lunes, octubre 15, 2018
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Yo tengo privilegios, y tú también

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Por: Nicki Truesdell*

El “privilegio” es una palabra que se menciona con demasiada ligereza estos días, y sorprendentemente es asumida con gusto por las propias personas a las que pretende avergonzar. Se nos dice que deberíamos estar avergonzados y apenados de tener oportunidades que supuestamente se basan en la raza, el género o incluso el código postal.

No hace mucho el privilegio era considerado un regalo. Los regalos son para atesorarse. Cuando recibimos algo especial no lo ocultamos y pretendemos que no existe, ¿cierto? Lo disfrutamos, mostramos gratitud e incluso le decimos a nuestros amigos.



Pues ya no más. Privilegio es una palabra que hace que las personas se incomoden. Provoca vergüenza y disgusto en todos los bandos.

El hombre blanco estadounidense es el actual enemigo du jour. Por lo tanto, naturalmente esto significaría que todos los estadounidenses blancos son ricos (con dinero que se les dio sin esforzarse), viven en enormes casas (compradas con ese dinero gratuito), manejan automóviles de lujo (otra vez, dinero gratis), y probablemente recibieron una beca universitaria de 4 años (sin mérito propio). ¿Los blancos a quienes conoce se ajustan a esa descripción?

Probablemente conoce a hombres blancos a quienes los han rechazado para algún empleo, que no pudieron pagar la universidad, no se graduaron de preparatoria, no pueden hacerse de un auto nuevo y tienen una calificación de crédito terrible. Incluso quizá conozca algunos a los que se les dio todo, pero aun así terminaron como miserables fracasados.

Pero espere: probablemente también conoce mujeres de raza negra que manejan autos de lujo, viven en casas fabulosas, obtuvieron un título de maestría y tienen abultadas cuentas bancarias.

Es imposible saber cómo el hombre blanco o la mujer negra llegaron a donde están. De hecho, algunos se beneficiaron del privilegio de la ayuda financiera, pero todas estas personas entran en una de cuatro categorías:

  1. Trabajaron duro y tuvieron éxito.
  2. Trabajaron duro y fracasaron.
  3. Recibieron ayuda de alguien y tuvieron éxito.
  4. Recibieron ayuda de alguien y fracasaron.

Ni el género ni la raza hacen que la persona sea un éxito o un fracaso. Lo que determina su futuro es lo que hacen con las circunstancias en las que se encuentran.

Negro, blanco, moreno, rojo, hombre, mujer. Algunos son obreros, con dos trabajos y un auto usado, mientras que otros son acaudalados CEOs (presidentes de empresas) con múltiples residencias y vehículos de lujo. Algunos son amigables, otros son odiosos. Algunos son cristianos, y otros son agnósticos. Algunos son racistas y otros no se fijan en colores. Algunos comen carne y otros son veganos. Algunos son naturalmente talentosos mientras que otros se esfuerzan por aprender. Algunos son padres maravillosos y otros no. Unos cuantos son Bill Gates u Oprah Winfrey, mientras que la mayoría tendrá una vida promedio, viviendo de quincena en quincena. Algunos de sus hijos se convertirán en acaudalados CEOs con múltiples residencias y vehículos de lujo, y muchos más no lo serán.

Ninguno de ellos puede agradecer o culpar a su género o raza por su estilo de vida. Algunos de los prósperos hombres blancos y de las prósperas mujeres negras le darán “una mano” a sus hijos y les pasarán su riqueza y poder. ¡Eso es bueno! Y algunos de esos hijos se elevarán, mientras que otros lo desperdiciarán todo.

Algunas de esas mujeres negras y hombres blancos del promedio se sacrificarán y ahorrarán para brindarles a sus hijos todas las oportunidades de tener éxito. ¡Eso es bueno! Y algunos de esos hijos se elevarán, mientras que otros desperdiciarán esos regalos.

Una simple mirada a su alrededor probará que no es el privilegio lo que resulta en éxito o fracaso, es lo que usted hace. Es qué tan duro trabaja. Algunas veces, sí, es buena suerte. Pero incluso aquellos que tienen buena suerte no siempre la aprovechan. ¿Cuántos ganadores de lotería, estrellas de pop o banqueros inversionistas pierden millones y terminan en la pobreza en unos cuantos años?

Muchos a quienes se les dice privilegiados han recibido alguna clase de apoyo de sus padres o abuelos. Sin embargo, en algún punto de esa línea, el padre, abuelo o bisabuelo tuvo que lograr algo para llegar a ese éxito. Tuvieron que trabajar duro, tener un golpe de suerte o adquirir el conocimiento necesario para triunfar. Lo que muchos califican como privilegio en realidad es éxito que se originó en algún lugar.

Todo ser humano tiene el privilegio de la vida. Todo ser humano tiene el privilegio de sentir el calor del Sol sobre su piel.

Todo estadounidense tiene los privilegios de la libertad y de la búsqueda de la felicidad. Todos recibimos la oportunidad de intentar algo. Ya sea que queramos sembrar manzanos, construir computadoras, jugar básquetbol o ser el Presidente, todos tenemos esa oportunidad. Algunos tendrán éxito y otros no. Algunos lo volverán a intentar y otros se rendirán fácilmente. Algunos ni siquiera lo intentarán; se enojarán y se quejarán, y se sentirán mal por ellos mismos. ¡Pero, hey! Esa es su elección.

Lo que eres es oportunidad. En qué te conviertas depende de ti.



Dejemos de etiquetar a las personas como privilegiadas en base a su apariencia. Dejemos de odiar el éxito. Dejemos de asumir la falsa culpa que de algún modo nos hace sentir políticamente aceptables.

Dejemos de portar la insignia de la culpa como una especie de mártires y en lugar de ello seamos agradecidos por cualesquier regalo que hayamos recibido.

* Nicki Truesdell es homeschooler de segunda generación y madre de 5. Escribe en nickitruesdell.com, da conferencias acerca de las diversas facetas del homeschooling y es integrante de la Texas Home Educators Advisory Board.

Publicado originalmente por FEE.org

Traducción por Wellington.mx

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