amplia que la mayoría de las encuestas. Más de 7 mil personas sólo para la encuesta presidencial. Aunque matemáticamente bastan alrededor de 1800 encuestas para los 90 millones de votantes de México, sin duda entre más personas, mayor confianza humana.
  • La base de datos completa se pondrá a disposición del público el día de mañana 13 de junio.
  • La distribución geográfica es más representativa del país, a diferencia de otras encuestas que se concentraron en pocas ciudades. Esta encuesta fue realizada en 750 secciones electorales distribuidas equitativamente en 150 secciones por cada circunscripción electoral (México se divide electoralmente en 5 bloques llamados circunscripciones, a su vez en distritos electorales, secciones y casillas).
  • Las personas que levantaron la encuesta eran monitoreadas en persona y digitalmente, reduciendo un posible sesgo que yo denomino el sesgo del repartidor de volantes: cuando un repartidor de propaganda casa por casa desea terminar rápido, “avienta” a cada domicilio dos o más volantes, agilizando su labor. De forma similar, los encuestadores pueden llegar a verse tentados a contestar encuestas sin necesidad de tocar puertas ni cumplir el protocolo, ya que carecen de vigilancia de su empresa o porque la encuesta se realiza en papel. Esta encuesta se realizó en tablets con GPS integrado y conectadas a un centro de control.
  • La tasa de rechazo fue del 41.7%. Eso suena demasiado ciertamente, pero en el resto de las encuestas la muestra queda fija en 1,200 personas aproximadamente y no realizan tantas encuestas exitosas hasta lograr la muestra completa, es decir, si sólo les contestaron 400 personas, con eso se conforman, hacen cálculos y publican la encuesta. Ipsos y Berumen en esta encuesta realizaron más de 25 mil intentos en total, hasta lograr las 7 mil encuestas exitosas para encuesta presidencial y 13 mil para encuestas de elección a gobernador.
  • Las gráficas muestran el porcentaje bruto, es decir, no hacen magia matemática para sumar los indecisos a cada candidato. Muestran hasta el mínimo resultado en porcentajes.

Dicho lo anterior, veamos el resultado más relevante: la encuesta presidencial

Como vemos, los indecisos son el segundo lugar empatados con la coalición PAN-PRD-MC y representan la quinta parte del electorado: 2 de cada 10 ciudadanos no han decidido por quién votar. Y la ventaja de la coalición Morena-PT-PES es al menos 10% menor que en la mayoría de las encuestas ya publicadas.



En la misma encuesta se pregunta en dos ocasiones por la preferencia de votación, en el día de la encuesta (realizada entre el 30 de mayo y el 6 de junio) y si fuese el 1ro de julio; en la segunda pregunta llama la atención un resultado: los indecisos aumentan al 27.8%, es decir que el día de la elección aproximadamente 1 de cada 10 personas que ya habían decidido su voto, van a marcar una opción distinta en la boleta.

Otro dato de mucha relevancia es la distribución porcentual del voto por partido político. Típicamente las encuestas exhiben un resultado condensado por Candidato, sumando las estimaciones de voto para cada partido. En la boleta electoral para elegir Presidente (y en la mayoría de las boletas electorales), verás repetidos los nombres de los candidatos tantas veces como partidos políticos los postulan y las encuestas replican este diseño de la boleta.

Con esta boleta simulada se elabora la encuesta que analizamos aquí y los resultados son realmente impactantes pues revelan que el PRI está a punto del colapso, con menos intención de voto que el PT, y 5 partidos políticos nacionales podrían perder su registro (PRD, MC, PVEM, PANAL y PES).

Las cifras indican que para ejercer una verdadera opción de voto útil que frene la amenaza populista y el avance en México del Foro de Sao Paulo (también llamado por un asambleísta venezolano, “El Eje del Hambre”), hoy punteros en prácticamente todas las encuestas, hay al menos numéricamente una sola opción consolidada en el 2do lugar.

Si Ricardo Anaya Cortés y la coalición PAN-PRD-MC logran sumar voto efectivo de al menos la tercera parte de los indecisos más voto útil equivalente a la tercera parte de cada partido de la coalición Todos por México PRI-PVEM-PANAL, los resultados serían los siguientes:

PAN-PRD-MC = 21%

Bajo estos escenarios en los que aún quedan 14% de indecisos, la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), estaría a 9% del puntero en encuestas e incluso a menor distancia considerando el error estadístico y la posibilidad de que más indecisos se agrupen en torno a la coalición PAN-PRD-MC, mientras que la coalición Todos por México (PRI-PVEM-PANAL), estaría a un lejano 14% de distancia.

Nada está decidido aún. Al igual que la mayoría de las elecciones en todo el mundo desde el año 2000, los resultados se perfilan distintos a lo que se publicita en encuestas (Brexit en Reino Unido, Juan Manuel Santos vs Antanas Mockus en Colombia, Hillary Clinton vs Donald Trump en EUA, Vicente Fox vs Francisco Labastida en México, por citar ejemplos).

Con toda esta información, lo puedo afirmar: La diferencia sí la haces tú el 1ro de julio.

  • Otros resultados relevantes en esta encuesta.
    • Estimación para Diputados Federales y Senadores por partido político:

Estas tablas recalcan la existencia del voto diferenciado en todo el país  pero también es una buena noticia para la democracia: se espera que en ambas Cámaras nadie, ni en coalición, obtenga la mayoría simple (50% + 1) con la que se reforman la mayoría de las leyes, y mucho menos la mayoría absoluta (66%) con la que se podría modificar cualquier ley sin requerir coaliciones legislativas, por lo que quien gane la Presidencia tendrá los necesarios contrapesos en el Poder Legislativo.

  • Preferencias brutas para Gobernador, con márgenes de error del + – 5% en la mayoría de los casos:

Llama la atención el repunte de un candidato independiente. El PVEM posiblemente pierda la tele-gubernatura de Manuel Velasco. De mantenerse esta tendencia en un estado que ya está acostumbrado a la alternancia política recurrente, los indecisos no representarían una diferencia significativa.

A diferencia de lo que corre en medios, a Mikel Arriola le pesa la marca y no logra movilizar ampliamente al electorado con sus propuestas a favor de la vida y la familia. En la Ciudad de México el mismo grupo político que ha gobernado la capital desde el año 1997, a pesar de los escándalos de corrupción, podría detentar la Jefatura de Gobierno sólo que bajo siglas distintas. Ojo con Sheimbaum para 2024. Barrales podría elevar significativamente el miserable 10-12% de votación que el PAN suele obtener desde el año 2006. Aquí los indecisos son una fuerza de gran relevancia que dificultarían el camino de Morena.

En Guanajuato no es sorpresa que la coalición encabezada por el PAN tenga buena preferencia electoral, lo que si destaca es que es realmente elevada y que el PRI cae al tercer lugar de las preferencias. De mantenerse esta tendencia, los indecisos no representarían mayor fuerza a favor de otras alternativas.

Movimiento Ciudadano tiene un bastión en donde es altamente competitivo, Jalisco. Actualmente gobierna el PRI pero pierde fuerza. Destaca que el otrora PAN tres veces seguidas ganador de esta importante gubernatura, arrastra un cuarto lugar en las preferencias. Sí y sólo si la totalidad de indecisos se vuelca por el PRI o por Morena, podrían dificultar el camino de Movimiento Ciudadano.

En el Estado de Morelos es sorprendente que el electorado prefiera a un ex futbolista sin preparación académica. Aplica muy bien aquel dicho del propio López Obrador que profirió para el PRI en el Estado de México, pero ahora el saco le queda a Morena en Morelos: podrían poner a una vaca como candidata y ganaría. El PAN recupera ligeramente su preferencia por encima del PRD y moraleja: debieron coaligarse ya que, en este escenario, sólo si los indecisos se movilizan a favor del PAN podrían competir decisivamente.

El polémico exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, podría perder este bastión importantísimo para el PAN. Por aquel experimento de mini gubernaturas de dos años, Puebla y Veracruz podrían pasar a manos de Morena. Aquí el error estadístico de + – 5% perfila una competencia reñida donde el PAN podría ganar con la diferencia mínima y los indecisos sí serán clave.

Tabasco refrenda su preferencia política por la izquierda, sea bajo las siglas del PRI, del PRD o ahora de Morena. Llama la atención que en esta encuesta el PAN está en segundo lugar aunque desde luego tan abajo en preferencias que no alcanzará ni siquiera para hacer contrapeso a la dictadura de Tomas Garrido en el siglo XXI. Los indecisos no representarían una fuerza a favor de ningún candidato.

Final de carrera de caballos. El PAN podría retener esta gubernatura tan peleada ya que desde hace doce años es una opción altamente competitiva en Veracruz. Hace dos años se decidió elegir un gobernador electo popularmente pero interino, a efecto de homologar las elecciones federales con las estatales. En aquel momento las encuestas daban resultados muy similares y la coalición PAN-PRD obtuvo la victoria. Los indecisos podrán dar el veredicto final.

Bajo una coalición PAN-PRD se había logrado la alternancia de partido en Yucatán, pero el PRI retornó con mayor fuerza y el PAN se ha debilitado. Aunque al final las elecciones siempre quedan entre dos opciones, en Yucatán hay un empate técnico entre tres alternativas por el momento y destaca que la izquierda representada por Morena-PT-PES tenga una elevada preferencia electoral en aquel estado. También aquí los indecisos podrían dar el resultado definitivo.

*José Luis Dueñas Barrera es Secretario General de Haz Bien el Bien A.C., Maestro en Administración Pública y Coordinador Académico de Licenciatura en Ciencia Política en la UNIR. En twitter: @duenasluis

Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

Cuando escucho que el PRI se ha comprometido con la agenda de la vida y la familia y que su candidato es el mejor por que va a misa y es un católico practicante, escucho el esfuerzo desesperado de la Gran Familia Revolucionaria por no perder el poder, aunque sea de la mano de López, pues es evidente que se niegan a desaparecer.

Desafortunadamente también escucho un coro de ingenuos, asumo que de buena voluntad, quienes creen que ven milagros donde más bien y en su mayoría hay conveniencias grupales y personales. Son admiradores de lo que llamo “las divinas gracias sexenales” que El Señor nos concede atestiguar siempre con puntualidad extrema en estas épocas. Las habrá ciertas y durarán muchos años, las habrá también falsas y se extinguirán hasta la siguiente elección si es que el viento sigue soplando en la misma dirección.



Los cristianos al actuar en política (y de hecho siempre) debemos ser suaves como palomas, pero astutos como serpientes y no olvidar que La Libertad es la base de la trascendencia para el ser humano. ¿De qué sirve un gobierno que decreta lo que la persona no asume libremente y en conciencia? ¿Es acaso el deber del gobierno la salvación de las almas? ¿O solo toca al gobierno poner condiciones para el Bien Común?

Las condiciones no son leyes moralinas, no son decretos, sino oportunidades. No es obligación del gobierno decretar con respecto a la Vida y la Familia mediante leyes y castigos, sino poner condiciones para que todos vivamos dignamente. Si pugnamos por que un gobierno se convierta en decisor de estos temas en un sentido, ¿Qué hace que no pueda hacerlo en el sentido opuesto?

Es obligación de los laicos velar por la defensa y promoción del evangelio entero, conquistando con el ejemplo y no con el poder, tal como hicieron los primeros cristianos, de quienes se decía “mirad cómo se aman” y esto también es posible en la labor política, de hecho a ello es a lo que los cristianos estamos llamados. El Cristiano si llega al poder no debe hacerlo para imponer a otros a su credo, sino para facilitar a todos condiciones para su trascendencia. Si hoy los católicos no tenemos representación y eso es cierto, no es culpa de nadie más que de todos quienes no nos involucramos a tiempo y en serio en la labor política. Así que no esperemos que por arte de magia o negociación coyuntural logremos aquello por lo que no hemos trabajado.

¿Que Meade o Anaya son muy “santos”? – ¡Pues que recen por nosotros! – Ahora lo que hace falta es alguien que pueda evitar que perdamos la posibilidad de tener libertad y desarrollo. Si algunos de ellos puede hacerlo, ¡qué bueno! Contará con mi voto, pero será por poder hacer frente a algo peor y no por ser “bueno” que deba merecerlo.

Hablaba Jesús Urteaga de santos, beatos y paganos. No asusta que en la labor política haya pocos santos y muchos paganos… Asusta que entre nosotros creamos que la beatería es camino y que el bien común se reduce a cuidar el sexto mandamiento y sus derivados. Y conste que tengo claro que el aborto es asesinato. Lo que pido es que reflexionemos en que el derecho a la vida también implica vivir en un lugar con condiciones integrales para el desarrollo pleno en concordancia con nuestra Dignidad Humana. Una buena revisada de los Mandamientos, del Sermón de la Montaña, de las Obras de Misericordia (corporales y espirituales) y de la Doctrina Social de la Iglesia, tal vez permita a los movimientos católicos, hoy tan politizados, revisar las prioridades de su agenda y darse cuenta que la misma tiene más de un tema y que de hecho es tan amplia que supera por mucho la naturaleza y capacidad del gobierno y con más razón, la de un partido político.



Sistematizar nuestros movimientos, hacer corporativas “las bases cristianas”, es sucumbir culturalmente ante el sistema que tanto nos ha dañado como país. Si empezamos en este camino por perder una batalla, esa fue la cultural y eso pasó cuando nos creímos que para hacer el bien el fin justificaba los medios. De ahí a comprar votos para hacer pasar leyes y ahora conseguir “posiciones” a cambio de “apoyos masivos”, solo medió el efecto de la inercia.

Estamos a tiempo de lograr que, gane quien gane, por que esto no es un esfuerzo a realizar antes del 1 de julio, nos concentremos, todos, en hacer bien el bien, para que nuestra vida sea digna de los Dones que hemos recibido y de paso, hacer juntos un mejor país, para todos. Sí, ¡dije todos! También para los “paganos”. Antes de las elecciones hagamos lo necesario para ganar tiempo, libertad y oportunidades, sin olvidar que la política es el arte del mayor bien posible y que desafortunadamente es cierto que lo mejor es enemigo de lo bueno.

*Héctor Uriel Rodríguez Sánchez. Apasionado de la Política, Speaker y Consultor de Negocios – Hago que las cosas pasen. CEO en DirigeHoy.net y Presidente de HazBienElBien AC. Twitter: @hectoruriel y Facebook: /hectoruriel.r

Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

[dropcap type=”default”]H[/dropcap]ace algunos días vi este post en algunos muros. El mismo ha creado división profunda entre supuestos expertos matemáticos y estadísticos con y sin sesgo político que manifiestan que los números en él expresados son falsos de toda falsedad. En honor a la verdad me he dispuesto a ver de dónde han salido los numeritos y me he adelantado a los amigos de Verificado 2018 a quienes no les quisiera cargar el horroroso encargo de hacer unas cuantas multiplicaciones, sumas y restas.

Para empezar, la encuesta dichosa puede ser encontrada en su fuente original aquí:http://gruporeforma-blogs.com/encuestas/ En esta fuente he corroborado la metodología, que copio textual:



“Encuesta nacional en vivienda realizada del 24 al 27 de mayo de 2018 a mil 200 credencializados. Diseño de muestreo: bietápico, estratificado y por conglomerados. Error de estimación: +/- 3.8% al 95% de confianza. Tasa de rechazo: 29%.”

Es decir, la encuesta se aplica a 1200 personas, pero, 29 % de ellos la rechazan, o sea, no es que no quisieran contestar, sino que simplemente dijeron “ahorita no joven”. ¿Cuántas personas son esas? 1200 x 29% = 348, lo que quiere decir que los resultados que se publicaron representan a los que no rechazaron, pero eso no quiere decir que contestaran. Así las cosas, de los 1200 solo 852 (1200 – 348) aceptan la encuesta. En el cuadrito de la encuesta, aparece otro dato, que son precisamente los que aceptan, pero no contestan. Ese dato nos dice que son 17% los que no son considerados. Es decir, tenemos dos alternativas de lectura, o son 17% de los 1,200 o son 17% de los 852 que quedaban. Por algún motivo esto no se aclara. Así que el escenario 1, que es que sea de los 852, lo que implicaría que respondieron: 707.16 (852 x 17%) lo que no parece correcto, pero lo comprobaremos más adelante. En cambio, si consideramos el 17% sobre los 1200 tenemos: 204 (cerrado), o sea que 204 personas aceptaron la encuesta, pero no contestaron. Teníamos 852 y quitamos esos 204. Quedan 648. Ahora bien. ¿De los 1200 originales, cuantos no contestaron entonces la encuesta, sea por que no la aceptaron o porque aceptaron y no respondieron? – El resto: 552. Y así sale el dichoso numerito del post azul.  Si 52% es el porcentaje calculado para AMLO, entonces 337 personas serían las máximas posibles que pudieron contestar “Votaré por AMLO”, ¿Por qué digo máximas posibles? – Por que el mismo cuadrito chiquito de la encuesta dice “Preferencia Efectiva”, es decir que los indecisos fueron repartidos proporcionalmente (o discrecionalmente) entre los que sí contestaron por quién votarían y por ello no hay una barra de indecisos, lo que en su caso, naturalmente, disminuiría los porcentajes de las barras de los candidatos. Visto todo lo anterior:

  • Suponiendo que no hubiera indecisos, lo que es sumamente improbable, solo 337 personas habrían respondido “AMLO”.
  • Si sí hubo indecisos no sabemos cuantos fueron, podríamos saberlo en el informe completo, pero aún no se publica en el INE: http://www.ine.mx/voto-y-elecciones/encuestas-electorales/principales-resultados-2017-2018/Suponiendo que hubiera una tasa de indecisos del 10% (baja, pero posible y aceptable) se tendrían 65 personas que aceptaron la encuesta, pero no contestaron (648 x 10%) Aplicando la proporcionalidad, 52% de ellos habrían sido sumados a AMLO para pasar de preferencia bruta (el dato obtenido) a preferencia efectiva, lo que anuncia la encuesta. Lo que querría decir que 34 personas no habiendo contestado fueron proporcionalmente añadidas a quienes sí contestaron AMLO. Dejando en 303 (347 – 34) el resultado “bruto” a su favor. 303 son el 46.8 % de las 648 encuestas respondidas. El criterio de efectividad da a AMLO 5.2 puntos porcentuales más, haciéndolo rebasar del 50%  Entre tanto, siguiendo la misma regla, Anaya habría tenido 168 efectivos, es decir 26% de 648, y le habrían sido asignados por el criterio de efectividad 17, por lo que su preferencia bruta sería de 151 personas (168 – 17). Que representan 23.3%  de 648. En este caso el criterio de efectividad solo le da 2.7 puntos porcentuales adicionales, pues su resultado efectivo es del 26%. Meade, por su parte, tendría una preferencia efectiva de 123 personas, pero una preferencia bruta de 12 personas menos. Es decir, tendría la preferencia bruta de 111 personas, que le dan 17% de 648, recibiendo 2 puntos porcentuales extras por el criterio de efectividad, para llegar al dato de 19%. Así, el resultado bruto de la encuesta con 10% de indecisos sería: AMLO: 46.8%, RA: 23.3%, JAM: 17%, Indecisos 10% y Bronco 2.9%. Distinto y menor al 52% de AMLO, 26% de RA, 19% de JAM y 3% de Bronco.
  • Finalmente ¿Qué tan confiables son estos números en términos estadísticos? La certidumbre de una encuesta depende del tamaño de la muestra, así una encuesta 100% confiable, solo puede obtenerse por un censo, es decir, preguntando a todo el universo su preferencia, y aún así habrá sesgos, dados por las preguntas, la forma de iniciar la encuesta, la cara o voz del encuestador, el momento en que se pregunta, etc. La encuesta publicada por Reforma, dice que el nivel de confianza, es decir, la probabilidad de que sea correcta, es del 95% esto se traduce a que lo esperado es que 95 veces de cada 100 que se aplica la encuesta se obtengan los mismos resultados. Lo que implica un rigor estadístico adecuado y por tanto da confiabilidad a la encuesta. Ahora bien, la muestra ideal era de 1200 encuestas respondidas, que equivaldría a un error de +-2.8%, distinto al publicado de +-3.8% ¿Por qué se da esta diferencia? precisamente por que Reforma calcula el dato del error a partir de la cantidad de encuestas respondidas (la muestra real) y este es precisamente el número mágico que buscamos, pues si la encuesta hubiera considerado como muestra a las personas que aceptaron la encuesta que fueron 852 (Tasa de rechazo de 29% de 1200) al ser éste el tamaño de la muestra, el margen de error sería del 3.4%. Por tanto, ese no fue el tamaño de la muestra. Si se hubieran considerado  los 1200, el error sería aún menor: 2.8%, y si se hubieran considerado los 707.16, o sea, si los que no contestaron fueran el 17% de los que aceptaron la encuesta, el error sería de 3.7%. En cambio, si la muestra es de 648 personas, (hipótesis en la que se basa el post azul y dato sobre el que he construido esta argumentación), el error correspondiente es precisa y justamente el +- 3.8% que publica reforma.

En conclusión:

La muestra de Reforma para esta encuesta es de 648 personas, si AMLO obtuvo una preferencia efectiva de 52%, máximo 337 pudieron haber respondido que votarían por él, y el mínimo dependería de la cantidad de indecisos que son obviados al pasar a preferencia efectiva. Si estos hubieran sido 10%, En realidad “por AMLO” habrían respondido de viva voz solo 303 personas. Dado el criterio discrecional de efectividad que utiliza Reforma para pasar del resultado bruto al efectivo AMLO obtendría aproximadamente 5 puntos porcentuales adicionales.

El problema es que 303 es solo el 25% de 1200 y estos 1200, independientemente de por qué no hayan querido responder a la encuesta están en posibilidades de votar ¿Hay forma estadística valida que sostenga que con una muestra de 648 personas puedo determinar cómo piensan 1200? – De hecho sí, 648 es una muestra válida para inferir las características de 1200, y es por ello que el nivel de error en el ejercicio completo es el que cambia, sin embargo, es necesario leer con cuidado la encuesta, pues presenta parcialmente la realidad.



Visto lo anterior, el 52% de preferencia para AMLO publicado por Reforma no es un mito, pero tampoco una verdad absoluta tan válida como decir que de una muestra de 1200 personas solo 25.25% (303) respondió que votaría por AMLO. Al parecer no solo es cierto que esta encuesta presenta los resultados de manera poco clara y genera una percepción engañosa, además cada vez parece comprobarse más que las encuestas son de quien las paga y se han convertido en publicidad electoral. En última instancia el post llamado “la Encuesta de Reforma por Número de Personas” es casi correcta, salvo por que no considera el ajuste para pasar de preferencia bruta a efectiva y el consiguiente “empujoncito” que Reforma le da a AMLO de 5 puntos, aproximadamente.

Para revisar por ti mismo el cálculo del tamaño de la muestra y el error, te comparto un simulador en excel. https://www.dropbox.com/s/blu8um46zd876cx/calculoDelTamanoDeLaMuestra.xls?dl=0

Héctor Uriel Rodríguez Sánchez 

Ingeniero Mecánico y en Sistemas Energéticos

Maestro en Alta Dirección

Diplomado Black Belt en Formación Six Sigma

Director del Área Académica de Empresa, Marketing y Comunicación de la Universidad Internacional de la Rioja en México y Catedrático de Administración Estratégica en la Maestría en Alta Dirección de Instituciones de Educación Media y Superior de la UNAM.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]U[/dropcap]n fantasma recorre México: El fantasma del “Voto Útil”. A poco menos de un mes de las elecciones presidenciales, en las redes sociales y en las columnas de opinión del país se debate sobre el rival con más posibilidades reales de vencer a Andrés Manuel López Obrador, el candidato filochavista, con la esperanza de movilizar un voto masivo en contra de éste, en favor de solo un candidato.



Pero más allá de la confiabilidad de las encuestas para determinar a al candidato mejor posicionado (hoy materia de litigio), lo cierto es que por ahora el llamado al “voto útil” no pasa de ser, la mayor de las veces, una herramienta partidista de campaña. Así, llamar a votar por un candidato específico que será el mejor posicionado para vencer a López Obrador, cuando aún faltan, por ejemplo, el tercer y último debate presidencial, y veintitantos días de campaña en los que todo puede pasar, resulta a todas luces, un exceso. Considérese que si se reconoce la posibilidad, difícil pero dentro de lo factible, de que Ricardo Anaya remonte los 18 puntos que lo separan de López Obrador, igual de factible es que José Antonio Meade supere los nueve puntos que lo separan de Anaya. Así que llamar hoy a votar por Anaya o por Meade como supuestos beneficiarios del “voto útil”, no pasa de ser una mera estratagema partidista.

Una estratagema que además de intentar manipular la real preocupación de millones de ciudadanos por un posible gobierno de López Obrador, oscurece otros temas igual de importantes.

En lo personal, creo que un eventual triunfo de López Obrador es cada día más y más factible, al menos mientras no haya un KO en su contra. En ese escenario, la única opción realista sería limitar a López Obrador con las leyes, los contrapesos y la crítica. Así, un congreso eficaz, juicioso e independiente (que pocas veces lo ha sido en el pasado) sería el último obstáculo al nuevo autoritarismo recargado, un valladar en contra de la regresión al poder absoluto que encarna López Obrador. Por ello, me parece que tantos voceros oficiosos a favor del “voto útil” harían una mejor contribución argumentando ante el electorado sobre la necesidad de negar a López Obrador una victoria arrolladora en el Congreso, pasando así, de la interesada y fantasmal argumentación por el “voto útil” a una argumentación más realista y urgente por el “voto dividido”.

Creo que un triunfo de López Obrador es cada día más y más factible, a menos que haya un KO en su contra.

Porque, ¿alguien tendrá confianza de que un Poder Legislativo en manos de López Obrador podrá ser uno razonable, que miré por los mejores intereses del país, después de ver el nivel de fanatismo de sus seguidores, sin respeto a la crítica, en defensa a ultranza de todas y cada una de las sinrazones de su líder, con futuros legisladores cuyo único mérito fue haber sido seleccionado a dedo por el propio López Obrador y electos únicamente por aparecer junto a él en un afiche electoral, profesionales del aplauso incondicional al mesianismo que él encarna, que apoyarían ciegamente cualquier atropello y capricho de sus peores asesores? Un Congreso así sería capaz de incendiar el país solo para hacer a Lopez Obrador el rey de las cenizas.

Un Congreso con mayoría de López Obrador sería una receta fatal para el entendimiento, la confianza y las libertades, en donde los platos rotos de la discordia y el abuso (en cantidades monumentales) terminaríamos pagándolos todos los mexicanos. En cambio, un Congreso sin mayoría obligaría a López Obrador y a sus incondicionales a la negociación y a la prudencia, a la contención y a la efectiva rendición de cuentas, a privilegiar el sentido de Estado y no las ocurrencias de sus fanáticos más serviles.

Muchos estamos ciertos de que las diferencias entre López Obrador y sus tres rivales son de grado, no fundamentales. Reconocer las deficiencias de todos ellos implica decidir como adultos, como ciudadanos y no como porristas, por el mal menor entre realidades alternativas. En lo personal, no pienso votar por ninguno de ellos; todos me parecen fundamentalmente lo mismo. Pero eso no debiera implicar el renunciar a la defensa de la crítica, de la libertad de opinión y de la vigilancia sobre el poder frente a la emergencia de un nuevo autoritarismo.

Al respecto, ojalá hayamos aprendido que las actitudes antipolíticas (entre ellas, las de muchísimos liberales) sirven de base y justificación para procesos autoritarios que desprecian a los partidos políticos, pretenden pasar por alto los mecanismos democráticos de representación y fomentan las alternativas autoritarias, de los cuales López Obrador sólo ha sido sólo el resultado final y lógico.

Es necesario votar en contra AMLO en el Congreso y organizarnos, desde ya, para hacerle frente desde la sociedad y la crítica.

Los liberales venimos diciendo, desde hace mucho, que ningún candidato presidencial representa al liberalismo. En realidad, hoy los cuatro candidatos presidenciales solo son representantes del pragmatismo y de la cultura y prácticas políticas tradicionales de la sociedad mexicana; por eso todos ellos encabezan propuestas conservadoras en lo social, autoritarias en lo político y populistas en lo económico, aliados a agrupaciones y personajes corruptos y mercenarios, que miran con añoranza al pasado. Todos ellos representan una restauración de la tradición política del PRI, de autoritarismo nacionalista, con diferentes etiquetas.



Frente a ello, es hora de convocar a la responsabilidad, a la participación social, a la vigilancia ciudadana, a rescatar el sentido de la crítica en oposición a la horda de creyentes  fanatizados que han renunciado a toda exigencia. Es necesario llamar en contra del suicidio social en ciernes, que lleva a preferir un nuevo rey absoluto en lugar de un modesto y simple representante de todos. Los liberales debiéramos asumir esta tarea como responsabilidad nuestra, en lugar de solo quejarnos y culpar a otros de nuestra inoperancia y marginalidad.

Sin vigilancia y sin contrapesos todo poder tiende a equivocarse en exceso. Un poder personalista como el de López Obrador puede acabar cometiendo muchísimos y graves errores en ausencia de crítica, de control político y de exigencia social. Incluso por el bien del propio López Obrador, es necesario llamar a votar en su contra en el Congreso y organizarnos, desde ya, para hacerle frente desde la sociedad y la crítica.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ste es un mensaje para todos los simpatizantes de José Antonio Meade, de Margarita Zavala, del bronco y para quienes no encuentran satisfactorio a ningún candidato. Es hora de tomar una decisión.



Éste no es el escenario ideal de casi nadie, pero llegamos al último mes de las campañas y sólo hay dos opciones reales para ganar la presidencia la República: Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya Cortés. Todos los demás podrán ser finísimas personas, eficientes funcionarios e interesantes figuras televisivas, pero no van a ser presidentes.

En este momento tenemos básicamente dos sopas.

La de Ricardo Anaya es una sopa de continuidad, con algunos aderezos reformistas interesantes y otros preocupantes, pero que en términos generales apuesta por consolidar la modernización que se ha trabajado en los últimos 30 años, que le ha permitido a México no sólo dejar atrás las catastróficas crisis económicas que marcaron la vida de nuestro país hasta 1994 y construyeron contrapesos para contener la voracidad de la clase política, exhibir a los corruptos e incluso ocasionalmente encarcelarlos.

La otra sopa, la del peje tenebroso, es una sopa ya echada a perder. Es algo peor que la continuidad, es el retroceso. Andrés Manuel nos quiere regresar a los tiempos del viejo PRI, populachero, demagogo, autoritario e ineficiente. Nos vende la visión idílica de un pasado que no fue sueño, sino pesadilla para millones de mexicanos, especialmente de los sectores medios y de las clases populares.

Para decirlo claro, los únicos que engordan con la sopa de obrador son los viejos políticos y los viejos empresarios acostumbrados a usar el manto del nacionalismo como pretexto para evitar la competencia, hacer chanchullos y vendernos productos caros y de pésima calidad.

Hoy mucha gente dice que el gobierno actual es más corrupto que nunca, pero no es cierto. Lo que pasa es que, gracias a los mecanismos de fiscalización, al respeto a la libertad de prensa y a las reformas en materia de transparencia, ahora sí nos enteramos de las transas de los gobernantes. Antes robaban mucho más, pero nunca se Investigaba y ni siquiera se denunciaba en la prensa, porque el gobierno ejercía la censura a través de los matones de la DFS y del control monopólico de la industria del papel.

En el México del tenebroso peje a quien denunciaba la corrupción, o le provocaban una huelga para cerrarle el periódico, o le impedían conseguir papel para imprimir o de plano directamente lo mataban.

Hoy, por el contrario, la prensa puede denunciar todo lo que quiera sobre Peña Nieto y mantienen su vida, su prestigio, sus ganancias y sus medios de comunicación.

Es cierto que la actividad del narcotráfico y la torpeza del gobierno federal en la “lucha contra las drogas” ha provocado un incremento de la violencia, pero aun así el número de homicidios simplemente regresó que a la que existía en los noventas y ochentas. Es decir, en ese pasado idílico al que nos quiere regresar Obrador, México era tan violento o incluso más que ahora, la diferencia es que no se publicitaba tanto, y la supuesta “solución” de Andrés Manuel no es tal: su amnistía empeoraría las cosas y fortalecería a los criminales para consolidar su control del país.

No nos engañemos, en esta elección está en riesgo mucho más que un color o un personaje, está en riesgo todo lo que dolorosa, lenta e incompletamente hemos avanzado durante las últimas décadas. Es cierto que la obra está inconclusa y en algunas partes está mal hecha, pero la solución no es tirarlo todo, como pretende Obrador, sino seguir construyendo y corrigiendo errores.

Como decía Winston Churchill no podemos ser imparciales, por ejemplo, entre los bomberos y el incendio. El incendio es el tenebroso peje. El bombero, el único que puede detenerlo, es Ricardo Anaya.

Por eso hoy te pido tu voto útil, tu voto indispensable para tener al menos la esperanza de detener al tenebroso peje y de evitar que sus ocurrencias y su autoritarismo nos regresen a los tiempos del viejo presidente omnipotente, a los viejos rencores del discurso revolucionario y a los viejos fracasos autoritarios del viejo PRI, que ahora se llama Morena.

En pocas palabras: No te pido tu voto útil por Anaya, sino tu voto útil a pesar de Anaya.

Sé que no confías en Ricardo, y para ser sincero a veces yo tampoco.

A mí, como a ti, el mensaje del candidato del frente me parece poco sincero. Al igual que a ti, a mí no me acaban de cuadrar sus explicaciones sobre el presunto lavado de dinero, a mí como a ti, no se me olvida la forma en que impulsó e impuso sus ambiciones presidenciales.

No te digo que votes por Anaya porque es honesto, porque tiene las mejores propuestas o porque es buena persona. De su honestidad tengo dudas, sus propuestas se dividen entre horrendas y positivas, y sinceramente no se si sea una buena persona. Quizá no le confiaría a Anaya mi amistad o mi casa, pero te suplico que votes por él, y que lo apoyemos juntos en este mes de campaña.

¿Por qué?

Porque Ricardo tiene miles de defectos, pero Obrador los tiene peor. El tenebroso peje se dice honesto, pero durante años no declaró ingresos y su nivel de gastos es notoriamente superior a lo que dice que gana, así que además de corrupto es mentiroso. Las propuestas de Obrador son todas horrendas, se dividen entre las que son horrendas y fantasiosas y las que resultan horrendas y retrógradas.

Andrés Manuel quiere eliminar los contrapesos a la figura presidencial, quiere fiscal a su modo, quiere someter los grandes proyectos del país a su capricho, quiere revertir los avances jurídicos de los últimos 30 años, quiere regresarle el poder a las mafias petroleras, quiere justificar a los ladrones y utilizarlos como grupos políticos de choque. Él y su equipo lo han afirmado incluso de manera directa, quieren convertir a México en una nueva Venezuela, y serían peor, porque aquí ya ni siquiera tenemos las cantidades de petróleo que lograron mantener a flote al chavismo durante sus primeros años.

¿Y entonces?

Este 1 de julio debemos elegir entre los bomberos y el incendio.

Ricardo puede tener 10 mil defectos, podemos cuestionar la forma en que consiguió el agua, la manguera y el camión, podemos verlo con desconfianza, pero aun así Anaya es el bombero, y siempre será preferible pasar los siguientes seis años cuestionando a ese bombero, en lugar pasarlos bajo el permanente dolor de las llamas de la demagogia y del populismo del tenebroso peje.



En 1998, el economista Henrique Salas Römer se enfrentó en las elecciones presidenciales con Hugo Chávez, y Chávez ganó de calle. Hoy, 20 años después, millones de venezolanos que se abstuvieron de votar o que votaron con el hígado y no con la cabeza, darían todo lo que les queda a cambio de regresar a esa urna fatídica y darle su voto a Salas Römer, a pesar de todos sus defectos.

Este mes y este 1 de julio esa misma decisión nos toca a nosotros.

Anaya no es lo ideal, no es para celebrar, pero sí es para sobrevivir y tener otros 6 años en los cuales consolidar la transformación de este país, y aspirar a tener mejores opciones en 2024. Obrador, el tenebroso peje, es básicamente el retroceso, el fracaso, el incendio.

 *Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Artemio Estrella*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]n este segundo asalto de la contienda presidencial, el rival a vencer, Andrés Manuel López Obrador, simple y sencillamente se subió a defender el título de puntero en las encuestas, pero sólo tomando el rol de víctima, sin capacidad de entrar a la ofensiva, salvo para vociferar algún chascarrillo. Las propuestas de Andrés López: “Voy a cuidar mi cartera”, “Ricky Riquín Canallín”, “La mafia del poder”, este es el nivel de debate al que puede llegar el candidato por MORENA.



José Antonio Meade se vió más confiado. Es claro para un sector de mexicanos, nada despreciable, que Meade es una persona preparada y en este segundo debate lo demostró, pero por desgracia sigue arrastrando seis años de un gobierno priista con tropiezos más grandes que sus aciertos, para muestra la relación de México con EEUU, tema que se tocó en el debate y que dejan muy mal parado al candidato por el PRI.

Ricardo Anaya, candidato por el PAN, a quien se le olvidó que era el segundo debate y no el primero, no cambió la estrategia, siguió con la misma tónica de ataque hacia Andrés López, dejando patente lo que todo el mundo ya sabe, excepto los solovinos[1], claro: que Andrés Manuel López Obrador es un farsante. Personalmente creo que Anaya debió arriesgar y enfocarse en vendernos su propuesta de gobierno y convencernos de por qué es mejor que la de sus contrincantes. El ataque hacia Andrés Manuel debió quedar en segundo término.

Jaime Rodríguez, mal llamado “El Bronco”, un invitado más del público, pues desperdició su tiempo tomando el rol de espectador en el debate, se la pasó escuchando a los que sí están en la contienda. Aunque dijo algo de importancia, enseñó el cobre al declarar que estaría dispuesto a expropiar Banamex. No por nada algunos se han atrevido a decir que Jaime Rodríguez es el peje-norteño, un político populista que, al igual que Andrés López, nos quiere llevar de regreso a la época más rancia del PRI, aquella en la que el gobierno tenía control total de la economía y que provocó la corrupción política que aún el día de hoy estamos sufriendo.



En cuando al formato del debate, muy bien. Este tipo de formatos ofrecen al público una visión más amplia de los candidatos. Los candidatos cuentan con la posibilidad de desenvolverse para exponer y confrontar, y esto ayuda a proyectar el carácter de cada uno. Los moderadores muy mal, ellos no deben de debatir, ni mucho menos de confrontar, salvo para guiar la discusión y hasta allí.

Este era un debate para arriesgar y ningún candidato arriesgó. En el tercer debate veo muy difícil que los candidatos presenten algo distinto a lo presentado en estos primeros dos. Si me preguntan sobre el rival a vencer, yo diría que no lo despeinaron ni tantito.

[1] Al decir “solovino”, me estoy refiriendo a la forma en que Andrés Manuel López Obrador llama a las personas que votan por MORENA. Fuente: López Obrador: a los que votaron por Morena los llamo solovinos.

*Artemio Estrella es tecnólogo especialista en TICs, columnista invitado en Asuntos Capitales y en Wellington.mx, y en asuntos políticos un impulsor de los principios republicanos.