Tag

Migrantes

Browsing

Por: Gerardo Garibay Camarena*

Amigos derechairos:

Les escribo con aprecio, y también con algo de preocupación.

Verán; tenemos años advirtiendo del peligro de que López Obrador llegara al poder e imitara en México las nefastas políticas del chavismo venezolano.

Bueno, pues esta semana llegó uno de los puntos críticos que definirán el rumbo del gobierno. Trump amenazó con aranceles.

Temíamos lo peor. Que AMLO reaccionara como suele hacerlo la izquierda, con bravuconerías, cancelando el TLC, corriendo a los brazos de China y de Rusia, denunciando al “imperialismo” y demás.

Pero sucedió lo contrario. Obrador respondió con mesura e incluso defendió el libre comercio, dejó que su canciller (Ebrard) hiciera lo que le toca, evitó confrontarse con Trump, refrendó la cercanía de México con Estados Unidos y todo terminó en un acuerdo que básicamente sólo obliga a México a cuidar la frontera con Guatemala y aplicar nuestras propias leyes migratorias, además de hacernos cargo de los migrantes ilegales a los que, en nuestra irresponsabilidad, dejamos atravesar todo el país.

Deberían estar felices.

Y, sin embargo, los veo tristes, deprimidos, cabizbajos, buscándole tres pies al gato para rechazar un acuerdo que hubieran aplaudido de pie si lo hubiera firmado Calderón o Peña Nieto.

Quizá esté equivocado, pero me parece que muchos de ustedes, muy en el fondo, quisieran que AMLO hubiera reaccionado al estilo Chávez, sólo para darse el gusto de restregarlo en Twitter, aunque mientras tanto el país se fuera al abismo.

Y eso, me preocupa.

Me preocupa la mezquindad para reconocerle al rival siquiera el menor de los méritos.

Y, sí, sé que así se portaron los chairos en los sexenios anteriores.

Pero eso no es justificación para hacer lo mismo ahora.

No refrenden el ciclo de la mezquindad y de la hipocresía, que tanto daño le ha hecho a México desde la propia independencia.

No sean dere-chairos.

#PorFavor

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

Tres caravanas formadas por miles de migrantes centroamericanos cruzan en estos momentos México, con la esperanza de llegar a EEUU, y solicitar allí asilo humanitario. La mayoría de los migrantes son hondureños, y a ellas se han sumado cientos de salvadoreños y guatemaltecos. 

Nadie sabe con seguridad cuántos migrantes forman estas caravanas. Algunos hablan de 7 mil; otros de 14 mil personas, de las cuales alrededor de una tercera parte son menores de edad. Pero sea cual sea el número real, se estima que solo el 20 por ciento de los migrantes podrán completar el viaje a la frontera méxico-americana, una muy dura expedición de más de 2.000 kilómetros.

Algunas opiniones señalan que dichas caravanas no son espontáneas, sino que se trata de centroamericanos manipulados por intereses políticos. Algunos sostienen que el origen de ellas es una estrategia de Donald Trump, para dar fuerza a su discurso anti inmigrante a unos días de las elecciones legislativas de este martes 6 de noviembre, o bien, presionar al gobierno mexicano para aceptar el acuerdo de tercer país seguro, que establecería que si un centroamericano cruza México sin pedir asilo ya no podrá hacerlo en Estados Unidos.

Otros las atribuyen a Nicolás Maduro o a Daniel Ortega, como una estrategia para desviar la atención de las brutales represiones que realizan sus gobiernos. Algunos más apuntan que la oposición al presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, quiere desprestigiarlo. Y finalmente, unos más hablan de un movimiento financiado por el multimillonario George Soros, tradicional financista de causas “progresistas”. Pero en realidad, todas son meras teorías sin pruebas.

Al final de la jornada, es la combinación de pobreza, violencia extrema, crisis económica y falta de oportunidades que caracteriza desde hace décadas la vida en esos países, la que es decisiva para entender por qué tantas personas parecen dispuestas a todo con tal de huir de sus países de origen.

Tan solo en lo que se refiere a la violencia, y según la Fundación Insight Crime, en 2017 se registraron en El Salvador 60 homicidios por cada 100.000 habitantes y 365 niños fueron asesinados ese año. Esta tasa fue del 26,1 en Guatemala, con 942 pequeños muertos, y del 42,8 en Honduras, donde durante la última década se asesina una media de un niño por día. En México, la tasa es de 25 por cada 100.000 habitantes. Para efectos de comparación, la media mundial asciende a 5,3 y la de España, por ejemplo, es de 0,7 por cada 100.000 habitantes.

Pero el trayecto de los centroamericanos hacia EEUU ha sido un calvario, particularmente en los últimos años. Los migrantes están bajo acecho de narcotraficantes, secuestradores, funcionarios migratorios corruptos, policías locales venales, asaltantes, soldados violadores de DDHH… Así, 4 de cada 10 migrantes que pasan por México en su paso a EEUU, simplemente desaparece. Nunca más se vuelve a saber de ellos. Las autoridades mexicanas (y la sociedad mexicana también) han tolerado por largos años esto, sin mayor preocupación.

En ese sentido, la idea de viajar en caravanas tiene su lógica. Más aún si, adicionalmente, los integrantes de ellas son personas que no tienen absolutamente nada para pagar el viaje o para defenderse de los muchos peligros que deben enfrentar. En tal sentido, la posibilidad de hacer multitudes, y protegerse mutuamente, es su único recurso. Así, en la medida en que sean muchos viajando juntos, será más difícil atacarlos, además de que pueden convertir un proyecto individual en uno colectivo, muy visible, casi político, capaz de sumar apoyo de diferentes sectores y atención prioritaria de la prensa, como es lo que ha sucedido con las caravanas que hoy cruzan México.

Mediante las caravanas, los inmigrantes se han librado de las redadas gubernamentales, los secuestros, los asaltos, las extorsiones policiales, las violaciones, la explotación sexual, el tráfico de personas, las golpizas, el abandono de los traficantes. Para ellos, huir en masa, por los caminos que antes les eran sumamente riesgosos, ha sido la forma más segura de atravesar uno de los países más peligrosos de América Latina. Nadie puede reprocharles haber usado tal recurso. Menos aún quienes callaron o miraron a otro lado, durante tanto tiempo, frente a los infinitos peligros y penalidades de los viajeros centroamericanos por México.

Su presencia en este país ha provocado un abanico de emociones, desde la solidaridad y la piedad (minoritarias), hasta las típicas reacciones de prevención, odio, rechazo, reclamo, repulsión, que me parece han sido las mayoritarias en medios de comunicación y Redes Sociales. Todas ellas muy similares a las de las clientelas políticas de Trump en EEUU. Todas se sintetizan en el ansia de orden ante el miedo a lo desconocido.

Significativo que eso suceda en un país como México, que se ha beneficiado enormemente de la migración. También muy significativo que las posturas anti migrantes sean llamativas y ruidosas entre quienes se dicen liberales o libertarios, justificándolas en un supuesto respeto positivista a la legalidad, al orden y a las fronteras nacionales.

Un sinsentido que también se ejemplifica, por parte del gobierno de Trump, en el despliegue de 15 mil efectivos en la frontera entre México y Estados Unidos, para detener a las caravanas, un despliegue parecido en tamaño a la presencia de EEUU en Afganistán, y que podría costar un mínimo de 200 millones de dólares, según analistas consultados por el Washington Post. Es decir, un enorme costo de al menos 14 mil dólares por migrante, si acaso llegaran a la frontera los 14 mil que se supone iniciaron. Un gasto sustraído al contribuyente solo para alimentar prejuicios y que podría tener mejores usos para evitar, de verdad y de manera productiva, la migración, en conjunto con proyectos novedosos como la propuesta de ley del republicano Glenn Grothman. Al respecto, la alternativa al proyecto Grothman es seguir alimentando el odio contra inmigrantes que llegan supuestamente a “aprovecharse” del Estado de bienestar norteamericano (o de cualquier otro país).

Pero tales contradicciones no son inusuales, tratándose de un tema tan emocional. El propio Thomas Jefferson, redactor del borrador de la Declaración de Independencia estadounidense, ejemplificó dicha contradicción. Jefferson defendió la idea de EEUU como nación de inmigración y fue pionero en formular “el derecho natural de todas las personas a abandonar su país en que por casualidad nacieron o a donde fueron a parar por cualquier razón para ir a buscar condiciones favorables de vida allá donde se encuentren o piensen encontrarlas”.

Sin embargo, en Notes on the State of Virginia, de 1782, Jefferson expresó una profunda desconfianza hacia la inmigración, particularmente de países con regímenes monárquicos, y habló en términos amenazantes contra ellos.

La discusión emocional y muchas veces prejuiciosa sobre la inmigración, a propósito de la #CaravanaMigrante, es otro indicio de que la antigua institucionalidad anclada en los partidos, los sindicatos y las ideologías políticas sucumbe ante la Internet, las Redes Sociales, la comunicación directa y las fake news. Son cambios demasiado rápidos, que hace que veamos a los inmigrantes como extraños irreconciliables. O hasta enemigos.

Así, para los nuevos políticos y ciudadanos latinoamericanos es mejor reprimir que ofrecer oportunidades, despreciar antes que respetar, discriminar antes que integrar, azuzar el odio antes que convencer y educar. Habrá que ver el impacto de esto en nuestros regímenes políticos. El arribo al poder de populistas como Andrés Manuel López Obrador o Jair Bolsonaro es apenas un augurio de lo que puede venir.

El fenómeno de la Caravana Migrante probablemente se repetirá y continuará durante un largo tiempo, dependiendo de sus resultados. Pero no debemos de dejar de mirar dicho fenómeno como una expresión, una más, legítima, de lo que lo que Adam Smith llamó en 1776 “el plan liberal de igualdad [social], libertad [económica] y justicia [legal]”, y que aún inspira a la gente común a buscar la oportunidad de una vida mejor. 

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Fausto Hernando Canto García* 

Vaya que ha dado de qué hablar la inminente llegada de inmigrantes de origen –principalmente- hondureño a nuestra frontera sur entre Guatemala y el Estado mexicano de Chiapas. Lo anterior en una ola de migración forzada por la endémica situación económica que han sufrido familias enteras aglutinadas en la “Caravana Migrante” en sus países de origen. Esto me llama mucho la atención por el alza de discursos “Trumpistas” contra estos inmigrantes hondureños.

Estos discursos no solo se limitan a exacerbar las debilidades sociales y económicas de México para así justificar que haya “lugar” para esos inmigrantes en nuestro país, sino a afirmar que existe una “inferioridad” entre los que nacieron al sur de nuestras fronteras y los que tuvimos la oportunidad de nacer en suelo nacional. Lo anterior es una seria alarma de discursos xenofóbicos en un país tan plural y con vocación de acogida como lo ha sido México.

Si bien es una realidad totalmente obvia que los servicios básicos como salud, educación y vivienda son precarios en no pocas zonas de nuestro país, es totalmente cierto que las condiciones de vida aquí son mucho mejores que las que viven a diario cientos de miles de seres humanos en algunos países de Centroamérica.

Por eso creo yo que existen muchas lecciones que podemos aprender juntos de esta escalada crisis humanitaria. La principal sería que nadie escarmienta en cabeza ajena pues esta crisis ha hecho que muchos mexicanos se pongan “en los zapatos” de los discursos dolientes de rechazo a nuestros connacionales que emigran por las mismas razones que estos hondureños a Estados Unidos. Pero ojo con empezar a ser “empáticos” ya que corremos el riesgo de servirle la mesa a un nacionalismo mal orientado.

De nada sirve militarizar nuestra frontera para detener el flujo de migración hacia nuestro país –como lo hace la agonizante administración de Enrique Peña Nieto- antes bien, deberíamos agregarle valor para que se convierta en un puente de oportunidad económica para nuestro país con nuestros vecinos Centroamericanos. La otra estrategia de regalar visas de trabajo, para incluir la mano de obra de estos inmigrantes en los grandes proyectos que tiene su administración para el sur del país, anunciada por el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, tampoco resolverá nada de fondo pues este flujo inmigratorio, si bien es absorbible, no será el primero ni el ultimo.

México debe apostar a una solución que dio grandes resultados para la pacificación del flujo migratorio en Europa: la Unión Aduanera. Esta apuesta requiere fijar un impuesto común al exterior entre México y los países Centroamericanos, desarrollando el libre comercio y facilitando el libre tránsito entre personas, sin que esto signifique el menoscabo de la soberanía territorial de los involucrados, ni obligue a los mismos a otorgar beneficios de ciudadanía a las personas que entren y salgan del territorio nacional.

De esta manera, México reafirmaría su compromiso regional con Centroamérica y el Caribe y sembraría la semilla de la prosperidad en las endebles economías domésticas de las ciudades fronterizas mexicanas, como mi natal Chetumal, Quintana Roo, frontera con el país hermano de Belice, cuyos ciudadanos son acosados por agentes migratorios y policías locales cuando compran productos en nuestra ciudad.

Recordemos que la migración es algo inherente a la humanidad desde su aparición. Las débiles economías de algunos Estados en el mundo, las crisis políticas, los fenómenos naturales y el deterioro del medio ambiente, siempre obligarán a muchas personas a abandonarlo todo para buscar mejores opciones de vida, como lo han hecho décadas nuestros hermanos mexicanos ¿no es acaso muy hipócrita escandalizarnos de que lo hagan nuestros hermanos hondureños?

*Fausto Hernando Canto García  es internacionalista y libertario. Vive en Chetumal Quintana Roo.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l tema de los niños que han intentado cruzar de forma ilegal la frontera entre México y Estados Unidos se ha convertido en toda una polémica, donde la justificada indignación se mezcla con la injustificable politiquería y la condenable demagogia en ambos lados del debate.

¿Cuál es el estatus actual?

Hace unas horas el Presidente Trump firmó una orden ejecutiva que permitirá reunir a las familias migrantes durante el tiempo que dure su proceso ante las autoridades, afirmando que es política de su administración el mantener la unidad familiar, incluyendo las familias de los migrantes, dentro del margen de la ley y los recursos disponibles. Para ello, se ordena al Secretario de la Defensa, al Secretario de Seguridad Interior y al Fiscal General que tomen diversas acciones para lograrlo.

Sin embargo, esto no cerrará el debate. Con el paso de los días cada vez más líderes políticos y faranduleros comparten sus ardientes denuncias ilustradas con fotos falsas, porque ni siquiera se interesaron en una búsqueda de Google sobre los niños a los que defienden, y se vuelve indispensable aclarar el panorama con base en datos y no en meros sentimientos.

¿Es correcto separar a las familias?

No, no es moralmente correcto, y por eso el Presidente Trump ha firmado la orden ejecutiva para corregir tanto en términos jurídicos como de política pública ese error que se mantuvo desde hace varias administraciones. Las deportaciones son siempre una tragedia y el separar familias como parte de ese proceso refleja la profunda falta de empatía que suele caracterizar a las instituciones burocráticas, no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo.



Sin embargo, esta es una situación que no debemos simplificar en un mero blanco y negro, sino en infinitos tonos de gris. sería necesaria de entrada una reforma a la ley y a las políticas públicas para que la migración no sea perseguida como un delito normal, sino que exista la flexibilidad para que, por ejemplo, las familias permanezcan unidas en instalaciones adecuadas en lo que se define su situación migratoria.

¿Por qué tienen casi 12 mil niños, que están separados de sus familias?

Efectivamente, las autoridades norteamericanas tienen a su resguardo a cerca de 12 mil niños y jóvenes. De estos prácticamente todos son originarios de Centroamérica y solo 21 son mexicanos, de los que hablaremos más adelante.

De estos casi 12 mil menores de edad, el 83% llegó a la frontera sin su familia. Es decir: llegaron solos y no hay con quien entregarlos. Apenas poco más del 16% llegaron acompañados de sus padres u otros familiares directos, y estos son los que han sido separados de sus familias en forma temporal, hasta que se firmó la orden ejecutiva de Trump para reunirlos.

¿Por qué separan a las familias?

Porque en Estados Unidos entrar ilegalmente es un delito, de acuerdo a los estatutos Title 8 U.S. Code § 1325 – Improper entry by alien y 8 U.S. Code § 1326 – Reentry of removed aliens. Por lo tanto, aplicar la ley significa procesar por la vía penal a quienes ingresan de manera ilegal, lo cual implica que los adultos sean trasladados a un centro de detención. Una decisión judicial, concretamente la resolución del caso Flores v. Reno en 1997 y una opinión del Noveno Circuito de Apelaciones en 2016 piden que los niños estén en entornos menos restrictivos y se incentive su reencuentro con sus familiares. Eso mismo es lo que ha hecho la administración Trump. Por ejemplo, de los 21 menores mexicanos en esta condición, 14 ya han sido repatriados o llevados con sus familiares.

Por cierto, justamente uno de los puntos de la orden ejecutiva es la indicación de Trump al Fiscal General para que le solicite a las cortes una modificación de la sentencia de Flores v. Reno, para que sea jurídicamente correcto el mantener reunidas a las familias migrantes en los centros de detención.

Eso es horrible, seguro en México no pasa, ¿verdad?

De hecho, sí pasa. En México, la Ley Nacional de Ejecución Penal contempla en la fracción VI de su artículo 10 que las madres solo tienen el derecho a conservar la guardia y custodia de sus hijos en el Centro Penitenciario mientras sean menores de tres años. ¿Le rompieron el corazón los llantos de los niños separados en la frontera? Imagínese ahora cómo será el llanto de miles de niños, aquí en México, a los que se separa de sus madres, pero de los que ni se entera usted porque la prensa no se los pone en las noticias una y otra vez.

¿Y por qué los separan?

Porque un centro de detención no es un lugar apropiado para niños, ni en Estados Unidos, ni en México. De hecho, justamente la presencia de niños en las cárceles mexicanas ha sido objeto de denuncia de diversas organizaciones sociales por los riesgos que implica, como lo podemos ver aquí, aquí y aquí.

Ok, pero incluso entonces ¿Por qué los dejan encerrados en lugar de entregárselos a otros familiares?

La respuesta es simple. No, no los “dejan encerrados”, en caso de que tengan otros familiares en los Estados Unidos se les entregan a esos familiares mientras dura el proceso y en caso de ser posible los regresan a sus países o los canalizan a albergues especializados.

¿Por qué Trump tiene a los niños en jaulas?

De entrada muchas de las imágenes que la irresponsable prensa y clase política mexicana ha publicado en los últimos días son en realidad de una representación que hicieron activistas durante una protesta o imágenes del 2014 o del 2015, durante la administración Obama, a quien la misma irresponsable opinocracia mexicana sólo le veía virtudes, porque hablaba bonito.

Se trata de instalaciones temporales, en las que los niños pasan máximo 72 horas, antes de ser trasladados a refugios más en forma, donde tienen acceso a educación, alimentación y quizá por primera vez en sus vidas, a la seguridad que no les ofrecieron ni sus países de origen ni su traslado en la república mexicana.

Por cierto, en cuanto a albergues de niños (¿se acuerdan del caso de “Mamá Rosa”?) y al trato a los migrantes en instalaciones de gobierno, las autoridades mexicanas no tienen ni tantita autoridad moral para reclamarle nada a las estadounidenses: “A los pocos días de estar detenido allí se dio cuenta que había demasiados abusos. Oía los gritos de lamentos de los otros detenidos y de noche veía como sacaban a las migrantes más jóvenes y bonitas, y las regresaban al amanecer.” Y eso no fue en Estados Unidos, fue en México, en la “estación migratoria Las Agujas”. Y no es el único caso, hay muchos más, como este, este o este.

Así que, digámoslo con todas sus letras, para esos niños sería mucho peor estar en garras de las autoridades mexicanas que encontrarse bajo la responsabilidad de la administración Trump.

¿Por qué está el tema en todos los medios de comunicación?

Porque Donald Trump se anotó dos grandes éxitos políticos en las últimas semanas, primero el histórico acuerdo que puso fin a la guerra de Corea y al aislamiento de Corea del Norte, después de casi 70 años, y segundo las cifras de desempleo, que han bajado al 3.9%, hasta el punto de que hay más puestos de trabajo que personas buscándolos, y eso en año electoral significa que los Republicanos consolidarían su control del Congreso y los Demócratas verían frustrada la “ola azul” con la que llevan obsesionados en sus sueños húmedos desde que Trump derrotó a Hillary en 2016.



Por eso los medios de comunicación, controlados casi por completo por la izquierda (los liberals) y los grupos de lobby y de poder ligados al partido Demócrata, se sacaron de la manga un mega escándalo de algo que llevaba sucediendo desde hace mucho tiempo y que hasta entonces no les había importado, apelando a los sentimientos y a la persuasión visual para impulsar una narrativa pensada en los beneficios de su partido y de su agenda. Como lo dijo el propio líder de los Demócratas en el Senado, Charles Schumer, lo que ellos quieren es “mantener el enfoque en Trump” en lugar de reformar la ley, para la cual los republicanos, incluyendo a Mitch McConnell y Ted Cruz ya tienen varias propuestas que permitirían reunir a las familias sin necesidad de violar la ley y las decisiones judiciales.

¿Significa esto que los Estados Unidos son los malos de la película?

Los verdaderos villanos de la película son los gobiernos ineptos, los “empresarios” proteccionistas y las mafias que han sumido a Centroamérica en la pobreza y una violencia tan terrible como para que literalmente millones de personas estén dispuestas a escapar, incluso siendo niños, padeciendo la corrupción, las violaciones de las autoridades de México, los secuestros y extorsiones a manos de los cárteles, los riesgos de colgarse de “La Bestia”, las inclemencias del clima en la frontera y el potencial de una deportación.

Por supuesto, también del otro lado de la frontera norteamericana también hay agresiones y en ocasiones hay francos abusos, como el separar familias aunque sea de forma temporal.

Por lo pronto, en Estados Unidos, los niños migrantes se reunirán con su familia tras la orden ejecutiva de Trump, pero si de veras nos preocupan los niños migrantes y sus familias, entonces no deberían empezar a enternecernos el corazón cuando inician su proceso ante las autoridades estadounidenses, sino desde que enfrentan un muro de violencia, corrupción y dificultades en sus países de origen y luego en su travesía en territorio mexicano.

Confío en que todas las buenas conciencias que tanto mostraron su indignación durante los últimos días la mantengan despierta ahora en defensa de los miles de niños y familias migrantes que siguen en terribles condiciones en los caminos, los albergues y las instalaciones del gobierno mexicano.

Y por inicio de cuentas, si en serio queremos ver a los villanos de la historia, no volteemos al norte, empecemos con una honesta mirada en el espejo.

Eso sería lo correcto.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.