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Por: Víctor H. Becerra*

Todo fue muy revelador: El pasado 12 de febrero, el presidente López Obrador invitó a cenar a los 100 empresarios más prósperos de México. No existe ningún registro de que alguno de los invitados, sabiendo el motivo de la cena, se haya negado a asistir. Ni tampoco de que alguno haya mostrado alguna inconformidad durante la misma.

La cena no fue para anunciarles una gran reforma estructural, o para convencerlos de invertir y, desde el gobierno, facilitarles su tarea. Tampoco para escuchar opiniones sobre la gravísima violencia que sufre el país, que ya arrojó 35 mil asesinatos dolosos tan sólo en 2019 (impunes la inmensa mayoría de ellos), o para solicitar su ayuda frente al negro panorama económico de 2020, que probablemente repita el crecimiento negativo del PIB en 2019 o muy cercano al 0 por ciento. Al respecto, ¿el país resistirá dos años consecutivos de crecimiento negativo del PIB por habitante y cuáles serán las consecuencias políticas y sociales?

No. Los reunió para obligarlos “voluntariamente” a comprar la mayor parte de los 6 millones de boletos de su nuevo proyecto: Rifar el avión presidencial, “sugiriéndoles” a cada uno  de los empresarios, “donar” montos de 1, 2.5, 5  y 10 millones de dólares. Con los fondos obtenidos, según él, se comprarían equipos y medicamentos, y paliar la grave crisis del sistema de salud pública, que el propio presidente provocó, al distraer los recursos médicos para dar, en su lugar, becas, ayudas y subsidios a su clientela electoral.

Más allá de la comedia bufa del avión presidencial, cabe destacar el nuevo y enorme poder del presidente mexicano: Las recientes reformas legales en materia fiscal, que penalizan, por ejemplo, errores en la emisión de facturas o en el pago de impuestos, con castigos tales como cárcel sin derecho a fianza, extinción de dominio, y el congelamiento y la confiscación de cuentas bancarias, junto con la falta de un debido proceso judicial, hacen muy atrevido y riesgoso que cualquier empresario pueda negarse a un pedido como el de López Obrador: arriesgaría su libertad, su patrimonio, la integridad de su familia y la viabilidad de sus empresas. ¿Alguien le diría que no a cualquier cosa que se le ocurra?

Con su pedido, el presidente López Obrador no sólo traicionó su promesa de separar política y negocios, haciendo posible volver al “capitalismo” de cuates, tradicional en México. Lo grave es lo que el vodevil revela implícitamente: Que López Obrador ha construido un orden legal en México a su medida, uno para amenazar, extorsionar, forzar, coaccionar, robar… En sólo un año y con la complicidad de su bancada mayoritaria en el Congreso, junto con la sospechosa pasividad de una diezmada oposición, ha hecho legal la extorsión, el asalto, el pillaje presidenciales.

No solamente los 100 empresarios más ricos del país: En realidad, casi ninguno de los 120 millones de mexicanos está a salvo del nuevo poder presidencial, excepto tal vez sus cómplices, incondicionales y aduladores, mientras le sean funcionales. Así, López Obrador ha hecho de México un país de esclavos, serviles ante él por precaución y miedo. Que ninguno de los empresarios haya hecho la mínima protesta por el trato dado, habla del orden de servidumbre e indignidad que López Obrador ha instituido.

Al margen: Por alguna razón, el asunto me recuerda esa reunión de Adolf Hitler, en febrero de 1933, con los 24 principales empresarios alemanes (los dueños de Opel, Telefunken, Krupp, Bayer, Siemens…) para pedirles dinero “en bien del país” y ellos cedieron, donándole ingentes cantidades de dinero, no logrando más que animar a Hitler a embarcarse en nuevas y peligrosas aventuras, como después la anexión de Austria. Y ya sabemos como terminó aquello.

El tema revela, por último, algo todavía quizá igual o más inquietante: López Obrador y sus funcionarios están actuando contra la ley rifando un avión que no les pertenece (pertenece aún legalmente a la aeronáutica Boeing), pagado con fondos del contribuyente mexicano, e iniciando dicha rifa con fondos ilegalmente sustraídos por la Fiscalía General de la República del instituto público de vivienda INFONAVIT, cuyos recursos pertenecen a empresarios y trabajadores. Están pues incurriendo en malversación de recursos públicos y en responsabilidades administrativas muy graves.

En un país mínimamente funcional, tales comportamientos ya habrían generado procesos legales o, al menos, habría la posibilidad de que la ley actuara en algún momento. En un país normal, López Obrador y sus colaboradores más cercanos debieran terminar presos. Pero con incondicionales obsequiosos al frente de la Fiscalía de la República y (al parecer) de la Suprema Corte de Justicia, tal contingencia es muy improbable. México es, pues, hoy, un país de esclavos, sin leyes justas e impunidad presidencial garantizada.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Ya quedó claro que López Obrador llegó al poder en parte por la complicidad y la manipulación provocada por el ex presidente Peña Nieto.

Hace unos días, el Tribunal Federal Electoral determinó que las acusaciones del gobierno Peña Nieto en contra del ex candidato del PAN, Ricardo Anaya, fueron destinadas a afectar su candidatura, cuando se encontraba en el segundo lugar de las encuestas, muy cerca (y en ascenso) del eventual ganador, Andrés Manuel López Obrador. Tras las acusaciones y por una incapaz defensa, Ricardo Anaya no volvió a crecer y se desplomó finalmente.

El dictamen del máximo tribunal electoral, en última instancia, evidencia y ratifica la existencia de un pacto político entre Peña Nieto y López Obrador: Peña Nieto debilitaría la candidatura de Anaya, usando facciosamente las instituciones del Estado, como golpeadoras a su servicio, a cambio de no ser perseguido por el gobierno de López Obrador. Uno y otro han cumplido su parte del acuerdo, con total y transparente impunidad. Siendo cosa juzgada la elección presidencial, lo único que queda es la presunción política inocua de dicho pacto.

A meses de aquellos acontecimientos, hoy México sufre las consecuencias indirectas del pacto de impunidad: la administración Peña Nieto no fue ni pulcra ni ordenada en el manejo financiero. Así, incrementó la deuda pública en casi 10 puntos porcentuales del PIB, adicionales al haber concretado una reforma fiscal expoliatoria, la cual le dio los recursos con los que otros gobiernos solo soñaron.

Adicionalmente, Peña Nieto endeudó a la empresa petrolera estatal, PEMEX, por más de 45 mil millones de dólares, colocando a la petrolera en virtual estado de bancarrota. Y todo este incremento de la deuda lo hizo en instrumentos denominados en dólares, que tuvieron su parte de responsabilidad en la brutal volatilidad y depreciación del peso resultantes en el sexenio pasado.

Todo esto configuró una herencia envenenada para el siguiente gobierno, el de López Obrador. El desorden en la deuda, la volatilidad cambiaria por la desconfianza hacia el gobierno entrante, la estrechez financiera por el pago de la deuda, configuraron un escenario financiero precario y hasta de emergencia, como ya vimos efectivamente se concretó en el caso de PEMEX y la baja en la calificación de su deuda. Lo escalofriante fue que aún sabiendo de la crítica situación económica, el nuevo gobierno comenzó a actuar en la dirección de empeorarla.

Proyectos descabellados como la Refinería de Dos Bocas, el Tren Maya o la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, junto con su masivo y clientelar programa de reparto de becas y subsidios, colocaron nueva presión a las finanzas públicas, aunada a muchas declaraciones irresponsables iniciales del nuevo gobierno y sus aliados.

Hoy el país padece las consecuencias de ese manejo irresponsable por parte de ambos gobiernos. Y aunque el problema no fue creado por la administración López Obrador, en estricto sentido, su comportamiento sí agravó el problema y lo hizo de pronóstico reservado. Por ello, todo apunta a que las finanzas públicas del país harán crisis en algún cercano futuro. La situación irá a peor.

La administración Peña Nieto jugó un papel muy importante para favorecer la llegada de López Obrador a la Presidencia de México. Hoy el gobierno de AMLO sufre el karma de la forma desaseada en que esto se operó y por desgracia, el país sufre y sufrirá las consecuencias.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Por fin, este sábado 1 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador tomó posesión como presidente constitucional de México, después de un largo interregno de cinco meses, en el que ciertamente ocupó un papel central. Muchos esperábamos que López Obrador, en la ceremonia de toma de posesión, diera un mensaje de concordia a la ciudadanía, respeto a las instituciones y calma a los mercados. No fue así. Su discurso de toma de posesión demostró, por si hiciera falta, que López Obrador es jefe de un partido y de una facción ideológica, no jefe del Estado.

En la ceremonia inaugural de su sexenio, López Obrador decidió culpar al «neoliberalismo» de todos los problemas del país, desde la pobreza y la inseguridad, hasta la epidemia de obesidad entre muchos mexicanos. Aunque sin aclarar que entiende por «neoliberalismo» (en un país que ocupa un mediocre lugar 82 del Índice de Libertad Económica del Fraser Institute) ni, peor aún, con qué lo piensa sustituir. Fue pues, un discurso sobre el pasado y sus miedos, no sobre el futuro y las energías y esperanzas para construirlo. Pareciera que López Obrador quiere ser visto como el destructor del «neoliberalismo», más que como el constructor de su mito político de la «Cuarta Transformación».

Fue un discurso que también le sirvió para recordar agravios y, en desquite, agraviar. En el día de su (seguramente) mayor alegría política, prefirió recordar los supuestos fraudes que sufrió (al margen: Después de ver los fraudes cometidos por sus seguidores en las dos “consultas populares” a que convocó estos días, ¿alguien creerá hoy con seriedad que le cometieron fraudes electorales en el pasado?) y provocar y agraviar a la diezmada oposición, como si se tratara de otro discurso, uno más, de campaña.

En tal sentido, fue un discurso oscuro y belicoso, de enojo y amenazas, como cuando señala, en un tono muy parecido a los dictadores bolivarianos: “aplicaremos rápido, muy rápido los cambios políticos y sociales, para que, si en el futuro nuestros adversarios nos vencen, les cueste mucho trabajo dar marcha atrás a lo que habremos de conseguir“. O cuando amenaza y veja a la oposición: “Haré cuanto pueda para obstaculizar las regresiones en las que conservadores y corruptos estarán empeñados”.

Fue también un discurso lleno de contradicciones: Por un lado promete no aumentar impuestos ni endeudamiento, respetar la autonomía del Banco central, los contratos y las inversiones, pero a la vez, las promesas de gasto público se desgranan, incontenibles, una tras otra: becas, ayudas, subsidios, obras, programas, creación de nuevas instituciones… Tal contradicción seguramente los mercados la apreciarán y, tras la cancelación arbitraria del aeropuerto de Texcoco, seguramente no les bastarán las promesas de contención. Así que para recuperar la confianza de los mercados, López Obrador necesitará más seriedad, de manera continuada y sin devaneos con la frivolidad, ni por parte de él ni por parte de su coalición gobernante. En el contexto actual del país, los mercados son el único contrapeso real existente frente al gobierno más poderoso en varias décadas.

Fue contradictorio en otros muchísimos temas: Acusó al «neoliberalismo» de la corrupción, por ejemplo, pero luego dijo que la corrupción es el real causante de todos los problemas, mas ofrece “borrón y cuenta nueva” a los corruptos, para enseguida decir que creará una ‘Comisión de la Verdad’ para investigar y que cambiará la ley para que la corrupción sea ahora ‘delito grave’… Un verdadero batiburrillo. Y así en otros muchos temas (haciéndolo por momentos tan ininteligible que los cadetes militares las espaldas del nuevo presidente le compitieron la atención).

Fue también un discurso de una apabullante pequeñez política: Citó a todos y a cada uno de los mandatarios asistentes a su toma de posesión, aún a riesgo de protestas y rechiflas, como efectivamente sucedió cuando nombró a Nicolás Maduro, pero solo habló de pasada de los antecesores de “su lucha”: Ni una mención a santones de la izquierda como Cuauhtémoc Cárdenas (su padre político, hoy distanciados), Heberto Castillo y acontecimientos (como el 68 estudiantil mexicano), que construyeron decisivamente a la izquierda mexicana, antes que él y más que él, y que le pavimentaron el camino a la Presidencia.

Fue un discurso que también confirmó los peores barruntos de bolivarianismo: De un extremado militarismo, un militarismo que se concretará en una ‘Guardia Nacional’, similar en su arquitectura a la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela, a la que Hugo Chávez convirtió en el sostén ideológico y represor de su gobierno. Anunció la entrega de una caja de víveres a los más pobres… similar a las cajas CLAP de la dictadura venezolana. Y después, se dio a conocer que está negociando con la dictadura cubana el ingreso al país de los médicos cubanos esclavos que saldrán de Brasil, cuya función real en aquel país es de adoctrinamiento y espionaje. Ninguna de estas novedades son tranquilizadoras y anuncian la posibilidad de un radicalismo ideológico de muy malas consecuencias. Las libertades de todos los mexicanos estarían en peligro.

López Obrador decidió iniciar su gobierno con el pie izquierdo: sin conciliar, agraviando, amenazando, polarizando aún más, rozando muchas veces la demagogia, inspirando poca confianza. En su toma de posesión, López Obrador se dejó ver cómo lo que realmente es: un intervencionista con el arma desenfundada y sin seguro, antes que un estadista.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ste es un mensaje para todos los simpatizantes de José Antonio Meade, de Margarita Zavala, del bronco y para quienes no encuentran satisfactorio a ningún candidato. Es hora de tomar una decisión.



Éste no es el escenario ideal de casi nadie, pero llegamos al último mes de las campañas y sólo hay dos opciones reales para ganar la presidencia la República: Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya Cortés. Todos los demás podrán ser finísimas personas, eficientes funcionarios e interesantes figuras televisivas, pero no van a ser presidentes.

En este momento tenemos básicamente dos sopas.

La de Ricardo Anaya es una sopa de continuidad, con algunos aderezos reformistas interesantes y otros preocupantes, pero que en términos generales apuesta por consolidar la modernización que se ha trabajado en los últimos 30 años, que le ha permitido a México no sólo dejar atrás las catastróficas crisis económicas que marcaron la vida de nuestro país hasta 1994 y construyeron contrapesos para contener la voracidad de la clase política, exhibir a los corruptos e incluso ocasionalmente encarcelarlos.

La otra sopa, la del peje tenebroso, es una sopa ya echada a perder. Es algo peor que la continuidad, es el retroceso. Andrés Manuel nos quiere regresar a los tiempos del viejo PRI, populachero, demagogo, autoritario e ineficiente. Nos vende la visión idílica de un pasado que no fue sueño, sino pesadilla para millones de mexicanos, especialmente de los sectores medios y de las clases populares.

Para decirlo claro, los únicos que engordan con la sopa de obrador son los viejos políticos y los viejos empresarios acostumbrados a usar el manto del nacionalismo como pretexto para evitar la competencia, hacer chanchullos y vendernos productos caros y de pésima calidad.

Hoy mucha gente dice que el gobierno actual es más corrupto que nunca, pero no es cierto. Lo que pasa es que, gracias a los mecanismos de fiscalización, al respeto a la libertad de prensa y a las reformas en materia de transparencia, ahora sí nos enteramos de las transas de los gobernantes. Antes robaban mucho más, pero nunca se Investigaba y ni siquiera se denunciaba en la prensa, porque el gobierno ejercía la censura a través de los matones de la DFS y del control monopólico de la industria del papel.

En el México del tenebroso peje a quien denunciaba la corrupción, o le provocaban una huelga para cerrarle el periódico, o le impedían conseguir papel para imprimir o de plano directamente lo mataban.

Hoy, por el contrario, la prensa puede denunciar todo lo que quiera sobre Peña Nieto y mantienen su vida, su prestigio, sus ganancias y sus medios de comunicación.

Es cierto que la actividad del narcotráfico y la torpeza del gobierno federal en la “lucha contra las drogas” ha provocado un incremento de la violencia, pero aun así el número de homicidios simplemente regresó que a la que existía en los noventas y ochentas. Es decir, en ese pasado idílico al que nos quiere regresar Obrador, México era tan violento o incluso más que ahora, la diferencia es que no se publicitaba tanto, y la supuesta “solución” de Andrés Manuel no es tal: su amnistía empeoraría las cosas y fortalecería a los criminales para consolidar su control del país.

No nos engañemos, en esta elección está en riesgo mucho más que un color o un personaje, está en riesgo todo lo que dolorosa, lenta e incompletamente hemos avanzado durante las últimas décadas. Es cierto que la obra está inconclusa y en algunas partes está mal hecha, pero la solución no es tirarlo todo, como pretende Obrador, sino seguir construyendo y corrigiendo errores.

Como decía Winston Churchill no podemos ser imparciales, por ejemplo, entre los bomberos y el incendio. El incendio es el tenebroso peje. El bombero, el único que puede detenerlo, es Ricardo Anaya.

Por eso hoy te pido tu voto útil, tu voto indispensable para tener al menos la esperanza de detener al tenebroso peje y de evitar que sus ocurrencias y su autoritarismo nos regresen a los tiempos del viejo presidente omnipotente, a los viejos rencores del discurso revolucionario y a los viejos fracasos autoritarios del viejo PRI, que ahora se llama Morena.

En pocas palabras: No te pido tu voto útil por Anaya, sino tu voto útil a pesar de Anaya.

Sé que no confías en Ricardo, y para ser sincero a veces yo tampoco.

A mí, como a ti, el mensaje del candidato del frente me parece poco sincero. Al igual que a ti, a mí no me acaban de cuadrar sus explicaciones sobre el presunto lavado de dinero, a mí como a ti, no se me olvida la forma en que impulsó e impuso sus ambiciones presidenciales.

No te digo que votes por Anaya porque es honesto, porque tiene las mejores propuestas o porque es buena persona. De su honestidad tengo dudas, sus propuestas se dividen entre horrendas y positivas, y sinceramente no se si sea una buena persona. Quizá no le confiaría a Anaya mi amistad o mi casa, pero te suplico que votes por él, y que lo apoyemos juntos en este mes de campaña.

¿Por qué?

Porque Ricardo tiene miles de defectos, pero Obrador los tiene peor. El tenebroso peje se dice honesto, pero durante años no declaró ingresos y su nivel de gastos es notoriamente superior a lo que dice que gana, así que además de corrupto es mentiroso. Las propuestas de Obrador son todas horrendas, se dividen entre las que son horrendas y fantasiosas y las que resultan horrendas y retrógradas.

Andrés Manuel quiere eliminar los contrapesos a la figura presidencial, quiere fiscal a su modo, quiere someter los grandes proyectos del país a su capricho, quiere revertir los avances jurídicos de los últimos 30 años, quiere regresarle el poder a las mafias petroleras, quiere justificar a los ladrones y utilizarlos como grupos políticos de choque. Él y su equipo lo han afirmado incluso de manera directa, quieren convertir a México en una nueva Venezuela, y serían peor, porque aquí ya ni siquiera tenemos las cantidades de petróleo que lograron mantener a flote al chavismo durante sus primeros años.

¿Y entonces?

Este 1 de julio debemos elegir entre los bomberos y el incendio.

Ricardo puede tener 10 mil defectos, podemos cuestionar la forma en que consiguió el agua, la manguera y el camión, podemos verlo con desconfianza, pero aun así Anaya es el bombero, y siempre será preferible pasar los siguientes seis años cuestionando a ese bombero, en lugar pasarlos bajo el permanente dolor de las llamas de la demagogia y del populismo del tenebroso peje.



En 1998, el economista Henrique Salas Römer se enfrentó en las elecciones presidenciales con Hugo Chávez, y Chávez ganó de calle. Hoy, 20 años después, millones de venezolanos que se abstuvieron de votar o que votaron con el hígado y no con la cabeza, darían todo lo que les queda a cambio de regresar a esa urna fatídica y darle su voto a Salas Römer, a pesar de todos sus defectos.

Este mes y este 1 de julio esa misma decisión nos toca a nosotros.

Anaya no es lo ideal, no es para celebrar, pero sí es para sobrevivir y tener otros 6 años en los cuales consolidar la transformación de este país, y aspirar a tener mejores opciones en 2024. Obrador, el tenebroso peje, es básicamente el retroceso, el fracaso, el incendio.

 *Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap]ndrés Manuel López Obrador, el candidato presidencial de la izquierda en México, presentó hace unos días su plan económico, bajo el millennialtítulo de Pejenomics. La intención, según el documento, es demostrar la viabilidad de sus propuestas económicas de llegar a la Presidencia. Por desgracia, dicho documento promete mucho y cumple muy poco o nada.



Así, Pejenomics no pasa de ser un listado de enunciados vacíos y frases bonitas, sin secuencia lógica, sin ninguna explicación de cómo lograr cada una de las seis propuestas generales que plantea, sin ningún tipo de estimados sobre sus costos, y peor aún: sin un diagnóstico sólido y creíble que las fundamente. Es un documento sin metas concretas, sin compromisos reales y, en contraste, con ruidosos silencios en temas muy importantes: pobreza, energéticos, telecomunicaciones, las TICs, tipo de cambio, autonomía del Banco de México, TLCAN, medidas concretas contra la corrupción…

Las 18 páginas de Pejenomics solo son un vistoso power point, con citas inexactas y amañadas, y con un sumario de nombres e instituciones prestigiosas, para dar la impresión de cierto sustento. Así, es un simple conjunto de ocurrencias contradictorias, dignas de un trabajo escolar de nivel pre universitario, como esas tareas genéricas que uno encuentra al por mayor en Internet para estudiantes flojos y vagos.

No deja de ser paradójico que López Obrador, quien en toda su vida adulta no ha generado un solo peso mediante su esfuerzo productivo, ahora busque dictar políticas públicas creíbles sobre la economía del país. En toda su vida adulta, López Obrador solo ha sido burócrata y político, nada más. Nada que indique que pueda hacer crecer un negocio, o que haya sido contratado alguna vez por su aptitud profesional o técnica, o que haya vivido mediante su esfuerzo productivo personal. Simplemente López Obrador ha vivido del favor, la complicidad y el engaño, como en el fondo lo hace casi cualquier burócrata o político. Incluso más: López Obrador no logró hacer que sus hijos fueran productivamente útiles y generaran riqueza por sí mismos, y tuvo que emplearlos para controlar y administrar el partido político que él mismo creó, pero ya quiere conducir la economía del país y enseñar a empresarios y trabajadores a lograr mejores resultados.

Pejenomics no logrará la cuarta transformación histórica del país, sino el señuelo para distraer de la transformación de México en país del cuarto mundo.

Podrá alegarse que López Obrador no necesita saber cómo mantener y hacer crecer un negocio real o contar con un alto perfil profesional y laboral, que para eso tendrá asesores en la materia, como los que elaboraron el documento. Pero los cuatro asesores que cita en el documento tienen un horizonte tan limitado como el del propio López Obrador: sólo han sido académicos y/o burócratas medianos. Nada que los haga ver con un conocimiento profundo y realista de cómo crear riqueza o de lo qué necesitan las empresas o los pobres del país. Su máxima notoriedad es su keynesianismo militante. Al respecto, no puedo evitar pensar en el economista argentino Javier Milei, quien acaba de estar en México, y recordar una incontrovertible frase que dictó en la UNAM: “La teoría de Keynes es de suma utilidad para políticos corruptos, mesiánicos y ladrones (…) donde hay un keynesiano, siempre habrá un político corrupto”.

En realidad, la plataforma económica de López Obrador parece dictada únicamente para atenuar los temores de los empresarios del país, tras de haberlos amenazado e insultado. Buscaría pues tranquilizarlos mediante promesas y frases rimbombantes. Y sobornándolos: prometiendo protecciones y subsidios a emprendedores y a las micros y pequeñas empresas, así como a campesinos, para convertirlos en su nueva clientela política. Un regreso no al México de los 70s, sino más atrás, mucho más atrás, al mercantilismo del siglo XVIII, denunciado por Adam Smith en La Riqueza de las Naciones.



Asalta la duda de si los redactores de Pejenomics no fueron conscientes de la falta de rigor y concreción del documento, o si advirtiéndolo, decidieron publicarlo y lanzarlo a pesar de todo, a fin de distraer de los temas que realmente preocupan en la agenda económica lopezobradorista: intervencionismo estatal, autarquía y proteccionismo, gasto público desmedido, déficit público, falta de seguridad jurídica a empresas e inversionistas, posibilidad irrestricta de expropiación de empresas, afiliación al socialismo de corte chavista… temo que la realidad sea esto último, de modo que Pejenomics sea no el instrumento de la cuarta transformación histórica del país (tras la Independencia, la Reforma y la Revolución), como presumen López Obrador y sus seguidores, sino el señuelo para distraer de la transformación de México en un país del cuarto mundo.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: José Juan Hernández Moncada*

[dropcap type=”default”]Q[/dropcap]uisiera comenzar con una frase del escritor hispano-estadounidense George Santayana “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo“.[1] Regresaré con la frase más adelante.

Muchos hemos escuchado una intensa campaña aunque intermitente, desde el año 2006, sobre que el actual y anteriormente candidato de lo que se ha denominado izquierda constituye un peligro para nación, siempre arguyendo que provocaría desequilibrios macroeconómicos derivado de sus propuestas nacionalistas y poco ortodoxas, sin embargo los analistas en su mayoría centrados en el tema económico, salvo algunas excepciones, han prestado poca atención a un hipotético escenario político sobre el proceder del señor López Obrador una vez envestido como presidente. En lo que a mí respecta creo que tanto el ámbito político como el económico en el proceder de un gobierno, están directamente ligados y proceden uno del otro; ¿Como podríamos crear un modelo predictivo del proceder económico de López? Únicamente a través de comprender su propuesta política.

Una historia…

Volviendo a la frase de inicio, permítanme contar una pequeña historia: Érase una vez una república que atravesaba ciertas dificultades económicas, principalmente derivadas de un entorno internacional adverso. El ánimo de la sociedad había caído por los suelos; desencantada con un sistema político dominado por una oligarquía repartida en partidos políticos que no habían ofrecido los resultados ni beneficios prometidos, ante el recrudecimiento de la crisis política y económica surgió un personaje; emanado de un estrato social modesto, sin grandes estudios ni conocimientos, pero logró una conexión con los sectores menos favorecidos de la sociedad.



Este hombre prometió una regeneración moral de la sociedad, apeló a los profundos valores del pueblo, el renacimiento del orgullo nacional, la autosuficiencia de la cadena productiva, el engrandecimiento de la nación, programas sociales de gran envergadura para la clase trabajadora. En su camino al poder logró forjar importantes alianzas en torno al peso y carisma de su persona con sectores que se considerarían incompatibles entre si; desde grupos empresariales, miembros de la vieja clase política, grupos de choque, lideres obreros y populares, este personaje se presentó a las elecciones donde logró un importante respaldo de sus electores, aunque no mayoritario, sí suficiente para llegar a gobernar.

¿Le suena familiar? Pues no se trata de México en el año del 2018, sino de Alemania en 1933, lo que sucedió después ya es historia por demás conocida…

Volviendo a nuestro país, independientemente del culto a la personalidad que él mismo y sus fieles profesan por la figura de López, dejando de lado las propuestas demagógicas como otorgar pensiones y becas universales a la “población económicamente inactiva”, el fin de la corrupción “por obra y gracia de su inmaculado ejemplo”, refinerías, cancelación de reformas y aeropuertos, y otra cantidad de disparates, que no son más que palabrería dirigida a conservar la fidelidad de su feligresía electoral; sin embargo  existen una serie de propuestas que forman parte de su programa que en lo particular me causan algo de escozor. Primera se trata de los referendos y consultas a mano alzada, propuestas de los cuales varios analistas ya se han ocupado, y que parecen extraídas del manual para el autoritarismo escrito por la historia.  Una de ellas, a la cual se le ha prestado escasa atención y que a mi parecer toca un tema bastante sensible, es la propuesta de la creación de una Guardia Nacional.

¿En qué consiste la propuesta de la Guardia Nacional? 

En enero del año en curso López presentó su programa de seguridad el cual aplicaría en caso de ser electo, en el cual además del disparate de la amnistía propuso la creación de un cuerpo armado denominado Guardia Nacional, el cual sustituiría al ejército y la marina en las tareas de preservación de la seguridad y la paz interior. Los miembros de este cuerpo armado provendrían del ejército, marina armada de México y policía federal. Hasta aquí parecería una simple propuesta de reingeniería institucional.

Sin embargo donde comienza a tornarse “sospechosista” la idea es cuando la analizamos en un contexto más amplio y ponemos sobre la mesa las declaraciones accesorias que el mismo López y sus lugartenientes han hecho al respecto.

En primer lugar ponemos los antecedentes autocráticos de López y el cómo se toman las decisiones en su partido Morena, donde él y solo él es la voz autorizada y portadora de la razón. Basta con ver los spots de cualquier candidato de ese partido: Sin importar el puesto al que aspire, aparecerá acompañado del líder moral, político y absoluto del partido; a esto le sumamos la intolerancia total con la que se conduce al calificar de traidor, vendido, corrupto o mafioso a cualquiera que se atreva a cuestionarlo o debatir alguna de sus ideas, intolerancia que ha sido transferida íntegramente a su feligresía, la cual utiliza como grupo de presión para intentar acallar por medio de la intimidación o el insulto a sus críticos.



Ahora, teniendo este escenario, Alfonso Durazo, uno de sus consejeros más cercanos en materia de seguridad y el mismo López afirman que la guardia sería controlada directa y absolutamente por el presidente. Adicionalmente los spots de Morena afirman que se integrara por soldados y marinos que respeten la ley. A diferencia de la Guardia Nacional estadounidense, que es una fuerza descentralizada, compuesta por civiles y al servicio principalmente de los gobiernos estatales; la guardia propuesta López sería un cuerpo militar o paramilitar, completamente piramidal y centralizado bajo el mando absoluto del presidente. A grandes rasgos eso es lo que sabemos hasta el momento de la Guardia Nacional de López.

Un dato.

Mucho se ha comparado a López y a su partido de promover un régimen similar venezolano, pero su vez quienes realizan tal afirmación, poco se han esforzado explicar los porqués de esta analogía. Las expropiaciones, los controles de precios, las políticas monetarias expansionistas e irresponsables, el derroche fiscal y otras medidas que han llevado a Venezuela a la absoluta ruina financiera, escasez, crisis e hiperinflación; no hubieran sido posibles si antes no hubiesen establecido rigurosos métodos de control político y social.

Uno de los ejes que han consolidado el poder de la mancuerna encabezada por Hugo Chávez y el PSUV, ahora encabezado por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, ha sido ni mas ni menos que la Guardia Nacional Bolivariana, elevada a rango constitucional para mantener “la paz y el orden interno de la nación” (tal y como propone López). En la  práctica la GNB se ha convertido en la policía política del régimen, además de las acusaciones que pesan sobre la GNB de tener vínculos con grupos guerrilleros afines al chavismo, ha sido utilizada por las autoridades como un instrumento de vigilancia y control de opositores, una fuerza eminentemente represiva, que en múltiples ocasiones ha servido para acallar con dureza a la oposición, donde se acusa directamente a la Guardia Nacional Bolivariana y al régimen de detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos de opositores.[2][3]

Para concluir dejo algunas interrogantes para reflexionar sobre este asunto de la Guardia Nacional que propone López:

  • ¿En verdad es necesario otro cuerpo armado?
  • ¿No sería más fácil profesionalizar y depurar los ya existentes?
  • ¿No será que lo que en verdad se busca es debilitar la influencia de la oficialidad militar ya existente?
  • ¿No se parece esta idea a la Guardia Nacional Bolivariana, la Guardia Revolucionaria Islámica, la Guardia Republicana Iraquí o las Shutzstaffel?
  • ¿Quién decidirá que soldado o marino es honesto y respetuoso de la ley?
  • ¿En verdad les parece una idea sensata crearle un cuerpo armado a modo y leal a un individuo tan autoritario, intolerante y temperamental como López?
  • ¿No era ya un asunto superado el de las policías políticas como la extinta DFS?
  • ¿No es peligroso jugar con fuego?
  • ¿Cómo le llamaremos: Guardia Nacional Juarista, Cardenista u Obradorista?

¿Alarmismo? No lo creo. Dice el dicho piensa mal y acertarás…

*José Juan Hernández Moncada es Historiador y amante de la Libertad. Síguelo en Twitter: @JoséJuanHdzm

[1] La Vida de la Razón, Volumen 1: La razón en el Sentido Común, 1905. (La frase también ha sido atribuida a Confucio, Herodoto e incluso Napoleón Bonaparte.)

[2] Reporte de Human Rights Watch. 25 mayo 2014.

[3]BBC Mundo, El Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU acusa a Venezuela de “uso excesivo de la fuerza” 8 agosto 2017

Por: Fausto Hernando Canto García*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap] menos de dos meses para las elecciones del primero de julio, siguen tibios muchos liderazgos; empresarios, activistas, intelectuales e incluso políticos, pues se resisten a afrontar de manera contundente el populismo que representa Andrés Manuel López Obrador.



¿Qué será que están esperando? ¿A qué le apuestan? ¿O al menos que saben, que nosotros (la ciudadanía que no necesitamos más propaganda sobre AMLO y Venezuela para no votar por él) no sabemos? ¡Pues el peligro desde aquí se ve MUY REAL!

¿Estarán esperando el segundo debate? A mucho nos quedó CLARÍSIMO desde el 23 de abril que Ricardo Anaya Cortés es la opción para vencer a López Obrador: su desempeño en el primer debate fue estupendo y las encuestas del post-debate así lo reflejaron.

¿Acaso le apuestan a no exhibir su repudio para que, en caso de que gane Andrés Manuel, vivan una transición menos tortuosa hacia el socialismo?

Nadie cosecha oportunistas como lo está haciendo AMLO, pero basta escuchar y leer a sus más cercanos asesores e intelectuales (como Paco Ignacio Taibo II)* para darse cuenta que, de llegar al poder, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) se va deshacer de aquellos sectores que, simple y sencillamente, no van con el socialismo (A.K.A. expropiaciones, censura, persecución política, etc.).

¿O será, pues, que tienen una bola mágica o los poderes de Dr. Strange para ver los 14 millones de desenlaces de esta elección y, según a como van las cosas, vamos por el camino correcto?

Nos guste o no, Ricardo Anaya es el que más ha acortado distancia contra López Obrador, pero pese al ascenso del primero, no se ha notado un estancamiento en el segundo. Ello significa que ni las estrategias de campaña, ni el debate, han conseguido darle a nuestra gente la verdadera esperanza de un cambio, por lo cual se resignan a otra “esperanza”, la obradorista, llena de contradicciones y falsedades.



Por ultimo, quienes hemos denunciado las barbaries del socialismo –electo o consumado por golpe de Estado- nunca nos hemos cambiado de bando: siempre le hemos apostado a los mismos PRINCIPIOS, pero no entendemos: ¿Qué están esperando? El peligro es real, no pierdan el tiempo en tratar de convencer a la gente de la relación AMLO-Venezuela; mejor lideren la opinión contra sus ideas autoritarias, unan la voz contra sus amenazas hacía empresarios y combatan los falsos dilemas a los que suele poner a la gente pues, según él, quien no vote por su partido, es cómplice de corrupción.**

Si no es mucho pedir, sumemos esfuerzos para defender la libertad individual y la propiedad privada. El primero de julio por Anaya y a partir del dos, por nosotros.

*Taibo recomienda a AMLO expropiar empresas que “lo chantajeen”: https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/04/28/paco-ignacio-taibo-ii-recomienda-a-amlo-expropiar-empresas-que-lo-quieran-chantajear_a_23422754/

**AMLO pretende poner en grueso dilema a la gente: peligroso: http://www.milenio.com/elecciones-mexico-2018/morena-amlo-elecciones-corrupcion-mexico-elecciones-campana_0_1166883615.html

*Fausto Hernando Canto García es Internacionalista, libertario y actualmente trabaja en la administración pública en su natal Othón P. Blanco, Quintana Roo.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]D[/dropcap]e todas partes llegan las advertencias: Hoy el factor más desequilibrante de la economía mexicana es Andrés Manuel López Obrador. Desde el habitualmente flemático Financial Times, hasta el propio Banco de México, pasando por el movimiento cada vez más nervioso de la paridad peso-dólar, todos advierten del peligro que corre la economía mexicana de llegar López Obrador al poder.



Ciertamente la incertidumbre política representada por López Obrador y sus anuncios de cambios sustanciales en el modelo económico, no es el único factor que incide en la economía mexicana, pero por ahora, en lo interno, es el factor determinante, al menos hasta que las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte no arrojen un resultado definitivo —para bien o para mal—, a lo cual parece que ya nos acercamos.

Los últimos movimientos telúricos en la economía mexicana tienen que ver con la andanada de descalificaciones que López Obrador ha iniciado contra los empresarios. Hace unos días, el candidato de izquierda injurió a varios empresarios, a quienes acusó de apoyar a Ricardo Anaya para vencerlo, e incluso de que comandan una “guerra sucia” en su contra. Ninguna prueba aportó de sus dichos, de una ligereza alarmante. Eso provocó un desplegado de rechazo por parte de una organización empresarial, con el apoyo tácito de otras organizaciones privadas, al que siguieron nuevas injurias por parte de López Obrador, en general contra todos los empresarios.

El discurso anti-empresarial de López Obrador es un regreso a lo peor del nacionalismo revolucionario del PRI, y también al de la izquierda más arcaica

Este episodio es solo el último choque entre el puntero de las encuestas y los emprendedores, tras las pasadas y recurrentes amenazas de López Obrador de echar atrás la reforma energética, y con ella los contratos de explotación petrolera ya otorgados a inversionistas, así como revocar la multimillonaria construcción del nuevo aeropuerto capitalino —ya en marcha—. Volvió así el López Obrador real, el del odio sin matices ni distingos, el del rencor vivo, eclipsando al López Obrador del “amor y paz”.

Una cosa queda clara de estos episodios: López Obrador no duda en abrazar y dar impunidad a políticos acusados de corrupción, si le juran obediencia, pero injuria a los creadores de empleos y de riqueza simplemente por cuestionarlo o por no apoyarlo electoralmente. López Obrador puede perdonar a delincuentes, como promete en su amnistía, pero descalifica y amenaza a quienes invierten  productivamente sus propios recursos. Para él, los “buenos” son los políticos y delincuentes que lo apoyan. Los “malos”, quienes honradamente arriesgan sus recursos y con sus impuestos mantienen al gobierno y a los políticos. Eso dice mucho del proyecto de López Obrador, de sus prioridades, de su visión del mundo y, también, del riesgo en que puede meter a la economía mexicana, a los empleos y los hogares de todos los mexicanos.

Acusar y acosar a los empresarios como forma de camuflar la irresponsabilidad, la ignorancia económica y la demagogia con la pobreza no es algo nuevo en México. En realidad el actual discurso de López Obrador reproduce, casi punto por punto, las demagógicas posturas de los ex presidente Luis Echeverría y José López Portillo contra los empresarios, en el contexto de una doble debacle de la economía mexicana, causada por sus gobiernos, en 1976 y 1982. Desde entonces proviene la alarma automática que se dispara en la mayoría de los mexicanos en cuanto se producen oscilaciones bruscas en el precio peso-dólar, aún cuando desde 1994 opera un esquema de libre flotación en la paridad.

El discurso anti-empresarial de López Obrador es un regreso a lo peor del nacionalismo revolucionario del PRI, y también al de la izquierda más arcaica: Una visión que juzga a la empresa privada como un obstáculo para el control autoritario de los políticos, no como un activo para la sociedad que hace funcionar a todo el sistema económico y también al sector público. Una que cree que las empresas son instrumento del enriquecimiento de unos cuantos a costa del bienestar de muchos y que por ello, se justifican la persecución y el intervencionismo estatal.

Aumento de tasas, escasez, inflación, desempleo, mayor pobreza… hacia allá va México, si Obrador gana la Presidencia

Pero la experiencia de México y de otros países, muestra que las peores crisis, las que más han empobrecido y agraviado a la población, las han provocado decisiones de políticos que no entienden o subestiman la importancia del mercado, la iniciativa privada y las libertades económicas, y se creen con el poder de limitarlos, manipularlos y jugar con ellos en beneficio propio. Pelear con los empresarios significa expatriar confianza, dólares, empleos: Precisamente lo que pasó en 1976 y 1982, causando la llamada “Década Pérdida” de los 80s, con nulo crecimiento, una hiperinflación acumulada del 3710.10 % en los años siguientes, devaluaciones sin límites y un empobrecimiento generalizado.

El discurso anti-empresarial de López Obrador omite que cuantos más empresarios tengan confianza y decidan invertir, más crecerán empleos, salarios, empresas, sectores económicos no manipulados por el gobierno, sindicatos o políticos. En suma, habrá mayor bienestar y más oportunidades. Sus injurias, amenazas y propuestas de gobierno ciertamente no contribuyen a crear ese ambiente de confianza y certidumbre para las inversiones. En tal sentido, la lucha de López Obrador contra los empresarios es, en realidad, una lucha contra la racionalidad económica, las libertades y la creación de nuevas oportunidades, y por ello, contra los pobres por los que dice velar. Sin empresas no hay empleos.



La experiencia histórica muestra que sin empresas ni empresarios, no hay riqueza ni oportunidades, ya que el Estado no produce nada, solo consume y gasta lo que producen empresas e individuos. Misma experiencia que ha dejado constancia de que cuando gobiernos y políticos se entrometen en el funcionamiento de los mercados, lo que ocurre es un aumento incesante de la incertidumbre y de sus fenómenos resultantes: falta de inversiones, aumento de tasas, escasez, inflación, carestía, desempleo, mayor pobreza… y hacia allá va México, si López Obrador gana la Presidencia, según nos advierte su comportamiento actual.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

¿Los memes salvarán a la patria?

Entrevistamos a Jorge Garcés, estratega digital con más de 1 millón de seguidores en  sus páginas (No al Fanatismo de Izquierda, Las aventuras de Carlos Salinas de Gortari, Femichairos) y nos habla sobre las elecciones, las redes sociales, Meade y los desafíos del libertarismo en México.