jueves, octubre 17, 2019
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The Joker es la Obra Maestra de esta década. Una película soberbia y de virtuosismo prodigioso.

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Por: Tere Quezada*

No sé por dónde empezar. Quizá debiera primero respirar, pensar un poco más y luego expresarme. El crimen como dimensión para cualquier tipo de narrativa puede perder su atributo si no se aterriza bien, más aún entre un gremio que gusta de la cultura de la transgresión. Aunque aseguran y dicen que no, toman partido entre los criminales y se alegran cuando asesinan al que no es su favorito.

Lo cierto es que el crimen no deja de ser lo que es: una falta mayor a la esencia humana.

Decir que Joaquín Phoenix nunca deja de sorprendernos es una frase insulsa, trillada y hasta ofensiva, su capacidad histriónica como talento actoral cruza cualquier frontera con él, sea esta psicológica, psiquiátrica o espacial, él simplemente llegó a demostrarnos la gran capacidad que tiene el ser humano para recrearse en el ámbito que sea. Joaquín es técnica, es talento, es esencia y deseos de Ser.

La película The Joker muestra en grado superlativo lo frágil que es el ser humano, y lo degradante que puede llegar a ser cuando es violado, maltratado y mal cuidado, un desquiciado se hace, lo hacen, pertenece a un grupo de humanos donde la degradación y la autodestrucción forma parte de una esencia absolutamente destructiva, es un modo de vida, es cultura, es política, es filosofía, es moral y es calle.

Nadie tiene la culpa, muchos participan en esos círculos viciosos para auto -degradarse. Echarle la culpa a los demás sería, a estas alturas de la vida, muy infantil. Ya ni siquiera son los ricos. Hay comunidades y sociedades enteras dispuestas a auto- destruirse. Hasta pareciera que son conscientes de ello en su perniciosa inconsciencia.

La incapacidad para estar y ser mejor tiene lazos ligados a la empatía humana, cuando no se conecta con la esencia humana se rompen cuerdas basales contenedoras de los pilares sociales; generar caos y entropía es más fácil que generar bienestar y felicidad, hemos llegado a los tiempos donde la vida se abarató, donde el amor ni siquiera es ya una moneda de cambio, se rompieron los lazos de donde se sostenía la frágil base humana por eso la película cumple, por eso acierta absolutamente en su intento por dibujar la podredumbre humana.

El arrebato es la esencia del argumento, el arrebato es el precio, es la propina, es el valor que hoy tiene la vida humana; las muchedumbres y su violencia sólo nos demuestran lo disminuidos que somos como seres humanos, no aprendimos, no supimos el cómo, nos perdimos en el camino del aprendizaje y quedamos sumidos en la autodestrucción. 

Bravo por el director Todd Phillips que logró crear escenas maravillosas, la primera fue la liberación de Arthur Fleck en el baño después de asesinar a los fulanos del tren, la segunda y extraordinaria imagen, es cuando va bajando y bailando por las escaleras ya magistralmente caracterizado, y el final, fabuloso final, un pasillo en una penumbra blanca finamente elaborada con el mismo baile delicado, armonioso y relajante. Bien por la música también. Sin dejar de mencionar la preciosa mirada de Joaquín Phoenix que brota sin querer en cualquier momento, harto difícil de detenerla, supongo. No hay una mirada de hombre más bella en todo el espectro actoral de Hollywood como la de él.

Al final del día un psicópata sólo nos muestra simple y llanamente quienes somos como sociedad. Una gran película, y quizá, la actuación de la década.  

*Tere Quezada es maestra de Inglés como Segunda Lengua con una subespecialidad en Fonética y un minor en Historia Asiática Comparada e Historia Constitucional de los Estados Unidos de Norteamérica por la Universidad del Estado de California.

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