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Por: Víctor H. Becerra*

Ya quedó claro que López Obrador llegó al poder en parte por la complicidad y la manipulación provocada por el ex presidente Peña Nieto.

Hace unos días, el Tribunal Federal Electoral determinó que las acusaciones del gobierno Peña Nieto en contra del ex candidato del PAN, Ricardo Anaya, fueron destinadas a afectar su candidatura, cuando se encontraba en el segundo lugar de las encuestas, muy cerca (y en ascenso) del eventual ganador, Andrés Manuel López Obrador. Tras las acusaciones y por una incapaz defensa, Ricardo Anaya no volvió a crecer y se desplomó finalmente.

El dictamen del máximo tribunal electoral, en última instancia, evidencia y ratifica la existencia de un pacto político entre Peña Nieto y López Obrador: Peña Nieto debilitaría la candidatura de Anaya, usando facciosamente las instituciones del Estado, como golpeadoras a su servicio, a cambio de no ser perseguido por el gobierno de López Obrador. Uno y otro han cumplido su parte del acuerdo, con total y transparente impunidad. Siendo cosa juzgada la elección presidencial, lo único que queda es la presunción política inocua de dicho pacto.

A meses de aquellos acontecimientos, hoy México sufre las consecuencias indirectas del pacto de impunidad: la administración Peña Nieto no fue ni pulcra ni ordenada en el manejo financiero. Así, incrementó la deuda pública en casi 10 puntos porcentuales del PIB, adicionales al haber concretado una reforma fiscal expoliatoria, la cual le dio los recursos con los que otros gobiernos solo soñaron.

Adicionalmente, Peña Nieto endeudó a la empresa petrolera estatal, PEMEX, por más de 45 mil millones de dólares, colocando a la petrolera en virtual estado de bancarrota. Y todo este incremento de la deuda lo hizo en instrumentos denominados en dólares, que tuvieron su parte de responsabilidad en la brutal volatilidad y depreciación del peso resultantes en el sexenio pasado.

Todo esto configuró una herencia envenenada para el siguiente gobierno, el de López Obrador. El desorden en la deuda, la volatilidad cambiaria por la desconfianza hacia el gobierno entrante, la estrechez financiera por el pago de la deuda, configuraron un escenario financiero precario y hasta de emergencia, como ya vimos efectivamente se concretó en el caso de PEMEX y la baja en la calificación de su deuda. Lo escalofriante fue que aún sabiendo de la crítica situación económica, el nuevo gobierno comenzó a actuar en la dirección de empeorarla.

Proyectos descabellados como la Refinería de Dos Bocas, el Tren Maya o la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, junto con su masivo y clientelar programa de reparto de becas y subsidios, colocaron nueva presión a las finanzas públicas, aunada a muchas declaraciones irresponsables iniciales del nuevo gobierno y sus aliados.

Hoy el país padece las consecuencias de ese manejo irresponsable por parte de ambos gobiernos. Y aunque el problema no fue creado por la administración López Obrador, en estricto sentido, su comportamiento sí agravó el problema y lo hizo de pronóstico reservado. Por ello, todo apunta a que las finanzas públicas del país harán crisis en algún cercano futuro. La situación irá a peor.

La administración Peña Nieto jugó un papel muy importante para favorecer la llegada de López Obrador a la Presidencia de México. Hoy el gobierno de AMLO sufre el karma de la forma desaseada en que esto se operó y por desgracia, el país sufre y sufrirá las consecuencias.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Sergio Romano Muñoz*

Una vez fue cuando ganó la presidencia Vicente Fox. La gente salió a celebrar por a la calle, tocando los claxons, con banderas del PAN o mantas con la cara del ex-ejecutivo de Coca Cola que había tomado modos y modismos de personaje norteño (botas incluidas) y que con un lenguaje popular –“víboras prietas, tepocatas”– le llegó al corazón a la gente, por encima del gris Ernesto Labastida (“Lavestida”, diría Fox en campaña) y el avejentado Cuauhtémoc Cárdenas.

Otra ocasión en que “nos la metieron doblada” fue cuando Enrique Peña Nieto le ganó la presidencia a AMLO. Porque nos prometían lo mal que nos iría con Peña y que “estaríamos mejor con López Obrador”.

O cuando llegó de rebote a la presidencia aquel efecto colateral llamado Ernesto Zedillo, gris entre los grises, cuando quitó los alfileres que proverbialmente Salinas de Gortari preguntó: “¿y para qué los quitas?”. O cuando Calderón desató su guerra al narcotráfico dejando 20,000 muertos mediáticos al año.

La primera vez que escuché la expresión “meterla doblada” estaba en sexto de primaria, justo en la edad en que los hombrecitos, a las puertas de la pubertad, se ríen con frases como “no se apene” y chupar una paleta es considerado una reprobable acción homoerótica que se castiga con burla pública. Siempre me pareció una frase un rayana en el absurdo, incluso a los 12 años de edad, ya que “meterla doblada” implicaría un dolor enorme… se entiende la intención, que “duela más”, pero para mí siempre ha sido una expresión desafortunada. Y ahora Paco Ignacio Taibo II, ese español comunista que quiere que se expropien empresas que no se alineen y se fusile quien esté en contra del régimen, nos la metió doblada.

“Nos” la meten doblada cada vez que el América gana, o que Pumas le gana al América, o que México pierde en los Mundiales o las Copa América. Meterla doblada parece estar muy ligada al futbol. Como también es subirse al auto e irse por las avenidas principales de la ciudad con las banderas del equipo al que le vamos y ha ganado un campeonato.

Y es que ésa es la realidad de nuestra madurez política como nación: le vamos al PRI; PAN o MORENA no por sus propuestas políticas, sino porque son los partidos a los que le vamos. Al parecer, MORENA entendió esto a la perfección y con la ayuda de personajes siniestros como Taibo, con su lenguaje que puede confundirse con pintoresco por lo vulgar, ha conseguido llegarle al corazón.

El problema es que nuestro país no es un partido de futbol.

*Sergio Romano Muñoz es, además de libertario convencido, experto en la industria del entretenimiento. Ha sido agente de artistas, productor de radio y TV, scouter de bandas musicales y director de una editorial. En la actualidad trabaja en su primera novela y en una serie de cómics.

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]J[/dropcap]osé Antonio Meade es probablemente el mejor candidato presidencial que haya lanzado el PRI en su historia: con impecables credenciales académicas, una trayectoria muy destacada en el servicio público y sin estar marcada por la militancia partidista, un perfil alejado de escándalos de corrupción y una capacidad administrativa que le reconocen propios y extraños, al grado de que hasta el propio Ricardo Anaya en su momento lo calificó como “un mexicano del que nos sentimos profundamente orgullosos” y de una “extraordinaria calidad humana”. De todos modos va a perder.



El hecho es que, por razones que no cabe discutir aquí, la marca PRI se ha convertido a nivel nacional en un lastre tan pesado que simplemente esta fuera de la competencia, y ni siquiera Pepe Meade ha podido sobreponerse al inmenso arrastre hacia el abismo de esas infernales anclas de los 22 gobernadores priístas acusados de corrupción durante los últimos seis años, varios de los cuales están ahora en la cárcel por malversaciones que podrían superar los $258 mil millones de pesos.

Tampoco se ha podido quitar la losa de la condena en la opinión pública por escándalos como el de “la Casa Blanca” o “la estafa maestra”, que involucran directamente a la actual administración federal y que se suman a las secuelas del caso Ayotzinapa, a la fuga del Chapo y a los “gasolinazos”, todos ellos preservados frescos en la memoria de los votantes a través de la caja de resonancia de las redes sociales, consolidando una nefasta imagen del gobierno federal, cuya dolorosa incompetencia en términos de comunicación ha exacerbado el problema.

A Meade el lastre de la marca PRI le está pesando demasiado.

A principios de diciembre y a pesar de todo lo anterior, tras una operación de destape impecablemente ejecutada, parecía que Meade tenía el impulso para posicionarse como la opción competitiva ante Andrés Manuel López Obrador y que incluso podría absorber a buena parte de los simpatizantes panistas a través del fenómeno del voto útil. Sin embargo, a dos meses de distancia de su registro como precandidato, la tendencia de los sondeos de opinión es cada vez más clara: aunque tuvo un ligero aumento en sus niveles de apoyo inmediatamente después de su lanzamiento oficial, conforme avanzan las semanas y ante los ojos de la sociedad Meade se identifica más con el PRI, el peso de los “pecados de la marca” se acumula sobre el candidato, y lo está hundiendo.

Veamos los números.

  • A principios de semana El Financiero publicó su más reciente encuesta: Obrador aparece con 38% de los apoyos, Anaya tiene un 27% y Meade está claramente en el tercer lugar con un 22%.
  • Un día después Reuters y Parametría dieron a conocer otro sondeo: Una vez más Obrador muestra una ventaja de dos dígitos, con 34% de los apoyos, contra 23% de Anaya y sólo 18% de Meade.
  • Cifras que también se asemejan a las publicadas un par de semanas por El Universal: 32% AMLO, 36% Anaya y 16% Meade.

Lo verdaderamente grave de este escenario para José Antonio Meade no es estar en tercer lugar, sino que, tomando como referencia la encuesta de El Financiero, su porcentaje de apoyos (22%) es notoriamente menor al del PRI como partido en cuanto a la intención de voto para senadores (25%, y 30% cuando sumamos al PVEM y Nueva Alianza). Es decir, que casi 1 de cada 3 priístas/aliancistas de “voto duro” le está negando el respaldo.



Este fenómeno era de esperarse, después de todo el candidato nunca ha militado en el PRI y su perfil dista mucho de ser el de un tricolor promedio. Sin embargo, originalmente el plan era que esos rechazos dentro del voto priísta se compensarían con la suma de voluntades de ciudadanos independientes o de otros partidos, y se suponía que para ello lo único necesario era que las personas conocieran a Pepe Meade y se dieran cuenta de sus fortalezas. Pero eso no pasó.

¿Cómo lo sabemos?

Porque, gracias a la multitud de anuncios de su precampaña, los porcentajes de reconocimiento de Meade se triplicaron en el lapso de un par de meses, pero sus porcentajes apoyo en lugar de aumentar, disminuyeron. Para mediados de noviembre, entre un 28% y un 40% de las personas lo identificaban, ahora ya lo ubican entre el 70% y el 85% de los electores potenciales, pero en la intención de voto bajó de aproximadamente un 20% a un 18%.

  • Es decir, prácticamente nadie que se haya enterado de la existencia de Pepe Meade a través de la precampaña se convenció de votar por él.

Por el contrario, generó una mala percepción. Tanto los sondeos de El Universal como de El Financiero coinciden en que la imagen del candidato priísta es notoriamente más negativa que la de AMLO e incluso que la de Ricardo Anaya.

  • Es decir, tras iniciar su campaña Meade heredó los monumentales niveles de rechazo ciudadano al PRI como partido y a la administración Peña Nieto como gobierno. Puesto en números, casi un 60% de la gente afirma que nunca votaría por el PRI y más de un 70% rechaza la labor de Enrique Peña.

Con la suma de todos estos elementos la única conclusión posible es que, a pesar de todas sus innegables cualidades personales, Meade no es la opción para evitar que Andrés Manuel López Obrador gane la presidencia de la República el próximo 1 de julio.

El único que le puede competir realmente a AMLO es Ricardo Anaya.

Es más, incluso para Anaya el camino es cuesta arriba. Está entre 6 y 10 puntos por detrás de AMLO, y encabeza un Frente cuyo funcionamiento en el fragor de la batalla electoral sigue siendo un misterio. La buena noticia es que los niveles de rechazo a Acción Nacional son mucho menores que los del PRI y que el candidato de la coalición Por México al Frente está subiendo de forma ligera, pero generalizada, en los sondeos. Si aquellos simpatizantes de Meade, Zavala y el Bronco que repudian el proyecto de Andrés Manuel deciden a tiempo, Anaya podrá alcanzar a Obrador y definir la elección en una lucha de dos, en lugar de que el candidato de Morena se vaya solo.

  • Es decir, a partir de los datos actuales, la única esperanza realista para evitar que el viejo PRI de López Obrador regrese al gobierno federal es que el voto anti-AMLO se sume a la campaña de Ricardo Anaya. Meade no es opción.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Luis Pazos*

[dropcap type=”default”]M[/dropcap]éxico se encuentra en el segundo lugar mundial de impunidad. Se publican noticias que involucran a importantes funcionarios en casos de corrupción, pero pocas denuncias públicas se convierten en investigaciones formales, aunque incluyan pruebas documentales y testimoniales que en otros países son suficientes para encarcelar a encumbrados funcionarios públicos, incluidos Presidentes. En México esas acusaciones se publican unos días en la prensa, pasan de moda, pocos ciudadanos las recuerdan y las autoridades las desdeñan.



Los corruptos le apuestan al olvido. Vivimos en el país del “no pasa nada” con la mayoría de funcionarios corruptos.

En el caso de las entregas de millones de dólares al PRI por la compañía constructora brasileña Odebrecht, ex funcionarios de ese consorcio dieron a conocer públicamente los depósitos a empresas fantasmas ligadas presuntamente al equipo de campaña del candidato presidencial priista. A cambio de esa “ayuda” al PRI, mediante el exdirector de Pemex, encargado en el 2012 de las relaciones internacionales de la campaña priista, quien presuntamente operó esos traspasos, les otorgó contratos inflados en más del 60% a Odebrecht como pago de la ayuda al PRI. Actualmente no hay ninguna autoridad que investigue el caso Odebrecht-PRI-Pemex, que implica corrupción y la violación a las leyes electorales. La única investigación que se inició la frenó el gobierno federal al cesar arbitrariamente al fiscal de la Fepade.

El Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) puede convertirse en un blindaje para los corruptos de este sexenio, si el PRI logra nombrar un fiscal anticorrupción “a modo” que dirija el SNA en los próximos años. Los del PRI, en el tercer lugar en las preferencias para las próximas elecciones, saben que si pierden la Presidencia y el control de la PGR, estarán en riesgo muchos priistas. En el próximo sexenio si el SNA, la PGR, la ASF y la FEPADE son dirigidas por personas honestas y ajenas a su grupo y partido, habrá una gran posibilidad de que pisen la cárcel muchos altos funcionarios del actual gobierno.

El PRI procurará mediante sus senadores ratificar un Fiscal Anticorrupción y a través de sus diputados un titular de la ASF, que les garantice impunidad en los próximos años a los funcionarios corruptos del actual gobierno priista, quienes desviaron impunemente miles de millones de pesos, cantidades récord desde la Revolución a la fecha.

*Luis Pazos es economista, autor de decenas de libros y director del Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empresa, A.C


Por: Luis Pazos*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap]l revisar el presupuesto planeado por el gobierno para 2018, vemos que los ingresos estimados no son realistas y el gasto programado está en la misma línea que los presupuestos inflacionarios y desequilibrados de los años anteriores.



El actual gobierno aumentó impuestos con el teórico objetivo de tapar el hoyo en los ingresos por la baja del petróleo. El aumento de impuestos le dio recursos cuatro veces superiores a los que dejaron de percibir por el menor precio del petróleo. Con los ingresos récord que tuvo el actual gobierno, como lo demuestro con cifras en el libro EPN: El Retroceso, podría haber equilibrado el presupuesto, si solo hubiera mantenido el gasto constante, es decir, sin aumentarlo, pero no, siguieron incrementando el gasto, la deuda y no pararon la sangría, derroche y corrupción en Pemex, hasta que cambiaron director.

Todos los años han gastado por arriba de los ya altos presupuestos aprobados por el Congreso. Un motivo es que gobernantes y partido en el poder siempre ven elecciones en puerta y consideran un mayor gasto para ganar votos.

El año entrante, ante elecciones presidenciales, y encontrándose el PRI en un tercer lugar de preferencias, es casi seguro que gasten más de lo aprobado por el Congreso, como en años anteriores, es decir, por arriba del ya de por sí inflado presupuesto para 2018. Los ingresos están inflados, calculados con un precio del petróleo superior al esperado y con un incremento en los ingresos fiscales bajo un supuesto crecimiento del 2.5%, que el FMI lo sitúa en 1.9% para 2018. Muy probable que al final del año entrante resulte un déficit presupuestal y deuda mayores al 2017; pero poco les importa a los actuales gobernantes, que quieren echarle “toda la carne al asador”, entiéndase dinero, para retener la Presidencia.



Si EPN no corrigió estructuralmente, solo maquilló, las finanzas públicas, en cinco años de su mandato, teniendo los recursos fiscales para hacerlo, por qué lo haría en su último año, cuando las graves consecuencias económicas de un gasto excesivo le tocarán capotearlas a un nuevo Presidente, que muy probablemente sea de otro partido.

*Luis Pazos es economista, autor de decenas de libros y director del Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empresa, A.C

Por: Luis Pazos*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l gobierno panista de Vicente Fox denunció ante la PGR la triangulación de recursos de Pemex al PRI vía su sindicato. Salieron a la luz pública documentos donde se probó que “ayudas” al sindicato de Pemex por aproximadamente 1,500 millones de pesos fueron canalizadas al PRI para apoyar en la elección presidencial a su candidato en el año 2000, aunque aproximadamente la mitad de esos recursos quedaron en manos de los operadores, como es costumbre en ese partido.



El gobierno de Fox acusó a quien fungía como director en ese tiempo de Pemex y a dos líderes de su sindicato por esos desvíos. El PRI, con mayoría en el Congreso, le otorgó una senaduría a uno de los líderes y una diputación al otro, para darles fuero. Y contrató a los mejores abogados para defender al ex director de Pemex. Lograron que quedara impune el financiamiento ilícito de Pemex al PRI vía sindicato.

En las elecciones presidenciales del 2012 se dio una historia parecida. Una “ayuda”, en principio de 3 millones de dólares que, según datos dados a conocer por ex ejecutivos de la compañía brasileña Odebrecht, entregaron a quien fungía como Coordinador de vinculación Internacional en la campaña del candidato del PRI a la Presidencia fue el inicio de un nuevo Pemexgate. El ex miembro del equipo del candidato priista a la Presidencia, ya como director de Pemex, compensó con creces mediante millonarios contratos a sobreprecios a Odebrecht, “benefactora” del PRI.

El cese del Fiscal para Delitos Electorales (FEPADE) por publicar una carta relacionada con la investigación de los donativos ilegales de Odebrecht al PRI vía un director de Pemex, muestra la decisión del actual gobierno de no solo tomar una actitud pasiva hacia los actos corruptos donde son protagonistas ex gobernadores del PRI o altos funcionarios de su gobierno, sino de salvaguardar su impunidad.



Las consignaciones y detenciones de ex “gobers” priistas corruptos fueron posibles gracias a las denuncias en el extranjero o por los nuevos gobers de otros partidos. El actual gobierno no ha luchado contra la corrupción, sino por garantizar impunidad a quienes con recursos ilícitos ayudaron a las campañas priistas.

*Luis Pazos es economista, autor de decenas de libros y director del Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empresa, A.C

Por: Luis Pazos*

[dropcap type=”default”]R[/dropcap]obert Lucas, profesor de la Universidad de Chicago, obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1995 por cimentar la teoría de las expectativas racionales, la cual señala que las acciones futuras de los agentes económicos: inversión, precios, tasas de interés, entre otras variables, son impactadas por lo que esperemos del futuro de la economía.

Por: Luis Pazos*

[dropcap type=”default”]D[/dropcap]urante los primeros cuatro años del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, la ya maltrecha petrolera estatal agudizó sus desequilibrios debido a la corrupta y pésima administración que culminó con la tardía  decisión de cambiar a su director, en gran parte responsable del empeoramiento de sus finanzas.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]H[/dropcap]ace un año, comentábamos que odiar a Peña Nieto se ha convertido en una especie de rito de iniciación y de requisito indispensable para refrendar la credencial de ciudadano “independiente” ante los ojos de las redes sociales. Una de las principales generadoras y beneficiarias de este fenómeno es Carmen Aristegui, que brincó de la mediocridad en donde pasó la mayor parte de la carrera hasta la cima del estrellato periodístico al adoptar el papel de crítica de Calderón y de Peña, además de convertirse en la vocera oficiosa de la izquierda, a cuyo líder, López Obrador, no ataca ni por equivocación.