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Por: Gerardo Garibay Camarena*

La esperanza es el nombre del juego. López Obrador lo entendió mejor que nadie y centró sus esfuerzos en una estrategia dual de comunicación, que por una parte erosionó continuamente el respeto hacia los partidos e instituciones de la era tecnocrática (contando con bastante ayuda de la escandalosa corrupción peñanietista) y por la otra se enfocó en controlar la bandera de la esperanza y ondearla en todo lo alto de su proyecto político.

El modelo funcionó, y fue tal el éxito, que llegó a Palacio Nacional con 30 millones de votos, casi el doble de los que obtuvo en los comicios del 2012. Ello se tradujo el porcentaje de apoyo electoral más alto desde hace 37 años. Es decir, en la era democrática, ningún presidente inició su mandato con un apoyo siquiera parecido al que respaldó a Andrés Manuel López Obrador. Así de claro.

Sin embargo, también queda muy claro que no es lo mismo prometer que cumplir, y en los primeros meses de su gobierno, Andrés Manuel está experimentando de primera mano el vértigo de estar al borde de ese abismo que separa las esperanzas de los hechos, donde tantos otros demagogos se han despeñado en la historia de nuestro país. Y, mientras pisa justo en el borde, titubea, culpa, pretexta y renueva promesas, que al igual que las enormes expectativas que alimentó en campaña, se quedarán en el aire o en todo caso lo acompañarán hasta las profundidades.

Esta semana, la renuncia de Germán Martínez al Instituto Mexicano del Seguro Social fue la grave señal de un paso más al vacío, no solo por el impacto logístico de un reemplazo en el IMSS a menos de medio año del inicio de la administración, sino porque refleja de forma inocultable un resquebrajamiento de la alianza política que construyó López Obrador. Después de todo, Germán Martínez no llegó al Seguro Social por su linda cara o sus muy discutibles talentos, sino por el capital financiero o político que aportó a la campaña, y debemos entender sus denuncias contra el equipo de Andrés Manuel en el marco de la guerra intestina del gabinete presidencial, acuciada por sus caprichos y la incompetencia de los funcionarios que provocan crisis sin sentido, desde el cerro fantasma de Santa Lucía hasta la falta de antiretrovirales o la eliminación de recursos para combatir el cáncer. Para usar el término tenístico, son “errores no forzados”, léase idioteces de a gratis, que son potencialmente letales para cualquier administración.

Por otra parte, conforme avanzan las campañas del 2019 y mientras empiezan a mostrar el cobre los gobiernos locales que ganó el año pasado, Morena se revela ante los ojos del público como un partido político más, culpable de las mismas mañas y corruptelas que hicieron que las personas rechazaran a los anteriores, con el problema añadido de que su único punto de identidad es la figura presidencial, y eso quizá sea suficiente para sobrevivir una campaña en elecciones generales, pero a mediano plazo es una receta para el desastre. Como ya se empezó a ver con el fuego amigos contra Barbosa en Puebla, los peores enemigos del obradorismo serán ellos mismos.

Estos tres elementos: la fractura de su alianza, la incompetencia de sus colaboradores y la caída del mito de Morena, son los grandes riesgos para el éxito del proyecto político que se ha articulado alrededor de la figura de Andrés Manuel y que aun ahora resplandece de orgullo con sus mayorías legislativas, impulsadas por el inestable combustible de la esperanza, que puede estallarles en las manos.

Si lo que se encendió como esperanza estalla convertido en odio, el peligro no es solo para Obrador, sino para el país, especialmente porque –al menos hasta ahora- la oposición parece absolutamente incapaz de recuperar para sí la bandera de la esperanza, e incluso si los ciudadanos llegan a la conclusión de que Obrador es corrupto e inepto, eso no borra de las mentes de millones de mexicanos su percepción respecto a que todos los otros también lo son.

Entonces, aparecen en el panorama dos fantasmas. El primero es el del pleno cinismo, donde nada importa, el rey va en cueros y los súbditos se burlan de sus miserias, lo que a mediano plazo es mortal para cualquier sistema político, porque la coacción del estado solo es tolerable cuando se legitima al vestirse con mitos: de justicia, estado de derecho, representación y demás. Si se le quitan sus disfraces, nos queda la violencia desnuda del aparato gubernamental. Eso elimina los diques simbólicos que mantienen la lucha política en un cauce relativamente pacífico e incentiva el uso directo de la esa misma violencia como arma de negociación.

El segundo es el fantasma del radicalismo. Los más encendidos seguidores de AMLO, al enfrentarse a la realidad de su fracaso, no reconocerán su error, sino que lo explicarán culpando a la debilidad del proceso. Dirán que el problema de Obrador no estuvo en sus propuestas o acciones de gobierno, sino en que no destruyó con la rapidez necesaria los restos del antiguo sistema. Por lo tanto, proclamarán con un hilo de locura en sus ojos que la solución es la revolución: Acelerar las reformas del obradorismo, desmontar radicalmente los contrapesos, recurrir a la violencia contra los opositores.

¿Cómo impedirlo? ¿Generando un nuevo líder que retome la esperanza? Quizá esta, por improbable que resulte, pareciera la solución más simple en el corto plazo, pero no es la mejor opción.

¿Por qué?

Porque poner la esperanza en los políticos alimenta un ciclo permanente de decepciones. Incluso si encontráramos a la proverbial persona honesta y le entregáramos las llaves de Palacio Nacional, el margen de maniobra de los gobernantes es bastante más limitado de lo que gente cree, y el potencial destructivo de la administración pública es mucho mayor que su capacidad de construir.

¿Entonces?

La esperanza que tenemos que recuperar es la que surge de la libertad de cada persona, que visualiza el futuro, que enfrenta la incertidumbre y que colabora en la familia, la comunidad o la empresa para darle vida a esa visión, con madurez, audacia y creatividad. En todo caso habrá que construir liderazgos e instituciones que surjan de esa misma esperanza, pero no podemos simplemente encajarle un slogan bonito a un tipo con carisma y esperar que nos saque del atolladero, esa falsa esperanza siempre termina en fiasco.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Fausto Hernando Canto García* 

El pasado sábado 20 de Octubre, los sectores conservadores de la sociedad y la política lograron activar a más de 120 ciudades en todo el país a favor de la vida, movilizando a cientos de miles de personas a lo largo y ancho de México, en una clara gala de “músculo”de estos sectores, aglutinados por el Frente Nacional por la Familia (FNF).

Dicha muestra de convocatoria es un mensaje fuerte y claro para el presidente electo, Andrés Manuel Lopez Obrador, cuyo partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), ha anunciado que velará por la despenalización del aborto aprovechando la senda mayoria que goza este partido en ambas camaras federales.

En todas las plazas donde se realizaron activaciones de la “Ola Celeste: Salvemos las Dos Vidas”, el FNF ordenó a sus representantes en los Estados de la República dar un mismo mensaje, en donde se extraían condenas a lo que se llamó “La agenda personal de Olga Sanchez Cordero” que incluye, además del aborto, la ideología de género. Esto, con un claro mensaje político para que el próximo presidente se deslinde de estos temas en aras de evitar movilizaciones futuras que ya lo pondrían a él en la mira.

Apostados en la casa de transición del presidente electo, el Frente Nacional por la Familia, entregó también un documento a la encargada de vinculación social de la transición donde, seguramente, piden y esperan una reunión con Lopez Obrador, marcando así el inicio de los conservadores que mueven sus fichas en el terreno de la política con un nuevo escenario dominado por Morena que, a pesar de su idiología de izquierda, advierte fisuras sobre el tema del aborto, como lo demostró el poscionamiento de la Senadora de ese partido Lilly Téllez, quien adelantó que, en caso de que llegara la iniciativa a favor, ella la rechazaría.

Mientras tanto los libertarios han dejado pasar toda una serie de temas que no han logrado capitalizar, como el rechazo de MORENA a reducir al Impuesto Especial de Servicios y Productos (IESP) que, dicho sea de paso en terminos austriacos, está íntimamente relacionado con el continuo aumento en el precio de los hidrocarburos en el país. Al día de hoy, el libertarismo no ha logrado aglutinarse debido a las continuas divisiones y debates interminables entre las agrupaciones que incluso, apuestan y se unen a marchas de causas progresistas donde no lograrán quitarle ningún voto a la izquierda.

La mayoría de los libertarios mexicanos siguen en la etapa “Peter Pan” pues se niegan a madurar y a asumir mayores riesgos y compromisos de representatividad en la sociedad –como sí lo están haciendo los conservadores. En un panorama que pinta MORENA no se puede hablar de triunfos para la agenda de la libertad pero vaya que es necesario asumir esos riesgos para cuando el desencanto y la “Luna de Miel” vaya llegando a su fin. El libertarismo debe madurar y reconciliar posturas, para dejar de verse como una ideología infantil, en un contexto donde los grandes se reparten el botín político, mientras él se esconde feliz en su mundo de fantasía.

PD: Hasta un derrotado Partido Acción Nacional, fue capaz de reaccionar a ultimo momento y cosechó buenos comentarios por reafirmarse como un partido Pro Vida.

*Fausto Hernando Canto García  es internacionalista y libertario. Vive en Chetumal Quintana Roo.

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

El pasado primero de julio el tsunami del López-obradorismo superó prácticamente todas las expectativas y arrasó incluso en estados como Nuevo León, que tradicionalmente habían sido percibidos como abiertamente hostiles contra la figura y el mensaje del ahora presidente electo. Sólo hubo una discrepancia en ese consenso electoral: Guanajuato, convertido en la única isla azul en medio de un mar de Morena.



Quien busque comprender por qué, necesita voltear la mirada tanto hacia la historia como la composición del panismo local. Y ese panismo guanajuatense, como alguna vez lo explicó el ya fallecido don Jorge Dávila (uno de los decanos de ese partido en el estado) no se entendería sin la figura del doctor López Sanabria.”

Por eso acepté de inmediato el ofrecimiento, por parte del Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba y la fundación López Sanabria, para editar y darle un nuevo giro a la biografía Juan Manuel López Sanabria, titulada ahora “El Principio del Cambio”, la cual tuvimos el honor de presentar el pasado lunes 3 de septiembre, en el teatro María Grever, de la ciudad de León. A continuación, les comparto algunas de las reflexiones que comenté en el evento.

Para quienes no sean de estos rumbos, López Sanabria fue durante varias décadas la principal figura de la oposición democrática en Guanajuato, líder regional de los panistas y una excepción en el panorama de la “grilla”, por su alto perfil de prestigio social en una época donde militar en un partido de oposición implicaba el desprecio o al menos el recelo de la alta sociedad, y la constante vigilancia de autoridades con un muy tenue sentido de la diversidad democrática.

Aun a pesar de eso, Juan Manuel López Sanabria logró convertirse en diputado y labrarse un prestigio generalizado en el ambiente político guanajuatense, pero irónicamente fueron las dos campañas que no ganó oficialmente las que generaron el mayor impacto en la historia del PAN y de Guanajuato: La elección a Presidente Municipal en 1976 y la elección a Gobernador en 1985.

Especialmente la campaña de 1976 fue un parteaguas en más de un sentido. López Sanabria modernizó radicalmente la mercadotecnia de campaña, al apostar por una estrategia de cambios semanales en la publicidad, generando una gran expectativa incluso a pesar de tener un presupuesto mucho más pequeño que el de su rival del PRI. Fue pionero también de los análisis de lo que hoy conocemos como rentabilidad electoral y de un discurso que bajo al PAN de las alturas de la filosofía al terreno de los hechos y a la voz de la gente. Como reconoce Ling Altamirano, Acción Nacional le debe a López Sanabria “la apertura a sus propias bases”, es decir, a los militantes que hacen el trabajo en las colonias y en las comunidades.

El resultado de esa campaña fue un triunfo contundente, justo en 1976, el peor año en la historia del PAN, cuando el partido estaba tan dividido que ni siquiera pudieron presentar candidato a la Presidencia de la República, y cuando muchos veían al blanquiazul sumido en una decadencia irreversible. Justo ahí, López Sanabria ganó el voto de los leoneses, pero el régimen no estaba dispuesto a reconocerlo.



Siguieron semanas de tensiones y finalmente un punto medio. Aunque la victoria de Juan Manuel no fue aceptada, el candidato del PRI no consiguió consolidar la usurpación, y en su lugar se nombró a una Junta de Administración Civil, cuya exitosa gestión marcó el inicio del León moderno, incluyendo el arranque de la construcción de los bulevares y del Poliforum, que hoy definen el paisaje urbano y productivo no sólo de la ciudad, sino del estado.

9 años después, en 1985, el propio López Sanabria encabezó la campaña a gobernador que impulsó la consolidación de una estructura panista a nivel estatal y demostró que el partido estaba por fin listo para competir de tú a tú con el PRI en las grandes ligas y no solo en municipios aislados.

Un año más tarde falleció en un accidente automovilístico, y no pudo ser testigo de los grandes triunfos que lograron sus pupilos a partir de 1988, pero su influencia en ellos es indiscutible, y en su legado hay 5 cosas que sus compañeros de partido y los ciudadanos en general haríamos bien en tener en cuenta:

  • Recuperar la valentía, para enfrentarse al sistema incluso cuando todas las circunstancias están en contra.
  • Recuperar la alegría, para evitar la tentación de cinismo pesimista, tan peligrosa en la arena pública.
  • Recuperar la efectividad, para entender que no se trata de oponerse por el mero testimonio, sino de hacer todo lo que se pueda, y hacerlo bien.
  • Recuperar la humildad, algo que les urge a los líderes sociales en este país, pero una humildad de a de veras, no de retos Tupperware.
  • Recuperar la esperanza, de que la situación puede mejorar y de que en nuestras manos está al menos una pequeña parte de esa solución.

Seguramente no era perfecto, pero fue uno de los mejores y más efectivos ejemplos de vida en la oposición mexicana al viejo PRI, y por ello es muy necesario recuperar su legado en el 2018, especialmente para quienes tras el primero de julio quedamos convertidos en la oposición, desde los partidos y desde la sociedad, al nuevo monstruo de estado, que ahora se llama Morena. Pues ahora, como en 1976, y como decía López Sanabria, donde termina el miedo empieza la libertad.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Hiram Pérez Cervera*

“Si sólo se tratara de la ruina del PRI como partido, tal vez me daría gusto; pero se trata de los destinos de la patria, común a todos los mexicanos y por eso les hacemos las advertencias dichas, aunque moleste a algunos de los oyentes”

José González Torres.

Históricamente, Acción Nacional es el único partido que no surgió gracias a una división interna del PRI, más bien fue producto de un esfuerzo intelectual por buscar una fuerza que fuera capaz de responder al colectivismo que reinó en nuestro país en aquellos tiempos.

Hablo de colectivismo porque, en el partido dominante existieron dos corrientes, la primera respondía a la moda teórica del momento, el marxismo; la segunda obedecía a un ideal nacionalista más moderado con respecto al anterior, pero en la práctica, igual de dañina en el sentido de que ambas tienen como punto en común la completa sumisión del individuo a la voluntad proletaria o nacional, respectivamente.



El pilar más fuerte de la doctrina filosófica panista es el respecto a la dignidad del individuo, en tanto lo reconoce como persona con voluntad propia y con necesidades que trascienden lo meramente material, razón por la cual existió un vínculo fuerte con la defensa de principios apegados a la propiedad privada y la libre empresa. Por eso no es casualidad que figuras con un fuerte apego a los ideales de la libertad, tales como Luis Pazos, Pancho Búrquez o Jorge Triana, provengan de este partido.

Dicho lo anterior, es importante destacar que, a raíz de la llegada al poder en el año 2000, estos ideales doctrinales fueron cediendo ante un pragmatismo que, en la actualidad, llegó a niveles insanos. La ciudadanía ha mostrado su desconfianza y es algo que Acción Nacional tiene que plantearse de manera muy seria, situación que también advierte el actual senador por el estado de Sonora, Francisco Búrquez, al decir que este partido tiene un pie en la tumba.

Ahora que el PAN se encuentra al inicio de un proceso para renovar su dirigencia, es necesario que deje el pragmatismo político a un lado, que deje la búsqueda de un voto progresista que jamás será por la opción azul.  En este sentido, Acción Nacional permitió que se colaran en su doctrina aspectos que son abiertamente contrarios a la doctrina filosófica que se ganó la confianza de la gente en el pasado.

Como nueva oposición, este partido tiene que tener la audacia de salir a la defensa de la ciudadanía como lo hizo en el pasado, fuere en la tribuna del Congreso o en las calles junto con la gente de a pie, donde sin ningún temor podían señalar los atropellos y los errores del régimen desde la razón, pero, aún más importante, con ese respaldo moral que le fue característico y que no podía ser objetado por las élites en el poder. Ese es el PAN que México necesita hoy.

Ante el escenario complejo que el blanquiazul tiene en la actualidad, sólo un partido de convicciones genuinas y claras será el que pueda representar mejor a la ciudadanía, una vez que la desilusión se haga presente por el gobierno entrante. La escuela ciudadana que se propuso ser en un principio debe retornar con fuerza para que sean los principios y no el pragmatismo los que guíen la agenda política de esta institución, de otro modo nuestro país retornará nuevamente a sucesiones de gobiernos autoritarios cuyos resultados ya conocemos.



El Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) no tiene comprada todavía a la sociedad, de modo que el PAN tiene una importante área de oportunidad si vuelve a sus principios y hace las cosas bien de hoy en adelante, porque el principal reproche que la sociedad tiene contra este partido es el abandono paulatino de su integridad y sus principios, no es ese fantasmagórico neoliberalismo ni los miles de muertos de Calderón, sino la pérdida de esa esencia que hacía de Acción Nacional la única opción viable y creíble.

Todo esto no es meramente una cuestión partidista, más bien es una cuestión que puede modificar el curso de la vida política nacional, ya que es el único partido opositor que aún mantiene fuerza en nuestro país.

De ellos dependerá si resurgen de las cenizas o si fenecen como el PRI.   

*Hiram Pérez Cervera es internacionalista, enfocado en el estudio del impacto de la política sobre la economía. En twitter lo encontrará como: @hiram_perezc

Por: Hiram Pérez Cervera*

“No hay esperanzas para una civilización, cuando las masas están a favor de políticas nocivas”

-Ludwig von Mises.

La contundente victoria de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) en las elecciones pasadas marca un cambio de rumbo drástico para nuestro país en los años que vienen. La marcada tendencia de izquierda nacionalista tuvo un profundo impacto en una sociedad mexicana que, harta de los escandalosos casos de corrupción y del número constante de 50 millones de mexicanos en pobreza, decidió entregarle poder absoluto al caudillo que ofreció cambiar todo de un pincelazo, con alguna extraña magia que nuestro país desconoce, al menos hasta que este taumaturgo, de apellido López Obrador, asuma el poder en diciembre.

El propósito de esta reflexión es intentar aproximarse a las causas por las que, un partido como MORENA, ganó de manera tan aplastante esta elección y dar aviso sobre la enorme tarea que tenemos los libertarios para evitar que, en palabras de Mises, la barbarie socialista se apodere por completo de la política de nuestro país.



Uno de los factores determinantes para esta elección fue que, mediante del uso del discurso, se fueron construyendo diversos conflictos que, finalmente, darían origen al sujeto de la revolución. Esta estrategia, no fue creada por el equipo académico ni de campaña de López Obrador, fue diseñada por teóricos de corte marxista para reincorporar el ideal socialista una vez que fracasó el socialismo real de la Unión Soviética.

Este es el análisis que comparte Agustín Laje en el Capítulo 1 de “El libro negro de la nueva izquierda” que escribió juntamente con Nicolás Márquez, en el cual, explica como teóricos como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, comienzan a trazar un camino por el cual el socialismo va a entrar nuevamente en la escena de la política para hacerse con el poder. América Latina es un ejemplo de cómo esta reinvención del socialismo fue exitosa al conseguir gobernar buena parte de esta región del mundo.

Entender el concepto de hegemonía es clave aquí para ver con claridad el desarrollo de estas ideas. Gramsci argumentaba que la hegemonía era un sistema de alianzas de clase que le permitirían al proletariado hacerse con el poder, ello con un cambio de paradigma dentro del mundo del marxismo tradicional. La batalla no se daría exclusivamente en el ámbito de lo económico, sino en el cultural, de ahí que para este teórico era de importancia crucial la proliferación de marxistas dentro de la esfera académica.

Ernesto Laclau, uno de los grandes exponentes del marxismo en América Latina, analiza que el mundo después de la caída de la URSS es un lugar en el que las clases obreras han mejorado sus condiciones de vida, además de que la expansión de la democracia generó nuevos conflictos políticos cuyo centro no es el ámbito económico, idea que provoca el rompimiento definitivo con el marxismo tradicional e incluso con parte del pensamiento gramsciano pues, la clase proletaria no va a poseer ese lugar privilegiado como agente revolucionario, de modo que se abrirá ese campo a un universo aún mayor. Esto quiere decir, que los agentes de la revolución se van a construir mediante el discurso, a través de la generación de historias y relatos que provoquen conflictos que le sean funcionales a la izquierda.

Tenemos que madurar políticamente y superar las nocivas discusiones sobre “pureza libertaria”

En este punto, MORENA deja muy en claro que esta es su estrategia, al presentarse como resultado de las luchas sociales que existen en México y, por tanto, como agente de articulación entre toda esta diversidad de movimientos. El énfasis debe caer sobre el concepto de articulación, entendida por Laclau y Mouffe como la modificación que surge de la alianza entre dos actores políticos.

En nuestro país, el resultado de esa articulación es precisamente la creación de MORENA, movimiento en el cual se han incrustado diferentes causas del país, con el objetivo de abatir un enemigo común, el capitalismo liberal. Algo que queda patente cuando en la declaración de principios de este nuevo partido se habla del modelo “neoliberal” como factor que genera desastres en la sociedad.

Una vez expuesta la estrategia ideológica, queda ahora explicar de qué manera van a llevar a cabo tal fin. El proceso será mediante la radicalización del componente igualitario de la democracia, es por eso que su discurso hace énfasis en los temas de la desigualdad como generador de conflicto, de manera que profundizar sobre este ideal de igualdad será necesario al grado en que colapse por sí mismo, ejemplo de ello son declaraciones como las de Olga Sánchez Cordero, en las que hace un llamado a la democratización de las familias, la idea constante de llevar a consulta el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México o la revocación de mandato a mitad del sexenio, en palabras de Ernesto Laclau “ No es en el abandono del terreno democrático sino, al contrario, en la extensión del campo de las luchas democráticas al conjunto de la sociedad civil y del Estado, donde reside la posibilidad de una estrategia hegemónica de izquierda”[1]

Radicalizar la democracia no será el fin, más bien será el medio por el cual se pretende lograr la destrucción de la noción del individuo, en otras palabras, la destrucción de las nociones sobre los derechos individuales y la propiedad privada. De modo que, esta nueva concepción de democracia radical es el disfraz de un nuevo socialismo que ahora a conseguido incluir demandas que trascienden el aspecto puramente económico.

¿Qué debemos hacer los libertarios ante un embate de esta magnitud?

La respuesta es generar un movimiento de respuesta que sea homogéneo, en el que las diferentes corrientes que existen dentro del mundo de la libertad puedan avanzar de manera transversal en la academia, la sociedad y lo económico para hacer frente ante esta nueva estrategia que los teóricos del socialismo han puesto en marcha.



Esto quiere decir que tenemos que madurar políticamente y superar las nocivas discusiones sobre “pureza libertaria” que se dan habitualmente y que impiden que podamos construir una hegemonía por la libertad. En este momento, lo que esta en juego no es el flamante título de “Libertario”, sino la libre voluntad de poder simpatizar con el ideal de la libertad.

Finalizaré este análisis con una frase más de Mises para reflexionar sobre la enorme tarea que tenemos como único frente capaz de responder coherentemente la batalla cultural que se recrudecerá a partir de diciembre.

“Si queremos salvar a nuestro planeta de la barbarie, lejos de ignorar los argumentos socialistas, es preciso refutarlos.”

-Ludwig von Mises

*Hiram Pérez Cervera es internacionalista, enfocado en el estudio del impacto de la política sobre la economía. En twitter lo encontrará como: @hiram_perezc

[1] Laclau, Ernesto. Mouffe, Chantal. Hegemonía y estrategia socialista. P. 222.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]as elecciones en México entran a su etapa decisiva, aunque anti-climática. A veinte días de la elección presidencial la única disputa real es por el segundo lugar, según indican todas las encuestas. Si la elección fuera hoy, Andrés Manuel López Obrador obtendría alrededor del 50% de los votos, en apariencia, una proporción no vista desde las épocas en que el PRI era el partido hegemónico, durante el siglo pasado.

Por supuesto que la aparente inevitabilidad del triunfo de López Obrador y la enconada disputa entre José Antonio Meade y Ricardo Anaya por el segundo lugar, han propiciado un ambiente sobrecargado de tensiones en la política mexicana, agravado por los 112 asesinatos y más de 400 agresiones a políticos y candidatos en este proceso electoral desde septiembre de 2017, atentados en su mayoría impunes y quizá indicativos de una más agresiva y envalentonada incursión del narcotráfico en la actividad política.



Así, se especula (creíblemente) en una nueva tentativa del gobierno del presidente Peña Nieto para afectar la campaña del opositor Ricardo Anaya, a partir de un video anónimo que lo vuelve a ligar (sin datos nuevos) con el lavado de dinero para financiar su carrera política, y transmitido (inusualmente) en horario estelar en las dos principales cadenas televisivas del país, además de una agresión al automóvil del propio candidato.

El supuesto interés de Peña Nieto en afectar a la campaña de Anaya no sería ya tanto favorecer a José Antonio Meade y al PRI, sino asegurar el triunfo sin protestas, cuestionamientos legales ni sobresaltos a López Obrador, a cambio de que éste garantice impunidad a Peña Nieto y a sus principales funcionarios. En los hechos, la realidad poco a poco va dando la razón a estas sospechas, y todo parece indicar que se va creando un co-gobierno entre PRI y MORENA, para lo que resta del actual gobierno.

Al respecto, la respuesta de Anaya ha sido rápida y contundente, logrando controlar y quizá hasta revertir el daño, en apariencia, lo que también haría pensar si el nuevo video no fue, en realidad, una operación del propio Anaya para victimizarse, aprovechando el repudio contra el gobierno de Peña Nieto y su partido. En la hora decisiva de la política mexicana todo puede ser posible.

A ello sumemos la discusión sobre la credibilidad de las encuestas, a pesar de que todas presentan resultados similares. En buena medida, la discusión sobre ellas podría tacharse como una actitud de malos perdedores. Lo mismo que López Obrador en el pasado, ahora PRI y PAN (y sus seguidores) muestran una desconfianza selectiva: Eligen qué creer y qué ignorar dependiendo de si les favorece o no.

Por ahora y de no mediar una sorpresa de último minuto, por ejemplo en el tercer y final debate presidencial de este martes, lo único que se disputa es si Anaya o Meade terminarán en segundo lugar de las encuestas antes de la elección. Estar en ese segundo lugar es estratégico para la coaliciones encabezadas por PRI y PAN respectivamente, suponiendo que ya no tengan chance de ganar la Presidencia. Esto les significaría, a uno u otro, aprovechar el posible movimiento de “voto útil” en contra de López Obrador y así, una mayor votación nacional y por tanto, mayores posiciones en el Congreso federal, en las gubernaturas y en los congresos locales en disputa.

Hoy ser mexicano es tener que padecer en el espacio público las discusiones políticas más estúpidas y áridas que uno pueda imaginar. Toda esta discusión hiperpolitizada oculta una realidad: La de la inoperancia del gobierno mexicano desde siempre, y con él, de sus políticos y sus partidos. Muchos mexicanos, seguidores de uno u otro candidato, están hoy obsesionados a toda hora por la política y por quién llegará al poder, como si su destino personal dependiera de quién estará en el gobierno más que de su propia acción individual. Si cualquier mexicano espera hoy que el nuevo gobierno le resuelva una necesidad personal (sea quien sea el que llegue al poder), le espera una gran desilusión… como tantas otras en el pasado.



Los electores mexicanos de hoy cometen el mismo error que los electores mexicanos de ayer (aunque sin la disculpa del crónico fraude electoral del pasado): creen que ellos son más vivos, más preparados, más informados y que por ende, ellos sí podrán escoger a un mandatario más honesto y eficaz que les resolverá todos sus problemas (en el fondo, esa es la creencia que subyace en la popularidad de López Obrador). Pronto se van a encontrar con otra decepción y una nueva derrota.

Por eso el populismo y el proteccionismo que hoy abandera López Obrador están muy en sintonía con las esperanzas sin sustento de muchísimos mexicanos. La experiencia de países como Venezuela, Nicaragua, Ecuador y tantos más, muestra que el populismo suena bien. Antes también ha sonado bien. Y probablemente seguirá sonando bien mañana. Pero cuando uno va más allá de la retórica y comienza a mirar los hechos concretos y diarios es cuando se ve que el populismo y sus gobiernos aparte de ser una decepción, son un enorme desastre. Y esa es la realidad de fondo que los mexicanos hoy no quieren enfrentar de cara al 1ero de Julio, pero que les arrollará en algún momento futuro.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]s el 1 de julio a las 11:00 de la noche. En las pantallas de la televisión nacional aparece el rostro tenso y demacrado de Lorenzo Córdova, Consejero Presidente del INE, listo para anunciar los resultados de las elecciones tras una hora de espera y de especulación desatada en las redes sociales y en la prensa. Se acomoda la corbata, mira fijamente a la cámara y anuncia:



Los resultados del conteo rápido ordenado por el Instituto Nacional Electoral nos permiten en estos momentos anunciar una tendencia que consideramos irreversible respecto a sus resultados de la elección presidencial 2018: Andrés Manuel López Obrador, de la coalición “Juntos Haremos Historia” registra el 43% de los votos; Ricardo Anaya, de la coalición “Por México al Frente” ocupa el segundo lugar con un 36%; José Antonio Meade, de la coalición  “Todos por México”, aparece en tercer sitio con 14%, los candidatos independientes Jaime Rodríguez y Margarita Zavala suman en 4% en conjunto, y un 3% corresponde a votos nulos.

A lo largo del país, los gritos de júbilo se entremezclan con los suspiros de temor y los de la resignación.

De inmediato las redes obradoristas celebran la contundencia de su victoria, mientras que en los grupos de Facebook y WhatsApp de los simpatizantes de Anaya y Meade se intercambien tanto visiones apocalípticas como análisis que pretenden ser más centrados y llaman a la calma diciendo que lo importante no es sólo la elección presidencial, sino la composición del congreso. “Hay que esperar, seguramente Obrador no va a tener mayoría en las cámaras y entre la autonomía de Banxico y un congreso opositor, vamos a parar sus locuras.

Sin embargo, conforme avanzan los conteos distritales incluso esa esperanza se vuelve amarga en la boca. Los partidos de AMLO suman 257 diputados federales y 61 senadores. Aún entonces, la menguante esperanza se centra en que le faltan cuatro senadores para llegar a los 65 que implican mayoría en el Senado. “No tiene carro completo.”

Una vez más, rápidamente la ilusión defrauda. Conforme avanzan las negociaciones del presupuesto 2019 queda claro que Andrés Manuel cuenta no sólo con los 257 diputados y 61 senadores de su coalición, sino con varias decenas de otros legisladores que de manera formal o subrepticia han aceptado apoyar la agenda obradorista a cambio de recursos para obras en sus distritos y prebendas políticas que los ayuden a reelegirse. Antes de final de año la duda ya no es sobre si “El Peje” tiene mayoría en el congreso, sino sobre si alcanzará el apoyo de dos terceras partes de los legisladores.

Desde el primer minuto del 2019 quedan claros los nefastos efectos del centralismo presupuestal que empezó Peña Nieto y ahora fortalece Obrador. A los gobernadores de oposición se les niega siquiera un peso de recursos federales, amenazando con el colapso de las finanzas en Guanajuato, Jalisco, Chihuahua y Querétaro, entre otros estados.

A los gobernadores se les cita en la Secretaría de gobernación y se les plantea directamente una decisión: Quedarse sin ningún recurso federal o integrarse a la agenda de López Obrador, ya sea cambiándose de manera directa a Morena o manteniéndose simbólicamente en sus partidos de origen, pero cediendo todas las capacidades de operación del gobierno del Estado a las nuevas estructuras de Movimiento Regeneración Nacional en sus respectivas entidades.

Los gobernadores Corral, de Chihuahua y Alfaro, de Jalisco, aceptan con mal disimulada alegría subirse al barco de Morena, mientras que Sinhué, de Guanajuato y Pancho Domínguez, de Querétaro, recurren a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para exigir los recursos presupuestales que por ley les corresponden a sus estados. Sin embargo, la Corte, sometida a cada vez más presiones políticas, movilizaciones violentas afuera de sus tribunales y a las insinuaciones por parte de Obrador en el sentido de que es necesario “renovar al poder judicial”, opta por no entrar al fondo del asunto y desecha sus amparos con base en algún tecnicismo irrisorio.

Sólo el gobierno de Nuevo León logra mantener una cierta independencia financiera, pero está se mantiene sólo unos cuantos meses, pues el Congreso de la Unión, controlado por Morena, aprueba una serie de reformas que limitan prácticamente por completo la capacidad recaudadora de los estados, dejándolos completamente en manos de la buena o mala voluntad del gobierno federal.

Mientras tanto, utilizando abiertamente el presupuesto para desarrollar su capacidad de movilización corporativa, el gobierno de Andrés Manuel suplanta o al menos limita a las élites políticas locales y prepara el camino para una victoria absoluta de sus huestes en las elecciones intermedias de 2021, que confirman el triunfo del nuevo oficialismo obradorista en 240 de los 300 distritos, dándole un total 270 de 400 curules en la Cámara de Diputados (pues previamente eliminaron 100 plurinominales, pretextando austeridad).

Mientras tanto, la impresión desatada de dinero público impulsa artificialmente la economía y genera enormes fortunas para los “empresarios” cercanos al régimen, pero el fantasma de la inflación no tarda en aparecer y con las primeras señales de crisis económica se recrudece la virulencia del discurso oficialista, echándole fuego a la gasolina de los rencores que entre 2018 y 2021 ya se habían traducido en disturbios y actos de violencia aislados, pero que al acercarse las elecciones generales de 2024 alcanzan niveles nunca antes vistos, provocando un círculo vicioso de agresiones, incertidumbre, desempleo, pobreza, marginación y resentimiento.

Eventualmente, tras la reelección de Andrés Manuel, las condenas a los “traidores a la patria” saltan de las planas de la prensa oficialista a las hojas de los expedientes penales y los siniestros pasos de los pelotones de fusilamiento vuelven a escucharse en los pasillos de las cárceles mexicanas. Primero despliegan su plomo contra los líderes de la resistencia empresarial que no lograron salir del país, y luego voltean hacia los demás.

Aquellos “fifís”, “intelectuales” y políticos “progresistas” o “liberales” a quienes, en su momento, antes de las elecciones del 2018, les tembló la mano para denunciar el peligro, ahora les tiembla el resto del cuerpo frente a las bocas de los fusiles. Uno de ellos suplica misericordia del subsecretario, diciéndole: “Pero yo en 2018 descalifiqué a quienes lo criticaban, señor Taibo, diciéndoles que no estaban a la altura de la obra que usted ha escrito”. Pero el ahora coronel Francisco Ignacio está más interesado en las purgas políticas que en las críticas literarias, y da la orden de abrir fuego.

Mientras esto ocurre en las sombras, la prensa proclama a una voz los triunfos de la “Revolución de la Esperanza” y la “República del amor”, que también se explaya en sendos carteles y pintas a lo largo de las calles, en las que cientos de personas hacen fila ante la “Tienda Solidaria de Abasto Popular” para hacer válidas sus tarjetas de racionamiento, por supuesto, por culpa de la guerra económica norteamericana.



¿Y dónde están los Estados Unidos? Se pregunta la gente mientras pasa una y otra hora en la fila. La respuesta es muy sencilla: del otro lado de su muro. En 2020, como parte de su campaña de reelección, el expresidente Trump terminó la construcción del muro fronterizo y llegó a un acuerdo extraoficial con el gobierno mexicano: Washington dejaría que Obrador hiciera lo que quisiera en México, a cambio de que este cuidara el muro del lado mexicano y contuviera la migración proveniente de Centroamérica. Ese mismo acuerdo permaneció en vigor después del triunfo en 2024 del demócrata Joe Kennedy III, disfrazado ahora de “respeto por la soberanía mexicana”.

¿Y la opinión pública internacional? Demasiado ocupada con el colapso europeo y la guerra en medio oriente como para brindarle mucha atención a los mexicanos atrapados en su folclor y su violencia cotidiana.

Y mientras tanto en México, el eco de los fusilamientos rompe el silencio de la desesperanza con gritos de agonía, seguidos de un nuevo silencio, el de la resignación. Después de todo, mañana habrá que hacer fila temprano por la nueva tarjeta de racionamiento, y los que llegan primero siempre alcanzan un poco más de frijol, el arroz hace 6 meses que ya desapareció.

Igual que la carne, igual que el color.

Por supuesto, probablemente esta historia resulte más que exagerada, quizá el AMLOcalipsis no sea tan terrible, pero el riesgo existe y a esas alturas el negarlo ya no es simplemente cosa de necios, sino de suicidas. Basta ver los ríos de odio y de amenazas contra de quienes no son obradoristas, y como respuesta la vergonzosa sumisión de Televisa y Milenio al sacrificar a Ricardo Alemán.

Basta, peor tantito, con ver los insultos hacia Eugenio Derbez, por el aparentemente imperdonable pecado de opinar que: “No estoy seguro de que AMLO sea la mejor opción.” El actor ni siquiera afirmó oponerse a Andrés Manuel, simplemente expresó dudas, y cuando las dudas son tratadas como herejías, es señal de que los fanáticos llevan la voz cantante, y si no entendemos nos harán bailar a su ritmo.

Conste.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Fausto Hernando Canto García*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap] menos de dos meses para las elecciones del primero de julio, siguen tibios muchos liderazgos; empresarios, activistas, intelectuales e incluso políticos, pues se resisten a afrontar de manera contundente el populismo que representa Andrés Manuel López Obrador.



¿Qué será que están esperando? ¿A qué le apuestan? ¿O al menos que saben, que nosotros (la ciudadanía que no necesitamos más propaganda sobre AMLO y Venezuela para no votar por él) no sabemos? ¡Pues el peligro desde aquí se ve MUY REAL!

¿Estarán esperando el segundo debate? A mucho nos quedó CLARÍSIMO desde el 23 de abril que Ricardo Anaya Cortés es la opción para vencer a López Obrador: su desempeño en el primer debate fue estupendo y las encuestas del post-debate así lo reflejaron.

¿Acaso le apuestan a no exhibir su repudio para que, en caso de que gane Andrés Manuel, vivan una transición menos tortuosa hacia el socialismo?

Nadie cosecha oportunistas como lo está haciendo AMLO, pero basta escuchar y leer a sus más cercanos asesores e intelectuales (como Paco Ignacio Taibo II)* para darse cuenta que, de llegar al poder, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) se va deshacer de aquellos sectores que, simple y sencillamente, no van con el socialismo (A.K.A. expropiaciones, censura, persecución política, etc.).

¿O será, pues, que tienen una bola mágica o los poderes de Dr. Strange para ver los 14 millones de desenlaces de esta elección y, según a como van las cosas, vamos por el camino correcto?

Nos guste o no, Ricardo Anaya es el que más ha acortado distancia contra López Obrador, pero pese al ascenso del primero, no se ha notado un estancamiento en el segundo. Ello significa que ni las estrategias de campaña, ni el debate, han conseguido darle a nuestra gente la verdadera esperanza de un cambio, por lo cual se resignan a otra “esperanza”, la obradorista, llena de contradicciones y falsedades.



Por ultimo, quienes hemos denunciado las barbaries del socialismo –electo o consumado por golpe de Estado- nunca nos hemos cambiado de bando: siempre le hemos apostado a los mismos PRINCIPIOS, pero no entendemos: ¿Qué están esperando? El peligro es real, no pierdan el tiempo en tratar de convencer a la gente de la relación AMLO-Venezuela; mejor lideren la opinión contra sus ideas autoritarias, unan la voz contra sus amenazas hacía empresarios y combatan los falsos dilemas a los que suele poner a la gente pues, según él, quien no vote por su partido, es cómplice de corrupción.**

Si no es mucho pedir, sumemos esfuerzos para defender la libertad individual y la propiedad privada. El primero de julio por Anaya y a partir del dos, por nosotros.

*Taibo recomienda a AMLO expropiar empresas que “lo chantajeen”: https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/04/28/paco-ignacio-taibo-ii-recomienda-a-amlo-expropiar-empresas-que-lo-quieran-chantajear_a_23422754/

**AMLO pretende poner en grueso dilema a la gente: peligroso: http://www.milenio.com/elecciones-mexico-2018/morena-amlo-elecciones-corrupcion-mexico-elecciones-campana_0_1166883615.html

*Fausto Hernando Canto García es Internacionalista, libertario y actualmente trabaja en la administración pública en su natal Othón P. Blanco, Quintana Roo.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]S[/dropcap]í, hay un país donde absolutamente todos son millonarios, donde incluso el más pobre de los trabajadores recibe sueldos mensuales de 7 cifras y toda la gente gasta al por mayor: miles, cientos de miles, millones, sin pensarlo dos veces, como si fuera lo más normal, porque lo es.

Y ese país se llama Venezuela.

Esta semana el gobierno de Maduro volvió a duplicar el salario mínimo, que ganan más del 90% de los venezolanos en el sector privado y que ahora llega a más de 2 millones y medio de bolívares al mes.

Y eso alcanza….para 2 latas de atún.

En México los obradoristas se quejan del salario mínimo, y dicen que es muy bajo, pero aquí ese salario mínimo sólo lo ganan 18,000 personas en todo el país.

En Venezuela (el paraiso de Morena) el 90% gana un salario mínimo, que es mucho peor que el mexicano.

Para ponerlo en latas de atún: un salario mínimo en Venezuela compra 2; en México compra 145.

Sí, esa es la revolución que admiran los líderes de Morena.

Sí, podemos estar mucho peor.

Sí, el socialismo no solo destruye la democracia, sino la dignidad y la comida.

Eso sí, son millonarios.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ste domingo se efectúo en México el primero de los tres debates obligados por la ley electoral entre los candidatos presidenciales. Fue un debate con poco espacio para la discusión, la improvisación, la sorpresa, cuidando más el interés de los partidos que el derecho de los ciudadanos a una elección informada y de contrastes. Fue, para decirlo gráficamente, como un partido de futbol jugado en un estadio sin público, sin emoción ni exigencia. Aunque siendo justo y comparándolo con cualquier otro debate presidencial desde 1994 (cuando se efectuó el primero en México) éste fue ágil e inquisitivo, gracias en gran medida a los moderadores Denisse Maerker, Sergio Sarmiento y Azucena Uresti, que pidiendo a los candidatos profundizar en sus propuestas o responder a las acusaciones, por primera vez no se resignaron al tradicional papel del semáforo que solo da o quita la palabra.

Siendo realistas también, el interés de este debate estaba puesto en presenciar un traspié electoralmente grave del puntero en las encuestas, López Obrador, o bien, un claro despegue de cualquiera de los dos candidatos, José Antonio Meade o Ricardo Anaya, con posibilidades reales de disputarle el triunfo. Nada de eso sucedió. Al menos por ahora.



Y es que López Obrador fue al debate presidencial decidido a no caer en ninguna provocación y rehuir toda discusión, volviendo una y otra vez a las cinco o seis frases de sus spots y a su discurso de siempre. No es exagerado decir que si el candidato de MORENA mejor hubiera decidido enviar un holograma, programado con las frases que ya conocemos desde 2006 y grabado con buen maquillaje, quizá habría tenido un mejor desempeño que el candidato huidizo, frágil, soberbio, descuidado en su aspecto y cansado (¿nuevamente enfermo?) que vimos. Pero logró lo que buscaba: reiterar su discurso, no cometer ningún exabrupto y así, no arriesgar su gran ventaja electoral.

El primer debate presidencial no permitió apreciar, aún, a un ganador inevitable de las elecciones

En consecuencia, a Ricardo Anaya y José Antonio Meade se les acaba el tiempo para despuntar. Y las oportunidades. Por eso sorprende que cuando habían logrado acorralar a López Obrador durante el debate, denunciando la corrupción de sus colaboradores y las propiedades que supuestamente esconde, hayan decidido retomar los ataques entre ellos (ciertamente tras una provocación preparada ex professo por Meade), con una saña personal que no habían utilizado antes, ante la divertida mirada de los otros contendientes. Así, pareciera que Meade no aprendió nada en estas aciagas semanas, en las que sus ataques a Anaya solo lo hundieron más en la contienda. No deja de ser paradójico que el candidato del PRI que durante todo el debate presumió de su gran “preparación”, en realidad parece que aprende poco o nada.

En tal sentido, si hubo un derrotado en el debate éste fue precisamente Meade: sin emoción como buen técnico, carente de personalidad y carisma como buen tecnócrata, gris como buen burócrata, repitiendo hasta la extenuación sus muchas virtudes (según él), con pocas propuestas concretas, con tan mala preparación que se quedó sin tiempo para responder a la acusación de Anaya de que le tocó una tajada de dinero en la corrupción del PRI y sus gobernadores. Si algún resultado habrá de este debate, será que Meade quizá descienda todavía algunos puntos más en las encuestas, puntos que me temo no irán a Anaya (como imaginan los creyentes de esa ficción del “voto útil” o del “júntense, agárrense de las manos”), sino a López Obrador: El verdadero voto útil del PRI (y de otros partidos coaligados alrededor de Meade o de Anaya, como Nueva Alianza o el PRD) es para MORENA y López Obrador. De continuar por ese derrotero en los algo menos de 70 días que restan para la elección, Meade no tendrá mucho futuro político. Así, la idea (antes mera burla interesada) de que el gobierno de Peña Nieto y el PRI pudieran cambiar de candidato, podría ir considerándose con creciente preocupación, o bien, obligarlos a llegar a algún tipo de pacto con Anaya en las siguientes semanas.



El primer debate presidencial no permitió apreciar, aún, a un ganador inevitable de las elecciones. Cuando más, permitió ver a un gran derrotado, Meade, y a otro, López Obrador, que se decía tigre y resultó mucho menos atemorizante, hasta vulnerable y vulnerado. No marcará por tanto un cambio sustancial de tendencias. Pero desde hace 50 años sabemos que los debates no influyen decisivamente en el voto de los ciudadanos, sino que su función, en lo posible, es dar información y claridad al elector, desalentando la ignorancia, la confusión y los enconos. Y me parece que por ahora, este debate cumplió, no en demasía, pero sí con lo indispensable.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra