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Por: Gerardo Garibay Camarena*

La esperanza es el nombre del juego. López Obrador lo entendió mejor que nadie y centró sus esfuerzos en una estrategia dual de comunicación, que por una parte erosionó continuamente el respeto hacia los partidos e instituciones de la era tecnocrática (contando con bastante ayuda de la escandalosa corrupción peñanietista) y por la otra se enfocó en controlar la bandera de la esperanza y ondearla en todo lo alto de su proyecto político.

El modelo funcionó, y fue tal el éxito, que llegó a Palacio Nacional con 30 millones de votos, casi el doble de los que obtuvo en los comicios del 2012. Ello se tradujo el porcentaje de apoyo electoral más alto desde hace 37 años. Es decir, en la era democrática, ningún presidente inició su mandato con un apoyo siquiera parecido al que respaldó a Andrés Manuel López Obrador. Así de claro.

Sin embargo, también queda muy claro que no es lo mismo prometer que cumplir, y en los primeros meses de su gobierno, Andrés Manuel está experimentando de primera mano el vértigo de estar al borde de ese abismo que separa las esperanzas de los hechos, donde tantos otros demagogos se han despeñado en la historia de nuestro país. Y, mientras pisa justo en el borde, titubea, culpa, pretexta y renueva promesas, que al igual que las enormes expectativas que alimentó en campaña, se quedarán en el aire o en todo caso lo acompañarán hasta las profundidades.

Esta semana, la renuncia de Germán Martínez al Instituto Mexicano del Seguro Social fue la grave señal de un paso más al vacío, no solo por el impacto logístico de un reemplazo en el IMSS a menos de medio año del inicio de la administración, sino porque refleja de forma inocultable un resquebrajamiento de la alianza política que construyó López Obrador. Después de todo, Germán Martínez no llegó al Seguro Social por su linda cara o sus muy discutibles talentos, sino por el capital financiero o político que aportó a la campaña, y debemos entender sus denuncias contra el equipo de Andrés Manuel en el marco de la guerra intestina del gabinete presidencial, acuciada por sus caprichos y la incompetencia de los funcionarios que provocan crisis sin sentido, desde el cerro fantasma de Santa Lucía hasta la falta de antiretrovirales o la eliminación de recursos para combatir el cáncer. Para usar el término tenístico, son “errores no forzados”, léase idioteces de a gratis, que son potencialmente letales para cualquier administración.

Por otra parte, conforme avanzan las campañas del 2019 y mientras empiezan a mostrar el cobre los gobiernos locales que ganó el año pasado, Morena se revela ante los ojos del público como un partido político más, culpable de las mismas mañas y corruptelas que hicieron que las personas rechazaran a los anteriores, con el problema añadido de que su único punto de identidad es la figura presidencial, y eso quizá sea suficiente para sobrevivir una campaña en elecciones generales, pero a mediano plazo es una receta para el desastre. Como ya se empezó a ver con el fuego amigos contra Barbosa en Puebla, los peores enemigos del obradorismo serán ellos mismos.

Estos tres elementos: la fractura de su alianza, la incompetencia de sus colaboradores y la caída del mito de Morena, son los grandes riesgos para el éxito del proyecto político que se ha articulado alrededor de la figura de Andrés Manuel y que aun ahora resplandece de orgullo con sus mayorías legislativas, impulsadas por el inestable combustible de la esperanza, que puede estallarles en las manos.

Si lo que se encendió como esperanza estalla convertido en odio, el peligro no es solo para Obrador, sino para el país, especialmente porque –al menos hasta ahora- la oposición parece absolutamente incapaz de recuperar para sí la bandera de la esperanza, e incluso si los ciudadanos llegan a la conclusión de que Obrador es corrupto e inepto, eso no borra de las mentes de millones de mexicanos su percepción respecto a que todos los otros también lo son.

Entonces, aparecen en el panorama dos fantasmas. El primero es el del pleno cinismo, donde nada importa, el rey va en cueros y los súbditos se burlan de sus miserias, lo que a mediano plazo es mortal para cualquier sistema político, porque la coacción del estado solo es tolerable cuando se legitima al vestirse con mitos: de justicia, estado de derecho, representación y demás. Si se le quitan sus disfraces, nos queda la violencia desnuda del aparato gubernamental. Eso elimina los diques simbólicos que mantienen la lucha política en un cauce relativamente pacífico e incentiva el uso directo de la esa misma violencia como arma de negociación.

El segundo es el fantasma del radicalismo. Los más encendidos seguidores de AMLO, al enfrentarse a la realidad de su fracaso, no reconocerán su error, sino que lo explicarán culpando a la debilidad del proceso. Dirán que el problema de Obrador no estuvo en sus propuestas o acciones de gobierno, sino en que no destruyó con la rapidez necesaria los restos del antiguo sistema. Por lo tanto, proclamarán con un hilo de locura en sus ojos que la solución es la revolución: Acelerar las reformas del obradorismo, desmontar radicalmente los contrapesos, recurrir a la violencia contra los opositores.

¿Cómo impedirlo? ¿Generando un nuevo líder que retome la esperanza? Quizá esta, por improbable que resulte, pareciera la solución más simple en el corto plazo, pero no es la mejor opción.

¿Por qué?

Porque poner la esperanza en los políticos alimenta un ciclo permanente de decepciones. Incluso si encontráramos a la proverbial persona honesta y le entregáramos las llaves de Palacio Nacional, el margen de maniobra de los gobernantes es bastante más limitado de lo que gente cree, y el potencial destructivo de la administración pública es mucho mayor que su capacidad de construir.

¿Entonces?

La esperanza que tenemos que recuperar es la que surge de la libertad de cada persona, que visualiza el futuro, que enfrenta la incertidumbre y que colabora en la familia, la comunidad o la empresa para darle vida a esa visión, con madurez, audacia y creatividad. En todo caso habrá que construir liderazgos e instituciones que surjan de esa misma esperanza, pero no podemos simplemente encajarle un slogan bonito a un tipo con carisma y esperar que nos saque del atolladero, esa falsa esperanza siempre termina en fiasco.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

No. López Obrador no llevará a México hacia el socialismo o lo convertirá en una nueva versión del chavismo venezolano. No. Al menos no por ahora.La semana que ha pasado desde su triunfo ha sorprendido a muchos: López Obrador se ha comportado con una civilidad política que no se le conocía en su larga carrera política, reuniéndose en términos respetuosos y constructivos con el presidente Peña Nieto, gobernadores opositores y empresarios. Además, algunos de sus próximos funcionarios han anunciado reversa a varios proyectos preocupantes, como clausurar la apertura en el sector energético o subsidiar las gasolinas, o bien, han guardado una apaciguante indefinición en temas como la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.



Para muchos, es un perfil inédito en López Obrador. Para otros, López Obrador simplemente está comenzando a hacer el pago de facturas a quienes le ayudaron (al menos en parte) a alcanzar la Presidencia, precisamente a Peña Nieto, gobernadores supuestamente opositores y empresarios. Al respecto, lentamente van saliendo a la luz los posibles acuerdos políticos entre López Obrador y Peña Nieto, así como con algunos gobernadores del opositor PAN, que explicarían parte de la impensable debacle electoral del priismo, incluso en sus más preciados bastiones históricos, con el único propósito de detener un probable repunte de Ricardo Anaya y el PAN, y apuntalar el triunfo de López Obrador.

La contención y civilidad actuales de López Obrador no es sólo por el pago de posibles facturas políticas. Tiene también un componente económico, ahora que los mercados son, quiérase o no, una especie de quinto poder en las decisiones de gobierno. Al respecto, el populista segundo discurso de López Obrador la noche de su triunfo, significó una mala señal para los mercados y conllevó, en tiempo real, una fuerte caída del peso frente al dólar. Esto ha obligado a sus futuros funcionarios a ser prudentes e insistir en la necesidad de conservar la confianza de los mercados.

Sin embargo, el real López Obrador, ya sin afeites, disfraces ni acuerdos de por medio con sus adversarios, lo veremos a partir del 1 de septiembre, cuando asuma el nuevo Congreso (él asumirá tres meses después), donde su facción política tendrá una aplastante mayoría, incluso para revertir todas las reformas constitucionales que quiera.Al respecto, la Constitución mexicana impone requisitos muy exigentes para cambiarla. Para hacerlo es necesario que estén a favor dos terceras partes de la Cámara de diputados y otro tanto del Senado, así como 17 de las 32 legislaturas locales. Ningún Gobierno mexicano había tenido en los últimos veinte años tal grado de control y poder políticos. Hasta ahora.

Aunque López Obrador no tendrá, en apariencia, la mayoría suficiente para impulsar cambios sustantivos a la Constitución, estará muy cerca de lograrla, sea mediante un acuerdo político con el PRI o el PAN, o bien, como creo que será el camino a andar, por la simple compra de algunos legisladores del PRI, el PRD o de otros partidos, como los que desaparecerán por su baja votación, pero tendrán legisladores por sus convenios de coalición con PRI y PAN.En tal sentido, López Obrador será un mandatario muy poderoso: será además de presidente, jefe de Estado, jefe de Gobierno y jefe de las Fuerzas Armadas. También será el jefe de su partido, líder de los gobernadores de su partido y de la coalición que lo llevó al poder, la cual tendrá la mayoría relativa en el Congreso. Esto le permitirá a López Obrador promover iniciativas que tendrán garantizada la aprobación del Poder Legislativo.

Además, tendrá la posibilidad de colocar a cualquiera de sus partidarios en cargos claves del Poder Judicial, incluyendo la Suprema Corte de Justicia, o en organismos autónomos, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos o el Banco de México, o dependencias que requieren la intervención del Congreso, como la Procuraduría de Justicia, la Secretaría de Hacienda y todas las representaciones diplomáticas.Si a ello sumamos lo que vimos estos últimos días, con empresarios y opositores en franca declinación ante López Obrador, sin condicionar su apoyo, sin esperar a sus primeras decisiones de gobierno y renunciando sin presión a su condición de ciudadanos, para adoptar la posición de meros súbditos, veremos como diría el analista Macario Schettino, que regresamos políticamente a un tiempo anterior a 1986, a la época del PRI monolítico y absorbente.

Así, si López Obrador, una vez tomando posesión de su nuevo cargo el próximo 1 de diciembre, no nos lleva al socialismo o a cualquier otra forma de coacción social, no será porque no pueda, sino simplemente porque quizá no quiera. Así de omnipotente será su poder.Pero, al final, ¿qué queremos decir con llevarnos al socialismo? Visualizarlo en ese hipotético futuro nos impide percatarnos que ya vivimos en él. Todo nuestro arreglo institucional y político es una forma de socialismo, quizá light en sus formas y discreto al no auto definirse como tal, pero socialismo al fin. Como insiste el académico Arturo Damm: Gobernar hoy en México es sinónimo de redistribución gubernamental del ingreso. Y redistribución del ingreso, en cualquier forma o magnitud, es socialismo.



Por otro lado, basta consultar cualquiera de los más importantes índices de Libertad Económica y la posición de México en ellos: puesto 63 en el Índice de la Fundación Heritage, y puesto 76 en el Índice del Instituto Fraser, o bien, cualquier otro que mida aspectos de apertura, conectividad, competitividad, etc., para percatarnos que vivimos muy, muy lejos del “neoliberalismo” que López Obrador aduce. Los políticos como él hablan y hablan de que México sufre por el liberalismo y el neoliberalismo, cuando en realidad vivimos en un infierno socialista. Por honestidad que nos diga qué tenemos de libre.

Basta también revisar las principales ofertas de los ex candidatos presidenciales competidores de López Obrador, para observar que todas ellas, sin excepción, eran variantes de una misma visión y práctica socializante. Vivimos en México en un socialismo puro y duro, y estamos educados y condicionados para no observar que vivimos en él. Vamos: Ni siquiera para quejarnos. Al contrario: Pedimos cada día a nuestros políticos más y más socialismo, más Estado. En tal sentido, López Obrador es sólo la culminación de esa súplica.Así que no: López Obrador no llevará a México al socialismo. Ya vivimos desde hace mucho en él.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

Lo he decidido: ¡No votaré por Meade! – Es desperdiciar mi voto y darle más vida al Sistema que ha hecho tanto daño a México.

Quienes me conocen no lo creerían, pero hasta hace unos días tenía algunas dudas entre Meade y Anaya, y no, mis razones no eran moralinas, ni siquiera partidistas, realmente estaba siguiendo los resultados de encuestas, buscando sondeos y datos, preguntando en radio pasillo, midiendo percepción, etc. Porque lo que no me gustaría, y lo he dicho desde hace ya mucho tiempo, es que gane AMLO. Lo confieso: Sí, estaba esperando a ver si se movía no tanto el número, sino la percepción de que Anaya era el segundo y de que el llamado “voto útil” iría con él. El PRI me dificultó las cosas, pues hicieron todo cuanto pudieron para que no se viera que Meade estaba hundido. Al final, sin embargo, logré ver un panorama más amplio y entenderlo.

Entre mis confesiones electorales, diré que si las cosas se hubieran movido y hubiera sido claro que Meade podía ganar, estaba dispuesto a votar por él. No obstante, estoy claro y reconozco que Meade podría haber sido un gran Presidente, si no lo hubiera postulado o si no hubiera aceptado ser abanderado del PRI y fuera un buen candidato. El mejor candidato con el peor partido. Fue su propuesta de Valor.

A veces me llega a la mente otro escenario. ¿Se imaginan si Meade hubiera sido el candidato del PAN y el PAN no hubiera hecho la alianza con el PRD y MC? ¡Uy! En ese caso, con Meade como candidato del PAN, las cosas fueran distintas y hasta normales.

Solo piénsalo: La propuesta electoral del PAN no se hubiera percibido como traidora de sus principios, Anaya habría permanecido como Presidente del Partido y habría operado una elección con eficacia absoluta. ¡Otro gallo nos cantara! Es más, hasta Margarita y Calderón estarían unidos a la campaña apoyando a su amigo Pepe Toño. Los gobers pintarían sus estados de azul, en lugar de pintar su raya, y habríamos salido todos a hacer campaña, como en los viejos tiempos. Ernesto Cordero y sus amigos tecnócratas azules se hubieran puesto las pilas para hacer una sólida plataforma electoral que nos preparara para el desarrollo económico de a de veras y en una de esas hasta a Meade le brotaba el liderazgo necesario para ser buen candidato… Pero no, no fue así y el hubiera no existe.

En fin. De regreso a la realidad, con Anaya como candidato del Frente ese, con Meade como candidato no Priísta del PRI, con Obrador como candidato a mesías juarista pero religioso y con el Bronco como candidato a standupero (perderá contra la Puri). Luego de ver todas las señales, simbolismos, mensajes, encuestas, posturas, alineaciones, alienaciones y demás información que pasó por mis manos, oídos y ojos. He llegado a la conclusión de que, de hecho, a nadie le conviene que gane el PRI la Presidencia; ni siquiera al mismo PRI.



Para mi alivio no concluí desde la historia de las campañas, y tras hacer un análisis estadístico profundo de las interrelaciones entre todos los factores, no tuve que hacer una regresión lineal para encontrar la ecuación que me permitiera pronosticar el resultado. De hecho hice lo contrario, una simple progresión, o sea: Solamente cerré los ojos y me imagine qué pasaría con México si el 1 de julio en la noche se anunciara que ganó Meade. Los abrí 3 segundos después, agarrado de la mesa para no caerme. Esto es lo que vi en mi breve sueño:

11:00 pm del 1 de julio: El PREP arroja resultados suficientemente confiables. “La tendencia es irreversible, José Antonio Meade es el ganador de las elecciones y próximo presidente de México”. – Silencio en el país y en el mundo entero. Caras de asombro, inimaginable sorpresa, aplausos aislados que de ponto toman fuerza.

 Era una grata sorpresa. De hecho una magnífica noticia que incluso rendiría “frutos espirituales”, dignos de celebrarse con champagne en los círculos “fifís”, pues los rezos y plegarias a la Guadalupana, que se pudieron elevar gracias a los espectaculares que vieron desde el segundo piso del periférico, habrían sido escuchados. ¡La Patria está salvada! ¡La Vida y la Familia serán preservadas para siempre! – Exclamarían, desde sus repentinas vacaciones en Disneylandia.

 De pronto, la alegría y la dicha, se interrumpían por un sonido aterrador, un rugido ensordecedor y fuego en el ambiente. El diablo aparecía montado a un inmenso tigre y México sucumbiría abrasado por su iracundo látigo. El profeta Ackerman lo había predicho: “Vendrán los tiempos de “chingadazos”.

El PRI no debe, no puede ganar por que no hay una narrativa que lo soporte. Digan lo que digan las encuestas pagadas y mal pagadas, en el balance total y en el propio mensaje priísta del final de la campaña: “Lo importante no es un voto útil por el segundo, sino un voto razonado”, se hizo evidente que al PRI ya no le alcanza y que la única lógica que abriría la posibilidad del triunfo de Meade sería un no mega, ni giga, sino tera-fraude y entonces sí, el país se incendia, sin visos de que haya bomberos que le apaguen.

Imagina ahora este nuevo sexenio. Si así le fue a Peña y traía, en aquel momento, aún aceitada la maquinaria priísta y había sumado fuerzas para sacar adelante el Pacto por México, ¿Cómo le iría a Meade, al PRI y al país desde el principio de su mandato? Eso si lograra rendir protesta… ¿Te acuerdas de cómo tomó protesta Calderón en 2006? (Lo metieron a escondidas por una puerta de atrás del Congreso) – No habría legitimidad creíble, aunque fuera cierto que ganó bien.

El Priísmo para sobrevivir y prosperar necesita paz social, no habrá dinero que alcance para amarrar al tigre, enfrentar al diablo y parar los “chingadazos”, aunque traten de poner a AMLO de domador, exorcista y sparring. – Las turbas iracundas desconocen a sus dueños, al haberlas despertado.

Con este escenario que, te garantizo, no he sido el único que lo ha imaginado – ¿Crees que los gobernadores del PRI y los demás verdaderos operadores políticos de la maquinaria, se van a jugar todo su capital para apoyar a Meade que además no les representa por que no es priísta? – ¡No! – Harán lo necesario para sobrevivir pase lo que pase esperando que no pase lo peor. Repartirán sus votos porque necesitan quedar bien con todos, de lo contrario la reducción en el presupuesto para sus estados será su primer castigo por no ir con el “bueno”, y quién les puede juzgar por no actuar razonablemente. Lo mismo pasará con los sindicatos, los organismos corporativos y las bases del PRI a nivel colonia. Nadie quiere perder sus prevendas, nadie quiere salir del Sistema, pero el Sistema se muere si no cambia. No hay ya condiciones para seguir reinando, o sobrevive reducido pero aún fuerte o se alinea con un nuevo dueño; un nuevo tirano que no comparte el poder, cuando la base cultural del PRI–Sistema es compartir todo entre La Gran Familia Revolucionaria.

Entonces, la tan temida y sobrevalorada “máquina electoral y corporativa Priísta” no puede hacer lo que suponíamos que haría. Si no hay ruedas el carro no avanza. No reunirán los votos de siempre, no pueden alcanzar su piso, por que ya no van juntos y, aquí viene lo interesante, precisamente por esta obvia baja en los votos, necesitan convencernos a los demás, a cualquier precio y con cualquier mentira, creamos en lo que creamos y vayamos con quien vayamos, de hacer “Voto Útil” por Meade, por que no debe notarse que traicionaron y el PRI debe mantener su “piso” o desaparece. Es solo cuestión de sobrevivencia. – Bajo la lógica: Si quito de acá, pongo lo mío de este lado y ¡Pum! – Nadie lo nota… ¡No´mbre, unos genios!

Pongámoslo en términos claros: El mejor escenario posible para el PRI es mantener algunas gubernaturas y tener posiciones en el congreso, pues puede negociar con AMLO (habrían de mandar la señal de buena voluntad al puntero, dándole algunos votos). Entonces, hay menos riesgo en apostar dividido que ir con quien haya dicho Peña con todo su capital pues solo podrían esperar dos posibles resultados: Tener una derrota estrepitosa y borrarse de un plumazo o tener una victoria pírrica y gobernar un país incendiado. ¡Dividirán su voto! Pero su estrategia es quitar votos a Anaya o a quien sea, para cubrir los huecos. Si ellos terminan en segundo, su posición de negociación mejora. Anaya estorba.

Sin embargo, si dividen su voto y no logran quitar votos de otro lado, serán derrotados en tercer lugar y quedarán muy débiles (como Voldemort sin horrocruxes). Ahora se entiende por qué aunque Meade no tenga posibilidades, se empeñan en mantenerlo vivo. Está claro entonces qué le conviene al PRI y no es el bienestar de México.

¿Qué nos queda entonces a los que sí queremos el bienestar de México y no creemos que éste sea posible con AMLO como Presidente? – ¡Pues votar por la otra opción!

Aunque todas las encuestas hayan sido pagadas, fueron pagadas por diversos actores, así que si bien el promedio no les vuelve exactas, los intereses resultan equilibrados al ponderarlas, y el dato de que Anaya va en segundo está clarísimo en Oraculus: https://oraculus.mx/poll-of-polls/

Así como el PRI, dará alguna ofrenda de votos a MORENA, también buscará quitarle votos, francamente el PRI sabe comprar votos mejor que MORENA, por lo que es previsible que MORENA no tenga tantos votos como se esperaba. Los votos de Anaya son menos comprables, así que Anaya sí puede contar con la base del PAN, PRD y MC, más lo que hayan operado conseguir del PRI que aunque en menos proporción también podría mandar algún apoyo a este candidato, pensando en que AMLO no gane por tanta diferencia.

Si el Voto Anti AMLO o Útil, lo capitaliza Anaya, entonces sube un poco más y entra en posibilidades de ganar. El tracking intra – partido, (con el que se toman decisiones al interior de la campaña) le pone a 6 puntos de AMLO en este momento. Ojo, esto es importante – El pleito de Anaya es con Peña, no con todo el Priísmo. Así que también jalará Anaya voto blando de ese partido, porque nadie lo da por perdido y ningún Priísta de buena voluntad, que existen, prefiere a AMLO que a Anay




El Voto Útil (tu voto) es la diferencia, si va con Anaya puede hacer perder a AMLO y dejar débil a Meade, si va con Meade, hará ganar a AMLO y éste terminará por absorber al PRI, que se acabará alineando al nuevo Tlatoani, pero manteniendo ciertas posiciones clave, dejando al resto de nosotros como minoría insignificante y lejos de los espacios de poder y decisión. Si jugaste Risk alguna vez, es como quedarse en Oceanía.

Ahora bien, de todas formas se va a soltar el tigre, pero eso gane o pierda López. Si pierde, contra Anaya, pues varios días o semanas, pero ya nos acostumbramos. Si gana, algunos días veremos desmanes, pero de turbas resentidas y de aprovechados que querrán hacerse justicia y repartirse por su cuenta lo que les han dicho que se merecen. El problema serio vendrá si AMLO ganando, considera que este tipo de personas, las mismas que saquean camiones accidentados y hacen otras linduras, son el Pueblo bueno. Entonces sí la cosa se pondrá fea, pues las instituciones irán pereciendo una a una y la riqueza del país será utilizada para saciar a estas hordas, primero con recursos públicos y luego, cuando se acaben, con tus cosas y mis cosas. Ese es el escenario que debemos evitar a toda costa.

En resumen, al final podemos, si nos ponemos listos y convencemos a más, aprovechar la estrategia del PRI para que gane México. Ésta es una excelente oportunidad, para no tener más en el poder Ni al Viejo ni al Nuevo PRI, y frenar un posible, que no seguro, intento de incluir a México en la Revolución Bolivariana, léase, lograr que el Gobierno de México, el petróleo y nuestros impuestos, mantengamos vivos los regímenes de Cuba y Venezuela, ahora que les han cerrado en las narices la puerta en Colombia, su otra esperanza.

Podemos llevarnos 3 x 1, vencer 3 malos proyectos de nación con un solo voto. ¡Es buena oportunidad! ¿A poco no? – ¡Tú lo decides mañana!

*Héctor Uriel Rodríguez Sánchez. Apasionado de la Política, Speaker y Consultor de Negocios. En Twitter: @hectoruriel y en Facebook: /hectoruriel.r

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]C[/dropcap]asi con seguridad, a menos de que ocurra un “milagro” imprevisible (como el reciente 1 a 0 de México a Alemania en el Mundial Rusia 2018), el próximo 1ero. de julio se oficializará el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales mexicanas. Así lo indican todas las encuestas, sin excepción, que a pesar de las discusiones respecto a que sobrestiman la preferencia por López Obrador, no sugieren un ajuste mayor en la posición final de los candidatos presidenciables.

Muy probablemente López Obrador también obtendrá la mayoría en el Congreso, a través de la coalición que lo apoya, aunque aún no es posible saber la magnitud de dicha mayoría en sus dos cámaras, pero se antoja difícil que sea una mayoría de dos terceras partes de las curules, lo que le dificultará iniciar cambios constitucionales para revertir muchas de las reformas fundamentales de los últimos 30 años. De igual manera, probablemente ganará entre cuatro y seis de los nueve gobiernos estatalesen juego, incluyendo la estratégica Ciudad de México.



Este desolador panorama no debiera posponer la tarea de saber porqué sus rivales nunca tuvieron una real posibilidad de vencerlo. Posponerla solo hará que se contamine en la venidera “guerra civil” que ya se adivina dentro de PAN y PRI para asignar culpas y responsabilidades interesadamente, así como dentro de las coaliciones que cada uno encabeza, donde se buscará justificar fugas, defecciones y traiciones.

Creo que un primer elemento a considerar en la derrota de Ricardo Anaya (PAN)  y José Antonio Meade (PRI), fue el discurso del “voto útil”: Ambos candidatos se concentraron tanto en desacreditarse y así obtener un segundo lugar que, supuestamente, les daría al final una avalancha de votos, que dejaron a López Obrador escaparse solo hasta la meta. De ese modo, López Obrador pudo imponer los términos de la agenda pública y operar políticamente, mientras Meade y Anaya se desangraban en una pelea sin piedad, al final infructuosa. Hoy tal idea del “voto útil” es solo una estrategia para rescatar algunos puestos más en los congresos federal y estatales, pero ya no para obtener la Presidencia. Pero en ello al menos son consistentes: la estrategia de ambos siempre estuvo dirigida a ocupar el segundo lugar, nunca a ganar.

La pelea personal del presidente Peña Nieto con Ricardo Anaya sólo reforzó la mala orientación ya impuesta por el discurso del “voto útil” y, en tal sentido, puede hablarse de que fue otra de las causas de la derrota compartida. Más allá del condenable uso de las instituciones del Estado para perseguir a un enemigo del presidente, lo políticamente impropio fue que Meade hiciera suya esa pelea personal y la impulsara como lo hizo, contraviniendo la tradición priista de que el candidato no heredaba los enemigos ni los problemas del presidente y que, incluso, en algún momento se desapegaba de él: el candidato representaba un nuevo comienzo, un dar vuelta a la página, atemperando conflictos y mostrando apertura y conciliación hacia los desafectos y rebeldes. En los hechos, todo confluyó para animar una pelea a vida o muerte en el lodo, de la que el único beneficiario fue López Obrador, que incluso pudo darse el lujo de ofrecer impunidad a Peña Nieto, mientras Meade y Anaya se amenazaban con el encarcelamiento.

Dicha pelea impidió cualquier coincidencias en el ámbito de lo estrictamente político entre ambos candidatos y sus equipos, a fin de frenar a López Obrador, al menos en áreas geográficas específicas y redituables para ambos. Mientras panistas y priistas se afanaban en su destrucción mutua, López Obrador operó una “cargada” de oportunistas a su favor, propia de la época dorada del priismo.

El discurso del “voto útil” también llevó a creer en sus “cuarteles de guerra” que la única forma de ocupar ese ansiado segundo lugar era prometiendo dádivas, dinero, populismo a manos llenas. Así, ni Meade ni Anaya se diferenciaron en sus propuestas fundamentales y, peor aún, terminaron pareciéndose a López Obrador. En tal sentido, no hay motivo para culpar a los votantes por dejarse engañar por un populista como López Obrador, que nos estancará en la incompetencia y la corrupción: el elector simplemente fue racional en su decisión, quien por el mismo precio (su voto) optará por el producto original, no por sus malas copias.

Junto con un discurso indistinguible respecto al de López Obrador, ni Anaya ni Meade lograron elaborar otro que defendiera las reformas de los últimos 30 años (que PRI y PAN construyeron juntos desde 1988 y hasta la fecha) y ofrecieran continuarlas y profundizarlas: No hay en el discurso de ambos una sola propuesta propia de reforma estructural, de apertura modernizadora, de política liberalizadora. Ni una sola propuesta que tratara al ciudadano con respeto, no como mendigo. Simplemente ambos se dejaron arrastrar y vencer por el discurso del populismo. Ambos fueron lo mismo que López Obrador, pero más caros. Y menos creíbles.

También Anaya y Meade perderán porque ambos adoptaron el mismo discurso de López Obrador de lucha contra la corrupción, creyendo que movilizaría también pasiones y adhesiones de una ciudadanía indignada por los escándalos protagonizados por el presidente Peña Nieto, sus funcionarios y los empresarios beneficiados por su régimen. Olvidaron que en sus bocas, tal discurso sería poco confiable: uno como ex alto funcionario de su gabinete, el otro como ex aliado fundamental en sus reformas. En términos electorales, sus palabras valieron poco y nada para un electorado indignado y harto.



Finalmente, el fragmentado estado de sus partidos y coaliciones será también fundamental en su probable derrota del próximo domingo 1ero de julio: Las divisiones y poca lealtad inspirada por uno y otro por la forma en que llegaron a sus candidaturas, y el poco oficio político para subsanarlas, seguramente se reflejarán en una baja movilización electoral de sus partidos y coaliciones, y en una débil adhesión de los legisladores y funcionarios locales triunfantes.

En los hechos, así se prefiguran los escenarios futuros en que se disputará el poder residual al interior del PAN y del PRI, así como el carácter y composición de la oposición realmente existente a López Obrador a partir del 2 de julio. En esos escenarios está por verse si Anaya y Meade tienen algún papel, siquiera secundario. El que hoy ninguno de los dos tenga un papel garantizado dentro de sus propios partidos, habla de la incompetencia y las malas decisiones que fueron su constante en toda esta campaña electoral.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: José Luis Dueñas Barrera*

Un primer análisis a fondo de la nueva encuesta de COPARMEX-Este País.

En periodo electoral es natural que el debate público se concentre en las estimaciones de victoria, bien sea por un genuino interés de la ciudadanía o bien por tácticas de comunicación tendientes a modificar la percepción, éste último caso ha orillado a “evitar la incertidumbre” en términos del sociólogo Geert Hofstede. Dicho en otras palabras, evitar la incertidumbre se traduce en incrementar las regulaciones sobre aquellas cosas que provocan duda como justamente las encuestas, mismas que ya requieren cumplir requisitos para ser publicadas y evidentemente a más regulación, más dudas, más injuria, más trucos para eludir.



En este contexto se han publicado encuestas falsas y encuestas que cumplen requisitos administrativos que las hacen legal y matemáticamente confiables, pero distan mucho de tener requisitos técnicos que las hagan humanamente confiables.

COPARMEX y la fundación Este País, conscientes de la poca credibilidad en las más recientes encuestas electorales, deciden realizar la propia con varios puntos a su favor:

  • La realizan dos empresas al mismo tiempo (Ipsos y Berumen). Ipsos, por cierto, fue la única encuestadora que calculó acertadamente el margen de victoria de Enrique Peña Nieto sobre López Obrador en 2012.
  • Una empresa auditó a la otra en todo el proceso.
  • La muestra es mucho más amplia que la mayoría de las encuestas. Más de 7 mil personas sólo para la encuesta presidencial. Aunque matemáticamente bastan alrededor de 1800 encuestas para los 90 millones de votantes de México, sin duda entre más personas, mayor confianza humana.
  • La base de datos completa se pondrá a disposición del público el día de mañana 13 de junio.
  • La distribución geográfica es más representativa del país, a diferencia de otras encuestas que se concentraron en pocas ciudades. Esta encuesta fue realizada en 750 secciones electorales distribuidas equitativamente en 150 secciones por cada circunscripción electoral (México se divide electoralmente en 5 bloques llamados circunscripciones, a su vez en distritos electorales, secciones y casillas).
  • Las personas que levantaron la encuesta eran monitoreadas en persona y digitalmente, reduciendo un posible sesgo que yo denomino el sesgo del repartidor de volantes: cuando un repartidor de propaganda casa por casa desea terminar rápido, “avienta” a cada domicilio dos o más volantes, agilizando su labor. De forma similar, los encuestadores pueden llegar a verse tentados a contestar encuestas sin necesidad de tocar puertas ni cumplir el protocolo, ya que carecen de vigilancia de su empresa o porque la encuesta se realiza en papel. Esta encuesta se realizó en tablets con GPS integrado y conectadas a un centro de control.
  • La tasa de rechazo fue del 41.7%. Eso suena demasiado ciertamente, pero en el resto de las encuestas la muestra queda fija en 1,200 personas aproximadamente y no realizan tantas encuestas exitosas hasta lograr la muestra completa, es decir, si sólo les contestaron 400 personas, con eso se conforman, hacen cálculos y publican la encuesta. Ipsos y Berumen en esta encuesta realizaron más de 25 mil intentos en total, hasta lograr las 7 mil encuestas exitosas para encuesta presidencial y 13 mil para encuestas de elección a gobernador.
  • Las gráficas muestran el porcentaje bruto, es decir, no hacen magia matemática para sumar los indecisos a cada candidato. Muestran hasta el mínimo resultado en porcentajes.

Dicho lo anterior, veamos el resultado más relevante: la encuesta presidencial

Como vemos, los indecisos son el segundo lugar empatados con la coalición PAN-PRD-MC y representan la quinta parte del electorado: 2 de cada 10 ciudadanos no han decidido por quién votar. Y la ventaja de la coalición Morena-PT-PES es al menos 10% menor que en la mayoría de las encuestas ya publicadas.



En la misma encuesta se pregunta en dos ocasiones por la preferencia de votación, en el día de la encuesta (realizada entre el 30 de mayo y el 6 de junio) y si fuese el 1ro de julio; en la segunda pregunta llama la atención un resultado: los indecisos aumentan al 27.8%, es decir que el día de la elección aproximadamente 1 de cada 10 personas que ya habían decidido su voto, van a marcar una opción distinta en la boleta.

Otro dato de mucha relevancia es la distribución porcentual del voto por partido político. Típicamente las encuestas exhiben un resultado condensado por Candidato, sumando las estimaciones de voto para cada partido. En la boleta electoral para elegir Presidente (y en la mayoría de las boletas electorales), verás repetidos los nombres de los candidatos tantas veces como partidos políticos los postulan y las encuestas replican este diseño de la boleta.

Con esta boleta simulada se elabora la encuesta que analizamos aquí y los resultados son realmente impactantes pues revelan que el PRI está a punto del colapso, con menos intención de voto que el PT, y 5 partidos políticos nacionales podrían perder su registro (PRD, MC, PVEM, PANAL y PES).

Las cifras indican que para ejercer una verdadera opción de voto útil que frene la amenaza populista y el avance en México del Foro de Sao Paulo (también llamado por un asambleísta venezolano, “El Eje del Hambre”), hoy punteros en prácticamente todas las encuestas, hay al menos numéricamente una sola opción consolidada en el 2do lugar.

Si Ricardo Anaya Cortés y la coalición PAN-PRD-MC logran sumar voto efectivo de al menos la tercera parte de los indecisos más voto útil equivalente a la tercera parte de cada partido de la coalición Todos por México PRI-PVEM-PANAL, los resultados serían los siguientes:

PAN-PRD-MC = 21%

Bajo estos escenarios en los que aún quedan 14% de indecisos, la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), estaría a 9% del puntero en encuestas e incluso a menor distancia considerando el error estadístico y la posibilidad de que más indecisos se agrupen en torno a la coalición PAN-PRD-MC, mientras que la coalición Todos por México (PRI-PVEM-PANAL), estaría a un lejano 14% de distancia.

Nada está decidido aún. Al igual que la mayoría de las elecciones en todo el mundo desde el año 2000, los resultados se perfilan distintos a lo que se publicita en encuestas (Brexit en Reino Unido, Juan Manuel Santos vs Antanas Mockus en Colombia, Hillary Clinton vs Donald Trump en EUA, Vicente Fox vs Francisco Labastida en México, por citar ejemplos).

Con toda esta información, lo puedo afirmar: La diferencia sí la haces tú el 1ro de julio.

  • Otros resultados relevantes en esta encuesta.
    • Estimación para Diputados Federales y Senadores por partido político:

Estas tablas recalcan la existencia del voto diferenciado en todo el país  pero también es una buena noticia para la democracia: se espera que en ambas Cámaras nadie, ni en coalición, obtenga la mayoría simple (50% + 1) con la que se reforman la mayoría de las leyes, y mucho menos la mayoría absoluta (66%) con la que se podría modificar cualquier ley sin requerir coaliciones legislativas, por lo que quien gane la Presidencia tendrá los necesarios contrapesos en el Poder Legislativo.

  • Preferencias brutas para Gobernador, con márgenes de error del + – 5% en la mayoría de los casos:

Llama la atención el repunte de un candidato independiente. El PVEM posiblemente pierda la tele-gubernatura de Manuel Velasco. De mantenerse esta tendencia en un estado que ya está acostumbrado a la alternancia política recurrente, los indecisos no representarían una diferencia significativa.

A diferencia de lo que corre en medios, a Mikel Arriola le pesa la marca y no logra movilizar ampliamente al electorado con sus propuestas a favor de la vida y la familia. En la Ciudad de México el mismo grupo político que ha gobernado la capital desde el año 1997, a pesar de los escándalos de corrupción, podría detentar la Jefatura de Gobierno sólo que bajo siglas distintas. Ojo con Sheimbaum para 2024. Barrales podría elevar significativamente el miserable 10-12% de votación que el PAN suele obtener desde el año 2006. Aquí los indecisos son una fuerza de gran relevancia que dificultarían el camino de Morena.

En Guanajuato no es sorpresa que la coalición encabezada por el PAN tenga buena preferencia electoral, lo que si destaca es que es realmente elevada y que el PRI cae al tercer lugar de las preferencias. De mantenerse esta tendencia, los indecisos no representarían mayor fuerza a favor de otras alternativas.

Movimiento Ciudadano tiene un bastión en donde es altamente competitivo, Jalisco. Actualmente gobierna el PRI pero pierde fuerza. Destaca que el otrora PAN tres veces seguidas ganador de esta importante gubernatura, arrastra un cuarto lugar en las preferencias. Sí y sólo si la totalidad de indecisos se vuelca por el PRI o por Morena, podrían dificultar el camino de Movimiento Ciudadano.

En el Estado de Morelos es sorprendente que el electorado prefiera a un ex futbolista sin preparación académica. Aplica muy bien aquel dicho del propio López Obrador que profirió para el PRI en el Estado de México, pero ahora el saco le queda a Morena en Morelos: podrían poner a una vaca como candidata y ganaría. El PAN recupera ligeramente su preferencia por encima del PRD y moraleja: debieron coaligarse ya que, en este escenario, sólo si los indecisos se movilizan a favor del PAN podrían competir decisivamente.

El polémico exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, podría perder este bastión importantísimo para el PAN. Por aquel experimento de mini gubernaturas de dos años, Puebla y Veracruz podrían pasar a manos de Morena. Aquí el error estadístico de + – 5% perfila una competencia reñida donde el PAN podría ganar con la diferencia mínima y los indecisos sí serán clave.

Tabasco refrenda su preferencia política por la izquierda, sea bajo las siglas del PRI, del PRD o ahora de Morena. Llama la atención que en esta encuesta el PAN está en segundo lugar aunque desde luego tan abajo en preferencias que no alcanzará ni siquiera para hacer contrapeso a la dictadura de Tomas Garrido en el siglo XXI. Los indecisos no representarían una fuerza a favor de ningún candidato.

Final de carrera de caballos. El PAN podría retener esta gubernatura tan peleada ya que desde hace doce años es una opción altamente competitiva en Veracruz. Hace dos años se decidió elegir un gobernador electo popularmente pero interino, a efecto de homologar las elecciones federales con las estatales. En aquel momento las encuestas daban resultados muy similares y la coalición PAN-PRD obtuvo la victoria. Los indecisos podrán dar el veredicto final.

Bajo una coalición PAN-PRD se había logrado la alternancia de partido en Yucatán, pero el PRI retornó con mayor fuerza y el PAN se ha debilitado. Aunque al final las elecciones siempre quedan entre dos opciones, en Yucatán hay un empate técnico entre tres alternativas por el momento y destaca que la izquierda representada por Morena-PT-PES tenga una elevada preferencia electoral en aquel estado. También aquí los indecisos podrían dar el resultado definitivo.

*José Luis Dueñas Barrera es Secretario General de Haz Bien el Bien A.C., Maestro en Administración Pública y Coordinador Académico de Licenciatura en Ciencia Política en la UNIR. En twitter: @duenasluis

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]as elecciones en México entran a su etapa decisiva, aunque anti-climática. A veinte días de la elección presidencial la única disputa real es por el segundo lugar, según indican todas las encuestas. Si la elección fuera hoy, Andrés Manuel López Obrador obtendría alrededor del 50% de los votos, en apariencia, una proporción no vista desde las épocas en que el PRI era el partido hegemónico, durante el siglo pasado.

Por supuesto que la aparente inevitabilidad del triunfo de López Obrador y la enconada disputa entre José Antonio Meade y Ricardo Anaya por el segundo lugar, han propiciado un ambiente sobrecargado de tensiones en la política mexicana, agravado por los 112 asesinatos y más de 400 agresiones a políticos y candidatos en este proceso electoral desde septiembre de 2017, atentados en su mayoría impunes y quizá indicativos de una más agresiva y envalentonada incursión del narcotráfico en la actividad política.



Así, se especula (creíblemente) en una nueva tentativa del gobierno del presidente Peña Nieto para afectar la campaña del opositor Ricardo Anaya, a partir de un video anónimo que lo vuelve a ligar (sin datos nuevos) con el lavado de dinero para financiar su carrera política, y transmitido (inusualmente) en horario estelar en las dos principales cadenas televisivas del país, además de una agresión al automóvil del propio candidato.

El supuesto interés de Peña Nieto en afectar a la campaña de Anaya no sería ya tanto favorecer a José Antonio Meade y al PRI, sino asegurar el triunfo sin protestas, cuestionamientos legales ni sobresaltos a López Obrador, a cambio de que éste garantice impunidad a Peña Nieto y a sus principales funcionarios. En los hechos, la realidad poco a poco va dando la razón a estas sospechas, y todo parece indicar que se va creando un co-gobierno entre PRI y MORENA, para lo que resta del actual gobierno.

Al respecto, la respuesta de Anaya ha sido rápida y contundente, logrando controlar y quizá hasta revertir el daño, en apariencia, lo que también haría pensar si el nuevo video no fue, en realidad, una operación del propio Anaya para victimizarse, aprovechando el repudio contra el gobierno de Peña Nieto y su partido. En la hora decisiva de la política mexicana todo puede ser posible.

A ello sumemos la discusión sobre la credibilidad de las encuestas, a pesar de que todas presentan resultados similares. En buena medida, la discusión sobre ellas podría tacharse como una actitud de malos perdedores. Lo mismo que López Obrador en el pasado, ahora PRI y PAN (y sus seguidores) muestran una desconfianza selectiva: Eligen qué creer y qué ignorar dependiendo de si les favorece o no.

Por ahora y de no mediar una sorpresa de último minuto, por ejemplo en el tercer y final debate presidencial de este martes, lo único que se disputa es si Anaya o Meade terminarán en segundo lugar de las encuestas antes de la elección. Estar en ese segundo lugar es estratégico para la coaliciones encabezadas por PRI y PAN respectivamente, suponiendo que ya no tengan chance de ganar la Presidencia. Esto les significaría, a uno u otro, aprovechar el posible movimiento de “voto útil” en contra de López Obrador y así, una mayor votación nacional y por tanto, mayores posiciones en el Congreso federal, en las gubernaturas y en los congresos locales en disputa.

Hoy ser mexicano es tener que padecer en el espacio público las discusiones políticas más estúpidas y áridas que uno pueda imaginar. Toda esta discusión hiperpolitizada oculta una realidad: La de la inoperancia del gobierno mexicano desde siempre, y con él, de sus políticos y sus partidos. Muchos mexicanos, seguidores de uno u otro candidato, están hoy obsesionados a toda hora por la política y por quién llegará al poder, como si su destino personal dependiera de quién estará en el gobierno más que de su propia acción individual. Si cualquier mexicano espera hoy que el nuevo gobierno le resuelva una necesidad personal (sea quien sea el que llegue al poder), le espera una gran desilusión… como tantas otras en el pasado.



Los electores mexicanos de hoy cometen el mismo error que los electores mexicanos de ayer (aunque sin la disculpa del crónico fraude electoral del pasado): creen que ellos son más vivos, más preparados, más informados y que por ende, ellos sí podrán escoger a un mandatario más honesto y eficaz que les resolverá todos sus problemas (en el fondo, esa es la creencia que subyace en la popularidad de López Obrador). Pronto se van a encontrar con otra decepción y una nueva derrota.

Por eso el populismo y el proteccionismo que hoy abandera López Obrador están muy en sintonía con las esperanzas sin sustento de muchísimos mexicanos. La experiencia de países como Venezuela, Nicaragua, Ecuador y tantos más, muestra que el populismo suena bien. Antes también ha sonado bien. Y probablemente seguirá sonando bien mañana. Pero cuando uno va más allá de la retórica y comienza a mirar los hechos concretos y diarios es cuando se ve que el populismo y sus gobiernos aparte de ser una decepción, son un enorme desastre. Y esa es la realidad de fondo que los mexicanos hoy no quieren enfrentar de cara al 1ero de Julio, pero que les arrollará en algún momento futuro.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ste es un mensaje para todos los simpatizantes de José Antonio Meade, de Margarita Zavala, del bronco y para quienes no encuentran satisfactorio a ningún candidato. Es hora de tomar una decisión.



Éste no es el escenario ideal de casi nadie, pero llegamos al último mes de las campañas y sólo hay dos opciones reales para ganar la presidencia la República: Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya Cortés. Todos los demás podrán ser finísimas personas, eficientes funcionarios e interesantes figuras televisivas, pero no van a ser presidentes.

En este momento tenemos básicamente dos sopas.

La de Ricardo Anaya es una sopa de continuidad, con algunos aderezos reformistas interesantes y otros preocupantes, pero que en términos generales apuesta por consolidar la modernización que se ha trabajado en los últimos 30 años, que le ha permitido a México no sólo dejar atrás las catastróficas crisis económicas que marcaron la vida de nuestro país hasta 1994 y construyeron contrapesos para contener la voracidad de la clase política, exhibir a los corruptos e incluso ocasionalmente encarcelarlos.

La otra sopa, la del peje tenebroso, es una sopa ya echada a perder. Es algo peor que la continuidad, es el retroceso. Andrés Manuel nos quiere regresar a los tiempos del viejo PRI, populachero, demagogo, autoritario e ineficiente. Nos vende la visión idílica de un pasado que no fue sueño, sino pesadilla para millones de mexicanos, especialmente de los sectores medios y de las clases populares.

Para decirlo claro, los únicos que engordan con la sopa de obrador son los viejos políticos y los viejos empresarios acostumbrados a usar el manto del nacionalismo como pretexto para evitar la competencia, hacer chanchullos y vendernos productos caros y de pésima calidad.

Hoy mucha gente dice que el gobierno actual es más corrupto que nunca, pero no es cierto. Lo que pasa es que, gracias a los mecanismos de fiscalización, al respeto a la libertad de prensa y a las reformas en materia de transparencia, ahora sí nos enteramos de las transas de los gobernantes. Antes robaban mucho más, pero nunca se Investigaba y ni siquiera se denunciaba en la prensa, porque el gobierno ejercía la censura a través de los matones de la DFS y del control monopólico de la industria del papel.

En el México del tenebroso peje a quien denunciaba la corrupción, o le provocaban una huelga para cerrarle el periódico, o le impedían conseguir papel para imprimir o de plano directamente lo mataban.

Hoy, por el contrario, la prensa puede denunciar todo lo que quiera sobre Peña Nieto y mantienen su vida, su prestigio, sus ganancias y sus medios de comunicación.

Es cierto que la actividad del narcotráfico y la torpeza del gobierno federal en la “lucha contra las drogas” ha provocado un incremento de la violencia, pero aun así el número de homicidios simplemente regresó que a la que existía en los noventas y ochentas. Es decir, en ese pasado idílico al que nos quiere regresar Obrador, México era tan violento o incluso más que ahora, la diferencia es que no se publicitaba tanto, y la supuesta “solución” de Andrés Manuel no es tal: su amnistía empeoraría las cosas y fortalecería a los criminales para consolidar su control del país.

No nos engañemos, en esta elección está en riesgo mucho más que un color o un personaje, está en riesgo todo lo que dolorosa, lenta e incompletamente hemos avanzado durante las últimas décadas. Es cierto que la obra está inconclusa y en algunas partes está mal hecha, pero la solución no es tirarlo todo, como pretende Obrador, sino seguir construyendo y corrigiendo errores.

Como decía Winston Churchill no podemos ser imparciales, por ejemplo, entre los bomberos y el incendio. El incendio es el tenebroso peje. El bombero, el único que puede detenerlo, es Ricardo Anaya.

Por eso hoy te pido tu voto útil, tu voto indispensable para tener al menos la esperanza de detener al tenebroso peje y de evitar que sus ocurrencias y su autoritarismo nos regresen a los tiempos del viejo presidente omnipotente, a los viejos rencores del discurso revolucionario y a los viejos fracasos autoritarios del viejo PRI, que ahora se llama Morena.

En pocas palabras: No te pido tu voto útil por Anaya, sino tu voto útil a pesar de Anaya.

Sé que no confías en Ricardo, y para ser sincero a veces yo tampoco.

A mí, como a ti, el mensaje del candidato del frente me parece poco sincero. Al igual que a ti, a mí no me acaban de cuadrar sus explicaciones sobre el presunto lavado de dinero, a mí como a ti, no se me olvida la forma en que impulsó e impuso sus ambiciones presidenciales.

No te digo que votes por Anaya porque es honesto, porque tiene las mejores propuestas o porque es buena persona. De su honestidad tengo dudas, sus propuestas se dividen entre horrendas y positivas, y sinceramente no se si sea una buena persona. Quizá no le confiaría a Anaya mi amistad o mi casa, pero te suplico que votes por él, y que lo apoyemos juntos en este mes de campaña.

¿Por qué?

Porque Ricardo tiene miles de defectos, pero Obrador los tiene peor. El tenebroso peje se dice honesto, pero durante años no declaró ingresos y su nivel de gastos es notoriamente superior a lo que dice que gana, así que además de corrupto es mentiroso. Las propuestas de Obrador son todas horrendas, se dividen entre las que son horrendas y fantasiosas y las que resultan horrendas y retrógradas.

Andrés Manuel quiere eliminar los contrapesos a la figura presidencial, quiere fiscal a su modo, quiere someter los grandes proyectos del país a su capricho, quiere revertir los avances jurídicos de los últimos 30 años, quiere regresarle el poder a las mafias petroleras, quiere justificar a los ladrones y utilizarlos como grupos políticos de choque. Él y su equipo lo han afirmado incluso de manera directa, quieren convertir a México en una nueva Venezuela, y serían peor, porque aquí ya ni siquiera tenemos las cantidades de petróleo que lograron mantener a flote al chavismo durante sus primeros años.

¿Y entonces?

Este 1 de julio debemos elegir entre los bomberos y el incendio.

Ricardo puede tener 10 mil defectos, podemos cuestionar la forma en que consiguió el agua, la manguera y el camión, podemos verlo con desconfianza, pero aun así Anaya es el bombero, y siempre será preferible pasar los siguientes seis años cuestionando a ese bombero, en lugar pasarlos bajo el permanente dolor de las llamas de la demagogia y del populismo del tenebroso peje.



En 1998, el economista Henrique Salas Römer se enfrentó en las elecciones presidenciales con Hugo Chávez, y Chávez ganó de calle. Hoy, 20 años después, millones de venezolanos que se abstuvieron de votar o que votaron con el hígado y no con la cabeza, darían todo lo que les queda a cambio de regresar a esa urna fatídica y darle su voto a Salas Römer, a pesar de todos sus defectos.

Este mes y este 1 de julio esa misma decisión nos toca a nosotros.

Anaya no es lo ideal, no es para celebrar, pero sí es para sobrevivir y tener otros 6 años en los cuales consolidar la transformación de este país, y aspirar a tener mejores opciones en 2024. Obrador, el tenebroso peje, es básicamente el retroceso, el fracaso, el incendio.

 *Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap] casi 30 días de las elecciones presidenciales en México, el tiempo de Ricardo Anaya para crecer en las preferencias electorales y alcanzar a Andrés Manuel López Obrador simplemente ya se acabó. Es ahora o ya no será.

Hasta hoy, Anaya se mantiene en el segundo lugar de las preferencias electorales (y José Antonio Meade y el PRI en un cada día más irrelevante tercer puesto), pero el margen que lo separa de su rival de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES) es de entre 10 y 20 puntos, de acuerdo con la encuesta que se prefiera. Un margen tan amplio que se antoja muy difícil de remontar en un mes. Aunque no imposible, sobre todo considerando que hay un promedio de 30 por ciento de indecisos y (ojo) un número muy, muy alto de ciudadanos que se niegan a responder a los encuestadores.



Si Anaya y su coalición Por México al Frente (PAN, PRD y MC) no ajustan su estrategia y actúan con mucha mayor valentía política, estas elecciones podrán leerse ya como una larga concatenación de errores y timideces por parte de los rivales de López Obrador. En lo que respecta a Ricardo Anaya, baste señalar que puso en práctica una contraproducente estrategia de mayor populismo para responder al populismo de López Obrador, con propuestas tan intercambiables como las de instituir un Ingreso Básico Universal, el aumento por decreto al salario mínimo o la reducción del precio de las gasolinas. Más allá de los embates del gobierno federal orquestados para afectar su imagen y descarrilar su campaña, la estrategia electoral de Anaya logró lo mismo, antes; ha sido errónea, omisa, lenta e incapaz de autocrítica.

Ricardo Anaya debería rescatar y revalorar en su discurso, en lo que queda de campaña, la libertad, la responsabilidad y la capacidad del ciudadano para tomar sus propias decisiones económicas, garantizándole respeto a su forma de ganar y gastar su propio dinero, respetando su patrimonio, evitando impuestos injustos y que los políticos no intervengan en su vida. También Anaya debería desafiar con propuestas a la verdadera “mafia del poder”: partidos políticos; sindicatos oficiales; oligopolios protegidos por barreras de entrada, aranceles y regulaciones; funcionarios, inspectores, cobradores de impuestos y policías corruptos; delincuencia organizada auspiciada y protegida por políticos…

Junto con la incapacidad de Anaya y su coalición de establecer una estrategia diferenciadora y creíble de contraste con López Obrador, la historia de estas elecciones será, también, la del desplome del PRI y el gigantesco trasvase de sus clientelas y votos hacia López Obrador. Basta ver, por ejemplo, las gráficas del movimiento durante el último año de las preferencias electorales en Oraculus, una agregadora de encuestas, o las del Barómetro electoral de Bloomberg, para ver la simetría entre PRI y MORENA: Conforme las estimaciones de votos del PRI se iban desplomando, ese caudal lo iban recogiendo López Obrador y Morena. Para todos aquellos que han promocionado durante tanto tiempo el inasible y vacío concepto del “voto útil”, pues en esto se transformó precisamente su ansiado voto útil…

Pero no todo han sido errores de sus rivales; también ha habido indudables aciertos por parte de López Obrador. Así, puede hablarse de un discurso consistente de proteccionismo, mayor rectoría del Estado en la economía, subsidios a clientelas electorales específicas y de privilegiar el mercado interno, muy en sintonía por cierto con los aires pro Trump y post Brexit que recorren el mundo, y con el cual logró (injustamente) apoderarse de la agenda antisistema.

También manejó la falsa percepción de que su opción política ha sido la única que no ha sido probada en el gobierno y que por tanto, tras el sangriento caos en el que está terminando la actual administración del PRI (y antes la del PAN), merece ya gobernar (en realidad, López Obrador ya gobernó y le hizo un enorme daño al país. Y se lo sigue haciendo), capitalizando el repudio a la violencia y a la corrupción prohijadas por el gobierno de Peña Nieto. Todo esto posicionado por redes (seguramente muy caras) de activistas, troles y bots de la “República amorosa”, que ahogan con prontitud e intolerancia, con base en descalificaciones e insultos multitudinarios, todo reclamo o denuncia contra López Obrador y sus más prominentes colaboradores.



Pero la gran distancia entre Anaya y López Obrador no sería tan grave, sino se reflejara también en un posible triunfo total de éste último en el Congreso y en varios estados en juego. Como a cualquier bolivariano de la nueva ola, al lopezobradorismo no les basta una simple mayoría: quiere unanimidad y callada obediencia.

Así, la coalición alrededor de López Obrador podría obtener la mayoría relativa en ambas cámaras, garantizando así la aprobación de los presupuestos, las propuestas de algunos cargos importantes y las revisiones anuales de gasto de su posible gobierno, aunque al parecer sin la mayoría suficiente como para impulsar los cambios constitucionales que necesita para completar su agenda económica regresiva.

Eso no sería ningún obstáculo para el naciente lopezobradorismo absolutista: En un escenario así, me parece posible y venidera la puesta en práctica de una estrategia como la que impulsó Lula Da Silva durante su primer gobierno en Brasil, que ante las dificultades de una mayoría insuficiente, puso en práctica la Operación Mensãlao, para comprar legisladores al por mayor y lograr, así, la aprobación de sus más preciados proyectos en el Congreso. Encontraría sin duda a muchos nuevos legisladores del PRI y el PRD dispuestos a transar con la nueva administración, dada su cercanía ideológica, vínculos personales con Morena y con López Obrador, y la opaca discrecionalidad de los inmensos fondos públicos.

Estaríamos pues, en un abrir y cerrar de ojos, devueltos al México de los años 70s, de corrupción e impunidad, con un férreo presidencialismo y un Poder Legislativo manejado a conveniencia y desde las sombras por el ocupante de la silla presidencial. Un México de corrupción sin consecuencias, justicia a modo e ismos perfectamente conocidos por muchas generaciones de mexicanos: presidencialismo y populismo, autoritarismo y corporativismo, clientelismo y patrimonialismo.

Así que los treinta días que vienen serán vitales para Anaya y su coalición. Y sobre todo para México y sus ciudadanos, actuales y futuros. Pero como en todo en esta vida, nada se logrará sin autocrítica, arrojo y valentía, precisamente lo que ha faltado hasta ahora.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]s el 1 de julio a las 11:00 de la noche. En las pantallas de la televisión nacional aparece el rostro tenso y demacrado de Lorenzo Córdova, Consejero Presidente del INE, listo para anunciar los resultados de las elecciones tras una hora de espera y de especulación desatada en las redes sociales y en la prensa. Se acomoda la corbata, mira fijamente a la cámara y anuncia:



Los resultados del conteo rápido ordenado por el Instituto Nacional Electoral nos permiten en estos momentos anunciar una tendencia que consideramos irreversible respecto a sus resultados de la elección presidencial 2018: Andrés Manuel López Obrador, de la coalición “Juntos Haremos Historia” registra el 43% de los votos; Ricardo Anaya, de la coalición “Por México al Frente” ocupa el segundo lugar con un 36%; José Antonio Meade, de la coalición  “Todos por México”, aparece en tercer sitio con 14%, los candidatos independientes Jaime Rodríguez y Margarita Zavala suman en 4% en conjunto, y un 3% corresponde a votos nulos.

A lo largo del país, los gritos de júbilo se entremezclan con los suspiros de temor y los de la resignación.

De inmediato las redes obradoristas celebran la contundencia de su victoria, mientras que en los grupos de Facebook y WhatsApp de los simpatizantes de Anaya y Meade se intercambien tanto visiones apocalípticas como análisis que pretenden ser más centrados y llaman a la calma diciendo que lo importante no es sólo la elección presidencial, sino la composición del congreso. “Hay que esperar, seguramente Obrador no va a tener mayoría en las cámaras y entre la autonomía de Banxico y un congreso opositor, vamos a parar sus locuras.

Sin embargo, conforme avanzan los conteos distritales incluso esa esperanza se vuelve amarga en la boca. Los partidos de AMLO suman 257 diputados federales y 61 senadores. Aún entonces, la menguante esperanza se centra en que le faltan cuatro senadores para llegar a los 65 que implican mayoría en el Senado. “No tiene carro completo.”

Una vez más, rápidamente la ilusión defrauda. Conforme avanzan las negociaciones del presupuesto 2019 queda claro que Andrés Manuel cuenta no sólo con los 257 diputados y 61 senadores de su coalición, sino con varias decenas de otros legisladores que de manera formal o subrepticia han aceptado apoyar la agenda obradorista a cambio de recursos para obras en sus distritos y prebendas políticas que los ayuden a reelegirse. Antes de final de año la duda ya no es sobre si “El Peje” tiene mayoría en el congreso, sino sobre si alcanzará el apoyo de dos terceras partes de los legisladores.

Desde el primer minuto del 2019 quedan claros los nefastos efectos del centralismo presupuestal que empezó Peña Nieto y ahora fortalece Obrador. A los gobernadores de oposición se les niega siquiera un peso de recursos federales, amenazando con el colapso de las finanzas en Guanajuato, Jalisco, Chihuahua y Querétaro, entre otros estados.

A los gobernadores se les cita en la Secretaría de gobernación y se les plantea directamente una decisión: Quedarse sin ningún recurso federal o integrarse a la agenda de López Obrador, ya sea cambiándose de manera directa a Morena o manteniéndose simbólicamente en sus partidos de origen, pero cediendo todas las capacidades de operación del gobierno del Estado a las nuevas estructuras de Movimiento Regeneración Nacional en sus respectivas entidades.

Los gobernadores Corral, de Chihuahua y Alfaro, de Jalisco, aceptan con mal disimulada alegría subirse al barco de Morena, mientras que Sinhué, de Guanajuato y Pancho Domínguez, de Querétaro, recurren a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para exigir los recursos presupuestales que por ley les corresponden a sus estados. Sin embargo, la Corte, sometida a cada vez más presiones políticas, movilizaciones violentas afuera de sus tribunales y a las insinuaciones por parte de Obrador en el sentido de que es necesario “renovar al poder judicial”, opta por no entrar al fondo del asunto y desecha sus amparos con base en algún tecnicismo irrisorio.

Sólo el gobierno de Nuevo León logra mantener una cierta independencia financiera, pero está se mantiene sólo unos cuantos meses, pues el Congreso de la Unión, controlado por Morena, aprueba una serie de reformas que limitan prácticamente por completo la capacidad recaudadora de los estados, dejándolos completamente en manos de la buena o mala voluntad del gobierno federal.

Mientras tanto, utilizando abiertamente el presupuesto para desarrollar su capacidad de movilización corporativa, el gobierno de Andrés Manuel suplanta o al menos limita a las élites políticas locales y prepara el camino para una victoria absoluta de sus huestes en las elecciones intermedias de 2021, que confirman el triunfo del nuevo oficialismo obradorista en 240 de los 300 distritos, dándole un total 270 de 400 curules en la Cámara de Diputados (pues previamente eliminaron 100 plurinominales, pretextando austeridad).

Mientras tanto, la impresión desatada de dinero público impulsa artificialmente la economía y genera enormes fortunas para los “empresarios” cercanos al régimen, pero el fantasma de la inflación no tarda en aparecer y con las primeras señales de crisis económica se recrudece la virulencia del discurso oficialista, echándole fuego a la gasolina de los rencores que entre 2018 y 2021 ya se habían traducido en disturbios y actos de violencia aislados, pero que al acercarse las elecciones generales de 2024 alcanzan niveles nunca antes vistos, provocando un círculo vicioso de agresiones, incertidumbre, desempleo, pobreza, marginación y resentimiento.

Eventualmente, tras la reelección de Andrés Manuel, las condenas a los “traidores a la patria” saltan de las planas de la prensa oficialista a las hojas de los expedientes penales y los siniestros pasos de los pelotones de fusilamiento vuelven a escucharse en los pasillos de las cárceles mexicanas. Primero despliegan su plomo contra los líderes de la resistencia empresarial que no lograron salir del país, y luego voltean hacia los demás.

Aquellos “fifís”, “intelectuales” y políticos “progresistas” o “liberales” a quienes, en su momento, antes de las elecciones del 2018, les tembló la mano para denunciar el peligro, ahora les tiembla el resto del cuerpo frente a las bocas de los fusiles. Uno de ellos suplica misericordia del subsecretario, diciéndole: “Pero yo en 2018 descalifiqué a quienes lo criticaban, señor Taibo, diciéndoles que no estaban a la altura de la obra que usted ha escrito”. Pero el ahora coronel Francisco Ignacio está más interesado en las purgas políticas que en las críticas literarias, y da la orden de abrir fuego.

Mientras esto ocurre en las sombras, la prensa proclama a una voz los triunfos de la “Revolución de la Esperanza” y la “República del amor”, que también se explaya en sendos carteles y pintas a lo largo de las calles, en las que cientos de personas hacen fila ante la “Tienda Solidaria de Abasto Popular” para hacer válidas sus tarjetas de racionamiento, por supuesto, por culpa de la guerra económica norteamericana.



¿Y dónde están los Estados Unidos? Se pregunta la gente mientras pasa una y otra hora en la fila. La respuesta es muy sencilla: del otro lado de su muro. En 2020, como parte de su campaña de reelección, el expresidente Trump terminó la construcción del muro fronterizo y llegó a un acuerdo extraoficial con el gobierno mexicano: Washington dejaría que Obrador hiciera lo que quisiera en México, a cambio de que este cuidara el muro del lado mexicano y contuviera la migración proveniente de Centroamérica. Ese mismo acuerdo permaneció en vigor después del triunfo en 2024 del demócrata Joe Kennedy III, disfrazado ahora de “respeto por la soberanía mexicana”.

¿Y la opinión pública internacional? Demasiado ocupada con el colapso europeo y la guerra en medio oriente como para brindarle mucha atención a los mexicanos atrapados en su folclor y su violencia cotidiana.

Y mientras tanto en México, el eco de los fusilamientos rompe el silencio de la desesperanza con gritos de agonía, seguidos de un nuevo silencio, el de la resignación. Después de todo, mañana habrá que hacer fila temprano por la nueva tarjeta de racionamiento, y los que llegan primero siempre alcanzan un poco más de frijol, el arroz hace 6 meses que ya desapareció.

Igual que la carne, igual que el color.

Por supuesto, probablemente esta historia resulte más que exagerada, quizá el AMLOcalipsis no sea tan terrible, pero el riesgo existe y a esas alturas el negarlo ya no es simplemente cosa de necios, sino de suicidas. Basta ver los ríos de odio y de amenazas contra de quienes no son obradoristas, y como respuesta la vergonzosa sumisión de Televisa y Milenio al sacrificar a Ricardo Alemán.

Basta, peor tantito, con ver los insultos hacia Eugenio Derbez, por el aparentemente imperdonable pecado de opinar que: “No estoy seguro de que AMLO sea la mejor opción.” El actor ni siquiera afirmó oponerse a Andrés Manuel, simplemente expresó dudas, y cuando las dudas son tratadas como herejías, es señal de que los fanáticos llevan la voz cantante, y si no entendemos nos harán bailar a su ritmo.

Conste.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Fausto Hernando Canto García*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap] menos de dos meses para las elecciones del primero de julio, siguen tibios muchos liderazgos; empresarios, activistas, intelectuales e incluso políticos, pues se resisten a afrontar de manera contundente el populismo que representa Andrés Manuel López Obrador.



¿Qué será que están esperando? ¿A qué le apuestan? ¿O al menos que saben, que nosotros (la ciudadanía que no necesitamos más propaganda sobre AMLO y Venezuela para no votar por él) no sabemos? ¡Pues el peligro desde aquí se ve MUY REAL!

¿Estarán esperando el segundo debate? A mucho nos quedó CLARÍSIMO desde el 23 de abril que Ricardo Anaya Cortés es la opción para vencer a López Obrador: su desempeño en el primer debate fue estupendo y las encuestas del post-debate así lo reflejaron.

¿Acaso le apuestan a no exhibir su repudio para que, en caso de que gane Andrés Manuel, vivan una transición menos tortuosa hacia el socialismo?

Nadie cosecha oportunistas como lo está haciendo AMLO, pero basta escuchar y leer a sus más cercanos asesores e intelectuales (como Paco Ignacio Taibo II)* para darse cuenta que, de llegar al poder, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) se va deshacer de aquellos sectores que, simple y sencillamente, no van con el socialismo (A.K.A. expropiaciones, censura, persecución política, etc.).

¿O será, pues, que tienen una bola mágica o los poderes de Dr. Strange para ver los 14 millones de desenlaces de esta elección y, según a como van las cosas, vamos por el camino correcto?

Nos guste o no, Ricardo Anaya es el que más ha acortado distancia contra López Obrador, pero pese al ascenso del primero, no se ha notado un estancamiento en el segundo. Ello significa que ni las estrategias de campaña, ni el debate, han conseguido darle a nuestra gente la verdadera esperanza de un cambio, por lo cual se resignan a otra “esperanza”, la obradorista, llena de contradicciones y falsedades.



Por ultimo, quienes hemos denunciado las barbaries del socialismo –electo o consumado por golpe de Estado- nunca nos hemos cambiado de bando: siempre le hemos apostado a los mismos PRINCIPIOS, pero no entendemos: ¿Qué están esperando? El peligro es real, no pierdan el tiempo en tratar de convencer a la gente de la relación AMLO-Venezuela; mejor lideren la opinión contra sus ideas autoritarias, unan la voz contra sus amenazas hacía empresarios y combatan los falsos dilemas a los que suele poner a la gente pues, según él, quien no vote por su partido, es cómplice de corrupción.**

Si no es mucho pedir, sumemos esfuerzos para defender la libertad individual y la propiedad privada. El primero de julio por Anaya y a partir del dos, por nosotros.

*Taibo recomienda a AMLO expropiar empresas que “lo chantajeen”: https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/04/28/paco-ignacio-taibo-ii-recomienda-a-amlo-expropiar-empresas-que-lo-quieran-chantajear_a_23422754/

**AMLO pretende poner en grueso dilema a la gente: peligroso: http://www.milenio.com/elecciones-mexico-2018/morena-amlo-elecciones-corrupcion-mexico-elecciones-campana_0_1166883615.html

*Fausto Hernando Canto García es Internacionalista, libertario y actualmente trabaja en la administración pública en su natal Othón P. Blanco, Quintana Roo.