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Tiranía

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Por: Gerardo Garibay Camarena*

Esta semana el Senado aprobó con mayoría abrumadora el dictamen de reforma constitucional que incluye la figura de la revocación de mandato.

¿Qué sigue con esta reforma? Todavía tiene que regresar a la Cámara de Diputados y obtener el respaldo de la mayoría de los congresos locales, pero en vista de las mayorías de Morena y sus aliados, es básicamente seguro que la reforma constitucional estará promulgada antes de fin de año.

Pareciera ser una buena noticia, pero en realidad se trata de una maldición autoritaria disfrazada de espacio para la democracia, y aquí le explico por qué:

Primero. Es el siguiente paso en una estrategia bien planteada para reducir las certezas institucionales y anular los contrapesos al presidente. Obrador tiene sometidos a los tiranos en pijama de la Suprema Corte, tiene controlado al Legislativo como no se había visto en el último cuarto de siglo y ha lanzado una campaña de desgaste contra los organismos autónomos. Ahora debilita a los gobernadores, poniéndoles encima la espada de Damocles de un revocación de mandato que sólo puede obtenerse a través de los recursos corporativos del gobierno federal. Incluso si no logran “revocar” a un gobernador incómodo, la mera incertidumbre y la polarización que acompaña a un proceso de este tipo serán suficientes para descarrilar a ese gobierno estatal.

Segundo. Sí abre una puertita a la reelección. El hecho es que en términos generales la figura de la revocación estará de adorno, ya que los requisitos planteados para iniciar el proceso de revocación son tan altos (2.6 millones de personas que apoyen con todo e INE) que es casi imposible ponerlo en práctica sin tener la estructura del gobierno federal. Sin embargo, aun si se queda en el cajón, la reforma implica romper uno de los consensos más sólidos del imaginario político mexicano durante el último siglo: Que los periodos de los presidentes son fijos. A pesar de todas las tropelías del priato, hubo una regla que no rompieron, la de la “no reelección”, porque la gente tiene muy fija la idea de que el presidente gana y gobierna seis años, después se larga.

La revocación es tenebrosamente genial; aunque no desafía directamente ese dogma anti-reelección, sí lo erosiona al romper la idea de que el tiempo del gobernante es fijo, y una vez que la idea de la flexibilidad se convierta en el nuevo consenso, los gobernantes simplemente podrán manipularla hacia la reelección, dándole la vuelta a un dique que se sostuvo durante más de 100 años.

Tercero. Al debilitar la certezas institucionales, anular contrapesos y romper el único dique que contuvo a la presidencia imperial, el obradorismo está posicionando a su líder como un caudillo con poderes cada vez mayores, para (tarde o temprano) llegar a un país donde las decisiones estén directamente en manos del huésped de Palacio Nacional, y eso nos llevaría ya no a una dictadura de partido como lo del PRI, sino a una dictadura personal más parecida a las sudamericanas (tanto las de izquierda como las de derechas)

Cuarto. Esa película de la “revocación” y de “hay que demoler las instituciones con base en la supuesta voluntad popular” ya la hemos visto muchas veces. Sí, en Venezuela, en Bolivia, pero no sólo ahí. De hecho, es tentación no es algo nuevo: Desde la republica romana, destruida por Julio César y sus secuaces con el pretexto de defender al pueblo. y hasta los totalitarismos fascistas, nacional socialistas y comunistas, o las republicas populares del Siglo XX. En el peor de los casos, la película termina en sangre o en tiranía directa, en otros acaba en dictablanda y en crisis constitucionales, pero – eso sí – en todos termina en pobreza y decepción.

Fin.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

Las redes sociales han ardido ya durante varios días, entre la burla y la indignación, por el episodio del colectivo Almas Veganas en el País Vasco: Las integrantes de un santuario animalista anunciaron que en él separaban a los gallos de las gallinas para que éstas no fueran “violadas” por aquellos, y que arrojan los huevos al suelo, para que las gallinas se los coman, porque “los huevos (que son su “menstruación”) son de las gallinas”, buscando así que los animales lleven “una vida tranquila y digna”. Y defendiendo todo esto con el lenguaje inclusivo: “Hablamos con la ‘e’ porque sabemos que es género es mentira, es una construcción social”. Almas Veganas tiene pues como objetivo “mostrar que una alternativa al capitalismo, al especismo, al machismo, y a otras conductas socialmente insanas y violentas es posible”, luchando de tal manera contra el cambio climático, los incendios en el Amazonas y “el sistema capitalista opresor” que convierte a los animales en “simples productos comerciales”, “secuestrados” en nuevos “campos de concentración”.

Hasta aquí, un resumen de las ideas esgrimidas por “Almas Veganas”. Como es previsible, la burla ha sido la respuesta casi unánime, en buena medida por lo ingenuo y caricaturesco de sus argumentos. En tal sentido, ese colectivo tal vez sea solo, en una primera impresión, la expresión concreta e infantil del ánimo Millennial que se ofende de todo y contra todos, y que fabrica argumentos superficiales y finalmente mentirosos, por flojera y falta de información. Lo que de cualquier manera ha arrojado a “Almas Veganas” y a sus integrantes, a la rápida (y fugaz) notoriedad que dan las redes sociales. Quizá, en ese sentido, han cumplido su objetivo de difusión rápida y masiva.

Pero vale la pena detenerse un poco en sus ideas. En principio, habría que decir que a diferencia de lo que ellas piensan, en la vida de las gallinas o de cualquier animal irracional, en la naturaleza en general, simplemente no existe un criterio valorativo que permita distinguir lo justo de lo injusto. La naturaleza ignora uno y otro, el bien y el mal. En ella, no existe un hipotético derecho natural al “no violarás” ni a ninguna otra prohibición. Al contrario: Lo típico y genuino en la naturaleza es que los animales actúen bajo su solo impulso y necesidad, e incluso, que se aniquilen entre sí: hay especies que sólo matando podrían sobrevivir. Es a lo que hacia referencia Leonard Peikoff al hablar de “la vida que sobrevive al alimentarse de la vida”. 

En tal sentido, los hipotéticos “bien” o “mal” en la naturaleza son conceptos extraños, específica y estrictamente humanos, en cuanto expresiones utilitarias que hacen posible la cooperación social para la división del trabajo. Así, los seres humanos decretamos las normas morales, lo mismo que las leyes civiles, con el propósito de conseguir objetivos específicos. Y al trasladarlas al comportamiento animal, abusivamente antropomorfizamos lo que nos rodea y les concedemos, imaginariamente, necesidades, pensamientos y derechos que no tienen. En realidad, los animales no “piensan” ni actúan así.

En cambio, según el colectivo, hay gallos que “violan” gallinas, suponiendo que las gallinas serían seres capaces de prestar algún tipo de consentimiento sexual, pero que al contrario, mantienen relaciones por una imposición cultural, no guiadas por un simple instinto. Creen implícitamente, en el mismo sentido, que los gallos serían capaces de un discernimiento que les permitiría pedir permiso, aunque no lo hacen por pura maldad o condicionamiento social o cultural.

Estas ideas, en principio, vuelven triviales temas atroces como la violación o los campos de concentración. Y proyectan, segundo, sobre los animales las propias ideas. Así, no es cierto que los gallos violen, los leones asesinen o que los perros o gatos sean malos. Simplemente todo comportamiento suyo es ajeno a cualquier valoración: su proceder animal es amoral, sin ningún tipo de valoración fuera de la mera supervivencia. Al respecto, no debemos olvidar, nunca, que los humanos son los únicos seres que tienen lo que Ayn Rand llamó una conciencia conceptual y la habilidad de razonar y desarrollar un sistema moral y, por lo tanto, de poseer derechos y responsabilidades. Y en cambio, estos movimientos atribuyen toda la vileza al ser humano, y le exigen someterse a los pseudo “derechos” imaginarios de otras especies, privándose del derecho a la vida. Es el “altruismo enloquecido” denunciado por Peikoff. 

Pero lo peor es que tales ideas apelan al resentimiento y a las peores emociones, dejando de lado la razón, la ciencia y el humanismo, los valores de la Ilustración, que nos permiten descubrir ideas mejores y soluciones para los problemas. Movimientos como Almas Veganas (y la multitud de movimientos afines),  han descubierto que la mentira y su exageración es la fuerza más poderosa del mundo. Así, son capaces de atribuir pensamientos, emociones y finalidades a animales (que ni siquiera pueden expresar lo que quieren y no sabemos siquiera si son conscientes de ideas como la muerte), movilizando la conmiseración desprevenida, mientras son incapaces de poner un mínimo de atención sobre, por ejemplo, mujeres y homosexuales perseguidos y masacrados en los países árabes por sus regímenes teocráticos. En realidad, tales movimientos son indistinguibles del más puro totalitarismo.

Pero su objetivo último, tras su acometida contra la razón, la ciencia y el humanismo, es la libertad humana: Intimar o simplemente prohibir a las personas tales o cuales consumos significa, en los hechos y en última instancia, aumentar el control estatal sobre las personas y la economía, lo que es contrario a la libertad. Primero, porque no puede haber acuerdo sobre un consumo limitativo y permanente en una sociedad libre. Como tal, la limitación y la consiguiente planificación en la toma de decisiones personales y económicas deben trasladarse a una pequeña élite, acompañándose de la centralización del poder. Enseguida, mientras las libertades se limitan y la economía se deteriora, los nuevos regímenes se vuelven más y más autoritarios, y deben silenciar a sus disidentes y críticos –mediante la coerción estatal, perpetuándose en el poder. Es simplemente la puesta en práctica del guión bosquejado por Friedrich A. Hayek en Camino de Servidumbre hace ya 75 años, cumplidos este 2019.

Así que cuando escuchemos los propósitos e ideas de tales movimientos, no debemos engañarnos atribuyéndoles una ingenuidad o un infantilismo que no tienen. En realidad, van contra ti y tus libertades. Son los nuevos (y viejos conocidos) enemigos de la libertad.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

La nueva edición anual del Foro de Sao Paulo, la XXV, inició sus sesiones el jueves pasado, 25 de julio, en Caracas y culminó este domingo, bajo el lema “Por la Paz”. Este encuentro de militantes de la izquierda más recalcitrante, se realiza anualmente en un país diferente. Recibe su nombre de la ciudad que celebró el primer encuentro, en 1990, en Brasil.

Ese año, los creadores del Foro, Fidel Castro y Lula Da Silva, siguiendo la receta castrista, trataron entonces de “multiplicar los ejes de confrontación” a fin de disfrazar el fracaso del enfrentamiento del comunismo contra el capitalismo y de la revolución proletaria, tras la caída del Muro de Berlín y la debacle de la Unión Soviética. Para ello, se buscó incorporar al discurso de la izquierda temas de grupos sociales, sectoriales, funcionales y territoriales, tales como el feminismo, el indigenismo, el ecologismo, el regionalismo, la defensa de género, de grupos estudiantiles y todos los temas posibles para enfrentar a la democracia liberal, que entonces se tildó como “neoliberalismo”. Así de atrasada es esa izquierda nucleada alrededor del Foro.

Casi 30 años después, el Foro es, hoy, un mero recordatorio de glorias pasadas: Con líderes muertos, como Hugo Chávez y Fidel Castro. O presos o, bien, cargando acusaciones de corrupción, como es caso de Lula Da Silva, hoy preso. De Rafael Correa, proscrito legalmente. O de Cristina Kirchner, indiciada. O de Pepe Mujica, investigado. Pocos son sus líderes no investigados, tales como Evo Morales o Daniel Ortega, pero solamente porque conservan el poder y la capacidad de manipular a jueces y fiscales.

Cuando el Foro se realizó por primera vez, solo uno de sus partidos miembros estaba en el poder, en ese caso en Cuba. Dos décadas después, en 2008 y 2009, la reunión se convirtió en el punto de encuentro estelar de mandatarios de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Venezuela, entre otros. En ese lapso, la constructora Odebrecht, de la mano del gobierno de Lula, y el petróleo venezolano del régimen de Caracas, financiaron el éxito de los proyectos políticos de izquierda promovidos desde el Foro de Sao Paulo. En ese mismo lapso, solo Colombia, Honduras y Guatemala no fueron gobernados por un partido miembro del foro.

Hoy, en contraste, el petróleo caro y la corrupción promovida por Odebrecht se acabaron. De modo que el Foro es solo un canal de propaganda para gobiernos como los de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela. Podría decirse, quizá frívolamente, que es un mero Club de la Nostalgia, de no ser una nostalgia alimentada por sangre, como vemos diariamente en Venezuela o Nicaragua, o por ilegalidades y represión, como vemos en Bolivia y Cuba. Un Club sin muchas posibilidades de regresar a su etapa estelar, a menos que, como se sospecha, los fondos del narcotráfico del que es beneficiario principal el régimen venezolano, comiencen a ser usados para financiar los nuevos proyectos políticos del Foro.

Por eso, el Foro de Sao Paulo es, hoy, más un sindicato delictivo que un proyecto político, una real y criminal mafia política más que una militancia partidista-ideológica. En tal sentido, cobra legitimidad la declaración de “non grato” hecha por la oposición venezolana. O el que los estudiantes venezolanos lo hayan calificado como el “foro de la muerte”, máxime en la crítica situación que vive Venezuela.

Venezuela presentó nuevos apagones eléctricos masivos el pasado martes y miércoles, en la víspera del Foro. En el mismo, la dictadura venezolana gastó 200 millones de dólares, en momentos de crisis económica en Venezuela, para recibir 700 delegados de movimientos y partidos políticos de izquierda, de 79 países. Y esto para escenificar un teatro: Todo fue solo una reunión para aclamar y apoyar a la dictadura venezolana: 700 delegados sólo llevados para vitorear al matarife que les pagó transporte, alimentación y alojamiento.

El Foro culminó con la “Declaración y Plan de Lucha”, que sólo es una serie de declaraciones en favor de la libertad de Lula, del presidente boliviano o del fin del imperialismo. De redoblar los esfuerzos de promoción del modelo de revolución instaurado en Cuba pero por medios electorales como lo hizo en Venezuela el fallecido Hugo Chávez. Por la unión de los pueblos “en su lucha permanente para seguir defendiendo las revoluciones y seguir construyendo lo que tengamos que construir”. También fue suscrita en la Declaración, la lucha contra el patriarcado, el racismo, la xenofobia y la criminalización de la migración, y contra cualquier forma de discriminación por motivos religiosos, étnicos o de orientación sexual.

En fin: Toda una escenificación teatral para simular que el Foro es un bastión de respaldo de la dictadura venezolana ante la comunidad internacional. Un “bastión” con delegados pagados, acomodaticios, que vivieron cuatro días a expensas del hambre del pueblo venezolano. Con una ideología sin respuestas a los retos actuales ni arrepentimientos por todos sus crímenes, pasados y presentes. Y con líderes cuestionados e ilegítimos desde hace mucho tiempo. Un Foro, pues, del crimen, del anacronismo y de la desvergüenza, que no puede ser un ejemplo para nadie en América Latina.

Finalmente: Por México asistieron representantes del oficialista Morena y su aliado Partido del Trabajo, además del “opositor” Partido de la Revolución Democrática (los movimientos que dentro del PRD dicen querer “modernizar” a ese partido, ¿no se deslindarán de su participación en el Foro?). Cabe hacer notar que el respaldo clamoroso que está dando el gobierno mexicano y su alianza partidista a la dictadura venezolana, costó unos millones de dólares: Así de barata y acomodaticia se ha vuelto la diplomacia mexicana.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

Todos celebramos hoy “el día del amor y la amistad” pero la historia de San Valentín va mucho más allá de la sana cursilería. Siendo sacerdote en el siglo III, Valentín desafió al emperador romano Claudio II, quien había decretado una ley prohibiendo a los jóvenes contraer matrimonio, pues consideraba que los solteros eran mejores soldados, pisoteando así uno de los derechos básicos de toda persona para beneficio de “el gobierno”.

Ante esta afrenta, el futuro santo desafió al poder cuasi divino del emperador para hacer lo que era correcto. Siguió celebrando matrimonios para los jóvenes a pesar de los deseos de un tirano socialista y pagó por ello con su vida.

Por eso, además del amor y de la amistad, celebremos el ejemplo de San Valentín, que nos recuerda que el bien y el mal no se definen en la legislación y opongámonos a las leyes idiotas/innecesarias/tiránicas que hoy, al igual que en el siglo tercero, ponen en jaque la libertad individual y convierten a las personas en objetos al servicio del estado en el mundo entero.

Por eso, como libertario y como ciudadano quiero preguntarte a ti, a cada uno de ustedes: ¿protegeremos juntos la vida, libertad y propiedad de cada persona? ¿Impediremos la omnipotencia de las burocracias? En pocas palabras ¿serás mi Valentín?

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]H[/dropcap]oy cumplimos 17 años de aquella mañana en que el terrorismo aniquiló miles de vidas, derribó grandes símbolos del desarrollo económico y puso a plena luz del día dos amenazas: la del fanatismo islámico y la de la voracidad de aquellos (de izquierda y de derecha) que lo usaron de pretexto para pasar por encima de las libertades consagradas en la Constitución y alimentar la bestia de la guerra, creando dos desastres por cada uno que supuestamente resolvían.

Por: Ricardo Stern*

[dropcap type=”default”]I[/dropcap]ncluso en sociedades pequeñas, es casi impensable poder fiarse por completo de los otros miembros. Siempre puede haber gente no digna de confianza entre ellos. Todos observamos que hasta en grupos de amigos o matrimonios es común que alguien traicione la confianza; cuánto más en sociedades grandes o naciones. Y mientras esto suceda, hablar de sociedades libres seguirá siendo una utopía o una forma relativa de expresarse. La libertad absoluta es una imposibilidad para el ser humano, en tanto exista un solo delincuente.

Hay varias razones para lo que acabo de afirmar, pero con una basta, y es que un sistema hipotético donde hubiera total libertad para el justo, implicaría también total libertad para el injusto, ya que no es posible adivinar cuál es cuál, y solo es posible concebir restricciones para todos o libertades para todos. Es cosa de elemental sentido común, que prevenir el delito siempre será mejor que castigarlo cuando ya ocurrió, y la prevención del delito implica, básicamente, restricciones sobre la población. Se pueden hacer pequeñas “discriminaciones” para intentar molestar menos a quienes tienen menos probabilidad de ser delincuentes, pero hay un límite y al final tendrá que optarse por una serie de restricciones generalizadas. Lo contrario implicaría, sí, libertad para la gente de bien, pero también para los delincuentes, quienes usarían invariablemente dicha libertad para atentar e intentar destruir la libertad de los justos. De este modo, el máximo grado de libertad se obtiene, paradójicamente, a través de cierta restricción de la misma.



En otras palabras, “libertad total” en una agrupación humana es un contrasentido, ya que pasado cierto grado de libertad, ésta se empieza a destruir a sí misma, en manos de los delincuentes. Si se requiere aún de un ejemplo para entender, podemos tomar, de entre muchos que me vienen a la mente, el de la facultad que tiene un gobierno para espiar a los ciudadanos. Este es un tema que suscita innumerables protestas y molestias entre gente que asegura ser inocente de cualquier delito y, por lo tanto, que debería tener el derecho de que nadie invada su privacidad. Estrictamente hablando, esto es cierto, y quien no ha violado ninguna ley debería ser dejado en paz. Pero lo que no notan es que nadie tiene poderes adivinatorios para saber si son inocentes o no, y la manera de averiguarlo es precisamente invadiendo hasta cierto punto su privacidad. Y lo mismo aplica con retenes en las carreteras, revisiones en aeropuertos, detenciones preventivas, obligación de presentarse a testificar, traer en regla la documentación del vehículo en que se transita, y un largo etcétera. La única otra forma sería tener poderes divinos o de adivinación, o que desaparecieran por completo los delincuentes (y además tener poderes de adivinación para saberlo con certeza). Es decir, no en esta realidad y en algún plazo previsible. Así que si en verdad son gente de bien y ciudadanos que cumplen con las leyes, deben ser los primeros no sólo en aceptar, sino incluso en aplaudir que el Estado realice su trabajo para beneficio de ellos. No es razonable pedir, por un lado, que el Estado les dé seguridad, y al mismo tiempo criticar las acciones que este realiza para la consecución de tal fin.

Hablamos, por supuesto, de acciones que, en general causan pequeñas molestias (aunque en tiempos muy críticos pueden ser mayores, obviamente, como toques de queda, etc.), y por eso es racional pedir que sean aceptada incluso con gusto por parte del que la sufre sin merecerlo, ya que gracias a su utilización es posible detectar a verdaderos delincuentes que ponen en peligro a toda la sociedad, incluyendo al quejoso. En otras palabras, el sistema opera a favor de quien protesta, lo que hace ridícula dicha protesta. San Pablo lo explica inmejorablemente: “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella”. (Rom. 13:3)



Mucho más grave sería la violación a sus derechos que haría el delincuente si no se le detecta y detiene. Como decía Roussseau, sólo hay dos opciones: o se obedece a la Ley o se obedece a un Amo. Y la ley puede ser incómoda a veces, pero mucho menos que el amo, a menos que realmente se exceda y, pasando cierto límite, se convierta ella en el nuevo amo.

La verdadera discusión, pues, entre personas que ponen a la libertad como centro de sus valores cívicos y políticos, no es si puede tenerse una libertad total o no, sino cuál es el punto exacto en que las restricciones darán un grado de libertad óptimo, esto es, el punto de equilibrio justo entre incomodidades aceptables y opresión, entre una ley eficaz y una ley que ya se convirtió de pronto en el Amo del que tendría que habernos librado. Mi regla es que, siendo imposible una ley que dé gusto a todos, debe tomarse por óptima aquella que sólo incomode a delincuentes, nihilistas, anarquistas y plañideros profesionales que protestan de todo.

*Ricardo Stern, Ciudad de México, 1976. Estudió piano, literatura dramática y arquitectura del paisaje. Es autor de Aquí no se sirve café (novela, Sediento, 2012) y La razón ardiente (ensayo, Galma, 2015). Actualmente trabaja en consultoría política e investigación.

Por: José Juan Hernández Moncada*

El titulo hace un homenaje a la obra del celebre novelista guanajuatense  Jorge Ibargüengoitia, uno de los referentes de la novela histórica y política mexicana, autor de otra exitosa novela titulada: Maten al León, más ad hoc para las siguientes líneas; se trata del relato cómico ambientado en la ficticia república de Arepa, la cual es gobernada por un tirano que planea reelegirse por quinta vez y crear la presidencia vitalicia; constituye una entretenida parodia de las dictaduras latinoamericanas que por décadas asolaron la región; un fantasma que se creía superado, pero mismo fantasma parece haber resurgido con fuerza en el siglo XXI.

Ahora bien el López al que me referiré de ahora en adelante, se trata del eterno candidato de la coalición político-religiosa, ahora denominada “Juntos Haremos Historia”. Si el líder de esta amalgama integrada al mero estilo del monstruo de Frankenstein, aspira a convertirse en el nuevo caudillo autoritario  de Latinoamérica, y ¿por qué no?,  servir en un como fuente de inspiración para alguna parodia similar a Maten al León solo que ahora  ambientada en el siglo XXI; estos son los pasos básicos e indispensables que debe de seguir:

Paso 1: Estableciendo el culto a la personalidad.

El culto a la personalidad es un factor indispensable que todo régimen autocrático debe atender con especial empeño, puesto que en primer lugar;  garantiza la fidelidad y devoción de los gobernados, creando una especie de misticismo y omnipresencia alrededor de la figura del supremo líder, y en segundo lugar, la prominencia y exaltación de la figura del caudillo genera la sumisión de los colaboradores del mismo, al impedir el surgimiento de cualquier cuestionamiento a su liderazgo, es decir evita la aparición de “pretendientes al trono”.



Y entonces el aspirante a dictador se preguntará; ¿Cómo lograr esto?, primero que nada será importante revisar los ejemplos de la Old School en la materia, ejemplos de sobra conocidos como los clásicos Mussolini, Stalin o Hitler o sus alumnos Mao,  Kim Il Sung o Nicolae Ceaucescu[1] incluso los mas exóticos como Idi Amin o  Mobutu Sese Seko. Una vez teniendo tales precedentes el aspirante a caudillo deberá articular un discurso completamente providencial y redentor, será conveniente utilizar palabras como transformación, salvación,[2]  renovación, reorganización [3] etc. Algo así como Movimiento de Regeneración Nacional, este mote servirá aunque parezca copiado del Proceso de Reorganizacion Nacional Argentino o del Comité de Salvación Pública de Robespierre.

Es importante mantener la omnipresencia de la imagen del líder, como aparecer en cuanto spot, cartel, volante, manta o anuncio habido y por haber sin importar que se trate de la elección más irrelevante, el candidato carecerá de relevancia mientras cuente con la bendición del caudillo podrá postularse hasta el peor de los delincuentes y su imagen quedará purificada por gracia y obra del líder, algo así como lo que hace López (véase recuadro 01). Y para fijar bien esta imagen en las mentes de los gobernados habrá que acuñar un mote corto y fácil de memorizar que describa la imagen del caudillo; algo así como Führer, Duce, Papa Doc o Peje. Una vez implementadas estas medidas la ilusión estará completa.

Paso 2: Divide y vencerás.

Para cualquier aspirante a dictador una sociedad organizada y solidaria es un obstáculo para la acumulación de poder, la sociedad organizada funciona como un contrapeso para la autoridad del estado y el aparato de gobierno, por lo cual una de las prioridades del caudillo será impedir precisamente esta situación.

De inicio habrá que descalificar y sospechar de cualquier organización civil, asi como López expresó literalmente profesar “una profunda desconfianza en lo que llaman sociedad civil”.[4] Aquí la línea de acción será creando encono y polarizando a los distintos sectores sociales, una vez que la semilla del odio sea sembrada, la manipulación de las masas será un pan comido para nuestro caudillo. Este es uno de los procesos mas sencillos, basta con acuñar un discurso divisor y radical, donde todo deberá ser blanco o negro, buenos y malos, el ellos y nosotros. Básicamente se trata mediante algunas formas sacadas de la teoría de la conspiración, unificar el resentimiento social y el odio en un enemigo común, entonces el caudillo podrá encabezar la cruzada contra este enemigo; por lo general el enemigo podrá ser externo o interno y definido de manera ambigua que de tal forma permita incluir a personajes o grupos que eventual o circunstancialmente se vuelvan incomodos o críticos para con el caudillo, así pues   ejemplos bastan y sobran desde la antigüedad, los judíos, los gitanos, la burguesía, los rojillos, los judeomasónes,  el imperialismo o la mafia del poder.

Una vez implantado el discurso en la psique colectiva de la sociedad, la incómoda libertad de expresión será anulada, la ciudadanía en su mayoría se convertirá en una masa iracunda de fácil manipulación, apelando a la pasión y desoyendo cualquier razón, entonces el líder emergerá como la única voz autorizada y el interprete absoluto de la voluntad popular; además permitirá amedrentar y perseguir cualquier conato de oposición, y tendrá la importante función de justificar o minimizar las fallas del régimen simplemente trasladando la culpa.

Pasó 3: Minando contrapesos.

Una vez nulificada la crítica y la opinión divergente, surge el siguiente y mayor obstáculo a vencer. La división de poderes y los contrapesos institucionales son la espina dorsal del sistema democrático, por imperfectos que estos sean, permiten contrapesar el poder del primer mandatario; impidiendo que pueda ejercerlo de manera arbitraria y absoluta. Esto no es para nada conveniente para los pasos del caudillo hacia la autocracia. ¿Qué se debe hacer al respecto?



Primero que nada esta fase será fundamental para consolidar el poder del nuevo dictador, para ello pues habrá que mandar al diablo las instituciones, tal como lo hizo Hitler al incendiar el Reichstag, así eliminó la oposición parlamentaria o el mismo Nicolás Maduro al convocar a un nuevo constituyente se deshizo del poder judicial y legislativo o bien como lo propone López en su Mesa de Análisis de la Suprema Corte de Justicia de la Nación donde se propone: Cita textual: Modificar o reformar las estructuras del poder judicial, cualquiera que sea su nivel (federal o local), (…)Suprimir el Consejo de la Judicatura Federal(..)Rediseñar el sistema de nombramiento de los ministros de la Suprema Corte de Justicia. (…) que no sean nombrados sino elegidos a través del voto popular, previa propuesta de las universidades y academias; que se elimine el sistema de ternas y, en su lugar, sea una propuesta unipersonal por parte del Ejecutivo (para evitar el desprestigio de los otros candidatos de la terna y porque la elección de uno solo, de esos tres, deriva de arreglos partidistas).[5] Fin de cita.

Esta propuesta a pesar de ser escandalosa no es de sorprender; pues desde su paso por el Gobierno del Distrito Federal, López mostró una total falta de respeto por el poder judicial y el estado de derecho, en su visión autocrática del mundo en el año de 2003 declaró: “Una ley que no imparte justicia no tiene sentido”, y agregó: La Corte no puede estar por encima de la soberanía del pueblo. La jurisprudencia tiene que ver, precisamente, con el sentimiento popular. O sea que si una ley no recoge el sentir de la gente, no puede tener una función eficaz.[6] Por lo que resulta natural que uno de los ejes de su proyecto de nación sea debilitar y subordinar al poder judicial, en pro de la soberanía popular, (por soberanía popular entiéndase la interpretación del caudillo, véase: Paso 1 y Paso 2) Una vez concretada esta fase la autocracia será una realidad, al verse el líder y caudillo liberado de ataduras legales e institucionales; por lo cual para cualquier aspirante a dictador estos detalles resultan de vital importancia.

Paso 4. Conservando  el poder.

Una vez que nuestro querido, admirado y sagaz líder y caudillo haya llegado a este punto, entonces podremos orgullosamente llamarlo dictador, ya que a base de esfuerzo y talento habrá logrado construir un régimen autoritario en toda forma, sin embargo surge la cuestión y la necesidad de implementar las medidas necesarias para conservar los logros conquistados en los pasos anteriores.

Una figura bastante útil para las tareas de conservar y no solo conservar si no incrementar el poder de nuestro líder, es la figura del Referéndum o la Consulta Popular, aquí podremos consultar y preguntar cualquier cosa desde la supresión derechos civiles, nuevas leyes, estados de excepción, cancelación de reformas y proyectos, y la joya de nuestra corona la anhelada reelección, aunque podremos disfrazarla en un principio de revocación de mandato, pero nuestro caudillo no deberá de preocuparse por obtener negativas en estas consultas;  ya que completados los pasos anteriores el líder tendrá el dominio completo de la opinión publica y sin ningún contrapeso legal, las consultas solo tendrán la finalidad de conservar las formas democráticas así como legitimar las decisiones autocráticas invistiéndolas de “soberanía popular”. Todos los hombres que se han preciado de ser grandes dictadores desde el mismo Hitler[7][8] hasta el simpático Kim Jong Un[9] han recurrido al referéndum, plebiscito, consulta popular, llámele como usted quiera al final el resultado siempre será un espaldarazo al caudillo líder. Así pues nuestro querido López va por buen camino al proponer exactamente sus ejercicios “democráticos” a modo, donde plantea cuestionar su permanencia en el poder y muchas más cosas, juzgue usted mismo solo basta con darle una mirada a su proyecto de nación.[10]

Por ultimo y ya para concluir dentro de este mismo paso para conservar el poder es necesario también tener fuerza y capacidad de coacción, una vez que cosechamos las conciencias y coptado la estructura con la hoz, también requerimos de un martillo que nos ayude a enderezar aquellos clavos flojos, estamos hablando de la clamada figura de la policía política, tan socorrida por todo régimen autoritario e incluso los semi-autoritarios; estas policías del pensamiento las cuales surgieron como la línea de defensa definitiva del régimen, encargadas de velar por su seguridad e integridad, probaron de manera eficaz a lo largo de la historia su éxito;  tenemos celebres ejemplos como la Stasi de la pintoresca Republica Democrática Alemana o la misma Policía Nacional Revolucionaria de nuestros casi vecinos cubanos; este detalle tampoco ha sido dejado de lado ni minimizado por nuestro visionario López, ya que ni tardo ni perezoso ha formulado su propia propuesta para la creación de la Guardia Nacional Obradorista.[11]

Así pues hemos llegado al final de este brevísimo manual que todo aquel individuo que no conozca mayor razón que la propia, que sea megalómano, ególatra y obsesionado con el poder absoluto deberá seguir en su camino a hacer de su “visión y paraíso totalitario” una realidad.

*José Juan Hernández Moncada es Historiador y amante de la Libertad. Síguelo en Twitter: @JoséJuanHdzm

[1] https://elpais.com/diario/1989/12/26/internacional/630630001_850215.html

[2] https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=525202

[3] https://www.laizquierdadiario.com/El-Proceso-de-Reorganizacion-Nacional-y-su-repercusion-hoy-70248

[4] http://www.excelsior.com.mx/opinion/leo-zuckermann/amlo-y-su-desconfianza-a-la-sociedad-civil/1232004

[5] https://drive.google.com/file/d/1XXRVStZw5zKUSceC6wD-gWGdtUeWdRFZ/view en:  proyecto18.mx

[6] http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/el-mesias-tropical

[7] https://www.sudd.ch/event.php?lang=en&id=de011938

[8] http://www.bbc.co.uk/bitesize/higher/history/roadwar/anschluss/revision/2/

[9] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150719_elecciones_corea_norte_guia_aw

[10] http://proyecto18.mx

[11] http://www.wellington.mx/la-guardia-nacional-obradorista/

 

[dropcap type=”default”]T[/dropcap]odos celebramos hoy “el día del amor y la amistad” pero la historia de San Valentín va mucho más allá de la sana cursilería. Siendo sacerdote en el siglo III, Valentín desafió al emperador romano Claudio II, quien había decretado una ley prohibiendo a los jóvenes contraer matrimonio, pues consideraba que los solteros eran mejores soldados, pisoteando así uno de los derechos básicos de toda persona para beneficio de “el gobierno”.