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Por: Víctor H. Becerra*

La gestión de la crisis por la pandemia de covid-19 en México ha exhibido al gobierno de López Obrador como un gobierno incapaz, plagado de corrupción o al menos descuidado en la compra de insumos y materiales, negligente en su reacción: Baste observar que la mayor nueva obra de la principal agencia sanitaria estatal, el IMSS, para atender la pandemia en la Ciudad de México,  la más grande concentración de infectados en el país, apenas lleva una semana de construcción (a pesar de que la declaración por parte de la OMS de “emergencia de salud pública global” por el coronavirus proviene desde enero), con solo un 15% de avance y se espera concluirlo hasta fines de mayo (si bien les va), no obstante que se preve que el pico de infectados alcance su mayor altura este 6 de mayo, y de que el presidente López Obrador habla, triunfalmente, de que su gobierno ya ‘aplastó’ la curvada contagios y “domó” a la pandemia.

A ello hay que agregar la negativa de su gobierno de dar apoyo fiscal a las empresas, empujando a miles de ellas a la quiebra, el clientelismo oficial en el reparto de apoyos económicos para enfrentar la cuarentena, la caída de sectores enteros en la insolvencia, como las compañías aéreas, frente a la inacción gubernamental, por no hablar de que México es el último lugar de los países de la OCDE en pruebas de covid-19 por cada mil personas: El país libra su más dura batalla con los ojos vendados y las manos esposadas. 

Así, la pandemia ha exhibido la incapacidad del gobierno mexicano, aún cuando lo más grave todavía está por llegar.

Pero hay un fenómeno sobre el que conviene detenerse un poco: Mientras el gobierno de López Obrador da un paso atrás, los grupos del crimen organizado ocupan su lugar. Así, desde hace un mes aparecen cada vez con mayor insistencia, en redes sociales y medios de comunicación, fotografías y videos de grupos de narcotraficantes entregando dinero, comida y despensas a población vulnerable, en medio de la cuarentena obligada por el propio gobierno, que ha causado hambre y pobreza. El mensaje de esos grupos parece ser: Si el Estado te abandona, nosotros sí te respaldamos.

Se ha documentado la entrega en varios estados del país, principalmente en Tamaulipas, Chihuahua, Jalisco, Michoacán, San Luis Potosí, Colima, Guanajuato, Veracruz y Guerrero. Los mismos grupos criminales exhiben las imágenes en redes sociales, exhibiendo las narcodespensas con pegatinas con los nombres de los carteles criminales, o imágenes de El Chapo Guzmán, los jefes criminales de la zona y hasta de Osama Bin Laden. Mas la tarea de estos grupos no se limita sólo a la entrega de narcodespensas: También actúan pidiendo que la gente no salga de casa y obligando al cumplimiento de la cuarentena, amenazando con su poder de fuego. Cuarentena o plomo.

Parecería que la publicidad de estos apoyos, aparentemente caritativos, cumple varios objetivos: Primero, advertir a otros grupos criminales que ellos son los dueños de la plaza. También, evitar que su base de apoyo los abandone, ahora que la producción, el trasiego y el comercio de drogas se encuentran supuestamente paralizados, como toda la economía del país. Y finalmente, lograr un apoyo en las comunidades para construirse un “escudo social” que proteja sus actividades, les advierta de peligros y sirva como base para el reclutamiento de nuevos integrantes.

Esto se da un contexto de creciente violencia en el país, por parte de los mismos grupos criminales: En abril pasado, por ejemplo, se dieron 2,492 homicidios dolosos en el país, es decir, un promedio de 83 homicidios por día, más de un homicidio cada 20 minutos, uno de los registros más altos, no sólo del gobierno de López Obrador, sino en la historia del país. Hoy, más gente llora en México por la violencia y la inseguridad pública que por la crisis de coronavirus.

Así, mientras mucha de la fuerza pública está ocupada en la vigilancia de hospitales y buscando que la población acate la cuarentena y el distanciamiento social, los carteles de la droga y del robo de combustibles aprovechan ese repliegue para seguir disputándose territorios e incrementando sus operaciones.

México vive bajo el acoso de dos pandemias: La del coronavirus y la de los grupos del crimen organizado. Frente a ambas, el gobierno de López Obrador ni tiene respuestas, ni estrategias, ni preparación, ni resultados. Y ambas durarán aún bastante tiempo más, desangrando al país.

El Estado mexicano se revela frente a ellas como una torpe ficción, una mala broma, muy cara. El rey está desnudo.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Por Guillermo Rodríguez González

Hay tres hechos que los liberales necesitamos comprender y difundir ante los estados de excepción que lógicamente asumen –principalmente porque en demasiados casos han sido tanto tardíos como  mal orientados– los Estados en la  pandemia que sufre hoy el mundo.

La primera y principal es que todo poder gobernante –desde mucho antes del Estado moderno que emerge recientemente en la historia con la paz Westfaliana en 1648, y no ha dejado de extenderse fuera de sus límites naturales– únicamente puede enfrentar amenazas extraordinarias y temporales a la paz y seguridad públicas, mediante estados de excepción que restringen parcial y temporalmente ciertas libertades civiles. La guerra, la conmoción civil y las epidemias son los ejemplos más obvios de tan desagradable necesidad.

Pero es un hecho que un Estado limitado, ideal del liberalismo clásico, está tan o más capacitado que cualquier fórmula de gobierno excedida y sobre-exigida desde antes de la emergencia,  de una parte el concentrarse en sus funciones propias, seguridad, defensa y orden público, su capacidad de respuesta es más rápida por sus concentrados recursos y capacidades. De otra parte, porque las sociedades con Estados limitados, son democracias republicanas y economías de mercado, lo que significa un estado de Derecho que garantiza la libertad de prensa, de opinión y en general de información, indispensable en una emergencia sanitaria. Y por que en tales sociedades se crea y ahorra más riqueza –más ampliamente distribuida que en cualquiera otra– y se fomenta la responsabilidad individual, factores indispensable para la rápida respuesta individual responsable y la solidaridad racional.

Los estados de excepción para ser efectivos deben limitarse, única y exclusivamente, a restringir parcialmente las pocas libertades que el tipo de emergencia exija. Si se restringe la información se amplían los rumores y se genera más desconfianza de la información oficial. Si se controlan los precios se generan más escasez y mercados negros.  Entendemos los liberales, que aunque en una guerra puede ser necesario limitar la libertad de información, una epidemia no es una guerra y no sólo no lo requiere, sino que su efectividad exige mantenerla, con todo lo que ello implica.

Seamos claros, el mundo está sufriendo una pandemia porque un Estado totalitario censuró temprana y automáticamente la información sobre el surgimiento de la amenaza. Los médicos que informaron del peligro y pidieron detener la epidemia en su origen, no fueron escuchados, todo lo  contrario, fueron censurados, vilipendiados e incluso encarcelados. La muerte del héroe y símbolo de esta tragedia, el Dr. Li Wenliang, fue una trágica y aleccionadora historia de responsabilidad y heroísmo individual ante la irresponsable arrogancia de un Estado totalitario. Hoy el mundo entero la conoce tal y como fue, excepto por los que se niegan a conocerla. Y los que intentan tergiversarla. Tontos útiles del poder totalitario.

El tercer hecho es que, de una parte, las sociedades con Estados sobredimensionados y sobre exigidos desde antes de la emergencia, además de estar materialmente peor preparadas para enfrentar una emergencia, tienen poblaciones moralmente peor preparadas. Quienes fueron adoctrinados por generaciones en la dependencia del Estado y la renuncia a la responsabilidad individual, los que por generaciones aprendieron que el Estado sería la única fuente de su ilusoria seguridad antes las adversidades, olvidaron que hay adversidades inevitables. Son los hasta ayer exigían su “derecho” a una infancia eterna mediante un Estado que los protegiera de todas las adversidades de la vida, e incluso de la posibilidad misma de sentir angustia. Adoctrinados además en falsamente apocalípticos peligros inexistentes o sobredimensionados, que hoy están chocando con un peligro real sin  preparación material y moral para enfrentarlo. Y en lugar de exigir que sus gobernantes hagan lo que deben hacer, exigen que hagan lo que no deben hacer, tal y como hacen ellos por su lado.

La censura oficial, a la que están tentados siempre los gobernantes, implica desinformación, más y peor desinformación que cualquier información errónea e incluso malintencionada. El grueso de la crítica, especialmente la de los expertos, ha sido la adecuada y necesaria en todo el mundo. La irresponsabilidad de los gobernantes ha sido notoria en demasiados lugares, justo ahí donde hoy piden, en nombre de la emergencia que no se les recuerde. Y que no se les exijan responsabilidades. La responsabilidad individual ha sido más rápida y efectiva en donde las personas están acostumbradas a ser libres y responsables. Y las sociedades con más ahorros, más capital –las más acostumbradas a exigir claras responsabilidades de sus gobernantes en aquello que es función del gobierno, y a asumir las de la sociedad civil en lo que le corresponde– es decir, las sociedades más libres, son las que mejor han respondido a la crisis. Y las que mejor podrán responder a los terribles efectos de la pandemia en la economía.

Tres hechos que nos dicen mucho hoy y nos dirán más en los difíciles tiempos que vienen. Debemos entender que –fuera de malas interpretaciones más o menos desinformadas– toda forma de gobierno posible o imaginable en un sistema de libertad, responsabilidad y Derecho común, incluso el sueño radical del anarco capitalismo –que no sería la ausencia de gobierno sino la extinción del gobierno del Estado moderno y su sustitución por arreglos voluntarios, descentralizados y competitivos de las funciones de gobierno– sería capaz de aplicar estados de excepción razonablemente adecuados, y limitados a lo realmente necesario, para cada tipo de excepcional emergencia, en sociedades que por ser libres y responsables estarían mucho mejor preparadas para enfrentarlas.

Nada nos garantiza que la vida no esté llena de peligros, incluso extraordinarios y terribles, el progreso material y moral no está dado ni es indetenible, depende de las condiciones institucionales y morales de las que surgió y sin las que desaparecería. Y son esas condiciones, esos usos y costumbres, esas instituciones, ese conocimiento, esa responsabilidad y libertad, la que mejor nos prepara para enfrentar los mayores y peores desafíos a todos y cada uno. Y para enfrentar la propaganda y desinformación ideológica que peligrosamente se empeña hoy en aprovechar la ignorancia y el temor para convencer a los ingenuos de lo contrario. Es de vida o muerte.

Por: Víctor H. Becerra*

Apenas pueden exagerarse las graves consecuencias que tendrá la pandemia de COVID-19 para la economía mexicana: Algunos reportes ya hablan de una caída en el PIB anual del -7 por cierto (tras el nulo crecimiento del 2019) y del -35% en el correspondiente al segundo trimestre del año (y sin el socorro del petróleo en las finanzas públicas, que ya anda en casi los 10 dólares por barril, costando más producirlo que venderlo); se preve la pérdida de miles de empleos en áreas como turismo y servicios: sólo en turismo se habla de medio millón de empleos que se perderán en el país; las consecuencias sobre las microempresas (4.1 millones de establecimientos) y pymes (112 mil) serán devastadoras: En unos días más de inactividad productiva, no podrán pagar la nómina de más de 30 millones de mexicanos a los que dan empleo, ni impuestos, ni créditos pendientes; en el país ya empiezan a darse saqueos en establecimientos comerciales, que podrían generalizarse en poco tiempo; y pronto veremos nuevos conflictos con EEUU, por la indetenible y urgida migración desde México y Centroamérica. Y el problema apenas inicia: Hasta el sábado pasado, el gobierno mexicano hizo un llamado a permanecer en casa por al menos 30 días.

Y mientras el país se derrumba, el gobierno está ausente y el presidente López Obrador paseando y haciendo lo que mejor sabe hacer: Asustando a la inversión productiva, destruyendo riqueza y sembrando más desconfianza y polarización. 

En el recuento final de la gestión mundial para detener al COVID, seguramente los esfuerzos del gobierno mexicano serán un ejemplo, un ejemplo de lo que no debe hacerse: Sin la realización oportuna de pruebas, ni una estrategia temprana de detección desde los aeropuertos; sin la compra oportuna de equipos y materiales; subvalorando el problema, con un presidente diciendo y haciendo una cosa y la Secretaría de Salud diciendo otras; con un presidente, perdido, anunciando que el 19 de abril terminaría la emergencia, frente al coordinador de los esfuerzos oficiales que lo lisonjea y le da por su lado; enfrentando la emergencia con un sistema de salud devastado, desabastecido y en ruinas, por malas decisiones recientes; sin protocolos de qué hacer con los enfermos en las instituciones de salud y ni siquiera contar con áreas confinadas; obstaculizando a los gobiernos locales que decidieron actuar a tiempo; con la sospecha creíble de que se ocultó la real incidencia y el número de muertes… todo lo que no debía salir mal frente a la emergencia del COVID-19, el gobierno mexicano se empeñó en hacerlo mal y a destiempo.

Y peor: La emergencia sanitaria se veía venir desde enero y el gobierno mexicano decidió no hacer nada, por irresponsabilidad o por simple falta de recursos, tras el despilfarro de los mismos en los proyectos faraónicos del presidente. Lo que ha ocurrido debería ser un escándalo internacional.

Vendrá la segunda emergencia, la económica, la más dura y que tendrá una incidencia mayor que la sanitaria, y para la que el gobierno tampoco está preparado: Sus únicas decisiones reales han sido pedirle a las empresas y las personas que sigan pagando impuestos, “por solidaridad”, sin importar la caída en la actividad, y amenazar a las empresas que decidan bajar sueldos y/o dejar de emplear a sus trabajadores. Por parte del gobierno de López Obrador, ni un solo sacrificio: La única solidaridad que entiende es para consigo mismo, nunca con los demás. Así, se ratifica una vez más que no importa cuánto hablen los políticos de solidaridad: jamás la tienen para con los contribuyentes ni los productores (Thomas Sowell dixit). 

México va camino a la peor crisis de su historia, con destrucción de la planta productiva, desempleo masivo y una catástrofe sanitaria nunca antes vista. Mientras el gobierno mexicano está desorientado y sin liderazgo, y en Palacio Nacional, López Obrador sigue comiendo pasteles.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

AMLO ignora la crisis del Covid-19 y sus efectos económicos por que sabe que implican el fin de su proyecto político. Incapaz de aceptar sus errores para manejar la crisis que sabía que venía, él, cobarde y soberbio, prefiere morir y ver morir a su pueblo que aceptar que se equivocó. Ahora por eso se hace el loco y ha empezado a luchar contra molinos de viento, solo. Sueña con inmolarse en la enfermedad y morir en la pose correcta para ocupar el cuadro central de la monografía de la pape. Su “fuerza moral” se ha convertido en fuerza de contagio.

Antier, tímidamente y en un soporífero video de YouTube, finalmente cedió algo, pero cedió sin ceder, cumplió lo que seguramente le exigieron los que pueden exigirle y dio un mensaje cuerdo. Pero solo lo dijo para quienes quisieron escucharlo, no lo hizo para quienes debían escucharlo. Dispone de casi dos horas diarias de “cadena nacional” que desperdicia en verdades a medias, cortinas de humo y payasadas, pero no tuvo ni un minuto para dar el mensaje más importante que él tenía que darle a México: También me quedo en casa.

Llegó el momento en que el sobajado subsecretario de Salud, al lado del siempre ausente que tiene el nombramiento de Secretario, quién sabe bajo qué presión, tuvo que pedir enérgicamente, con vehemencia, lo que ya todos sabíamos que debíamos hacer: ¡Quédate en casa! Repitió tres veces a México, en un mensaje sin Presidente, sin líder, sin el otrora redentor, sin ocurrencias, sin estampitas, sin burlas y sin locuras. Andrés Manuel se fue a esconder a una gira.

Es tarde para que el gobierno se comporte a la altura. El dique de mentiras montado por el Presidente no resistió. La realidad es demasiado grande, demasiado contundente y viene lo que viene. El daño está hecho y el Gobierno de López Obrador está desahuciado, lo sabe todo el mundo, literalmente. La crisis le sepulta, pero se ha matado solo, con cada decisión que ha tomado creyéndose invencible e inmune a las consecuencias de sus errores, de la ineptitud, la chabacanería y el cinismo. Él y nadie más es el asesino de “La Esperanza de México”.

Habrá que hacer lo posible por salvar a México. Es lo que nos queda. Esperemos no caer en peores manos. Las consecuencias de las malas decisiones suelen ser largas y muy caras. Quién mandará ahora ¿Ebrard? ¿El ejército? ¿Nadie?

Entre tanto resistamos. El México nuevo será de supervivientes a la enfermedad, a la crisis económica, social y política, a la pobreza, a la locura y a la ignorancia. A las consecuencias de votar con el hígado, vamos.

Aprendamos.

Por ahora #QuédateEnCasa

*Héctor Uriel Rodríguez Sánchez. Apasionado de la Política, Speaker y Consultor de Negocios. En Twitter: @hectoruriel y en Facebook: /hectoruriel.r

Por: Víctor H. Becerra*

Ya la pregunta no es si el coronavirus llegará a América Latina, sino que tan graves serán sus consecuencias sanitarias y económicas. Van aquí algunos apuntes al respecto.

A finales de diciembre, las autoridades chinas informaron de la existencia de un nuevo coronavirus (el llamado COVID-19) en la ciudad de Wuhan. Enseguida, en enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dictó una emergencia sanitaria global (negándose a llamarle “pandemia” hasta ahora) y los mercados financieros se vieron sacudidos por el temor a que la epidemia cobre un importante coste económico. Hace unos días, a fines de febrero, se detectaron los primeros casos en Brasil, México y Ecuador, en ese orden, junto con su propagación a zonas como Africa, o los primeros casos en países como Dinamarca o los Países Bajos, dando fe de la agresividad y la rapidez con la que se propaga el virus.

El impacto humano ha sido alto hasta hoy, con más de 2.800 muertes confirmadas, la mayoría en la provincia de Hubei en China. Estas cifras superan con mucho las del brote del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) que mató a cerca de 800 personas en 2002-2003.

En lo que respecta al impacto económico, éste se sentirá de manera más inmediata en los sectores vinculados al turismo, los viajes, el entretenimiento off-line y las ventas minoristas, tanto dentro como fuera de China, provocando una oleada de profit warnings (revisiones a la baja en las estimaciones de beneficios) de muchísimas empresas. También puede haber problemas logísticos para el sector manufacturero a corto plazo y una alta volatilidad en el precio de las materias primas y los mercados financieros, anunciando que la actividad económica se enfriará significativamente, al menos hasta que la epidemia no llegue a su punto máximo; en China parece que ya llegó a tal punto, según informes médicos, y habrá que esperar que eso suceda en otras regiones, lo que podría no ser rápido, ampliando en el tiempo el impacto económico de la epidemia. Sin embargo, a medida que el virus se vaya controlando habrá margen para un repunte en la economía.

Por ahora, la peor parte, económicamente hablando, se la llevan China y la Unión Europa. Ya se estima una fuerte caída del crecimiento en China por el coronavirus (Beijing no ha ofrecido todavía un objetivo de PIB para 2020 y suele lanzar su estimación para el conjunto del año en el mes de marzo, pero antes de la epidemia preveía un 6%, igual que el año pasado y su peor desempeño en casi tres décadas; hoy, en cambio, algunas previsiones hablan de un crecimiento de solo 3% para este año) y una ralentización del crecimiento en Alemania, Francia o España, o una franca recesión en Italia. Así, el crecimiento de la zona euro puede caer casi a la mitad este año (del 1% previsto al 0,6%).

Una actividad económica más débil en Europa y sobre todo en China, tendrá un impacto proporcionalmente mayor en el bajo crecimiento mundial actual. En términos globales, se estima que el coronavirus causará un descenso mundial del crecimiento: En lugar de un crecimiento mundial del 2,9% previsto en noviembre, en un informe difundido por la OCDE ya se estima que el mundo crecerá sólo 2,4%. Y podría disminuir tal previsión, dependiendo de la duración de la epidemia. El impacto en EEUU hasta ahora ha sido mínimo, pero podría agravarse en las próximas semanas, afectando aún más gravemente la dinámica comercial y productora globales.

¿Hasta qué punto debemos preocuparnos en América Latina por el impacto del virus? Mucho, con sistemas públicos de salud desvencijados, saqueados y mal preparados, con Estados corruptos e ineficientes que se atribuyen el monopolio de la salud pública, y con economías muy dependientes de la venta de materias primas. Una mayor expansión del COVID-19 en América Latina seguramente tendrá un fuerte impacto en términos de vidas humanas (especialmente de los más ancianos y enfermos crónicos, como se sabe), cierre y paro de comercios e industrias, ausentismo laboral, baja en el precio de las principales exportaciones y fuerte reducción de ellas, problemas en las cadenas de suministro y, en general, ralentización del ya de por sí bajo crecimiento de toda la región.

En algunos países como México, con sus actuales problemas de falta de cobertura médica y desabasto de medicamentos, así como el persistente estancamiento de la economía, las consecuencias podrían ser profundas y quizá hasta catastróficas, no subsanables en el corto plazo. Incluso, si en la región llegará a extenderse el coronavirus en las mismas magnitudes de contagio que en China (esto es lejano pero no improbable), las economías latinoamericanas podrían paralizarse durante un buen rato, cayendo en una profunda y prolongada recesión, sin considerar las consecuencias globales, para enfrentar las cuales las economías latinoamericanas se hayan poco preparadas.

Al respecto, una buena manera de ayudar a dar tranquilidad a los mercados, sería que nuestros gobiernos expusieran planes viables, técnicamente sólidos, sobre cómo enfrentarán esta emergencia sanitaria. De lo contrario, el efecto de desconfianza y miedo será doblemente lesivo para las economías latinoamericanas. Y sin olvidar lo obvio: La mayoría de los gobiernos latinoamericanos tienen pendientes mucho más graves que la epidemia de coronavirus (a pesar de su gravedad). Por ejemplo: Es más o menos tres veces más probable que mueras asesinado en México, por la violencia del crimen, que por dicho virus. Así, hay 2,923 muertes provocadas por el virus a nivel mundial, en los tres meses de emergencia, mientras que en México simplemente hay 2,892 homicidios en un solo mes. De esa magnitud es la incompetencia del gobierno mexicano para atender sus funciones básicas y, en general, de prácticamente todos los gobiernos de la región.

Un par de observaciones finales: La actual epidemia global puede traer implicaciones geopolíticas importantes para EEUU y China. Así, casi nadie apuesta porque China, tras el impacto actual del coronavirus, pueda cumplir con la ‘Fase uno’ del acuerdo comercial que recién firmó con EE.UU., lo que intensificaría más aún la tendencia hacia la desvinculación entre EE.UU. y China, en una perspectiva benigna, o el recrudecimiento de la “guerra comercial” entre ambos países, en una perspectiva negativa.

La epidemia ha afectado poco a EE.UU., hasta ahora. Pero si el coronavirus comienza a tener un impacto real en EEUU (esto nada más y nada menos que en pleno año electoral) será muy probable que veamos al presidente Trump y a los políticos norteamericanos de todo el espectro, con una postura mucho más exigente y agresiva frente al gobierno chino. Así, la crisis del coronavirus tiene el potencial de empeorar dramáticamente la relación ya de por sí deteriorada entre Washington y Beijing.

Dicho esto, no queda más que recomendar lo básico para enfrentar la actual epidemia de COVID-19 en nuestros países: No esparza rumores ni fake news; ayude a no incrementar el natural nerviosismo; aléjese en lo posible de multitudes y lugares muy concurridos; lávese constantemente las manos y no las frote sobre la cara; use alcohol en gel; limpie las superficies y procure no tocar directamente picaportes y agarraderas; tápese nariz y boca al estornudar, y finalmente, no le crea mucho a su gobierno: Éste siempre tendrá la tentación de subestimar la situación para que no le exijan o para favorecer a algún sector económico, o por el contrario, exagerarla para distraer de los verdaderos problemas que no resuelve.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.