Tag

México

Browsing

Por: Víctor H. Becerra*

López Obrador es un presidente en bancarrota: Los primeros tres años de su gobierno, la mitad de él, apuntan ya a ser los peores de la economía mexicana en los últimos cien años. De mismo modo, sus primeros 18 meses de gestión ya son los más violentos de todo el siglo, con casi 54 mil homicidios: más de un homicidio cada 15 minutos de su gobierno. Muchos otros datos no son tampoco para presumir: 25 mil muertos por una de las peores gestiones de la pandemia en el mundo: más de 10 personas muertas por covid 19 cada hora, 70 contagiados cada hora; 12 millones de mexicanos ya sin empleo y sin ningún ingreso: 8 empleos perdidos cada minuto; 11 mujeres asesinadas cada día…

Hoy tampoco puede ofrecer mucho a su partido y correligionarios: López Obrador fue el presidente con mayor índice de aprobación en este siglo al momento de llegar al poder, incluso por encima de Vicente Fox, quien acabó con los 72 años de gobierno ininterrumpido del PRI. Pero la realidad lo alcanzó: En poco menos de un año y medio ha experimentado una pérdida acumulada de más de 20 puntos. Hoy su popularidad anda en alrededor del 46 por ciento y sigue bajando, solo apoyada en su masiva entrega de subsidios y becas, pero que por el desorden administrativo y opacidad de su administración, tal vez van a dar al bolsillo de sus funcionarios y operadores. Así y a las puertas de la crisis económica más profunda y prolongada en la historia del país, muchos temen que la sangría de votos sea tan profusa en julio del año próximo, que podría perder la mayoría en la Cámara de Diputados, la que hoy le permite hacer y deshacer sin contrapesos ni contestaciones. 

A ello sumemos su falta de credibilidad. Acaba de anunciar, por ejemplo, que suplantando al Instituto Nacional Electoral, será en adelante “el guardián de la democracia”. Pero, ¿puede ser “guardián” de cualquier cosa, quien no se enteró de que su secretario particular recibía sobornos y su secretario de finanzas robaba el erario público, cuando ocupó la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México? ¿Quien no supo que varios miembros de su gabinete presidencial esconden propiedades que no se compaginan con su sueldo público? ¿Que no se enteró de que la secretaria general del partido que fundó malversaba el presupuesto de MORENA, por lo que actualmente está en proceso? ¿Quien se peleó con todos los empresarios y los insulta diariamente, cuando son más necesarias sus inversiones e iniciativas?

Ni sus personajes más próximos le hacen caso: Mientras dice que los mexicanos deben contentarse con un par de zapatos, por ejemplo, y cada mañana nos sermonea y nos escupe a la cara su ejemplo de supuesta modestia, austeridad y anticapitalismo, sus secretarios ostentan relojes Rolex o Tiffany, su esposa viaja en primera clase, sus hijos que nunca han trabajado de pronto se convierten en prósperos empresarios, sus colaboradores llenan la nómina del gobierno con familiares, y dan contratos sin licitación a amigos y aliados… muchos de sus colaboradores más cercanos se solazan de solo escuchar la palabra comunismo, pero mientras esperan la hora de aplicarlo, disfrutan por ahora el más hipócrita consumismo.

Sin ánimo de exagerar, hoy el gobierno de López Obrador tiene poco que ofrecer a México, excepto su renuncia al poder. Sería un acto de realismo político y valentía moral que reconociera ya su derrota política, administrativa, económica. López Obrador ha fracasado como presidente y su incapacidad y falta de credibilidad nos están costando demasiados muertos, desempleados y mexicanos de regreso a la pobreza más absoluta.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Angélica Benítez*

Hace unos días unos amigos me pidieron cuidar a sus tres niños porque ellos tenían un compromiso. Llegué poco antes de su hora de dormir, y uno de los pequeños me confesó que había estado teniendo pesadillas recientemente, y que tenía miedo de tenerlas de nuevo esa noche.

  • ¿Qué sueñas? – le pregunté.
  • Con monstruos.

Esbocé una sonrisa y le dije: “No tienes nada que temer. Los monstruos no existen”.

Al día siguiente, al despertar, recibí la impactante noticia de que dos amigos muy queridos, gente buena, fueron asesinados de una forma muy cruel, en medio de la ola de violencia que atraviesa su ciudad y el país entero.

La nota salió publicada en la prensa local. Mucha gente seguramente leyó esa página del periódico mientras daba un sorbo a su café, pensando: “por algo les habrá pasado eso”, juzgando sin tener idea. Y cómodamente los responsables viven una redención social de sus actos.

Pareciera no tener relación alguna, pero, por los mismos días, en varios lugares del mundo personas causaron incendios y saqueos a propiedad privada, con el pretexto de su coraje ante determinadas injusticias.

Mis amigos fueron víctimas de una injusticia. Pero no por eso voy a quemar propiedad de otras personas, porque si lo hiciera automáticamente me convertiría en eso que tanto critico: el victimario, y a los demás en víctimas de mi coraje mal encausado.

“El día que asesinen a una de tus amigas, vas a querer ir a quemarlo todo como nosotras”, me dijo una feminista alguna vez al ver mi desacuerdo con el vandalismo de sus manifestaciones. Ya me pasó algo así. Pero no podemos actuar con base en sentimentalismos y emociones, sino basados en la razón, el amor y la esperanza. El mal no se combate con mal, sino con bien. Las injusticias no se combaten con más injusticia.

Recordé los miedos de aquel niño: los monstruos. La verdad es que, a sus inocentes cuatro años, de forma abstracta, ha descubierto un aspecto real del mundo. Los monstruos sí existen, y lo más peligroso es que después de que ellos actúan, tienen la capacidad de convertir a otros en monstruos también. Algo así como ese juego infantil que jugábamos en aquellos años: si los “malos” te alcanzan, te vuelves uno de ellos y les ayudas a alcanzar a los que quedan en el juego como “buenos”.

Tras una tragedia, uno puede adoptar la proactiva idea de comprometerse para terminar con la violencia, formando con más ímpetu a la juventud en temas de paz y justicia, fortaleciendo a las familias y creando conciencia sobre el respeto a la vida… o uno puede ser víctima de sus viscerales emociones afectando a terceros que no han hecho ningún mal.

No somos jueces, las conclusiones les toca determinarlas a las autoridades correspondientes. Somos ciudadanos que pagan impuestos esperando que la justicia se haga presente, y que nuestras familias se encuentren seguras. Por eso, en esta historia tenemos tres opciones: ser el monstruo o el héroe, y el héroe nunca actúa como el monstruo sin dejar de ser lo que es.   

*Angélica Benítez es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad Autónoma de Baja California. Cuenta con una Maestría en Administración de Empresas por parte de CETYS Universidad, y se desempeña actualmente como docente universitaria.

Por: Víctor H. Becerra*

La gestión de la pandemia de covid-19 está siendo otro fracaso en el gobierno de López Obrador. Aunque un fracaso más doloroso y abultado que otros, porque involucra vidas humanas, 10 mil fallecido a la fecha, además de 90 mil contagios, sin contar el subregistro ya reconocido oficialmente. Pocos antecedentes pueden encontrarse de un gobierno con tantos fracasos al hilo: Pareciera que el mandato de López Obrador es de desgobierno e ineptitud, no de gobierno y eficacia.

No se trata sólo de remarcar aspectos puntuales, pero injustificables de cualquier modo, como el crónico déficit de materiales, personal, medicamentos y equipos en el sistema de salud gubernamental durante esta pandemia, como atestiguan las casi diarias protestas y quejas de médicos y enfermeras en todo el país. O la compra tardía de algunos insumos, ya cuando la crisis estaba en plena expansión y se producían los primeros muertos. O la acogida a 8 mil trabajadores de la salud cubanos, ayudando a perpetuar una dictadura esclavista.

Tampoco de remarcar la consabida insensibilidad de López Obrador para contribuir a salvar empleos y empresas, la que será en buena medida responsable de una caída en el PIB de alrededor del 12 por ciento este año. O la enorme crisis de inseguridad pública que sobrevendrá tras de que pase la pandemia (eso algún día tendrá que suceder), producto del hambre, el desempleo crónico, la desesperación, los posibles saqueos y la continuación de la violencia entre carteles criminales.

No, trato de decir que toda su estrategia de prevención de la pandemia en México, desde su propia concepción, ha sido un notorio fracaso, ya que se basó en el oportunismo y el autoritarismo políticos y no en consideraciones científicas u objetivas.

Así, las medidas oficiales de prevención y confinamiento fueron tardías y mal planeadas y ejecutadas, con un presidente de la República que no desperdiciaba ninguna oportunidad de restarle credibilidad a los esfuerzos de su gobierno, ni de disminuir seriedad a la grave crisis que se avecinaba, mandando el mensaje explícito de que no era necesario cuidarse ni hacer nada, durante las valiosas semanas previas a los primeros casos.

Enseguida, el gobierno de López Obrador decidió cerrar y dejar caer la economía, sin reparar seriamente en otras opciones, sólo para satisfacer a una opinión pública histérica cuando se empezaron a dar las primeras muertes, pero también orientado por una visión ideológica, en detrimento de la inversión privada, y que propendía a un corporativismo de amigos, estableciendo como “actividades esenciales” aquellas ramas útiles al gobierno, y exhibiendo su incapacidad para regular a los actores económicos aliados del presidente. 

Después del gran daño realizado, ya que en estos dos meses de emergencia ni se cuidó la salud ni se salvó la economía, el gobierno inicia ahora un proceso de desconfinamiento antes de llegar siquiera al pico de contagios, y tras haber fracasado todas las previsiones gubernamentales de cuándo llegaría éste y dándose las muertes por racimos, sin ninguna idea de cuándo amainarán. Y esto al compás de un semáforo sobre los contagios, que está resultando en una rebatinga política con los gobernadores de los estados de la República.

En resumen, salimos del encierro peor de lo que entramos. Así, iniciamos mal y terminamos peor: Confinamos tarde y mal. Ahora desconfinamos antes de llegar al pico máximo. De modo que: O la estrategia “científica” del gobierno tiene una lógica distinta a las de otras partes del mundo. O simplemente, como en realidad es, ha mandado el oportunismo político del presidente López Obrador.

Así, México es el único país del mundo que empezará a levantar las medidas de restricción en pleno pico de la pandemia. Junto con un presidente que iniciará una gira de una semana por varios estados, haciendo eventos públicos e iniciando obras gubernamentales en ciudades y estados con los mayores riesgos de contagio, como Cancún y Veracruz.

Esto demuestra que la prioridad del gobierno no fue, nunca, salvar la vida de las personas, ni mucho menos la economía, sino cuidar la estrategia electoral y el proyecto político de López Obrador, con vistas a las estratégicas elecciones legislativas intermedias de julio de 2021. Con ese propósito, medio gobierno se cargó la vida de muchísimos mexicanos y la economía de todo el país. El otro, lo permitió y secundó.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: José Juan Hernández Moncada*

El pasado fin de semana, probablemente será recordado como uno de los más nefastos y desastrosos en la historia reciente de México, principalmente dos noticias oscurecen el ya de por sí complicado panorama que el país enfrentará en los meses y años venideros.

Atendiendo principalmente criterios políticos y atavismos ideológicos anclados en una época pasada, el viernes 15 de mayo; la Secretaría de Energía publicó de noche en el Diario Oficial de la Federación un cambio en las reglas del juego, titulado con el eufemismo de “la nueva política de confiabilidad, seguridad, continuidad y calidad del Sistema Eléctrico Nacional” lo que a resumidas cuentas significa un golpe casi mortal a la generación de energías limpias y renovables, además de suponer otro golpe a la inversión y la confianza del país[1], de tantos que ha recibido por parte de esta autodenominada cuarta transformación. A pesar de que esta artera maniobra, realizada de noche y bajo el abrigo de la distracción generada por la crisis del Covid-19 que asola al planeta, supone el hipotecar el futuro de generaciones; al comprometer severamente el porvenir económico y el impacto ecológico que representa, no se trata de lo más grave de los acontecimientos del pasado fin de semana.

La cereza del pastel llegó el domingo 17 de mayo, bajo el mismo modus operandi nocturno, alrededor de las 22:00 vía twitter se filtró un comunicado, firmado ni más ni menos que por Alfonso Ramírez Cuellar el presidente nacional del partido gobernante, el cual obedece ciegamente los caprichos y designios del presidente López. En los contenidos de dicho comunicado se encuentra la propuesta más fascista, nefasta y aterradora de la historia del México contemporáneo, en las dos cuartillas lo que se puede leer resulta terriblemente inverosímil, la ominosa propuesta de Ramírez Cuellar, quitándole los numerosos eufemismos, prácticamente plantea que el INEGI se constituya como una policía política, con amplias facultades para allanar e investigar a cualquier ciudadano, así como confiscar el patrimonio de los mismos de manera arbitraria. [2]

Acorde a la magnitud de la gravedad de lo que se plantea en la propuesta de Ramírez Cuellar, podríamos incluso creer que se tratase más de un simple arranque de fanatismo u ocurrencia aislada, sin embargo la situación nos obliga a analizar el contexto, primeramente que la propuesta no viene de un funcionario menor o de algún otro personaje de escasa relevancia; si no del mismísimo presidente nacional de MORENA ; a esto le sumamos los dichos y declaraciones vertidas por el presidente López Obrador, quien en pasados días declaró que la brutal crisis de salud, social y económica, en la que nos encontramos inmersos le ha caído “como anillo al dedo” para consolidar su proyecto político; del mismo modo recientemente declaró en su homilía mañanera que no era necesario tener más allá de un par de zapatos o también que los indicadores económicos carecen de valor ante la espiritualidad y la felicidad entre otras joyas surgidas de pantomima de todas las mañanas.

Dice un viejo dicho que “el que avisa no es traidor”, estos hechos y declaraciones solo revelan ya de manera clara las verdaderas intenciones dictatoriales de López y su corte de serviles. No conforme con desgastar las instituciones y contrapesos del estado mexicano; ni con minar, dividir y descreditar a la sociedad civil organizada; el autonombrado presidente de los pobres pretende la pauperización total de los ciudadanos, dado que una sociedad miserable es más fácilmente controlable, la visión de la llamada 4t no es más que un país sometido a los caprichos y dádivas del caudillo.

Estamos ante un punto de no retorno, de por sí la situación es ya bastante grave con 10 millones de nuevos pobres,[3] provocados en parte por la pandemia de Covid-19 pero situación agravada por la tardía y deliberadamente mala reacción que el gobierno de López está teniendo para enfrentarla;  con datos y proyecciones que plantean el peor escenario de crisis y depresión en alrededor de un siglo;[4] con un desplome del casi 30% de la inversión en el país;[5] millones de empleos perdidos y una generación que este año ingresa al mercado laboral con escasas o nulas oportunidades de empleo, estamos en problemas; esta situación ya ahora inevitable  quizá nos lleve una década revertirla. De consolidarse las intenciones dictatoriales de López y su partido como las manifestadas este fin de semana, estaremos ante el punto de no retorno que no podrá ser revertido ni en décadas ya que supondría la ruina total del país y la irremediable muerte de todos los avances democráticos de las ultimas décadas.

Es por esto que no debemos permitir como sociedad este artero golpe a la democracia, la libertad y nuestro porvenir, el tiempo para la indecisión y beneficio de la duda ha pasado, el monstruo que enfrentamos ha revelado su verdadera forma; es ahora y cuando podemos hacer algo para impedirlo. Nunca antes en la historia reciente del país hemos estado en un riesgo similar ¿Cómo nos recordarán las generaciones venideras? Es ahora o nunca, porque si el gobierno cruza este punto de no retorno todo se habrá perdido y ya no habrá nada que hacer.

Tiempo al tiempo…

*José Juan Hernández Moncada es Historiador amante de la Libertad. Síguelo en Twitter: @JoseJuanHdzm


[1] https://expansion.mx/empresas/2020/05/15/sener-madruga-al-sector-de-las-renovables-y-da-super-poderes-a-la-cfe

[2] https://politica.expansion.mx/mexico/2020/05/18/morena-pide-modificar-la-constitucion-para-que-el-inegi-mida-la-riqueza-del-pais

[3] https://aristeguinoticias.com/1105/mexico/hasta-10-millones-mas-de-pobres-por-covid-19-en-mexico-se-revertiria-desarrollo-de-una-decada-alerta-coneval/

[4] https://www.elfinanciero.com.mx/economia/economia-mexicana-se-contraera-8-4-en-2020-preve-jpmorgan

[5] https://www.ejecentral.com.mx/se-desploma-26-inversion-extranjera-directa-a-mexico/

Por: Víctor H. Becerra*

El viernes pasado, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, suscribió un acuerdo que entrega, “de manera extraordinaria”, a las Fuerzas Armadas las tareas de seguridad pública del país.

Es una militarización del Estado, de hecho y de Derecho: No sólo durante el gobierno de López Obrador se han asignado al Ejército servicios públicos como la construcción del nuevo Aeropuerto de Santa Lucía y la prestación de servicios de salud por covid-19, sino que además ahora militariza la seguridad pública, apoyado presuntamente en la Constitución.

Recordemos, al margen, que México es uno de los pocos países en la región que no cuenta con un ministro de las Fuerzas Armadas que sea civil, y que el gobierno no ha establecido mecanismos para garantizar el control civil total sobre los militares (en realidad, el principal y casi único papel de supervisión del Congreso mexicano sobre el Ejército es aprobar su presupuesto), y ni siquiera es posible someterlos al aparato de justicia civil.

El acuerdo de López Obrador es una repetición de las estrategias fallidas de los ex presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, que no redujeron la violencia (más bien al contrario) y provocaron gravísimas y reiteradas violaciones a los derechos humanos. Así, por ejemplo, desde 2007, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha recibido 10 mil quejas por violaciones de derechos humanos cometidas por miembros del Ejército. Adicionalmente, entre 2007 y junio de 2017, la CNDH emitió 148 recomendaciones dirigidas a las Fuerzas Armadas de México por violaciones graves a los derechos humanos, incluidos casos documentados de tortura, desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales y uso ilegal de la fuerza, entre otras.

Tendremos ahora una repetición, con el agravante de que López Obrador tardó año y medio, un cuarto de su administración, en darse cuenta del fracaso de su estrategia de combatir con “besos y abrazos” a los carteles del crimen organizado, y de crear una Guardia Nacional que no ha rendido resultados, más allá de la vergüenza de videos que muestran la corrupción de sus integrantes o como éstos son apaleados por vecinos soliviantados.

El acuerdo presidencial simula cumplir con la Constitución, pero no señala cómo acatar las obligaciones de fiscalización, regulación y subordinación sobre el Ejército en estas nuevas tareas, obligaciones que la misma Constitución establece. De esa manera, tendremos un Ejército metido en las calles, deteniendo a civiles y combatiendo a los carteles del crimen, pero sin fiscalización, ni regulación ni mando civil: el escenario ideal para la violación sistemática e impune de los derechos individuales.

Ahora bien: ante el incontenible clima de violencia en el país (con cifras alucinantes como un homicidio cada 15 minutos en promedio), ¿fue esta la mejor decisión que se podía tomar? Probablemente no había otra. Pero también reconozcamos que ni este gobierno ni los anteriores se preocuparon por construir una nueva y mejor solución. Incluso, en campaña, el propio López Obrador e integrantes importantes de su partido, hoy miembros prominentes de su gobierno, del Congreso o de los programas de comunicación oficialistas, criticaron las estrategias de militarización de los anteriores gobiernos, marcharon contra ellas y hasta las impugnaron ante la Justicia; López Obrador incluso prometió regresar a los militares a su cuartel en seis meses. A cambio, en estos 17 meses de gobierno, no presentó ninguna nueva idea o plan. Todo fue engaño y mero oportunismo político para atacar a los adversarios.

Esto demuestra que a López Obrador y su gente realmente no les molestaba la conducción del país ni las decisiones por parte de Calderón o Peña Nieto y sus equipos. Lo único que querían era ocupar sus puestos y disfrutar sus privilegios.

Al final, la traición política del presidente a sus electores, establece una mayor centralización de las labores de seguridad pública en el Ejército, un nuevo y poco auspicioso arreglo civil-militar en el país, y una inédita concepción del entramado de seguridad nacional, en donde el factor castrense será el eje principal de una renovada visión de poder y control, sin contrapesos. Similar a tantos países que cayeron en el llamado Socialismo del Siglo XXI.

En este escenario, el recargado empoderamiento castrense será clave para fortalecer y retroalimentar el autoritarismo de López Obrador, el cual es cada vez más y más palpable. De ese modo, una mayor concentración de poder en la persona de López Obrador, ahora con las Fuerzas Armadas como su clientela política, podría servir para imponer fácilmente en México un régimen dictatorial en el mediano plazo, si el presidente quisiera. Y para muchos mexicanos, eso es precisamente lo que López Obrador quiere y hacia allá tiende, sin tregua ni descanso.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

El 20 de abril de 2020 fue un día fatídico para la historia de la industria petrolera, con precios que se desplomaron a -37 dólares por barril. Aunque esto fue una aberración debido a la caída global en medio de la pandemia COVID-19 y al miércoles s6 de mayo los precios se han “recuperado” al rango de 20 dólares por barril, está claro que los viejos tiempos de la bonanza petrolera (cuando los gobiernos corruptos podían contar con precios de hasta 100 dólares por barril para financiar sus regímenes), se han ido para siempre. En los próximos años, las corporaciones que sobrevivan en el negocio del petróleo serán aquellas con 1) equipos modernos, 2) buena administración y 3) una sólida cultura de innovación. A PEMEX le faltan las tres.

Petróleos Mexicanos se ha convertido en un símbolo nacional de corrupción y es una de las petroleras más endeudadas e ineficientes del mundo entero. A pesar de los supuestos esfuerzos del gobierno para rescatar la compañía, las pérdidas de PEMEX se duplicaron el año pasado, pasando de 9,575 millones de dólares en 2018 a 18,367 millones de dólares en 2019 y luego a casi 22,000 millones de dólares en el primer trimestre de 2020.

Es un muerto viviente, con una infraestructura tan anticuada que en febrero de 2020, cuando todavía no llegaba la pandemia, su producción de gasolina cayó en un 24%, su producción de diésel cayó en un 36% y sus exportaciones de petróleo se desplomaron en un 32%, mientras que la empresa apuesta por una “inversión” de 8,000 millones de dólares en la refinería de Dos Bocas, un proyecto que casi toda la industria ve con escepticismo por los daños ambientales y la alta propensión a las inundaciones en la zona. Con este tipo de antecedentes, no es de extrañar que incluso antes del vodevil del 20 de abril dos de las tres principales agencias calificadoras (Moody’s y Fitch) ya habían rebajado la calificación de PEMEX al nivel de bonos basura y que una eventual quiebra sea prácticamente segura.

Así que, en síntesis: PEMEX es una empresa en su lecho de muerte, con niveles de deuda irremontables, una infraestructura casi colapsada, una sombría historia de corrupción, posibilidades casi nulas de recuperarse y una carga que amenaza con ahogar toda la economía mexicana. Y todo eso ya era ANTES de la pandemia y la recesión global subsiguiente. Por lo tanto, el diagnóstico debe ser claro. La única forma racional de avanzar sería preparando a PEMEX para su bancarrota, buscando posibles inversores o construyendo una estrategia para minimizar los daños del inevitable colapso. Pero no. Eso no sucederá.

En lugar de dejarla descansar en paz, el gobierno mexicano ha optado por derramar los pocos recursos que aún posee en un esfuerzo delirante por traer a la empresa estatal de vuelta de la muerte y convertirla en una piedra angular de la economía nacional. El 2 de abril, el presidente López Obrador tomó el control directo de varios fideicomisos cuyo valor combinado se acerca a los 30 mil millones de dólares, para usar ese dinero en respaldar a PEMEX (junto otras “prioridades”) y el 21 de abril, el gobierno federal le dio a la compañía otros $2.7 mil millones de dólares en forma de reducción de impuestos.

La pregunta es, ¿por qué? Por supuesto, gran parte del misterio puede explicarse con el famoso aforismo de Thomas Sowell: Es difícil imaginar una forma más estúpida o más peligrosa de tomar decisiones que poner esas decisiones en manos de gente que no paga ningún precio por estar equivocada.

Sin embargo, parece haber más en esta historia que la mera incompetencia de un puñado de burócratas sin nada que perder personalmente en la apuesta. Detrás de la tragedia de PEMEX y la insistencia del gobierno en mantenerlo vivo hay más que irresponsabilidad. Hay fanatismo, puesen nuestro país el petróleo es mucho más que una mercancía. Es casi sagrado, un elemento vital en la adoración del estado.

Comenzó el 18 de marzo de 1939, cuando el gobierno cardenista decretó que todas las empresas locales de la industria petrolera (principalmente de origen estadounidense, británico y holandés) serían expropiadas para asegurar la “dignidad nacional” y la independencia. A partir de ahí, el gobierno creó una versión mexicana del “mito del Ejército Rojo” soviético; sólo que esta vez no se trataba de que los soldados comunistas hicieron retroceder a los reaccionarios en la Guerra Civil Rusa, sino de que los trabajadores mexicanos se levantaron para ocupar todos los puestos de alto rango, que habían estado en manos de los extranjeros y convirtieron a PEMEX en una potencia a través de la pura fuerza de su patriotismo.

Esa historia fue predicada durante décadas. Incluso en los años noventa, e incluso en las escuelas católicas privadas (como las que asistí cuando niño), cada mes de marzo se llenaba de referencias al supuesto heroísmo que había detrás de la expropiación de la industria petrolera. Los maestros nos contaban, casi con lágrimas en los ojos, sobre los niños que en 1939 le habían dado sus alcancías al presidente Cárdenas para ayudarlo a pagar la expropiación.

Así, el gobierno logró convertir a PEMEX primero en un monopolio y luego en fuente de orgullo nacional y en el pilar de la legitimidad del régimen. La sacralidad del petróleo en el altar del Estado alcanzó su punto máximo a partir de los 70’s, tras el descubrimiento de enormes reservas en el Golfo de México, que llevaron al presidente López Portillo a proclamar que a partir de entonces el reto de México sería “administrar la abundancia”, porque PEMEX era nuestro boleto al primer mundo.

Pero, como siempre sucede, la realidad se impuso. La supuesta abundancia se convirtió en una enorme crisis económica y el sindicato de trabajadores petroleros de PEMEX, liderado por Joaquín Hernández “La Quina”, se convirtió en una organización cuyos métodos habrían hecho sonrojar a Jimmy Hoffa. Mientras los líderes del sindicato se convertían en magnates con el dinero y los privilegios otorgados por el gobierno, los trabajadores de base acumularon una serie de “conquistas laborales” y beneficios inauditos en el resto de la economía mexicana, ahogando a la empresa en exceso de personal y despilfarros. Hernández Galicia fue arrestado en 1989, pero PEMEX y su sindicato permanecieron casi igual de corruptos. En el 2000 el sindicato financió ilegalmente la campaña presidencial del candidato del régimen, durante los gobiernos de Fox y Calderón acumuló un culebrón de escándalos y en el 2016 la empresa estuvo directamente involucrada en la trama de sobornos de la multinacional Odebrecht.

Por supuesto, la corrupción de PEMEX no fue un incidente aislado. Todas las empresas controladas por el gobierno mexicano (en ramas desde los teléfonos hasta la energía, bancos, distribución de alimentos e incluso bebidas alcohólicas) eran desastres andantes que habían convertido al país en una tierra distópica de opresión burocrática. Sin embargo, a principios de los 1990s, el Gobierno vendió casi todas ellas y rompió el monopolio estatal en industrias como la banca, el servicio telefónico y los ferrocarriles. Las únicas excepciones importantes fueron las compañías eléctricas y PEMEX, en la industria petrolera.

En 2013 la reforma energética permitió cierta medida de competencia privada en los negocios de petróleo y gasolina en México, pero PEMEX se mantuvo como el actor dominante. Aún así, millones de mexicanos sintieron que esta reforma equivalía a una traición a la patria, y el actual presidente López Obrador hizo campaña con la promesa de dar marcha atrás y devolverle a la petrolera su antigua “gloria”. Obrador no ha revocado la reforma energética – hasta ahora, pero ha detenido cualquier otra privatización, ha proclamado oficialmente que proteger a PEMEX equivale a “rescatar la soberanía nacional” y su administración está bombeando miles de millones de dólares en lo que todo el mundo sabe que es una causa perdida.

Ese es el poder de los mitos construidos por el Estado. Desde el 2017, cuando se abrieron las primeras gasolineras independientes a PEMEX, la mayoría de la gente ha optado por llenar sus tanques en Shell, Mobil, BP, o Chevron, pero muchas de esas mismas personas gritarían con ira ante la idea misma de privatizar PEMEX: ¡¿CÓMO TE ATREVES? ¿ERES UN TRAIDOR?!

Esa imagen de los niños de 1939, alineados con sus alcancías en la mano para ayudar al presidente Cárdenas, todavía está impresa en sus mentes. Son incapaces de entender que el petróleo es mercancía, no soberanía; y están dispuestos a sufrir un mal servicio, un sindicato corrupto y un monopolio criminal sólo para sentir que no están traicionando a esos niños. Eso es más que una mera irresponsabilidad. Es fanatismo.

Este artículo fue publicado originalmente (en inglés) por Mises.org

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

La gestión de la crisis por la pandemia de covid-19 en México ha exhibido al gobierno de López Obrador como un gobierno incapaz, plagado de corrupción o al menos descuidado en la compra de insumos y materiales, negligente en su reacción: Baste observar que la mayor nueva obra de la principal agencia sanitaria estatal, el IMSS, para atender la pandemia en la Ciudad de México,  la más grande concentración de infectados en el país, apenas lleva una semana de construcción (a pesar de que la declaración por parte de la OMS de “emergencia de salud pública global” por el coronavirus proviene desde enero), con solo un 15% de avance y se espera concluirlo hasta fines de mayo (si bien les va), no obstante que se preve que el pico de infectados alcance su mayor altura este 6 de mayo, y de que el presidente López Obrador habla, triunfalmente, de que su gobierno ya ‘aplastó’ la curvada contagios y “domó” a la pandemia.

A ello hay que agregar la negativa de su gobierno de dar apoyo fiscal a las empresas, empujando a miles de ellas a la quiebra, el clientelismo oficial en el reparto de apoyos económicos para enfrentar la cuarentena, la caída de sectores enteros en la insolvencia, como las compañías aéreas, frente a la inacción gubernamental, por no hablar de que México es el último lugar de los países de la OCDE en pruebas de covid-19 por cada mil personas: El país libra su más dura batalla con los ojos vendados y las manos esposadas. 

Así, la pandemia ha exhibido la incapacidad del gobierno mexicano, aún cuando lo más grave todavía está por llegar.

Pero hay un fenómeno sobre el que conviene detenerse un poco: Mientras el gobierno de López Obrador da un paso atrás, los grupos del crimen organizado ocupan su lugar. Así, desde hace un mes aparecen cada vez con mayor insistencia, en redes sociales y medios de comunicación, fotografías y videos de grupos de narcotraficantes entregando dinero, comida y despensas a población vulnerable, en medio de la cuarentena obligada por el propio gobierno, que ha causado hambre y pobreza. El mensaje de esos grupos parece ser: Si el Estado te abandona, nosotros sí te respaldamos.

Se ha documentado la entrega en varios estados del país, principalmente en Tamaulipas, Chihuahua, Jalisco, Michoacán, San Luis Potosí, Colima, Guanajuato, Veracruz y Guerrero. Los mismos grupos criminales exhiben las imágenes en redes sociales, exhibiendo las narcodespensas con pegatinas con los nombres de los carteles criminales, o imágenes de El Chapo Guzmán, los jefes criminales de la zona y hasta de Osama Bin Laden. Mas la tarea de estos grupos no se limita sólo a la entrega de narcodespensas: También actúan pidiendo que la gente no salga de casa y obligando al cumplimiento de la cuarentena, amenazando con su poder de fuego. Cuarentena o plomo.

Parecería que la publicidad de estos apoyos, aparentemente caritativos, cumple varios objetivos: Primero, advertir a otros grupos criminales que ellos son los dueños de la plaza. También, evitar que su base de apoyo los abandone, ahora que la producción, el trasiego y el comercio de drogas se encuentran supuestamente paralizados, como toda la economía del país. Y finalmente, lograr un apoyo en las comunidades para construirse un “escudo social” que proteja sus actividades, les advierta de peligros y sirva como base para el reclutamiento de nuevos integrantes.

Esto se da un contexto de creciente violencia en el país, por parte de los mismos grupos criminales: En abril pasado, por ejemplo, se dieron 2,492 homicidios dolosos en el país, es decir, un promedio de 83 homicidios por día, más de un homicidio cada 20 minutos, uno de los registros más altos, no sólo del gobierno de López Obrador, sino en la historia del país. Hoy, más gente llora en México por la violencia y la inseguridad pública que por la crisis de coronavirus.

Así, mientras mucha de la fuerza pública está ocupada en la vigilancia de hospitales y buscando que la población acate la cuarentena y el distanciamiento social, los carteles de la droga y del robo de combustibles aprovechan ese repliegue para seguir disputándose territorios e incrementando sus operaciones.

México vive bajo el acoso de dos pandemias: La del coronavirus y la de los grupos del crimen organizado. Frente a ambas, el gobierno de López Obrador ni tiene respuestas, ni estrategias, ni preparación, ni resultados. Y ambas durarán aún bastante tiempo más, desangrando al país.

El Estado mexicano se revela frente a ellas como una torpe ficción, una mala broma, muy cara. El rey está desnudo.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por Efrén Zúñiga*

Al diablo con la sensatez. En economía, los incentivos dirigen a los agentes económicos a tomar una u otra decisión. En Pemex ya se dan a notar. Ante los reveses sufridos por las calificadoras; la salida de capitales, así como el encarecimiento del crédito son dos males irremediables. Como cualquier mercado de crédito, ante mayor riesgo, mayor será el costo del crédito; esto ante la tentación de refinanciarse, lo cual será casi un hecho. Añada que dado el precio actual del crudo (el cual no mejorará en demasía durante un buen tiempo), la empresa será más ineficiente. Los Estados Unidos, nuestro principal cliente, enfrenta una sobre oferta del hidrocarburo. Por si fuera poco, falta conocer a cuánto han ascendido las pérdidas de la paraestatal. Aquí solo queda (o debería) haber espacio para la sensatez, pero sobre todo para la prudencia; esto es, detener la producción y parar la obra de Dos Bocas. El Presidente Andrés Manuel no reculará, se morirá con la suya, llevándose entre las patas a millones de mexicanos.

Que nos agarren confesados. Si por algo han sido merecedores de desprestigio, mis colegas economistas, es por la gran cantidad de predicciones erráticas. Sobresalen, sobre todo, en situaciones tan dramáticas como lo fue en la crisis financiera del 2008. No obstante, no hay mejor forma de intuir lo venidero que siguiendo sus expectativas. Lo que auguran para México puede, por lo menos, dejarnos sin aliento: Standard & Poor’s pronostica una caída del -6.7%, en el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas -6.7%, Banorte -7.8%, JP Morgan -7.5%, Scotiabank -8.4%, entre otros. Pero esto no es lo peor, me llama la atención los casos de Citibanamex y BBVA, quienes en sus estimaciones contemplan dos escenarios, uno pesimista y otro optimista, esto en el sentido de las medidas que pueda o no tomar la actual administración.  Dichos pronósticos son del -9% y -11% para Citibanamex, mientras que para BBVA son del -9% y -12%. El consenso es la recesión (lo cual es obvio), la discrepancia es la magnitud. Hoy los mercados no ven una señal clara de cuando podrá repuntar la economía, y es que el principal ignoto sigue siendo el mismo que ocurría antes de la pandemia, la desconfianza en el actual gobierno.

A rio revuelto, ganancia de pescadores. Como casi siempre ocurre, ante la desgracia económica, ciertos sectores emergen con mayor fuerza. Tal es el caso de las aplicaciones móviles como Uber Eats o Rappi, por mencionar algunas, que ante el llamado #quédateencasa, se han adueñado de buena parte del mercado de comida para llevar. Otro ejemplo, es el incremento en el consumo de ciertos bienes, tales como las bebidas alcohólicas con un 63% (motivado en gran parte por la cerveza), la leche con un 30% y los refrescos con un 15%. Más aún, la aseguradora Qualitas reportó una utilidad del 20.3%, ante el descenso del registro de siniestralidad durante el primer trimestre, ocasionado por la reducción de salidas en vehículos particulares. En otro ámbito, tenemos que quizá sea el activo más seguro, y me refiero al oro, reportó un avance en su precio del 11.2%, ello como consecuencia de la búsqueda de activos que sirvan de refugio. Con ello nos damos cuenta, que ante una u otra circunstancia, y durante algún lapso, habrá quienes hagan su agosto.

Pataleando boca arriba. Bastante irrisible parece la promesa del Presidente López Obrador de generar 2 millones de empleos, más aún, si no deja ver cómo lo conseguirá. Entes como la Organización Mundial del Trabajo, Coparmex y Concamin ya auguran una pérdida de empleos entre 1.5 y 2.1 millones. La Asociación de Emprendedores de México por su parte, pone sobre la mesa que el 87% de las Mipymes perderán, clientes, ventas y nuevos trabajos; además de que una de cada cuatro despedirá personal. Hubiera sido más sensato que López Obrador prometiera retener en lugar de generar, pero eso es mucho pedir. Otro golpe en el proyecto de la 4T será el que concierne a la deuda pública. Primero que nada, dejemos claro que éste, como los otros gobiernos, se ha endeudado. La obsesión del Presidente, en voz de sus colaboradores, consiste en el cociente de la deuda pública con respecto al PIB. El año anterior fue del 44.9%, este año, de acuerdo a documentos oficiales, será del 51.2%, esto es, un incremento de más del 6.3%, muy cercano al 7.7% de la administración de Peña Nieto. En lo que refiere a crecimiento económico, el Presidente se fijó un objetivo del 4% promedio y cerrar con un 6%. Sin Covid-19 se creció 0%, para el presente, por ahora, el consenso ronda entre el -7%. Dicho esto, el objetivo del crecimiento también se ha desvanecido. Naturalmente, estos datos no serían muy distintos si en la silla presidencial estuviera Meade o Anaya, la tragedia deriva de la pandemia; sin embargo, lo que sí es absolutamente cuestionable son las absurdas propuestas con las que se ha salido a mitigar la tragedia. No, las economías no se componen por decreto.

EL PILÓN. Es casi unánime el conceso de los economistas, en que para salir más rápido de esta tragedia se debe caer en déficit. Si bien esto casi del todo cierto, también debemos seguir de cerca otro aspecto ¿a dónde va el dinero? ¡Ahí está el detalle!  

*Efrén Zúñiga es Licenciado en Economía por la Universidad de Guanajuato. En twitter: @EfrenZuS

Por: Víctor H. Becerra*

Muchos creen que la crisis provocada por la pandemia de Covid-19 podría resolverse en unas pocas semanas; algunos países incluso ya hacen planes para reabrir la economía en mayo próximo, una vez que el peligro haya pasado, dicen.

No obstante, en muchos lugares se comienzan a cancelar grandes eventos incluso hasta octubre próximo. En Alemania, por ejemplo, ya se dió por cancelada la edición 187 del popular Oktoberfest, celebrado desde fines de septiembre en la ciudad de Munich, y que es sin duda el festival de cerveza más tradicional y famoso del mundo. En tal sentido, es mejor ir aceptando que la actual pandemia no será cosa de unos cuantos días más.

A ellos sumemos que, según los cálculos más optimistas, una vacuna contra el Covid-19 tardará aún alrededor de un año, a lo que habría que agregar el tiempo adicional de producción, aprobación burocrática, transporte y llegada para los países más pobres, a Latinoamérica en una palabra. Ninguna economía resistirá un año y medio o dos años de incertidumbre y con riesgo de confinamientos recurrentes.

¿Hasta dónde llegará el declive económico en Latinoamérica? Es temprano para decirlo. Pero será profundo, muy profundo. Sólo para tener una comparación: Hubei, la provincia donde se originó el virus chino, tuvo una contracción del 39,2% en su PBI durante el primer trimestre del año. Por eso no hay que decir que “no se puede estar peor”: No hay limites para el deterioro y las catástrofes.

En ese contexto, la crisis que se avecina para países como México (con pronósticos de una recesión que ya linda el 12%), tras dos años de estancamiento, será como nada que hayamos sufrido antes. Lo dice alguien que presenció y sufrió las crisis recurrentes de 1976, 1982-1988, 1994 y 2009, algunas de ellas cataclísmicas. Estamos a punto de descubrir cuán fuerte es México y el carácter de los mexicanos.

Así, persistir en que lo mejor es mantener cerrada la economía mientras pasa la pandemia es un sinsentido y no saber nada del mundo real: Mientras no haya vacuna (y durante un tiempo aún con ella), la pandemia seguirá allí, sin poder hacer mucho contra ella, más allá de la prevención y los cuidados básicos. En tal sentido, abrir la economía y evitar un mayor deterioro, poniendo el acento en la higiene y el distanciamiento, debiera ser la decisión a tomar ahora. Ahora, no mañana.

La crisis por la que ya estamos transitando, significará la pérdida de millones y millones de empleos, pérdidas que podrían llevar a situaciones sociales explosivas. Si queremos evitarlo, debemos recuperar esos empleos. Y la clave para recuperar los puestos de trabajo de forma rápida y eficiente pasa, necesariamente, por políticas sólidas y razonables para preservar el tejido empresarial de cada país.

Esto significa no sólo apoyar fiscalmente a las empresas, sino permitirles funcionar con la mayor normalidad posible. Ningún país sale adelante sólo con subsidios del gobierno y despensas “gratis” de los políticos; al contrario: Esos son los medios para hundirse aún más, al ser insostenibles en el tiempo y hacerse a costa de la sobrevivencia de las empresas.

Muchos creen desequilibrados e irresponsables a quienes piden que centros comerciales, restaurantes, bares, fábricas se vuelvan a abrir; pero las personas cuyos medios de vida dependen de lugares como centros comerciales, restaurantes, bares o fábricas, seguramente ven las cosas de manera diferente.

Y precisamente quienes dependen de esos empleos y negocios para vivir, quienes no tienen ahorros para sobrepasar la cuarentena, quienes ahora no están consumiendo por falta de ingresos (y eso los hace más vulnerables), y quienes saben que el desempleo de largo plazo es su destino inmediato tras la cuarentena, necesitan que la economía se abra, ya, para evitar males mayores.

Países como Suecia y algunos más, muestran que es posible lidiar con la pandemia con una economía abierta. El gobierno sueco no ha clausurado la economía, no ha suspendido clases escolares ni actividades productivas, ni ha cerrado gimnasios o restaurantes, y sólo ha prohibido las reuniones mayores de 50 personas. El gobierno de Stefan Löfven no ha reprimido las libertades fundamentales de la manera en que lo han hecho otros gobiernos, ni desbaratado a la sociedad y arruinado a la economía en esa misma medida. En contraste, presenta mayores índices mortales que sus vecinos escandinavos (básicamente por una falta de cuidado en asilos de ancianos, que se está corrigiendo) pero mucho menores a países como EEUU, Italia o España.

No es cuestión de afirmar que primero la economía, por encima de salud. Es más bien el saber que la pandemia no tendrá un rápido desenlace; que en el año y medio o dos años que aún le restan, tarde o temprano afectará a la mayoría de la población, o a toda, recurrentemente. Y sobre todo, es saber que si no queremos que la crisis económica y social post pandemia sea la más dura, profunda y prolongada en el tiempo que hayamos vivido en nuestras vidas, es necesario actuar hoy.

Los escenarios calamitosos de mañana deben atacarse ahora, no cuando ya estén encima y quede poco o nada por hacer, afectando a los más pobres entre los pobres.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por Efrén Zúñiga*

#QuédateEnCasa.  No cabe duda que quizá la mayor incertidumbre con la presente cuarentena sea la de ¿hasta cuándo seguiremos resguardados? Aventurarse a dar una respuesta varía mucho, dependiendo de en qué lugar de mundo se plantee; aunque lo más probable es que por lo general se nos resuelva con un contundente, “hasta que la curva se aplane”. Aunque vale la pena comentar que, para poder vislumbrar el allanamiento de la curva de infección, deberíamos saber si ya estamos en el pico. Tanto España (donde la fuerza laboral de la industria y la construcción retornarían, vale la pena comentar que ambas fueron consideradas no esenciales) como Italia, los nuevos casos van a la baja, lo que aún no se observa en los Estados Unidos. China comenzó por levantar el aislamiento, pero dadas sus corrup… perdón, inseguras cifras, dicha medida podría resultar contraproducente. Francia postergó su cuarentena hasta el 11 de mayo. En nuestro caso, por ahora, quedaría hasta junio. Siguiendo la regla general, en el presente mes nos encontraríamos en el pico de la curva, para a partir de ahí volver de manera gradual a la normalidad. Más nos vale, pues lo contrario significaría que todavía no iríamos ni a la mitad de la tragedia.

¿Al rescate de la soberanía? Mucha producción de petróleo a un precio poco rentable es ineficiente. Aunado a ello, una baja en la demanda del hidrocarburo, que parece no ascender en el corto plazo. Una inconmensurable subida en los precios de las coberturas para el año venidero. ¡Vaya que la soberanía cuesta! ¡Y mucho! 

“¿Por qué no aceptan que fue un fracaso la política neoliberal?” AMLO a empresarios en 2018. El Banco Mundial estima que nuestro país crecerá un -6% en el presente año, y que en el 2021 nos recuperaremos en un 2.1%. Eso sí, advierten que la recuperación podría desanimarse si persiste la incertidumbre que preocupa a la inversión privada. Señala además, que la mejora no será pareja, ya que algunos sectores se encuentran más afligidos que otros (por ejemplo el turismo). Por si fuera poco, la Organización Mundial del Comercio advierten una caída del comercio internacional entre el -32% y el -16%, y enfatiza en que la clave para reactivar las inversiones será la de la certidumbre en los mercados. UBS Bank augura una baja del -7.6%, motivada en parte por las limitadas medidas de contención del gobierno federal. El Fondo Monetario Internacional, nos destaca como la peor economía dentro de las economías emergentes, con un -6.6% de crecimiento. Bank of America, realizó una encuesta entre gestores de fondos de inversión, 60% afirma que México perderá el grado de inversión, ello motivado por decisiones del gobierno. Salirse por la tangente de la pandemia, sería lo más obvio, pero desde febrero no andábamos muy bien: la actividad industrial tuvo una contracción del 3.5%, la construcción un -9.5%, las manufacturas -2.2%, la inversión fija -9.2% y ya en marzo, la industria automotriz un -24.6%. En 1995 y 2009, nuestra economía padeció dos crisis económicas, una de origen interno y la otra de origen externo; lo que tuvieron en común, es que ambas tuvieron un crecimiento en forma de “V”, es decir, la recuperación fue inmediata. ¿Por qué los empresarios no aceptan que fue un fracaso la política neoliberal? porque a pesar de sus fallos, tuvo sus virtudes; porque a pesar de sus sacudidas económicas se tuvo la solidez de recuperarse; porque a diferencia de la actual modelo, se generaba mayor certidumbre, confianza, ah y más crecimiento económico …

Empleo. 131 mil empleos se perdieron durante el mes anterior, algunos especialistas auguran una perdida de empleo ente 1.1 y 2 millones. Para poner las cosas en perspectiva durante la crisis del 95 solamente se perdieron 611,200 empleos; mientras que en la del 2009 se perdieron 200,000. En el peor escenario de la propia SHCP, que es una caída del -4% del PIB, desaparecerían cerca de 1,120,000 empleos. El COVID-19 acentuará sus efectos negativos en el empleo. La COPARMEX ha propuesto el esquema del “Salario Solidario”, un esquema que consiste en la contribución compartida entre empresas, trabajadores y gobierno; esto con el fin de contener la falta de liquidez en las empresas, propuesta que, dicho sea de paso, ha pasado inadvertida al actual gobierno. En base al reporte CFO Pulse Survey, 39% de las empresas ajustaran sus plantillas. La CONCAMIN ha advertido que un millón de empleos estarían en riesgo de desvanecerse. Por su parte el Consejo Coordinador Empresarial insta al gobierno en alcanzar en Gran Acuerdo Nacional, para ejecutar medidas de reactivación económica. Especialistas sostienen que generar 2 millones de empleos es totalmente irreal y que las medidas carecen de protección precisamente al empleo. Por si fuera poco, el FMI, ante un desolador panorama de insolvencia en el corto plazo, menciona que México puede recurrir a la línea de crédito y ejecutarlo en apoyo a familias y empresas afectadas, subsidios al empleo, apoyos directos a empresas o postergación de impuestos. En fin, ante la gran vorágine de recomendaciones, la administración actual hace suya la celebre frase del ex presidente, Carlos Salinas “ni los veo, ni los oigo”.    

El pilón*. Vaya que se regocijaron los simpatizantes ajenos a MORENA con la encuesta de El Financiero, en la muestra que del 46% de preferencia que tuvieron en abril del año pasado, ahora solo les queda el 18%. Sí que es para resaltarlo, lo que no quisieron hacer notar es que, en ese ismo lapso de tiempo, el PAN mantuvo el 10% de preferencia y el PRI pasó del 6% al 8%; en cambio la incertidumbre de nos saber a quien votar pasó del 35% al 59%. ¡Ojo aquí!

*Efrén Zúñiga es Licenciado en Economía por la Universidad de Guanajuato. En twitter: @EfrenZuS